Así viajábamos de niños: blogueros recuerdan sus viajes de infancia

Hace unos meses pub­li­camos un artícu­lo que dis­fru­ta­mos muchísi­mo escri­bi­en­do: Así via­jábamos antes de que existiera inter­net. Los via­jes, gra­cias a las nuevas tec­nologías, han cam­bi­a­do enorme­mente la for­ma en que aho­ra nos move­mos por el mun­do. Pero echar la vista atrás y recor­dar aque­l­los tiem­pos en que las vaca­ciones las orga­ni­z­a­ban nue­stros padres y nosotros nos adap­tábamos con gus­to a cualquier des­ti­no prop­uesto nos llena de nos­tal­gia. Por ello hemos queri­do con­fec­cionar un artícu­lo en el que recopiláramos aque­l­los imborrables recuer­dos y desem­polváramos fotografías cubier­tas de pol­vo. Para ello hemos con­ta­do con el tes­ti­mo­nio de un buen mon­tón de ami­gos blogueros de via­je, que se han brinda­do a relatarnos con una son­risa en los labios cómo via­ja­ban de niños, en esa época en que la inqui­etud via­jera ya comen­z­a­ba a dar mues­tras de que nos acom­pañaría de por vida.

Nuria — Muero Por Via­jar

Recuer­do que durante toda mi infan­cia cada ver­a­no, Navi­dad y Sem­ana San­ta via­ja­ba jun­to a mi famil­ia de Barcelona a un pequeño pueblo de Albacete, mi padre nació allí y teníamos a toda la famil­ia pater­na. El via­je era duro, nos metían en el coche durante la madru­ga­da, porque mi padre decía que así no había trá­fi­co, y llegábamos al pueblo por la mañana… ¡pero casi que con jet lag! Pasábamos los días en bici­cle­ta, en la pisci­na y jugan­do todos los pri­mos, era muy diver­tido.

Un año, después de estar unos días en famil­ia, hici­mos una escapa­da a las Lagu­nas de Ruidera, un par­que nat­ur­al con unas 15 lagu­nas nat­u­rales que está repar­tido entre las provin­cias de Albacete y Ciu­dad Real. Recuer­do que fue muy diver­tido bañarse en las lagu­nas, ir en embar­ca­ciones a ped­ales, pasear… dormi­mos en un aparta­men­to que no tenia TV (el úni­co entreten­imien­to de la época) ni lle­ga­ba la cober­tu­ra de la radio y cada día, después de pasar la mañana en las lagu­nas, vis­itábamos algún pueblo próx­i­mo por las tardes… ¡creo que aquí empezó mi amor por los road trips!

viajar2

Alex — Mochi­la Expres

Male­tas, bañador, som­bril­la, gafas de bucear y un sin­fín de trastos que meter en el Renault 12. Mi her­mano y yo asomábamos la cabeza para res­pi­rar durante las más de 10 horas que teníamos has­ta Andalucía o Lev­ante. Mis padres, cansa­dos del llu­vioso cli­ma bil­baíno, nos llev­a­ban en agos­to a zonas de playa para car­gar­nos las pilas. Fueron mis primeros pasos con la casa a cues­ta y guar­do entrañables recuer­dos.

Tuve la suerte de ten­er unos padres con cier­tas inqui­etudes y me lle­varon a cono­cer gran parte del pat­ri­mo­nio español. Uno de esos via­jes me mar­có para toda mi vida. Durante una estancia en Benidorm nos acer­camos a vis­i­tar el Safari-Park Vergel, una reser­va donde vivían ani­males sal­va­jes en rég­i­men de semi­lib­er­tad. Por primera vez pude ver los ani­males de las pelícu­las de Tarzán que tan­to me habían hecho soñar en mi infan­cia. Leones, jirafas, ñus y cebras se pavone­a­ban ante mis atóni­tos ojos. Lloré al ver a algu­nas de aque­l­las fieras. Fue un amor a primera vista y el comien­zo del sueño has­ta con­seguir ver­los en África.

