Cómo aprovechar al máximo un viaje a Vitoria-Gasteiz

Vitoria Gasteiz

Vito­ria tiene un col­or espe­cial. Sí, sí, ya sé que la can­ción no es así pero es que la cita le viene como anil­lo al dedo a la coque­ta ciu­dad vas­ca. Y es que aunque se suele decir, casi por lo bajo, que Vito­ria-Gasteiz es la más austera de las tres cap­i­tales de provin­cia de Euska­di (bue­na cul­pa de esa fama que acar­rea es debido a los invier­nos tan duros que sufre), en mi opinión tiene un encan­to espe­cial que hace de ella un lugar de lo más espe­cial. A mí Vito­ria me fasci­na.

De hecho, en mi caso, es una ciu­dad a la que he ido muchas veces por var­ios motivos: lo cer­ca que coge de Madrid (ape­nas tres horas en coche), lo pre­ciosísi­ma que es, mi asis­ten­cia en bas­tantes edi­ciones al fes­ti­val Azke­na Rock (en mi opinión el mejor festi de nue­stro país) y un atrac­ti­vo extra: lo bien que se come (luego te lo con­ta­mos) y lo bien que se duerme. En ese sen­ti­do, quer­e­mos aprovechar para acon­se­jarte un alo­jamien­to ide­al si vienes a pasar un fin de sem­ana: el Aparta­ho­tel Líbere , impeca­ble­mente local­iza­do (a ape­nas cin­co min­u­tos del cas­co antiguo y jun­to a la estación cen­tral de auto­bus­es) y con todas las como­di­dades (wifi, aire acondi­ciona­do, secador de pelo y coci­na com­ple­ta). Y además admiten ani­males de com­pañía, que nosotros sabéis que ese tipo de detalles siem­pre lo val­o­ramos mucho.

Vitoria Gasteiz

Debe­mos comen­zar nues­tra ruta por esta plaza mar­avil­losa. La Plaza de la Vir­gen Blan­ca ha sido des­de época medieval el epi­cen­tro geográ­fi­co y emo­cional de Vito­ria. Ya en aque­l­la época se orga­ni­z­a­ba el mer­ca­do local, con agricul­tores y arte­sanos que venían de cualquier rincón de Ála­va para expon­er sus pro­duc­tos (curiosa­mente, los puestos se orga­ni­z­a­ban sigu­ien­do un plano geográ­fi­co de la provin­cia). Se la ha cono­ci­do por nom­bres tan sor­pren­dentes como Plaza de las Alu­bieras, Plaza de la Sartén o Plaza del Men­tirón porque aquí la gente se reunía para con­tar chismes.

En su cen­tro se encuen­tra el mon­u­men­to a la Batal­la de Vito­ria y des­de aquí parten algu­nas de las calles más míti­cas de Gasteiz, como la de Cuchillería o Pin­tor­ería. A ten­er muy en cuen­ta pre­cisa­mente la calle Cuchillería a niv­el ocio, ya que allí se agru­pan cer­ca de 40 locales donde com­er / beber muy bien a módi­co pre­cio y en el mejor de los ambi­entes. Uno de mis lugares favoritos para salir a com­er.

La Plaza de la Vir­gen Blan­ca (lla­ma­da así en hom­e­na­je a la patrona de la ciu­dad), curiosa­mente, fue tes­ti­go a finales del siglo XIX de uno de los may­ores fias­cos de la inge­niería hidráuli­ca. El Ayun­tamien­to, ante los prob­le­mas de abastec­imien­to de agua que sufría la ciu­dad, encar­gó un estu­dio para localizar el mejor sitio donde hac­er un pozo. Y resultó ser en mitad de la plaza. Después de cin­co años de excava­ciones y haber con­segui­do el récord mundi­al del pozo más pro­fun­do (cer­ca de un kilómetro), deci­dieron par­alizar las obras porque esta­ba claro que de aquí no iban a sacar ni una gota de agua. Casi mejor, que así la obra quedó intac­ta.

Plaza Virgen Blanca

Uno de los grandes orgul­los vito­ri­anos es la Cat­e­dral de San­ta María, que aquí se conoce como la Cat­e­dral Vie­ja. Una de las grandes obras del góti­co español, con­stru­i­da en el siglo XIII como igle­sia-for­t­aleza en el pun­to exac­to donde se encon­tra­ba el pueblo de Gasteiz y de donde se extra­jeron más de dos mil esquele­tos que and­a­ban allí enter­ra­dos. Des­de 1994 se cer­ró al cul­to, debido a los graves prob­le­mas estruc­turales que han oblig­a­do a una restau­ración min­u­ciosa y larguísi­ma. Se pueden reser­var vis­i­tas guiadas por poco más de 10 euros: eso sí, ten en cuen­ta que la recor­rerás sorte­an­do andamios y albañiles tra­ba­jan­do. De hecho el eslo­gan es “abier­to por obras”.

