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Líbano: el tesoro de Oriente Medio

Teníamos muchas ganas de dedicar un artículo al Líbano, un país excepcional que ha visto bajar drásticamente la afluencia de turistas debido a la guerra que sufre su país vecino, Siria. El Líbano ha tenido la suerte o la desgracia de vivir entre dos super potencias como Siria e Israel, ambas con situaciones políticas harto complicadas. Y aparte ahí está su ubicación como puente entre África, Asia y Europa, lo que le ha convertido en un país muy codiciado. Sin embargo, los libaneses se enorgullecen de tener uno de los países más seguros del mundo (pese a que los telediarios nos quieran quitar esa impresión), con unos índices de delincuencia bajísimos. Unido ello a que el Líbano, considerado durante décadas la Francia de Oriente Medio, ha visto frenado el turismo por su nivel de vida elevado (también se la conocía como la Suiza del Medio Este), ahora que muchos hoteles comienzan a bajar sus tarifas, es buen momento para dar una oportunidad a este bello país mediterráneo que tras la caída del imperio otomano después de la Primera Guerra Mundial, quedó bajo protectorado francés: aún son visibles los legados de dicha época en los nombres de muchos restaurantes.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que es preferible evitar ciudades como Trípoli (nada que ver con la capital libia) o la frontera con Siria. Como otras ciudades europeas, Beirut sufrió en 2015 dos atentados yihaidistas que dejaron más de 40 muertos. Nadie está a salvo de los fanatismos y pese a que la capital es bastante segura, con muchas patrullas militares controlando la situación, es mejor tratar de evitar las zonas conflictivas cercanas a Siria. Este ambiente enrarecido de soldados por las calles, especialmente cuando hay acontecimientos como bodas, no ha logrado apagar el buen humor de una población que harta de tanto sufrimiento, aprovecha la menor ocasión para organizar una fiesta y sacar a los niños a la calle. Una de las celebraciones más multitudinarias es la Fiesta del Cordero, que acontece cuando se acaba el peregrinaje a La Meca: una especie de Navidad libanesa en la que las familias se reúnen.

Como decimos, el Líbano ha sido considerado un destino turístico bastante caro si lo comparamos con lugares como Grecia o Turquía, lo que parecía echar para atrás a muchos viajeros. Sin embargo, como en todas las ciudades del mundo, unos cuantos trucos pueden ayudaros a rebajar considerablemente el gasto diario. Quien dijo que no se puede viajar al Líbano por poco dinero es porque no se ha sentado a planificar tranquilamente el viaje. A ello vamos a ayudarte.

Comencemos con el vuelo. Antes Iberia unía Madrid con Beirut pero actualmente no hay una aerolínea que conecte ambas ciudades por lo que no queda más remedio que buscar vuelos con escalas. La opción más económica suele ser la bajo coste turca Pegasus (muy recomendable, nosotros la usamos en nuestro viaje por Turquía): con escala en Estambul, pueden encontrarse billetes por un precio aproximado de 220 euros ida y vuelta. Los ciudadanos españoles necesitamos visado, que es gratuito y se puede tramitar directamente al llegar al aeropuerto de Beirut. Pero ojo (y esto es bien importante): si en tu pasaporte un sello delata que has estado de viaje en el pasado por Israel, tienes muchas posibilidades de que te nieguen la entrada al país. Las relaciones con Israel son  pésimas: en 2006 Beirut fue bombardeado por tropas israelíes durante más de un mes.

Y aterrizamos en la capital, Beirut. Lo bueno del Líbano es que es un país bastante pequeño (equivaldría a una octava parte del territorio de Andalucía, para que os hagáis una idea), de 250 kms. de largo y sólo 50 kms. de ancho, por lo que podéis utilizar Beirut como base para hacer excursiones y así no tenéis que estar buscando hoteles extras. Hablando de hoteles, no creáis que es tan caro el alojamiento. Si viajáis en invierno, que es cuando bajan las tarifas, podéis encontrar hoteles céntricos como el Mozart, el Duroy o el Orient Prince por unos 40 euros la habitación doble, desayuno incluido. Se os cobrará en la moneda local, la libra libanesa: en el momento de escribir este artículo, un euro equivale a 1.800 libras del Líbano. Hay cajeros distribuidos por todo el país y es habitual el uso de tarjetas de crédito; también es muy común que en muchos comercios te acepten dólares americanos.