Vergel_Easy-Resize.com

Tomás Gar­cía — Via­jero Cróni­co

La primera vez te mar­ca y yo recuer­do mi primer via­je como si fuese ayer, aunque ya hace veinte años de aque­l­lo. Y eso que no he debido ser de los niños que más via­jase con mis padres porque a los míos no es algo que les gus­tase espe­cial­mente, aunque aho­ra se han afi­ciona­do. Habíamos ido al Piri­neo aragonés, a Ali­cante y sobre todo habíamos hecho muchas rutas por Cataluña, nues­tra tier­ra. Pero un año deci­dieron  que el des­ti­no fuera Tener­ife y esa iba a ser la primera vez que yo iba a coger un avión. ¡Qué ilusión! Recuer­do el vue­lo, los nervios pre­vios, el ater­riza­je… Ten­go mil imá­genes de aquel primer vue­lo en mi memo­ria, mil emo­ciones que aún puedo sen­tir de nue­vo cada vez que pien­so en ello. Y recuer­do cuan­do vi por primera vez ante mí el Tei­de. Me pare­ció enorme, pre­cioso. ¡Esta­ba ante el pico más alto del país!

Era un  pread­o­les­cente y recuer­do aque­l­lo como si fuera ayer y puede que fuese allí donde se for­jasen las bases de quien aho­ra soy, una per­sona inqui­eta casi has­ta la deses­peración, siem­pre pen­san­do en nuevos des­ti­nos, en des­cubrir cosas nuevas y en apren­der todo lo posi­ble del mun­do que nos rodea. Via­jar me ha enseña­do a cono­cer, a acep­tar, a tol­er­ar y a con­tex­tu­alizar. Y fue en aquel via­je a Tener­ife y frente al Tei­de cuan­do por primera vez me sen­tí dimin­u­to ante el mun­do que nos rodea y supe todo lo que podría apren­der de él.

Viajar5_Easy-Resize.com

Ale­jan­dra Cas­tro — Via­jar Cueste Lo Que Cueste

Cuan­do era niña siem­pre esper­a­ba las vaca­ciones de ver­a­no y lle­gar al mar, a la cos­ta atlán­ti­ca de la provin­cia de Buenos Aires, Argenti­na. Solo nos sep­a­ra­ban cua­tro­cien­tos kilómet­ros de dis­tan­cia, que hace más de cuarenta años atrás eso era lejísi­mos y se via­ja­ba dis­tin­to. Pero uno de los via­jes que mar­co mi niñez, casi ado­les­cen­cia, fue lle­gar a las Cataratas del Iguazú, un via­je jun­to a mis padres, tíos y pri­mos. Cuan­do las vi quede impre­sion­a­da, cuan­ta fuerza tenía el agua, qué col­ores extraños (naran­ja) tenía la tier­ra y que comi­das tan dis­tin­tas a las mías, sien­do un mis­mo país, escuch­a­ba otros acen­tos y otras cos­tum­bres.

IMG_20180414_131624_Easy-Resize.com

Mar­ta y Javi — Con Un Par De Male­tas

Sien­do sin­cero, mi infan­cia no fue muy via­jera. Nues­tras vaca­ciones de ver­a­no las pasábamos vis­i­tan­do a la famil­ia del pueblo, de esos ver­a­nos guar­do muy  buenos recuer­dos, y todos los puentes enganchábamos la car­a­vana al coche para ir de acam­pa­da al monte, en los años 80 se podía acam­par libre­mente 😉

Durante mi infan­cia no puedo destacar ningún via­je en con­cre­to pero en esa época se sem­bró una semi­l­la que años más tarde ha bro­ta­do con fuerza. Durante mis vaca­ciones esco­lares me embar­ca­ba en una aven­tu­ra, la aven­tu­ra de ser ayu­dante de camionero jun­to a mi padre.  Pasábamos 5 o 6 días lle­van­do y trayen­do mer­cancías por Europa… Fran­cia, Bél­gi­ca, Holan­da, Ale­ma­nia, inclu­so una vez tuvi­mos que ir has­ta Sue­cia. Me encanta­ba ver cómo iba cam­bian­do el paisaje, escuchar otros idiomas, pro­bar comi­das nuevas, bebidas extrañas, lo com­pli­ca­do que resulta­ba todo y lo sat­is­fe­cho que me sen­tía cuan­do lo con­seguía… Creo que en esos años me entró el lla­ma­do “virus via­jero”.