Al igual que en A Coruña, en Vito­ria son muy comunes los miradores. Estos boni­tos bal­cones cer­ra­dos de cristal y madera blan­ca lle­van casi dos sig­los pre­sentes en la arqui­tec­tura vito­ri­ana, espe­cial­mente en el cas­co históri­co. Tenien­do en cuen­ta lo durísi­mos que son los invier­nos en Ála­va, se com­prende su exis­ten­cia, ya que atra­pan el más mín­i­mo rayo de sol y se calien­tan ensegui­da. Además, per­miten dis­fru­tar de las vis­tas sin ser obser­va­dos por los vian­dantes y apor­tan una belleza ele­gante a las fachadas.

El cas­co medieval vito­ri­ano (cono­ci­do como la almen­dra por la for­ma de su dis­eño) es uno de los mejor con­ser­va­dos de Europa, pro­te­gi­do por casi un kilómetro de mural­la (del que se con­ser­va la mitad), con­stru­i­do en el siglo XI. Traza­do sobre cua­tro óva­l­os, mantiene su aro­ma antiquísi­mo entre sus aceras empe­dradas y es una goza­da perder­se por esos calle­jones cen­te­nar­ios. Siem­pre lleno de vida, a cualquier hora del día o de la noche, lleno de bare­cil­los encan­ta­dores que se des­viv­en con el vis­i­tante.

Acoge tam­bién algunos de los más impor­tantes edi­fi­cios históri­cos, como la Casa Cordón (donde lle­garon a alo­jarse Felipe el Her­moso o Jua­na la Loca y que actual­mente orga­ni­za exposi­ciones o even­tos cul­tur­ales), el Pala­cio de Ben­daña (que aho­ra es tam­bién el museo ded­i­ca­do a Her­a­clio Fournier y sus naipes) o la Torre de Doña Ochan­da, sede del Museo de Cien­cias Nat­u­rales.

El cas­co antiguo de la ciu­dad ha con­ser­va­do de la época medieval unos pecu­liares patios, cono­ci­dos como caños, que con el paso del tiem­po han acaba­do con­vir­tién­dose en coque­tos jardincil­los. Su sin­gu­lar­i­dad es tal que la propia ofic­i­na de tur­is­mo orga­ni­za vis­i­tas guiadas para cono­cer­los. Estos caños antigua­mente cumplían una sor­pren­dente fun­ción: la de recoger los dese­chos humanos que se lan­z­a­ban des­de las ven­tanas al gri­to de “¡agua va!” y pobre del paseante que pasara por deba­jo.

El prob­le­ma es que toda esta por­quería se acu­mu­la­ba durante meses, provo­can­do serios prob­le­mas higiéni­cos y ries­gos de epi­demias. Aunque el Ayun­tamien­to inten­tó evi­tar durante mucho tiem­po que se sigu­ier­an usan­do como vert­ederos, no sería has­ta finales del siglo XX cuan­do por fin dejaran de acu­mu­lar basura (que como ya había WCs en las casas, en estos tiem­pos era otro tipo de inmundi­cia pero inmundi­cia al fin y al cabo). Gra­cias a la labor del grupo ecol­o­gista Gaia, a par­tir de 2007 fueron reha­bil­i­ta­dos, aunque aún quedan algunos dis­per­sos por recu­per­ar.

Esta de aquí aba­jo es la Plaza de España (los locales tam­bién la lla­man la Plaza Nue­va porque se supone que la Vie­ja es la de la Vir­gen Blan­ca y porque además era el nom­bre que tenía cuan­do la con­struyó Olaguibel ), siem­pre llena de ter­rac­i­tas, niños jugan­do y paseantes pasan­do la tarde. Con sus 7.800 met­ros cuadra­dos, es uno de los espa­cios urbanos más amplios de Gasteiz y ha vivi­do momen­tos históri­cos real­mente impor­tantes, como la coro­nación de José Bona­parte como rey de España o que se estrel­lara aquí un avión de las legiones nazis. Cada domin­go por la mañana suele orga­ni­zarse un mer­cadil­lo para colec­cionistas, donde puedes encon­trar antigüedades la mar de curiosas. Y es aquí tam­bién donde se encuen­tra la ofic­i­na de tur­is­mo si nece­si­tas mapas o infor­ma­ción.

