Viaje a Mérida y Trujillo

Parece men­ti­ra que con lo que una ha via­ja­do por el mun­do, aún le que­den tan­tísi­mas cosas por ver en nue­stro país. Pero esa es la gran ven­ta­ja de vivir en España, que nue­stro pat­ri­mo­nio cul­tur­al parece no acabarse nun­ca y debe­mos sen­tirnos unos priv­i­le­gia­dos por ello. Y lo mejor de esto es que han sido tan­tísi­mas las civ­i­liza­ciones que han pasa­do por nues­tras tier­ras, que busques el lega­do que busques, celta, mozárabe, feni­cio o romano, aquí lo tienes. Insisto:tenemos mucha suerte.

Extremadu­ra era algo que tenía pen­di­ente des­de hace mucho tiem­po y más cuan­do una tiene ami­gos allí que la han insis­ti­do varias veces en hac­er una escapa­da. Pero al final,por unas cosas o por otras, he acaba­do sac­ri­f­i­can­do el via­je extremeño por algunos otros al extran­jero y no quería demor­ar­lo más tiem­po. Asi que aprovechan­do que ya nos lle­ga­ba el buen tiempo,nos jun­ta­mos unos cuan­tos ami­gos y nos fuimos tres días a cono­cer Méri­da y Tru­jil­lo, dos de los pueb­los más boni­tos de España.

Volvi­mos con unas agu­je­tas de campe­ona­to porque sobre todo Méri­da, tiene para ver y andar lo que no está en los escritos, amén de las cues­tas, pero vaya si mere­ció la pena. No vayas con la idea pre­con­ce­bi­da de que en Méri­da está el anfiteatro y poco más porque eso es sólo la pun­ta del ice­berg de la can­ti­dad de ruinas que quedan en esta ciu­dad mar­avil­losa. Os ase­guro que,con diferencia,es uno de los via­jes por España de los que he vuel­to más impre­sion­a­da.

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Méri­da

El trayec­to de Madrid a Méri­da en coche supone poco más de tres horas por lo que salien­do medi­ana­mente pron­to el viernes puedes aprovechar bas­tante bien el fin de sem­ana. En cuan­to al tema del alo­jamien­to, aprovechan­do que íbamos cin­co, decidi­mos tirar por Airbnb y dejarnos de hote­les y la ver­dad que fue un acier­to. Alquil­am­os un pisazo grandísi­mo a diez min­u­tos andan­do del cen­tro. El casero un encan­to de chaval, has­ta nos dejó la plaza de gara­je para que nos despre­ocupáramos del coche,y lo mejor el pre­cio, por todo el fin de sem­ana sal­imos a 20 euros por per­sona. Lo cier­to es que Airbnb com­pen­sa un mon­tón si vas en grupo, nosotros los via­jes que ten­emos prepara­dos para este año ya ten­emos varias reser­vas hechas con ellos.Y es que lo de alo­jarse en casas par­tic­u­lares te evi­ta ten­er que aguan­tar a otros clientes,gozar de mucho más espa­cio y poder desayu­nar en casa. Todo son ven­ta­jas.

Antes de comen­zar con las vis­i­tas por Méri­da, te recomien­do que si vas a vis­i­tar var­ios mon­u­men­tos, que es lo suyo, te hagas con la entra­da com­bi­na­da, que te ahor­ra bas­tante dinero (cues­ta 12 euros y puedes adquirir­la en el mis­mo anfiteatro,que prob­a­ble­mente sea lo que primero vis­ites). Lo recomend­able es que te acerques al anfiteatro a primera hora y te evites las marabun­tas de tur­is­tas, que nosotros cuan­do íbamos a irnos ya nos topamos con un grupo de viejetes del IMSERSO y no veais la que mon­tó un abue­lo can­tan­do a voz en gri­to el him­no del Real Madrid para com­pro­bar la acús­ti­ca del anfiteatro. Supon­go que a la guía que le ani­ma­ba le haría mucha gra­cia el tema pero vis­to des­de fuera daba mucha vergüen­za aje­na ver pro­fana­do un yacimien­to arque­ológi­co de tal cal­i­bre de una man­era tan cas­posa. Pero bueno, supon­go que en España,por desgracia,este tipo de espec­tácu­los son más habit­uales de lo que desearíamos.

El teatro romano de Méri­da es fran­ca­mente espec­tac­u­lar. Cuan­do te ves allí den­tro, te das cuen­ta que el lega­do que los romanos dejaron en nue­stro país es sim­ple­mente mag­ní­fi­co. Y es que una de las cosas que ha de agrade­cerse al pueblo de Méri­da (y a los pun­til­losos arqueól­o­gos) es con el mimo y respeto que se han trata­do todas las ruinas, dan­do un ejem­p­lo de lo que es un pro­gra­ma de con­ser­vación bien planificado.No obstante,todo el con­jun­to arque­ológi­co es Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO.