Hemos empeza­do a via­jar tarde, pero des­de que empezamos no hemos para­do y tam­poco ten­emos inten­ción algu­na de hac­er­lo. ¡Gra­cias , papá!
Isla de Flores_Easy-Resize.com

Clau­dia — Janonau­tas

Durante la infan­cia pude, con mis padres, dis­fru­tar de via­jes y vis­i­tas cul­tur­ales. Entre estos, el que más me mar­có fue nue­stro via­je a Egip­to. Fue la primera gran aven­tu­ra que viví, tenía entonces 7 años. Recuer­do que sen­tía gran interés por el país, su cul­tura y su his­to­ria. Por este moti­vo, dis­fru­tar­lo en primera per­sona fue una expe­ri­en­cia inolvid­able. Además, era la primera vez que vis­ita­ba una sociedad tan dis­tin­ta a la mía y me hizo darme cuen­ta de la gran diver­si­dad cul­tur­al que hay en el mun­do. Nave­g­ar por el Nilo, explo­rar los tem­p­los y final­mente encon­trarme con las gigan­tescas pirámides de Giza sig­nificó, para el yo de aquel momen­to, des­cubrir el gus­to y el sen­timien­to a via­jar que me sigue acom­pañan­do todavía.

claudia_Easy-Resize.com

Ansel­mo Her­ranz — Con La Mochi­la

Cuan­do éramos pequeños es hace ya mucho tiem­po: 35 años. Por aquel entonces, los “grandes via­jes” eran los que hacíamos en las quin­ce­nas de vaca­ciones que tenían nue­stros padres y solían ser al Lev­ante español. Aunque aún quedan recuer­dos de esas playas y esos pueb­los que vis­itábamos, lo que más me impre­sion­a­ba (y aún me impre­siona cuarenta años después) era la dis­posi­ción de mis padres para via­jar de la for­ma que fuese. Tenían mis padres por aquel entonces un Renault 12 ranchera, de esos que tienen el maletero comu­ni­ca­do con el resto del vehícu­lo. El día pre­vio a la sal­i­da del via­je qued­a­ba todo prepara­do para que en el coche pud­iese entrar la comi­da para las vaca­ciones, las male­tas con la ropa, mis padres, mis dos her­manos y yo. Parece fácil ¿ver­dad? Las male­tas y las pro­vi­siones al maletero y cada uno a su sitio… Pues no.

Yo, sien­do el may­or, ten­go el recuer­do graba­do a fuego en la memo­ria. Hacíamos el via­je casi siem­pre de noche, para que fuése­mos dormi­dos la may­or parte del tiem­po, pero lo mejor era que hacíamos el via­je ¡meti­dos en el maletero! Tum­ba­dos, arropa­dos con una man­ta, recor­ríamos la dis­tan­cia que sep­a­ra nue­stro pueblo de los des­ti­nos en la cos­ta lev­an­ti­na. Cuan­do nos des­pertábamos, si era antes de lle­gar, nos sen­tábamos y jugábamos en el amplio espa­cio que había en la parte trasera. Eran otros tiem­pos, otras nor­ma­ti­vas de cir­cu­lación, pero, sobre todo, eran las ganas y la ilusión de irse de vaca­ciones. Hoy nos toca como padres vivir con ilusión nue­stros via­jes jun­to a nues­tra peque.

Viajar6_Easy-Resize.com

Patri­cia Rojas — La Cos­mopo­lil­la

Mi primer via­je “al extran­jero” fue a Por­tu­gal. Tenía unos diez años y siem­pre recor­daré la emo­ción de ten­er mi primer pas­aporte en las manos, agre­ga­da a mi madre, claro. Cruzamos des­de Gali­cia, por el río Miño, pisamos tier­ras lusas y cam­bi­amos pese­tas por escu­d­os. Sí, era el siglo pasa­do, no existían los euros ni la Unión Euro­pea. Entonces Por­tu­gal se me anto­ja­ba otra galax­ia de pueb­los en otro plan­e­ta donde se habla­ba “raro” y se comía mucho bacalao. Recor­ri­mos el norte en coche. Creo que ya me quedé “infec­ta­da” por el virus via­jero porque pasé ese año con­tan­do mi aven­tu­ra a mis com­pañeros de cole y soñan­do con volver. Debe ser que lo deseé con mucha fuerza porque ya son incon­ta­bles las veces que he via­ja­do al país veci­no, del que me enam­oran todos sus rin­cones y sobre todo, la gas­tronomía de Por­tu­gal.