Vitoria Gasteiz

Jus­to detrás de la plaza se encuen­tran Los Arquil­los, una calle de sopor­tales, tam­bién bas­tante ani­ma­da, que une la igle­sia de San Miguel y la Plaza de la Vir­gen Blan­ca con el pro­pio cas­co históri­co. Des­de allí podemos ir dan­do un agrad­able paseo has­ta la otra cat­e­dral de Gasteiz, la Nue­va, y el Par­que de la Flori­da, el más antiguo de Vito­ria y que tan bien ha sabido con­ser­var su ele­gan­cia seño­r­i­al. Puentecitos, dimin­u­tas cas­cadas, caminos que se entre­cruzan o ese fab­u­loso kiosko, pre­ciosísi­mo, que a lo largo del año acoge difer­entes espec­tácu­los. Además, aquí den­tro podrás dis­fru­tar tam­bién de la facha­da del edi­fi­cio del Par­la­men­to Vas­co. Otro de mis lugares favoritos para pasear en Vito­ria es la cono­ci­da como Ruta de la Sen­da, que comien­za en el Pala­cio de Zulue­ta y nos lle­va por un acoge­dor paseo arbo­la­do, en cuyas rib­eras podemos admi­rar casas tan sor­pren­dentes como Vil­la Sofía, una man­sión de 1902 real­mente extra­or­di­nar­ia.

Estat­ua hom­e­na­je al per­son­aje más queri­do de Gasteiz. Celedón. Si en Pam­plona se mima a San Fer­mín, aquí Celedón es con­sid­er­a­do el patrón de las fies­tas. Inspi­ra­da su figu­ra en un aldeano de Zal­duon­do lla­ma­do Cele­do­nio que todos los años asistía a las Fies­tas de la Blan­ca, este muñe­co vuela cada 4 Agos­to por enci­ma de los miles de vito­ri­anos que se jun­tan en la Plaza de la Vir­gen Blan­ca para dar el pis­to­le­ta­zo de sal­i­da de las fies­tas. Con su boina y su blusa típi­ca, se ha con­ver­tido en el sím­bo­lo de la diver­sión. 

Celedon

Hablan­do de estat­uas ¿sabías que en Vito­ria está el úni­co mon­u­men­to en el mun­do ded­i­ca­do a Ken Fol­let? El cono­ci­do escritor, que ha ven­di­do 29 mil­lones de libros, con­ver­tido así en uno de los autores más leí­dos del plan­e­ta, tiene una relación muy espe­cial con la ciu­dad. Y es que aquí encon­tró la inspiración, más conc­re­ta­mente entre los muros de la cat­e­dral, para idear la nov­ela que sería la con­tin­uación de “Los pilares de la tier­ra”, “Un mun­do sin fin”. La estat­ua se encuen­tra muy cerqui­ta de esa mis­ma cat­e­dral, en la Plaza de las Burullerías. El pro­pio Fol­let, muy emo­ciona­do, vino a inau­gu­rar­la en el año 2008. 

Ken

 

Ruta de los Murales

Siem­pre que voy a Vito­ria, me gus­ta dedicar unas cuan­tas horas a deam­bu­lar entre las calles dis­fru­tan­do de la Ruta de las Murales, una de las más espec­tac­u­lares de nue­stro país. Esta ruta nació en 2007 bajo el títu­lo Itin­er­ario Muralís­ti­co de Vito­ria Gasteiz (IMVG); es cono­ci­da tam­bién como La Ciu­dad Pin­ta­da (qué boni­to nom­bre) y ha cam­bi­a­do para bien la fisionomía de muchas fachadas, dan­do un toque de col­or emo­cio­nante a la ciu­dad. 

Son 16 murales crea­d­os por difer­entes artis­tas (aunque cier­to es que repar­tidos por la ciu­dad encon­trarás otros muchos “no ofi­ciales” pero tam­bién bas­tante espec­tac­u­lares). De todos ellos, mi favorito es este de aquí aba­jo, “La luz de la esper­an­za”, en el que se pone de relieve la figu­ra de la mujer como medi­ado­ra en guer­ras y con­flic­tos.