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Antes de comen­zar a des­gra­nar el teatro, debo hac­er una breve intro­duc­ción acer­ca de lo que supu­so Emeri­ta Augus­ta, la antigua Méri­da, en el pasa­do romano de la Iberia de entonces. La ciu­dad se fundó en el 25 AC para acoger a todos los legionar­ios que vinieron a com­bat­ir en las guer­ras cántabras. A pesar de que esta zona esta­ba poco roman­iza­da y tuvieron que vérse­las con los pobladores locales como vetones y lusi­tanos, pron­to llegó a ser una de las urbes más rel­e­vantes de su época, con una población de casi 50.000 habi­tantes. Hay que ten­er en cuen­ta que cuan­do lle­garon los romanos, tan­to vetones como lusi­tanos esta­ban aquí más que insta­l­a­dos, con ciu­dades amu­ral­ladas y sus pro­pios ritos religiosos,que des­gra­ci­ada­mente se vieron eclip­sa­dos por la época de esplen­dor romano que ven­dría a rel­e­var­les.

Aunque Extremadu­ra ten­ga fama de ser una región ári­da y seca,los romanos aprovecharon el emplaza­mien­to de Méri­da jun­to al río Guadiana,que entonces se denom­ina­ba Anas, para inver­tir económi­ca­mente en el crec­imien­to de la ciudad.Al abastec­imien­to de agua se unía la cer­canía de bosques que ase­gura­ba el abastec­imien­to de mate­rias pri­mas. Esto llevó a Emeri­ta Augus­ta a acabar con­vir­tién­dose en la cap­i­tal de Lusi­ta­nia, una de las provin­cias con las que los romanos divi­dieron la Penín­su­la Ibéri­ca. Para entonces,la ciu­dad con­ta­ba ya con uno de los ser­vi­cios de alcan­tar­il­la­do más avan­za­dos de toda Europa. Aunque Emeri­ta Augus­ta no lle­gara a con­seguir el niv­el de impor­tan­cia que alcanzó Tar­ra­co, la actu­al Tar­rag­o­na, lo cier­to es que su rel­e­van­cia en la España romana fue más que notable.

Vayamos ya con el anfiteatro y el teatro romano, el lugar más impor­tante de toda Méri­da. Este últi­mo fue con­stru­i­do en el año 16 AC, parece men­ti­ra que después de más de 2.000 años pue­da con­ser­varse en tan buen esta­do. Comen­zan­do con el anfiteatro, este se ter­minó de con­stru­ir muy poco después que el teatro, en el año 8 AC. Toda bue­na ciu­dad romana que se pre­cie debía con­tar con espa­cios lúdi­cos para que el públi­co se divirtiera,caso de los anfiteatros y los cir­cos, y de paso quedara con­stan­cia del poder políti­co de los cón­sules que se encar­ga­ban de su con­struc­ción y man­ten­imien­to.

El anfiteatro tiene unas medi­das colos­ales para la época:una figu­ra elíp­ti­ca de 126 met­ros de largo que ofrecía asien­to para 16.000 espec­ta­dores. Aquí se cel­e­bra­ban luchas de glad­i­adores y las venatio,que eran los espec­tácu­los donde se uti­liz­a­ban ferias sal­va­jes (sí,hijos, ya des­de la antigüedad se usa­ba a los ani­males para masacrar­los y pos­te­ri­or­mente cam­biaríamos a los leones por los toros,si es que no escar­men­ta­mos…) Estos espec­tácu­los circens­es hacían las deli­cias del públi­co romano, aunque a mí me sigan pare­cien­do una bar­bari­dad, y en ellos se mostra­ba la sum­isión de los ani­males obligan­do a pan­teras a lamer las manos de sus domadores, se orga­ni­z­a­ban cac­erías a car­go de bes­tiar­ios y vena­tores y se lan­z­a­ba a los con­de­na­dos, may­ori­tari­a­mente cris­tianos, a la are­na para ser devo­ra­dos por ani­males que llev­a­ban días sin com­er. Me pre­gun­to qué encan­to le vería el públi­co a ver como seres humanos eran despedazados,por mucho odio que les tuvier­an.

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Pero lo que les gusta­ba de ver­dad a los romanos eran las luchas de glad­i­adores. Lo cier­to es que muchas veces la real­i­dad poco tiene que ver con la fic­ción que nos ha mostra­do el cine. Así, si ten­demos a imag­i­narnos a los glad­i­adores como gigantes como armar­ios que roz­a­ban los dos met­ros, cae­mos en un grave error: los romanos de entonces ape­nas super­a­ban el metro y medio. Y aunque nos cueste creer­lo, las últi­mas inves­ti­ga­ciones apun­tan a que tam­bién existían mujeres glad­i­ado­ras.