Azulejos de Lisboa, mirador de Santa Lucía_Easy-Resize.com

Ana y Ser­gio — Con Bil­lete De Vuelta

Un via­je te puede cam­biar la vida, y a veces, tam­bién abrirte la puer­ta de un mun­do descono­ci­do. El via­je del que hoy voy a hablaros no se puede con­sid­er­ar un “gran via­je”, ni mucho menos. Aho­ra bien, la expe­ri­en­cia de via­jar solo por primera vez con mis ami­gos de toda la vida la recor­daré siem­pre como algo grandioso.

Con moti­vo de final de cur­so via­jamos a París y allí des­cub­ri­mos una ciu­dad enorme y cos­mopoli­ta. Por primera vez, salíamos de nues­tra queri­da Barcelona para vis­i­tar una de las cap­i­tales del mun­do. Allí nos enam­oramos de sus avenidas, de sus pastel­erías, de su gente, de la Torre Eif­fel, de su ambi­ente bohemio… y sobre todo, de los dos par­ques de atrac­ciones que visi­ta­mos: Dis­ney­land y Astérix. Un via­je que, sin duda, siem­pre recor­dare­mos con mucho car­iño por ser el primero.

Con-Billete-de-Vuelta

Rocío — Wom­an­word

Me levan­to por la mañana, el sol refle­ja las per­sianas de mi habitación en ondas que me recuer­dan la are­na del mar y con el primer café, leo un email que me invi­ta a pen­sar en mis via­jes de la infan­cia. Todos y cada uno de ellos mar­caron el camino que recor­ro hoy: vivo de via­je. Recuer­do los comien­zos del ver­a­no, tarde, al caer Sep­tiem­bre con sus bel­las luces y sus olores difer­entes. Salir con el coche car­ga­do de male­tas has­ta arri­ba, yo dormi­da en la parte de atrás, espatar­ra­da todo lo largo que mi metro de altura me per­mitía, sin cin­turón de seguri­dad y sabore­an­do un sand­wich de Nocil­la con los car­ril­los llenos de choco­late y movien­do los pies descal­zos a con­tra luz en la ven­tana jugan­do con las for­mas del cielo.

Salíamos de noche, la luna aún bril­lan­do, mar­can­do el sendero, y mi padre, con su magia de cuen­tos de aven­turas , con­ven­cién­dome de que ésta via­ja­ba con nosotros: “Mira la luna, Rocío, ella siem­pre te acom­paña, viene con­ti­go al mar”. Era ver­dad y yo me lo creía y son­reía mar­avil­la­da sin­tién­dome parte de un uni­ver­so, agrade­ci­da por ese rega­lo que me hacían la luna y las estrel­las y el cielo y el camino al mar. Via­jábamos a Valen­cia con la músi­ca de Espinete y los Pan­chos a todo meter, rein­ven­tan­do las estro­fas y subi­en­do el vol­u­men con  “me voy pa’l pueblo” y “panadero soy”. Recuer­do lle­gar al mar y jugar con los gatos del gara­je, cor­rer hacia la playa, subirme a los bra­zos de mi madre y sen­tir el agua para bañarme en sus azules miran­do al hor­i­zonte y mojarnos los pies entre risas. Esa cal­ma de ruti­na que cla­ma lib­er­tad per­manecerá en mi corazón, por siem­pre.

womanword

Glo­ria y Jose — El Via­je Me Hizo A Mi

Recuer­do que me mar­có mucho la primera vez que fui a Mar­rue­cos con 13 o 14 años. Nun­ca había vis­to una cul­tura tan difer­ente a la nues­tra y fue increíble des­cubrir que a tan sólo unas horas de mi casa (por aquel entonces vivía en Alge­ci­ras) había gente que vivía de un modo tan dis­tin­to. Sólo fuimos a Tánger y Tetuán y me llamó la aten­ción la entra­da a la med­i­na de esta últi­ma ciu­dad. Había una gran plaza que esta­ba vacía, sólo había una dece­na de sol­da­dos, y en cam­bio el acce­so a la med­i­na se hacía por una estrecha calle en la parte derecha de la plaza, donde la gente se daba empu­jones total­mente haci­na­da. Esa desigual­dad a tan sólo unos kilómet­ros de casa me impactó de tal for­ma que estuve hablan­do de ellos durante sem­anas al volver del via­je.