Vitoria Murales

 

La Vito­ria de “El silen­cio de la ciu­dad blan­ca”

Igual que os digo que los dos volúmenes pos­te­ri­ores de la trilogía de la Ciu­dad Blan­ca me han pare­ci­do soporífer­os, el primero, “El silen­cio de la ciu­dad blan­ca”, me encan­tó y me lo leí en ape­nas dos o tres días. Me pare­ció una de las mejores pro­mo­ciones turís­ti­cas de una ciu­dad a través de la lit­er­atu­ra (algo pare­ci­do a lo que hizo Dolores Redon­do con la trilogía de Baz­tan en tier­ras navar­ras) y son muchos los que han des­cu­bier­to Vito­ria gra­cias a esta nov­ela. El caso es que puedes uti­lizarla como guía de via­jes para que, sigu­ien­do sus local­iza­ciones, te aden­tres en los secre­tos cen­te­nar­ios de Gasteiz. Las dos cat­e­drales, la Casa del Cordón, el Pala­cio de los Unzue­ta o el Cemente­rio de San­ta Isabel son algunos de los lugares de oblig­a­do paso si te con­sid­eras fan de la saga.

 

Qué com­er en Vito­ria (y dónde)

Como ya te hemos con­ta­do en otros artícu­los ded­i­ca­dos a nues­tras andan­zas por el País Vas­co, si de algo puede vana­glo­ri­arse Euska­di es de la impor­tan­cia que le dan a eso de sen­tarse delante de un buen menú. Por eso exis­ten las sociedades gas­tronómi­cas, porque cuan­do uno quiere jun­tarse con veinte ami­gos a com­er, en casa no caben en el salón ni ten­go coci­na sufi­ciente para preparar vian­das para tan­tos. Por dicho moti­vo muchos vito­ri­anos se “afil­ian” a dichas sociedades (en Gasteiz hay más de 200), que comen­zaron a pro­lif­er­ar en la ciu­dad espe­cial­mente a par­tir de los años 60. Y eso que en aque­l­la época el dere­cho de reunión esta­ba restringi­do y había que avis­ar a las autori­dades si te junt­abas con unos ami­gos a com­erte un chuletón, no fueras a estar con­spir­an­do.

En Vito­ria, que puede con­sid­er­arse sin dis­imu­lo ninguno una de las más impor­tantes cap­i­tales gas­tronómi­cas de España, hay que dedicar una parte muy impor­tante del via­je a dejarse lle­var (si es de mano de un local, mejor) por los mejores bares de la ciu­dad. Y es que aquí ir de tapas (a las que hay que acom­pañar de zuri­tos de cerveza o txik­i­tos de vino) es obligación. Más que de tapas, de pin­tx­os, o lo que es lo mis­mo hac­er la ruta del pin­txo-pote (tapa y bebi­da) a un pre­cio estu­pen­do: unos dos euros. Hay una vein­te­na de rutas de pin­txo-pote, cada una con su “día grande”: en la ofic­i­na de tur­is­mo ofre­cen mapas detal­la­dos. Bares como Baztertxo, Sabur­di, Deporti­vo Alavés (alu­ci­nantes los pin­tx­os de tor­tilla, rival­izan­do con los del Txi­ki) o La Mal­queri­da son cono­ci­dos por ofre­cer crea­ciones de lo más orig­i­nales y sabrosísi­mas.

Pintxos

Apun­ta­mos tam­bién que si aparte de los pin­tx­os, bus­cas platos algo más con­tun­dentes, estás de enhorabue­na: hay restau­rantes donde podrás com­er has­ta har­tarte y donde las espe­cial­i­dades, regadas con un buen vino de La Rio­ja alavesa, incluyen las habas a la vito­ri­ana, el revuel­to de per­retxikos (unas setas típi­cas de aquí), el coci­do de Vitoria o patatas con chori­zo. En Gasteiz ado­ran tan­to las patatas que cada año orga­ni­zan un con­cur­so de guisos de este apeteci­ble tubér­cu­lo.

Vito­ria es cono­ci­da tam­bién por su bue­na mano para los paste­les y la con­fitería: cuan­do la ciu­dad ape­nas con­ta­ba con 25.000 habi­tantes, ya existían más de 120 com­er­cios ded­i­ca­dos al noble arte de coci­nar paste­les. Los chu­chi­tos (una especie de prof­iteroles tiernísi­mos), los alavesi­cos, las tru­fas de nata, pas­tel de san Pru­den­cio o las txapelas de choco­late son deli­cias irre­sistibles para el amante del dulce. Nues­tra recomen­dación es que os llevéis una caji­ta de paste­les de Sosea­ga, para nosotros la mejor con­fitería vito­ri­ana. Cuan­do entras allí, si huele de mar­avil­la, imag­i­nad cómo sabe todo…

 

¿Sabías que…?