Otro de los mitos más exten­di­dos es que la may­oría de los glad­i­adores morían en la are­na, lo cual tam­poco es cierto.A la may­oría se les per­don­a­ba la vida pre­cisa­mente porque eran muy valiosos y sólo en casos muy extremos,en los que las heri­das eran mor­tales, se les clava­ba una daga en el corazón para acor­tar su agonía y que tuvier­an una muerte digna. Por cier­to, que ese gesto que hacían los romanos con el pul­gar hacia arri­ba o aba­jo para mostrar clemen­cia, tam­bién está cam­bi­a­do por el celu­loide: si el sig­no era hacia arri­ba, esto sig­nifi­ca­ba que se sacara la espa­da y se matara al glad­i­ador, si era hacia aba­jo, sig­nifi­ca­ba enfun­dar la espa­da y per­donarles la vida. Los glad­i­adores no eran sólo esclavos y pri­sioneros sino que tam­bién se apunt­a­ban vol­un­tar­ios, atraí­dos por los gen­erosos suel­dos (por un com­bate gan­a­ban entre 1000 y 5000 sestercios,cuando el erario de un sol­da­do raso en todo el año no lle­ga­ba a los 400 y eso que se con­sid­era que las mili­cias romanas esta­ban muy bien pagadas). A esto se les sum­a­ba el dinero que les lan­z­a­ba el públi­co cuan­do daban la vuelta al rue­do, el alo­jamien­to y comi­da que les garan­ti­z­a­ba el Esta­do y la ven­ta­ja de entrar y salir cuan­do les viniera en gana (hablo de los glad­i­adores voluntarios,claro). Aún así, pese al din­er­al que gan­a­ban, esta­ban en lo más bajo de la jer­ar­quía social, jun­to a las pros­ti­tu­tas: su tes­ti­mo­nio ni siquiera era tenido en cuen­ta en los juicios.

Los com­bat­es no debían ser nece­sari­a­mente un uno con otra uno, tam­bién se cel­e­bra­ban autén­ti­cas batal­las cam­pales con dos equipos par­tic­i­pantes, los gre­ga­tim. Den­tro de los glad­i­adores, los había de difer­entes tipos: el retar­ius, que uti­liz­a­ba una red y un tri­dente, el sector,que se ayud­a­ba de una espa­da pare­ci­da a la de los legionar­ios, el dimachaerus (solían luchar entre ellos con dagas cor­tas), el myr­mil­lo, cuyo cas­co con cres­ta les hacía recono­ci­bles, el traex o tracio,que tam­bién llev­a­ba el cas­co dec­o­ra­do con un gri­fo (ani­mal mitológico),el hoplomachus,que usa­ba una lan­za… Es una bue­na opción que jus­to antes de entrar a la are­na se ofrez­ca un mon­tón de infor­ma­ción acer­ca de los glad­i­adores porque te pones aún más en situación cuan­do te ves allí abajo.La ver­dad que tenía que impre­sion­ar un mon­tón salir y encon­trarse a toda esa mul­ti­tud vitore­an­do. Jun­to a las puer­tas de entra­da y sal­i­da, tam­bién se con­ser­van las antiguas habita­ciones de los glad­i­adores, de techos muy bajos, lo que reafir­ma que lo de que eran baji­tos tenía mucho de ver­dad.

Nos vamos ya al Teatro Romano, la joya de la coro­na emeritense. Creo que pocos mon­u­men­tos en España pueden impre­sion­ar tan­to como lo hace este cuan­do lo ves por primera vez. Con una capaci­dad de 6.000 espec­ta­dores en los graderíos, hay que ten­er en cuen­ta que su esta­do de con­ser­vación es tal (con­sid­er­a­do el mejor con­ser­va­do de toda Europa) que a día de hoy acoge anual­mente el que prob­a­ble­mente sea el fes­ti­val de teatro más impor­tante de todo nue­stro país (se cel­e­bra en Julio y hay que reser­var hotel con meses de antelación).

Como digo,las dimen­siones del teatro son impac­tantes, tiene una lon­gi­tud de casi 70 met­ros. En las primeras filas se senta­ban los políti­cos más noto­rios y las famil­ias más acaudaladas.Existían aco­modadores que ubi­ca­ban a los asis­tentes e inclu­so esclavos que “defendían” los asien­tos de los senadores. Antigua­mente el esce­nario esta­ba recu­bier­to de madera y en él se colo­ca­ban escul­turas de los emper­adores y los dios­es más relevantes.Y no se usa­ba sólo para rep­re­senta­ciones sino tam­bién para asam­bleas pop­u­lares o hom­e­na­jes funer­ar­ios a per­son­ajes céle­bres. El uso del teatro comen­zó a decaer a medi­da que se fue implan­tan­do el cris­tian­is­mo, que con­sid­er­a­ba las obras teatrales una inmoral­i­dad (la igle­sia, en su línea, cen­suran­do la cul­tura).

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Detrás del teatro, se encon­tra­ba el peri­s­ti­lo, una zona ajar­di­na­da con colum­nas que servía como área de esparcimien­to para los actores y para que pudier­an cam­biarse de ves­tu­ario. Aquí tam­bién se encon­tra­ban los letri­nas.

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En la parte pos­te­ri­or del teatro tam­bién podemos ver el pro­ce­so de restau­ración que se está lle­van­do con el pozo romano, que da idea de los conocimien­tos tan avan­za­dos de aque­l­la época en lo que inge­niería hidráuli­ca se refiere. Tam­bién podemos admi­rar el Aula Sacra,que esta­ba ded­i­ca­da al cul­to impe­r­i­al y donde se encon­tró un bus­to del emper­ador Octavio Augusto,que actual­mente se exhibe en el Museo Arque­ológi­co de Méri­da. Aquí muchos asis­tentes se acer­ca­ban a rezar antes de que comen­zaran las obras.

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Nos vamos ya al Acue­duc­to de San Lázaro. Puedes aprovechar para ver­lo de camino al antiguo Cir­co Romano. Este acue­duc­to era una de las tres con­duc­ciones de agua hacia Emeri­ta Augus­ta, aunque los restos que quedan son sólo una mín­i­ma parte del orig­i­nal. En el siglo XVI se recon­struyó a par­tir del orig­i­nal romano.

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El Cir­co Romano era otro de los rin­cones más impor­tantes de la antigua Méri­da. En un prin­ci­pio se encon­tra­ba a las afueras de la ciu­dad, aunque la pos­te­ri­or reestruc­turación urbana lo sitúe a día de hoy en pleno cen­tro. Con una lon­gi­tud de casi medio kilómetro, éste fue uno de los cir­cos más impor­tantes de todo el Impe­rio Romano.Aunque actual­mente sea una som­bra de lo que fue, sigue impactan­do mucho ver­lo des­de arri­ba (hay un mirador que te per­mi­tirá hac­erte idea de las dimen­siones reales del recin­to). Antigua­mente el cir­co esta­ba abier­to al públi­co pero aho­ra se cobra entra­da y no te per­miten acced­er a la are­na.

Aquí era donde se cel­e­bra­ban las car­reras de cuá­dri­gas, fre­cuente­mente finan­ciadas por per­son­ajes acau­dal­a­dos que pre­tendían así incre­men­tar su pop­u­lar­i­dad. En este cir­co se ini­ció el con­duc­tor de car­ros Cayo Apu­leyo dio­cles, un lusi­tano que prob­a­ble­mente sea el mejor con­duc­tor del que haya dis­fru­ta­do todo el impe­rio. Durante casi 25 años se man­tu­vo en acti­vo, lo que en aque­l­la época era una excep­ción, ya que muchos auri­gas morían jóvenes, a causa pre­cisa­mente de acci­dentes en las car­reras. Se cal­cu­la que el cir­co tenía capaci­dad para unos 30.000 espec­ta­dores, aunque con tan­to saqueo pos­te­ri­or por otros col­o­nizadores no se puede ase­gu­rar su número exac­to.

Los espec­tácu­los circens­es eran muy pop­u­lares entre los romanos. Las primeras cel­e­bra­ciones esta­ban vin­cu­ladas a la devo­ción a las divinidades y por eso antes de los jue­gos se orga­ni­z­a­ban unas pro­ce­siones reli­giosas pre­vias lla­madas pom­pa. Con el tiem­po este carác­ter reli­gioso se fue per­di­en­do y los ludi (jue­gos) acabaron sien­do sim­ple­mente eso: lúdi­cos. En las car­reras, en las que par­tic­i­pa­ban car­ros de dos cabal­los (bigas) y de cua­tro (cuadri­gas) se debían dar siete vueltas com­ple­tas, com­ple­tan­do una dis­tan­cia de unos 5 kilómet­ros en ape­nas diez min­u­tos. Hac­erse con la vic­to­ria no con­sistía sólo en un tema de veloci­dad, tam­bién influía la maña de los auri­gas a la hora de arrin­conar a sus opo­nentes o realizar las cur­vas sin dejarse com­er el ter­reno. Los car­ros pertenecían a difer­entes equipos,las facciones,que se iden­ti­fi­ca­ban fácil­mente por cua­tro col­ores: blan­co, verde, azul y rojo. Las fac­ciones eran el equiv­a­lente a nues­tras escud­erías de coches, se pre­ocu­pa­ban del man­ten­imien­to de los car­ros y de con­seguir los mejores cabal­los. Hay que men­cionar tam­bién que tan­to auri­gas como cabal­los vence­dores eran obse­quia­dos con la famosa coro­na de lau­rel (de ahí viene la pal­abra “lau­rea­d­os”).

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Cer­ca del cir­co se encuen­tran tam­bién los restos de una antigua ter­ma romana. Se ubicó aquí pre­cisa­mente porque eran muchos los via­jeros que venían a Emeri­ta Augus­ta para dis­fru­tar de los juegos.La ter­ma se des­cubrió hace sólo 10 años, en el 2004. Hay que recor­dar que las ter­mas en época romana no eran sim­ples bal­n­ear­ios sino pun­tos de reunión social. Eran recin­tos rica­mente orna­men­ta­dos que con­sta­ban tam­bién de gim­na­sios y zonas de masajes y donde el agua era calen­ta­da arti­fi­cial­mente. Estas ter­mas has­ta con­ta­ban con una gigan­tesca sala de vapor. La pena es que des­de su des­cubrim­ien­to, por si no esta­ban ya sufi­cien­te­mente dete­ri­o­radas, el van­dal­is­mo ha hecho de las suyas y ha provo­ca­do serios daños en los restos arque­ológi­cos. Hay que ver qué poco respeto tienen algunos inde­seables a un pat­ri­mo­nio que nos pertenece a todos.

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Es el momen­to de irnos al Museo de Arte Romano de Méri­da. Hay mucha gente que por fal­ta de tiem­po sac­ri­fi­ca su visi­ta, algo que os desacon­se­jo aunque ello os oblig­ue a madru­gar un poquito más. Pero es que la exposi­ción inte­ri­or es real­mente fab­u­losa y sin ella puede enten­der­se mala­mente el esplen­dor que se vivió en Méri­da en época romana.Además,os recuer­do que tan­to los sába­dos por la tarde como los domin­gos por la mañana la entra­da es total­mente gra­tui­ta.

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El Museo de Arte Romano no sólo se limi­ta a expon­er un mon­tón de ves­ti­gios de tan glo­riosa época sino que es una reliquia en sí mis­mo, ya que en la parte infe­ri­or se hal­la la crip­ta, donde hay un tramo de la con­struc­ción hidráuli­ca que abastecía al Acue­duc­to de San Lázaro. Tam­bién se con­ser­va un tramo de la calza­da que llev­a­ba a Cór­do­ba, aparte de restos de antiguas viviendas,una necrópo­lis y varias colum­nas de már­mol.

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En el resto del museo, sec­ciona­do en tres plan­tas, se expone una can­ti­dad de restos tan desco­mu­nal que abru­ma, parece men­ti­ra que se hayan con­segui­do sal­var tan­tas piezas (aún así,una ami­ga de Méri­da nos comenta­ba que el sub­sue­lo emeritense está pla­ga­do de ruinas y que son muchos los veci­nos que al realizar obras en casa, si encuen­tran vasi­jas o her­ramien­tas de la época,se lo callan para que no les par­al­i­cen las obras y ven­gan los arqueólogos,lo que supone una pér­di­da irrepara­ble de pat­ri­mo­nio).

Entre todas las piezas expues­tas podemos encon­trar difer­entes escul­turas ded­i­cadas tan­to a dios­es (Proserpina,Ceres o Plutón) como a emper­adores como Sep­ti­mio Severo. Tam­bién se guardan muchos restos del cir­co y el anfiteatro, des­de inscrip­ciones a más­caras de actores, armas, láp­i­das e inclu­so un reloj de sol.

En la plan­ta baja una de las cosas más intere­santes es poder apren­der cómo eran los ritos funer­ar­ios de los romanos, quienes en sus ini­cios inhum­a­ban los cuer­pos (los enterra­ban) y con el paso del tiem­po comen­zaron a incinerar­los. Era muy habit­u­al encon­trar en las láp­i­das la inscrip­ción “Hic situs est. Sit tibi ter­ra levis” (Aquí yace.Que la tier­ra te sea leve). Los sepul­cros eran bas­tante grandes ya que,como los egipcios,los romanos eran enter­ra­dos con un gen­eroso ajuar funer­ario.

En esta plan­ta tam­bién podemos hac­er­nos idea de cómo era la vida en el foro romano, el epi­cen­tro de la vida social. En el foro no sólo se situ­a­ba el mer­ca­do sino que tam­bién iba mucha gente a rezar a la basíli­ca y se cel­e­bra­ban debates políticos.Lo curioso es que en Emeri­ta Augus­ta existían dos foros, aunque de uno de ellos ape­nas que­da nada y lo que se expone en el museo pertenece bási­ca­mente al foro prin­ci­pal. En este foro se exhibían colos­ales escul­turas de Júpiter Ammon y Medusa, que tenían la fun­ción de sal­va­guardar a los ciu­dadanos de los peli­gros.

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Bue­na parte del museo se ded­i­ca tam­bién a la exposi­ción de cerámi­ca. Den­tro de ella, podemos difer­en­ciar la cerámi­ca común, a la que pertenecen las vajil­las para com­er y que eran bas­tante toscas. Se exhiben des­de platos y botel­las cuadradas a jar­ras de cuel­lo estre­cho, cuen­cos, jue­gos de vasos y vasi­jas para coci­nar. Por otro lado, se encon­tra­ba la cerámi­ca de lujo,más refi­na­da, y de la que podemos encon­trar buenos ejem­p­los como cuen­cos, cantim­plo­ras e inclu­so restos de una gran fuente. En la exposi­ción per­ma­nente tam­bién podremos admi­rar una bue­na colec­ción de lucer­nas, lo que eran los can­diles romanos, y una gran can­ti­dad de mon­edas, muchas de ellas intac­tas.

La últi­ma plan­ta del museo tam­bién con­ser­va un indud­able val­or didác­ti­co al acer­carnos a la vida diaria de los romanos y sus difer­entes pro­fe­siones. Y es que aquí podremos darnos de frente con el mate­r­i­al quirúr­gi­co que uti­liz­a­ban los médi­cos de antaño, los galenos, para realizar sus opera­ciones o los sel­l­os de panaderos, así como var­ios retratos. La visi­ta al museo, insis­to después de haber­lo recor­ri­do, me parece total­mente indis­pens­able en cualquier escapa­da a Méri­da.

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Tiem­po aho­ra para el Puente Romano de Méri­da, de casi 800 met­ros de lon­gi­tud, y que parece men­ti­ra lo bien que ha aguan­ta­do el paso del tiem­po. De los 62 arcos ini­ciales con­ser­va 60, por lo que se mantiene prác­ti­ca­mente intac­to aunque se haya recon­struí­do en varias oca­siones debido a las riadas.

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Estat­ua de Luper­ca ama­man­tan­do a Rómu­lo y Remo, los fun­dadores de Roma según cuen­ta la leyen­da. El mon­u­men­to fue don­a­do a Méri­da por la ciu­dad de Roma.

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Pero Méri­da no sólo exhibe orgul­losa su pasa­do romano, no nos equiv­o­que­mos. Y es que uno de sus con­jun­tos arque­ológi­cos más impor­tante es jus­ta­mente la Alcaz­a­ba, una for­t­aleza mozárabe de dimen­siones enormes que la con­vierten en la for­ti­fi­cación más antigua de toda la Penín­su­la Ibéri­ca. Con­stru­i­da por Abder­ramán II en el siglo IX, se lev­an­tó para sofo­car los múlti­ples lev­an­tamien­tos de la población. La ciu­dad, por cier­to, pasó entonces a lla­marse Mari­da. Era un bastón casi inex­pugnable, con muros que lle­ga­ban a casi los tres met­ros de grosor y diez met­ros de altura. En su inte­ri­or se encuen­tra un aljibe que servía como depósi­to de agua.

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Aquí aba­jo va una foto de noche (que luce aún más boni­to) del Tem­p­lo de Diana, el úni­co edi­fi­cio de carác­ter reli­gioso que que­da en pie de la época romana. Se encon­tra­ba den­tro del foro,muy cer­ca de las dos vías prin­ci­pales, el car­do y el decumanus, lo que dice mucho de su impor­tan­cia en el momen­to en que se con­struyó. Y su nom­bre es engañoso porque en real­i­dad aquí se rendía cul­to al emper­ador Augus­to. Las colum­nas lle­gan a alcan­zar los ocho met­ros de altura y mide casi 40 met­ros de largo.

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Restos de otro de los recin­tos mon­u­men­tales de Emeri­ta Augus­ta, que antigua­mente con­ta­ba con hor­naci­nas para colo­car difer­entes escul­turas. Este era el Pór­ti­co del Foro, que antaño esta­ba total­mente recu­bier­to de már­mol.

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Nue­stro piso se encon­tra­ba súper cerqui­ta de la Casa del Mitreo,que fue otro de los recin­tos que más me gustó, sobre todo porque me lo esper­a­ba más pequeño. Son los restos de una antigua vil­la romana (domus) que prob­a­ble­mente perteneciera a una famil­ia bas­tante pudi­ente. Se la conoce como la Casa del Mitreo porque donde se encuen­tra la actu­al Plaza de Toros, muy cer­ca, se hal­laron restos rel­a­tivos al dios Mitra.

La dis­tribu­ción de la casa gira en torno a tres patios prin­ci­pales. Alrede­dor se agru­pan las dis­tin­tas estancias, algu­nas más ínti­mas, como los come­dores famil­iares y los dor­mi­to­rios, y otras de carác­ter social, como el salón de recep­ciones o los come­dores para invi­ta­dos (el tri­clin­i­um). El cometi­do prin­ci­pal de los patios era pro­por­cionar luz y ven­ti­lación a las habita­ciones. De la dis­tribu­ción del agua se encar­ga­ba la red de canales que recorre la vivien­da y que se apro­vi­sion­a­ba del agua de llu­via que se recogía en una gran cis­ter­na.

El mosaico cos­mológi­co de la Casa del Mitreo es uno de los mejor con­ser­va­dos de toda la antigüedad. Rep­re­sen­ta la con­cep­ción filosó­fi­ca del mun­do y se cree que su autor pudo for­marse en las escue­las sirias. Pero aparte de la gran can­ti­dad de pin­turas y mosaicos que han sobre­vivi­do al paso del tiem­po, debe­mos destacar las depen­den­cias sub­ter­ráneas, que al pare­cer eran habita­ciones “de ver­a­no” donde la famil­ia se res­guard­a­ba de las altas tem­per­at­uras del estío extremeño. Tam­bién salían a refres­carse al jardín, el viri­dar­i­um. Además de los baños pri­va­dos, se han encon­tra­do restos de otros baños (de agua fría, caliente y tem­pla­da). Des­de la Casa del Mitreo puedes ir andan­do por un sendero bor­dea­do por cipreses has­ta los Colum­bar­ios, recin­tos funer­ar­ios donde se enter­raron a los miem­bros de dos famil­ias aco­modadas, los Julios y los Voco­nios.

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Antes de irnos para Tru­jil­lo, no quiero acabar sin recomen­daros en Méri­da un lugar fab­u­loso donde estu­vi­mos cenan­do un par de noches: La Bodeguil­la. Se encuen­tra en la C/ Moreno de Var­gas 2 , muy cerqui­ta de la Plaza de España, y parece men­ti­ra como un sitio que ofrece platos de autén­ti­co lujo y con una de las car­tas más com­ple­tas y vari­adas que he vis­to nun­ca pue­da ten­er esos pre­cios pop­u­lares (con bebidas, unos 11 euros por per­sona). Las raciones son enormes, asi que sed come­di­dos a la hora de pedir. Nosotros recomen­damos espe­cial­mente su salmore­jo, el revuel­to de mor­cil­la con gar­ban­zos (se equiv­o­caron de mesa y nos llegó de casu­al­i­dad pero ya puestos jeje), la par­ril­la­da de ver­duras y has­ta nos atre­vi­mos con la carne de can­guro, que por cier­to esta­ba deli­ciosa. El dueño has­ta sal­ió a salu­darnos cuan­do supo que habíamos venido des­de Madrid y nos regaló ambas noches el postre, un tiramisú que esta­ba de autén­ti­co escán­da­lo.

Tru­jil­lo

Lo bueno que tiene Tru­jil­lo para los que vivi­mos en Madrid es que en el via­je de vuelta des­de Méri­da pasas al lado. Asi que opta­mos por madru­gar para poder recor­rerlo por la mañana y ya de paso quedarnos a com­er en La Troya, un restau­rante que nos habían recomen­da­do var­ios ami­gos. El sitio es más de batalleo que La Bodeguil­la pero no nos extraña que se mon­ten esas colas de espera y más tenien­do en cuen­ta que Tru­jil­lo es un pueblo muy turís­ti­co y, pese a lo pequeño que es (9.000 habi­tantes), está pla­ga­do de restau­rantes. Se encuen­tra en ple­na Plaza May­or y nada más sen­tarte ya te plan­tan de aper­i­ti­vo una tor­tilla de pata­ta, una ensal­a­da y un pla­to de chori­zo extremeño. Inclu­so para los fines de sem­ana tienen un intere­sante menú por 15 euros por per­sona; todo lo hacen a lo grande, si pides gaz­pa­cho o sopa de marisco, como fue nue­stro caso, te traen direc­ta­mente la fuente y te sirves todo lo que te plaz­ca. Por cier­to, nosotros ese domin­go pudi­mos pro­bar allí su jabalí en sal­sa y lo hacen tiernísi­mo.

Tru­jil­lo es cono­ci­da como “la ciu­dad de los con­quis­ta­dores” debido a que aquí nacieron Fran­cis­co de Pizarro, que con­quistó Perú, y Fran­cis­co de Orel­lana, que des­cubrió a los europeos el río Ama­zonas. Tan­to uno como otro tienen un peso impor­tan­tísi­mo en la his­to­ria de Trujillo,sólo hay que ver de quien es la estat­ua que pre­side el pueblo: Fran­cis­co de Pizarro.

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Pizarro provenía de una famil­ia muy acau­dal­a­da y parecía lle­var en la san­gre lo de con­quis­tar tier­ras lejanas ya que era pri­mo car­nal de Hernán Cortés, quien col­o­nizó Méx­i­co y sometió al impe­rio azteca. Pasó la may­or parte de su vida en Améri­ca y no sólo invadió y cris­tian­izó Perú, tam­bién par­ticipó en otras expe­di­ciones por Colom­bia y acom­pañó a la de Núñez de Bal­boa en bus­ca del Océano Pací­fi­co. Aunque quien crea que el des­cubrim­ien­to de Améri­ca fue un camino de rosas para los inva­sores españoles se equiv­o­ca y mucho. Bue­na prue­ba de ello es una de mis pelícu­las favoritas, “Aguirre,la cólera de Dios”. En este fan­tás­ti­co film pro­tag­on­i­za­do y dirigi­do por los no menos grandes Wern­er Her­zog y Klaus Kin­s­ki, una pare­ja que se pasó la vida tra­ba­jan­do jun­tos, odián­dose y amán­dose has­ta el pun­to de pon­erse una pis­to­la entre medias, se cuen­ta de una man­era muy cruda,pero muy fiel a la real­i­dad, cómo eran las expe­di­ciones de entonces basán­dose en la vida del explo­rador Lope de Aguirre. Los sol­da­dos, muer­tos de ham­bre, car­ga­dos con tra­jes pesadísi­mos, equipa­jes y armas, se aden­tra­ban en ple­na sel­va, total­mente des­ori­en­ta­dos, a la merced de la cli­ma­tología más agre­si­va, de los indios que conocían su ter­ri­to­rio y por ello lo defendían con uñas y dientes, de las ana­con­das, de los mos­qui­tos, de las enfer­medades que no conocían sus organ­is­mos y de la deses­peración de lle­var años sin poder ver a sus famil­ias. Muchos de ellos, si no aca­ban muer­tos, acaba­ban locos. Y todo para enrique­cer a los cua­tro aristócratas de siem­pre y a la famil­ia real y exten­der la pal­abra y la repre­sión de la religión por el mun­do.

En Tru­jil­lo la casa natal de Pizarro se ha con­ver­tido en un museo donde se expli­ca la vida del con­quis­ta­dor (entra­da 1,40 euros). Hay que recor­dar que los restos de Pizarro des­cansan en la ciu­dad de Lima,que él mis­mo fundó y donde murió asesina­do.

En cuan­to a Fran­cis­co de Orel­lana, murió tam­bién, asesina­do por los indios caribes, en el río más grande del mun­do, el Ama­zonas, sien­do el primer occi­den­tal que lo recor­rió a base de muchas penurias. Se cuen­ta que el  Ama­zonas se lla­ma así porque los col­o­nizadores debieron luchar con­tra mujeres guer­reras que parecían ama­zonas griegas…aunque en real­i­dad eran indí­ge­nas con pelo largo. En Tru­jil­lo se le recuer­da con un bus­to y puedes alo­jarte en su casa natal, del siglo XV, ya que aho­ra es el Hotel Casa de Orel­lana, con sólo 5 exclu­si­vas habita­ciones. El pre­cio, 125 euros la doble.

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Pasear por Tru­jil­lo es como via­jar seis sig­los atrás. He vis­to muy pocos pueb­los en España tan boni­tos y tan bien con­ser­va­dos, con sus calle­jones empe­dra­dos, sus mural­las, su castil­lo, sus casas seño­ri­ales. Subir sobre todo a la zona más antigua,la amu­ral­la­da, es ir encon­trán­dose con un edi­fi­cio históri­co detrás de otro.

Tru­jil­lo es un pueblo de cues­tas, muchas, y la ver­dad que nos cogió un calor de espan­to pero eso no le quitó ni un gramo de bril­lo al paseo por el cas­co antiguo, el cono­ci­do como Bar­rio Antiguo de la Vil­la, sal­imos encan­ta­dos. De las siete puer­tas que atrav­es­a­ban la mural­la, quedan en pie cua­tro, la de San­ti­a­go, la de Coria, la del Tri­un­fo y la de San Andrés, que esta­ba cus­to­di­a­da por el Alcázar de los Esco­bar. Nosotros entramos por esta últi­ma.

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En esta zona lo más reseñable son las Casas de los Chaves Men­doza, el Alcazar de los Bejara­no, la igle­sia de San­ta María la May­or, el Antiguo Con­ven­to de San Fran­cis­co el Real pero,sobre todo,su castillo.Esta for­t­aleza del siglo IX se encuen­tra en una col­i­na lla­ma­da Cabeza del Zor­ro. Fue con­struí­do por los árabes, sin ape­nas ven­tanas para que fuera aún más inac­ce­si­ble. Se lo con­sid­er­a­ba una de las for­t­alezas más seguras del reino, has­ta el pun­to de guardar aquí las riquezas de los reyes.

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La Plaza May­or de Tru­jil­lo, aparte de estar has­ta arri­ba de gente, locales y tur­is­tas, es fran­ca­mente espec­tac­u­lar. La pre­side el boni­to Pala­cio de los Mar­que­ses de la Con­quista del siglo XVI, man­da­do lev­an­tar por el pro­pio Fran­cis­co de Pizarro. Jus­to enfrente te que­da la igle­sia de San Martín de Tours, donde además solía reunirse el Con­ce­jo de Tru­jil­lo.

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Todos los alrede­dores de la Plaza son calles reple­tas de palacetes señoriales:el de los duques de San Car­los, de los Chaves-Sotomay­or, de los Mar­que­ses de San­ta Mar­ta… Tru­jil­lo siem­pre fue un refu­gio de aristócratas y famil­ias con dinero,también hay que ten­er en cuen­ta la can­ti­dad de riquezas que se traían los col­o­nizadores, pese a que debían ced­er la may­or parte a la Coro­na de España,que era quien coste­a­ba los via­jes. Y estas res­i­den­cias de alta alcurnia,que cin­co y seis sig­los después aún con­ser­van su grandeza y señorío,son las que real­mente hacen de Tru­jil­lo un pueblo fasci­nante y prue­ba viviente de por qué España en aque­l­la época se con­vir­tió en el país más poderoso del mun­do.


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1 Comment

  1. Gra­cias por este artícu­lo tan com­ple­to. Méri­da es una ciu­dad con una rica his­to­ria romana y alber­ga algunos de los mejores restos arque­ológi­cos del mun­do.

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