img932_Easy-Resize.com

Rocío Man­zano — Meand Mr World

De las vaca­ciones de las que os quiero hablar se han repeti­do var­ios años durante mi infan­cia pero Almería mar­có todos los ver­a­nos (y muchas navi­dades) de mi niñez. Si bien parece un lugar poco cono­ci­do y escon­di­do, Almería es todo un paraí­so por des­cubrir. Está lejos, muy lejos, sobreto­do si via­jas en coche con 80 male­tas y toda tu famil­ia des­de el otro lado de la penín­su­la. Pero pien­so en Almería y sien­to el olor a cre­ma solar pega­josa con are­na, recuer­do postales en mi mente de playas increíbles y escu­cho al gen­tío en las calles de la ciu­dad al atarde­cer para tomar unas tapas, ¡y qué tapas!

Viajar3_Easy-Resize.com

Todavía recuer­do clara­mente algu­nas cosas de uno de mis primeros via­jes con mi famil­ia. De hecho, al revis­ar algu­nas vie­jas fotos, me doy cuen­ta que ape­nas tenía cin­co o seis años. Recuer­do níti­da­mente la ima­gen de Morel­la y su castil­lo en lo alto de la mon­taña. Muchos años después me sigue pare­cien­do el pueblo más boni­to de la Comu­nidad Valen­ciana, arrin­cona­do al norte, en el Maes­traz­go, cer­ca de los límites con Teru­el. Sus calles estre­chas y empe­dradas, su impo­nente castil­lo, su cat­e­dral góti­ca y su boni­to claus­tro de arcos apun­ta­dos. Aquí nos fotografi­aron a mi her­mano may­or y a mí, con esa “mira­da de acero”. Quizá de allí ven­ga mi fasci­nación por la His­to­ria, las ciu­dades medievales y los castil­los. Aunque quizá me acuerde tan bien de aquel via­je porque mi padre tra­bó amis­tad con un lugareño que nos con­tó que aquel lugar mon­tañoso y reseco había sido un mar en época pre­históri­ca y nos enseñó su espec­tac­u­lar colec­ción de fósiles. Nos ofre­ció regalarnos uno a mi her­mano y a mí. Y des­de entonces ten­go un pre­cioso fósil de eri­zo de mar encon­tra­do a 70 kilómet­ros de la cos­ta.

02B241A0-4DB5-4409-9DC4-B5B3AA855934 (1)_Easy-Resize.com
Loli y Mario — Via­jan­do En Fur­go

Lo que más nos mar­có a los dos en nues­tra vida via­jera cuan­do éramos unos joven­zue­los no fue un via­je en sí sino más bien una cir­cun­stan­cia. El pertenecer a un grupo scout hizo que empezar a salir de casa fuera del ámbito famil­iar empezase a gus­tarnos. Hizo que los des­ti­nos donde la nat­u­raleza es la pro­tag­o­nista sean nue­stros favoritos. Allí, además, nos infundieron val­ores como el respeto y la empatía hacia el lugar donde via­jamos. Y, por qué no, que seamos más apaña­dos que Mac­Gyver.

Uno de los primeros via­jes que hici­mos jun­tos y que ten­emos espe­cial car­iño fue nue­stro primer road trip a Piri­neos. Cin­co ami­gos apiña­dos en un coche enano, un Polo Bel-Air, con las cin­co mochi­las y una tien­da de cam­paña en el maletero (todavía no me expli­co cómo cabía todo), con nues­tras botas “Kamet Enduro” que pesa­ban una bar­bari­dad  y con unas ganas enormes de dis­fru­tar a tope. Fue la primera vez que hici­mos descen­so de bar­ran­cos, conoci­mos el Par­que Nacional de Orde­sa, pasamos a Fran­cia… Dor­míamos al raso la gran may­oría de las veces: deba­jo de un meren­dero, en un pra­do, inclu­so hacíamos “cunet­ing” (parar el coche en la cune­ta de una car­reterucha y dormir allí mis­mo). Ay… Aque­l­los mar­avil­losos años…