⭐ Vito­ria-Gasteiz es la úni­ca ciu­dad españo­la con “apel­li­do”? Porque lo de Gasteiz no es la ver­sión vas­ca de Vito­ria sino el nom­bre de la aldea que dio ori­gen a la ciu­dad actu­al y que por dere­cho pro­pio ha per­maneci­do has­ta nue­stros días.

⭐ ¿Quién no conoce a Her­a­clio Fournier? Gra­cias a él y sus míti­cos naipes hemos pasa­do veladas inter­minables jugan­do al Chinchón, el Tute, la Esco­ba, la Pere­ji­la… Y no sólo nosotros sino mil­lones de per­sonas en todo el mun­do, ya que sus bara­jas pueden encon­trarse en casi­nos de todo el plan­e­ta. Pues que sepas que su mil­lonar­ia empre­sa se fundó en Vito­ria hace más de un siglo y medio.

⭐ Vito­ria tiene una calle con un nom­bre bas­tante curioso: Kutaisi. El moti­vo es el her­manamien­to de la ciu­dad con la segun­da ciu­dad más impor­tante de Geor­gia, que se lla­ma así.

⭐ Al Pala­cio de Zuloa­ga se le conoce como “la casa de las jaque­cas” por las escul­turas que tienen las manos en la cabeza.

Vito­ria tuvo su pro­pio Jack el Destri­pador, aunque los asesinatos del alavés acon­tecieron 18 años antes. Este no era otro que Juan Díaz de Garayo, El Saca­man­te­cas. Un asesino en serie que a medi­a­dos del siglo XIX mató a seis mujeres, muti­lan­do a varias de ellas, y que man­tu­vo ater­ror­iza­da a Vito­ria entera. Tras ser apre­sa­do, fue eje­cu­ta­do públi­ca­mente con gar­rote vil en 1881.

⭐ Puedes encon­trar el merid­i­ano que pasa por la ciu­dad en la calle Eduar­do Dato.

Cer­ca de la mitad de los habi­tantes de Gasteiz no son vito­ri­anos, han naci­do en otros lugares. Aunque seguro que si les pre­gun­tas, te dirán que se sien­ten vito­ri­anos de pura cepa. El que viene a vivir aquí, ya no quiere irse.

⭐ En el año 2014 Vito­ria ganó un curioso pre­mio: el de la mejor tor­tilla de patatas del mun­do. Para elab­o­rar­la se nece­si­taron 1.600 kilos de patatas, 26 kilos de cebol­las, 150 litros de aceite y 16.000 huevos. Y el buen apeti­to de unos cuan­tos gasteiz­tar­ras para poder acabársela de una sola taca­da y que no quedara nada para el día sigu­iente.

 

Verde que te quiero verde

Vito­ria, con razón, está con­sid­er­a­da una de las ciu­dades más ecológ­i­cas de España y donde más se mima al medio ambi­ente: sólo en su cas­co urbano hay más de 250.000 árboles y 75.000 arbus­tos. A eso hay que sumar­le 150 kilómet­ros de car­riles bici, lo que ha hecho de ella una de las mejores ciu­dades de España para moverse sobre dos ruedas. Y lo que se conoce como el Anil­lo Verde, 33 kilómet­ros de caminos y senderos que ser­pen­tean entre jar­dines, riachue­los y col­i­nas. De hecho, es la ciu­dad euro­pea con may­or número de espa­cios verdes por habi­tante. Vamos, el paraí­so del senderista.

Den­tro de este laber­in­to de caminos, una deli­cia para el amante de la nat­u­raleza, cabe destacar el par­que de Sal­bu­rua (de más de 200 hec­táreas de exten­sión, con cua­tro lagu­nas prin­ci­pales y donde con un poco de suerte podrás divis­ar alguno de sus más de cien cier­vos), el jardín botáni­co de Olar­izu (con más de mil especies veg­e­tales), el bosque de Armen­tia o los Montes de Vito­ria. Gasteiz vive tan afer­ra­da a los bosques que la rodean que no es excep­cional ver de vez en cuan­do a famil­ias de jabalíes deam­bu­lan­do por las calles de la ciu­dad, espe­cial­mente en par­ques infan­tiles cuan­do cae la noche y estos se quedan desier­tos.


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