Beirut, después de Tel Aviv, está considerada la ciudad más abierta, moderna y cosmopolita de todo Oriente Medio. Al existir un 60% de musulmanes entre la población, se cree que es complicado encontrar alcohol. Pero no, en los supermercado se vende cerveza (y además no está prohibido consumirla en la calle); la ciudad está lleno de pubs y discotecas y tiene el mismo ambiente nocturno (si no más) que otras tantas ciudades europeas. Así mismo, las zonas más chic de Beirut acogen tiendas de las marcas más lujosas como Cartier y se respira un ambiente totalmente europeo: Líbano ha visto nacer a prestigiosos diseñadores como Elie Saab o Zuhair Murad. Como veis, la imagen que del país nos ha transmitido la televisión tiene poco que ver con la realidad. Todo ello pese a que Beirut ha sido una ciudad destruida y reconstruida casi una decena de veces.

Moverse en Beirut, sin embargo, es algo complicado debido al nefasto servicio de autobuses que cubre la capital libanesa. Y es que aunque estos pasan con frecuencia y el billete no es caro (unos 60 céntimos), no hay información de las líneas y continuamente estas cambian el itinerario. Por ello, y teniendo en cuenta que los taxis en Beirut son bastante caros (unos 10 euros por trayectos cortos), la mejor alternativa son los taxis compartidos. Le dices al taxista donde quieres ir y se adapta a tu ruta y la de los otros pasajeros a cambio de una tarifa de 2000 libras, poco más de un euro. Caminar, en cualquier caso, es nuestra recomendación habitual, por encima de cualquier otra, aunque te avisamos que muchas calles, vete tú a saber por qué, no vienen señalizadas en los mapas y se conocen por nombres locales. Pasear, en cualquier caso, te permitirá disfrutar aún más de la diversidad étnica existente, con barrios que entre sí no se parecen en nada. Maronitas, cristianos, chiitas, griegos ortodoxos… todos conviven hombro con hombro.

Uno de los lugares más fotografiados de Beirut lo podéis ver aquí abajo: Pigeon Rocks. Dos rocas de más de 60 metros de altura formadas en la Prehistoria que a turistas y locales les encanta venir a contemplar al anochecer mientras toman un té y se fuman una shisha.

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Uno de los grandes testigos de la guerra fue el edificio Barakat, conocido también como la Casa Amarilla, entre las calles Independencia y Damasco. Se encontraba en la Línea Verde, una frontera imaginaria que separaba el Beirut cristiano (este) del musulmán (oeste). Se desalojó a la familia que lo ocupaba y se convirtió en uno de los solares más codiciados por los milicianos, ansiosos por colocar aquí a los francotiradores. Y como el Líbano no quiere enterrar su pasado bajo una manta sino mostrarlo a las nuevas generaciones para que no repitan los errores de antaño, durante más de una década se ha restaurado el Barakat para que pase a convertirse en un museo. Los agujeros de bala en las paredes o el bunker utilizado por los guerrilleros formarán ahora parte del museo Beir Beirut. Muchos otros edificios semidestruidos ahora son ocupados por palestinos o sirios que han huido de sus países buscando una vida mejor.

La calle Damasco es una de las más importantes del Líbano: se llama así porque si se continuara en línea recta se llegaría a la capital de Siria. Se llamaba la Línea Verde porque al no pasar gente por miedo a que les dispararan, comenzó a crecer hierba. Precisamente aquí se encuentra el museo más importante del Líbano, el Museo Nacional de Beirut. Cuando dejes tu pasaporte a la entrada, a modo se señal, te entregarán un  Ipad con el que podrás ir descubriendo la infinidad de reliquias que aquí hay expuestas. Las más importantes son las figuras de bronce fenicias que se hallaron en Byblos pero también merece la pena contemplar los sarcófagos, los mosaicos bizantinos o la reconstrucción de una tumba de Tiro con escenas mitológicas. Interesantísima exposición a bajo precio: poco menos de 3 euros.

Otra de las calles favoritas de los turistas es Hamra, a la que se conoce como los Campos Elíseos de Beirut. Su edad de oro se vivió en los años 60 pero aún sigue siendo refugio de artistas e intelectuales. La mayoría de ellos se reúnen en el café Horseshoe o en el Paris. También es habitual cruzarse con multitud de estudiantes ya que en las inmediaciones se encuentra el campus de la universidad.

Una de las curiosidades de Beirut es que es el país del mundo con mayoría musulmana con mayor número de cristianos. Estos últimos se sienten tan orgullosos de su religión que cuando paseas por sus barrios, comprobarás que en mitad de la calle pueden encontrarse cruces o altares improvisados.

Baalbek está considerado uno de los mejores recintos arqueológicos del Líbano pero se encuentra en una zona no muy segura debido a su cercanía a Siria por lo que incluirla en el itinerario lo dejamos a la elección de cada uno. Lo recomendable es contratar un coche con conductor y que este sepa cómo está la situación: buena prueba de lo delicado del asunto es la cantidad de campos de refugiados sirios que pueden verse de camino a Baalbek. Situada a dos horas de coche de la capital y escondida entre montañas, esta antiquísima ciudad aún conserva templos fenicios y romanos y se cree que los arquitectos intentaban rivalizar en espectacularidad con las Pirámides de Giza. Por poner un ejemplo, el Templo de Júpiter, que sólo conserva seis de sus 52 columnas originales (ocho de ellas se utilizaron después en Santa Sofía en Estambul), fue el mayor templo construido por el imperio romano. Curiosamente, debido a la inestabilidad política, hoy no lo visita casi nadie.

baalbek

A apenas 30 kilómetros de Beirut se encuentra Byblos (de donde proviene la palabra biblia ya que la primera biblia cristiana se hizo en papiro de Byblos): es la ciudad del mundo más antigua habitada ininterrumpidamente. Tiene más de 7.000 años de vida y fue la primera ciudad fenicia. A lo largo de su historia ha visto pasar las civilizaciones de cananeos, romanos, griegos, persas o macedonios. Aquí se encuentran las ruinas de la primera necrópolis fenicia de la Historia y fue donde se encontró también el primer alfabeto fenicio, del que deriva el nuestro. También podremos visitar el antiguo Teatro Romano, con una acústica tan envidiable que aún continua utilizándose como sede de múltiples espectáculos, o el puerto (el más antiguo del mundo, nació hace 5.000 años), caracterizado por su animado ambiente, lleno de restaurantes y cafeterías.

Si por algo se caracteriza también Byblos es por la vida vibrante de su zoco. Construido durante el reinado de los otomanos junto al castillo y encerrado entre casas de piedra, podrás pasear entre tiendecitas minúsculas, cafeterías y bares que resucitan cuando llega la noche.

Otra de las excursiones que podemos hacer desde Beirut ya que está a menos de 20 kilómetros es a la cueva de Jeita, a cuya entrada se encuentra la escultura El Guardián del Tiempo. Abre todos los días de la semana a excepción de los lunes y la entrada cuesta 12 euros. Aunque estuvo habitada en la Prehistoria, no se descubrió hasta el año 1836 y a día de hoy es uno de los lugares favoritos de los locales, a los que les encanta navegar por su interior contemplando estalactitas.

A los libaneses, como a los españoles, les encanta salir a comer fuera y degustar mezza, que es su versión de nuestras tapas. Y razones no les faltan: la cocina libanesa está considerada una de las mejores del mundo, por la variedad y amplitud de los ingredientes utilizados (típicos de la dieta mediterránea), las influencias dejadas por turcos y franceses y la inclusión de platos tan populares como el hummus o el baba ganoush (os confesamos que ambos son unos de los que más habitualmente preparamos en casa).

mezza

Otros de los platos más típicos del Líbano son el shish taouk (kebab de pollo especiado), el kibbe nayeh (una especie de carpaccio de ternera), manakeesh (pizza libanesa), fattoush (ensalada que en vez de croutons usa pan de pita) o kunafeh, una delicatessen a base de queso y pistachos que se prepara de mil y una maneras. Hablando de pistachos, se dice que en Beirut se hace el mejor helado de pistacho del mundo, en la heladería Hannah Mitri. La mayoría de estos platos se pueden encontrar en los puestos callejeros por un módico precio, entre dos y cuatro euros.

Los amantes de los castillos encontrarán en el Líbano muchos interesantes. El de Moussa en Beiteddine es moderno y pequeño pero muy bonito (en esta misma ciudad también podréis visitar el palacio), en Arnoun, a 800 metros de altura, se encuentra el de Qalaa Al-Shaqif (conocido también como el castillo Beaufort) y es reseñable además la ciudadela de Shehabi. No hemos incluido el castillo de Saint Gilles por encontrarse en Trípoli, aunque dejamos ir o no a tu elección.

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