Viajando en furgo de jovenzuelos_Easy-Resize.com

Naiara — Modo Trav­eller

Recuer­do mis via­jes de infan­cia con mucho car­iño. Solíamos ir de acam­pa­da a algún para­je nat­ur­al. Antes no había tan­tas restric­ciones, se podía acam­par con may­or lib­er­tad y no había masi­fi­ca­ciones, lo que nos per­mitía ten­er un con­tac­to con la nat­u­raleza todavía más autén­ti­co. Recuer­do espe­cial­mente la escapa­da a La Graya, una sin­gu­lar pedanía de Albacete donde un año cel­e­bramos mi sex­to cumpleaños. ¡Fue el cumpleaños más espe­cial! No teníamos tar­ta y yo quería soplar las velas, así que mi padre se fue al pueblo más cer­cano, Elche de la Sier­ra, y me tra­jo una tar­ta hela­da que se der­retía mien­tras sopla­ba las velas. ¡Eso me hizo reír mucho!

Solíamos estar com­ple­ta­mente solos, rodea­d­os de los ani­males que hab­it­a­ban allí. Nos gusta­ba lev­an­tarnos tem­pra­no para ir a bus­car cier­vos y por la noche nos íbamos con la lin­ter­na porque les bril­l­a­ban los ojos y eran muy fáciles de localizar. Veíamos las ardil­las cor­retear entre los árboles y yo me ponía nerviosa de la emo­ción.

Había un pequeño río y a mi her­mana y a mí nos encanta­ba que mi padre nos ayu­dara a cruzar­lo a hom­bros, ¡el agua esta­ba hela­da! Lle­gar al otro lado del río era todo un reto. El pobre pasa­ba descal­zo entre las piedras del río y se con­ge­la­ba los pies con noso­tras dos a cues­tas. ¡Hay que ver lo que hace un padre por sus hijas! Una vez, mi padre encon­tró una nava­ja e hizo una esco­ba con ramas secas para bar­rer la tien­da de cam­paña. Al estar prác­ti­ca­mente inhab­ita­da la zona, no teníamos muchos recur­sos, por lo que aprendíamos sobre super­viven­cia. En una ocasión, nos fuimos a dar un paseo por la mon­taña y encon­tramos la casita de un pas­tor. Nos llevó a su cor­ti­jo donde nos enseñó su gana­do y nos dejó tocar algún cabri­t­il­lo. ¡Nos encanta­ban los ani­males!

Eran escapadas que hoy en día es muy difí­cil vivir. La poca con­cien­cia de las per­sonas por el respeto al medio ambi­ente, las masi­fi­ca­ciones… han hecho que haya cada vez más restric­ciones… Estos via­jes me llen­a­ban de ale­gría y creo que fueron los cul­pa­bles de mi actu­al espíritu via­jero y aven­turero. De no saber exac­ta­mente dónde voy a dormir, qué me voy a encon­trar… pero sobre todo, de ten­er el con­tac­to más autén­ti­co con la gente que encuen­tras por el camino y las mar­avil­las que nos brin­da la nat­u­raleza.

YJPN1373_Easy-Resize.com


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

  1. Quiero ante todo dar­les la enhorabue­na por el artic­u­lo pues ha queda­do genial 🙂 Un gran abra­zo y gra­cias por dejarme apor­tar un pequeño gra­no de are­na y a Via­jar Cueste Lo Que Cueste

  2. Yo recuer­do chu­par kilómet­ros y kilómet­ros en un Seat 127 por Andalucía con mis her­manos. Sin cin­turón ni sil­li­tas ni nada, a pelo. Igual­i­to que aho­ra via­jamos con nue­stros hijos je je je

  3. Gra­cias a ti! Ha sido un plac­er que apor­taras tu gran­i­to de are­na 😉

  4. Jaja­ja­ja­ja­ja­ja nosotros tam­bién via­jábamos en un 127…¡qué recuer­dos!

  5. ¡Qué mar­avil­la de artícu­lo! Gra­cias por dejarme for­mar parte. Han pasa­do muchos años y cam­bi­a­do muchas cosas, pero está claro que seguimos tenien­do la mis­ma pasión y ganas de via­jar que hace un par de dece­nas de años 😉

  6. Gra­cias a ti por apor­tar tu gran­i­to de are­na ¡ha sido un repor­ta­je pre­cioso!

Comments are closed.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo