Poitiers: una entrañable sorpresa al oeste de Francia

Tenía muy pen­di­ente dedi­car­le un artícu­lo a Poitiers ya que fue una de las primeras ciu­dades que conocí en Fran­cia hace más de vein­ticin­co años. Ten­go muy buenos recuer­dos de aque­l­la primera visi­ta ya que además era la primera vez que via­ja­ba a Europa pero ha pasa­do tan­to tiem­po que más que con­ce­bir este repor­ta­je como una mini guía de via­jes, lo haré como un acer­camien­to a Poitiers para los que no la conozcáis; prob­a­ble­mente a niv­el turís­ti­co no esté tan pub­lic­i­ta­da como otras ciu­dades france­sas y, sin embar­go, con­sidero que puede con­sti­tuir una para­da bien intere­sante si hacéis un via­je a Fran­cia, sobre todo tenien­do en cuen­ta que se encuen­tra a sólo un par de horas de Nantes en coche.

Situ­a­da al oeste de Fran­cia, Poitiers es la cap­i­tal de la región de Poitou y su ubi­cación es ide­al ya que coge a mitad de camino entre París y España. Des­de la cap­i­tal france­sa puedes lle­gar en tren en un trayec­to de ape­nas noven­ta min­u­tos; aunque Poitiers cuen­ta con un pequeño aerop­uer­to, el de Poitiers-Biard, este ofrece pocas conex­iones aéreas, quizás la más intere­sante sea la que vía Ryanair une la ciu­dad con Lon­dres. Así que lo recomend­able es venir en coche ya que esto te per­mi­tirá explo­rar los alrede­dores, de los que tam­bién hablare­mos en este artícu­lo. Nues­ta recomen­dación es que dejes el coche en el Par­cobus que hay cer­ca del cen­tro (además es gratis) y des­de allí cojas el auto­bús que te lle­va al corazón de la ciu­dad, así te despre­ocu­pas de estar bus­can­do aparcamien­to.

Ubi­ca­da a oril­las del río Clain y con una población de poco más de 80.000 habi­tantes, cualquier época es bue­na para venir a Poitiers, aunque es impor­tante recor­dar que la ciu­dad se jac­ta de ten­er más de 3.000 espec­tácu­los difer­entes al año. Entre ellos, recor­dar que en Mar­zo se cel­e­bra el Cam­pus en Fes­ti­val, unas jor­nadas estu­di­antiles en las que se pro­gra­man un mon­tón de concier­tos y activi­dades, en Abril el Fes­ti­val a Corps, cuan­do las calles de Poitiers se ven inva­di­das por músi­cos, en Junio las Poli­cromías de Notre Dame, una exhibi­ción que mues­tra cómo era la cat­e­dral en época medieval, y en Julio Le Car­naval des Emplumés, quizás el even­to más fes­ti­vo y humorís­ti­co de todos. Pero si Poitiers luce real­mente boni­ta en una época del año es en Navi­dad, cuan­do se colo­can los mer­cadil­los navideños en la plaza Leclerc, en la de la Repúbli­ca y en el Parc de Blos­sac.

Una de las mejores expe­ri­en­cias que brin­da Poitiers es la de perder­se entre sus calles, dis­fru­tan­do de esas vis­tosas casas de madera entra­ma­da que tan­to se esti­lan en muchos pueb­los de Fran­cia (y que a mí me encan­tan). Estas coque­tas res­i­den­cias con­viv­en con hote­les ele­gan­tísi­mos como el rena­cen­tista Berth­elot o el Hotel de Ville. Además, Poitiers es una ciu­dad que ha sido cuida­da con mimo por las autori­dades, quienes no han repara­do en gas­tos a la hora de con­ser­var y restau­rar rin­cones como la Plaza de la Lib­er­tad, donde antigua­mente se cel­e­bra­ba el mer­ca­do medieval y se ajus­ti­cia­ba a los pri­sioneros. Tras la que­ma de la plaza en la batal­la con­tra los ingle­ses y una época funes­ta de deca­den­cia, se retomaron las vie­jas cos­tum­bres insta­lan­do aquí la guil­loti­na (que hay que ver lo que les gusta­ba a los france­ses eso de cor­tar cabezas): pre­cisa­mente la plaza se lla­ma así porque el gen­er­al Berton murió gri­tan­do “¡viva la lib­er­tad!”. Curiosa­mente, hoy la plaza la pre­side una Estat­ua de la Lib­er­tad, répli­ca de la de Nue­va York, finan­cia­da por la mason­ería.

Poitiers

Siem­pre digo que en el momen­to que te sales de París, Fran­cia no es un país tan caro para alo­jarse como la gente cree, a no ser que ven­gas en pleno ver­a­no. En Poitiers es fácil encon­trar en invier­no habita­ciones dobles por 45 euros en hote­les como Pic­tav, el Ibis o el Lamar­tine. Si bus­cas una expe­ri­en­cia algo más espe­cial, hay bas­tantes casas que ofre­cen la opción de alquilar habita­ciones (cham­bres) en la modal­i­dad de bed & break­fast y ello te per­mi­tirá con­vivir con famil­ias locales. Como ves, el tema de dormir ya no es un imped­i­men­to para que te plantees una escapa­da a esta ciu­dad.

Tam­poco es difí­cil encon­trar restau­rantes con pre­cios ase­quibles donde catar las espe­cial­i­dades gas­tronómi­cas de la región como el far­ci poitevin (una pas­ta de ver­duras), el que­so Chabi­chou, los vinos de Haut-Poitou, el cordero y su fru­ta estrel­la, el melón. Además, en Poitiers son muy apre­ci­a­dos los mac­arons, esos dul­ces tan típi­cos de Fran­cia, y los de Mont­mo­ril­lon están con­sid­er­a­dos de los más exquis­i­tos del país. Hablan­do de comi­da, es bue­na idea que te des una vuelta por alguno de los mer­ca­dos locales, como los de Buxe­rolles, Mon­tamisé o Chau­vi­gny, ya que en ellos podrás encon­trar fru­ta y ver­du­ra de tem­po­ra­da y una selec­ción de los mejores que­sos que podrás degus­tar en el país galo.

Poitiers

Poitiers es una ciu­dad con dos mil años de his­to­ria (se puede vis­i­tar en los alrede­dores el dol­men de Saint Fort sur le Né), cono­ci­da como Lemon­um en época romana, y tiene a su favor que su traza­do urbanís­ti­co ape­nas ha cam­bi­a­do des­de el Renacimien­to. Con 78 mon­u­men­tos históri­cos en su haber, cues­ta enten­der por qué Poitiers no es una ciu­dad mucho más cono­ci­da fuera de Fran­cia, aunque afor­tu­nada­mente esto ha con­tribui­do para que no haya tan­tos tur­is­tas y sea mucho más agrad­able recor­rerla. Nada más lle­gar, acér­cate a la Ofic­i­na de Tur­is­mo, donde te pro­por­cionarán un mapa en el que se pro­po­nen tres itin­er­ar­ios difer­entes, los “Poitiers pas à pas”, para recor­rer la ciu­dad: el dis­tri­to epis­co­pal, Mon­tierneuf y Saint-Hilaire. Estas son algu­nas de las vis­i­tas a destacar:

De la igle­sia de Notre Dame la Grande se dice que posee una de las fachadas románi­cas más boni­tas del mun­do: es, con difer­en­cia, el may­or reclamo turís­ti­co de Poitiers y posi­ble­mente una de las igle­sias más fasci­nantes que he vis­to en Europa. En la facha­da se rela­tan con la ayu­da de numerosas escul­turas pasajes de la Bib­lia, des­de la época de Adán y Eva has­ta la lle­ga­da al mun­do de Jesu­cristo. Tan­to en las noches de ver­a­no como en Navi­dad la igle­sia se ilu­mi­na y revive con lla­ma­tivos col­ores, dan­do for­ma a una de las estam­pas más boni­tas de Poitiers. Es entrañable la leyen­da que cuen­ta que un antiguo alcalde iba a traicionar a la ciu­dad, entre­gan­do las llaves de esta a los ingle­ses, que esper­a­ban en las afueras para atacar­la. Pero las llaves desa­parecieron mis­te­riosa­mente y el alcalde las encon­tró col­gan­do de las manos de la vir­gen den­tro de la igle­sia, quien se apare­cería frente a las tropas británi­cas, quienes huyeron despa­voridas. Evi­den­te­mente, nada de esto fue ver­dad pero así los feli­gre­ses tienen un moti­vo de orgul­lo cuan­do se acer­can a rezar cada domin­go.

La Cat­e­dral de Saint Pierre, cuya con­struc­ción impul­só Eleanor de Aqui­tania sobre las ruinas de una basíli­ca romana en el siglo XII, es otro de los grandes tesoros de Poitiers. Clara­mente influ­en­ci­a­da por el esti­lo góti­co parisi­no, sus vidri­eras son fran­ca­mente mag­ní­fi­cas (des­de donde mejor se apre­cian es en el inte­ri­or). Además, con­ser­va un órgano Clic­quot del siglo XVII.

Poitiers cuen­ta tam­bién con varias abadías de impor­tan­cia. Entre ellas, la de Saint Mar­tin de Liguge, fun­da­da por San Martín en el año 361 y donde aún viv­en una trein­te­na de mon­jes (quienes además elab­o­ran un pop­u­lar dulce local, la scofa), la de Fontaine le Comte, que en la antigüedad era para­da oblig­a­to­ria para los pere­gri­nos que hacían el Camino de San­ti­a­go, o la de Saint Benoit, que data del siglo VII.

El Bap­tis­te­rio de San Juan a niv­el arqui­tec­tóni­co aca­so no sea de los edi­fi­cios más vis­tosos de Poitiers pero su impor­tan­cia históri­ca rad­i­ca en su antigüedad, ya que lle­va en pie des­de el siglo IV, ubi­ca­do en una antigua casa romana. Otra de sus curiosi­dades es que en su inte­ri­or se expone una intere­sante colec­ción de sar­cófa­gos merovin­gios y murales del siglo XII.

Como veis, en Poitiers la may­or parte de los mon­u­men­tos reseñables están rela­ciona­dos con la Igle­sia. Y con ellos seguimos ya que otra de las vis­i­tas que no os podéis perder es la de la Capil­la de Saint Louis, obra de los jesuitas para que for­mara parte de la uni­ver­si­dad. La igle­sia de Notre Dame de Chau­vi­gny data del siglo XI (aunque fue pos­te­ri­or­mente recon­stru­i­da en el XIX) y ofrece vis­i­tas guiadas. Otras igle­sias rel­e­vantes son las de Mon­tamise, la Protes­tante Unie de France, la de Saint Andre a Bonnes (que destruyó un ter­re­mo­to en el siglo XIII y no fue recon­stru­i­da has­ta finales del XIX), y la de Saint Eti­enne.

Poitiers

Pero no todo va a ser vis­i­tar igle­sias, que puedes acabar sat­u­ra­do. Hay un boni­to chateau (los chateaus son las casas de la nobleza france­sa), el Chateau de D’Har­court a Chau­vi­gny, que está abier­to al públi­co de Junio a Sep­tiem­bre, el Museo Arque­ológi­co de Beruges (que aunque es pequeñi­to, mues­tra una exposi­ción bas­tante didác­ti­ca acer­ca del Neolíti­co y la vida en las vil­las romanas), el Musee du Vit­rail Curzay Sur Vonne, donde se expo­nen vidri­eras del siglo XV y otras real­izadas por artis­tas con­tem­porá­neos, o el Mousee Sainte Croix, ded­i­ca­do a difer­entes artes.

Pasea al atarde­cer por la Grand’ Rue , la aveni­da más impor­tante de Poitiers, donde aún sobre­viv­en casas de la Edad Media, un hotel de la Orden de Mal­ta y mul­ti­tud de tien­das de arte­sanía y galerías de arte: es el mejor rincón de la ciu­dad para sen­tarse a tomar un café. Otra calle antiquísi­ma es la Rue de la Chaine, con casas del siglo XV. Poitiers tam­bién es un lugar con pre­ciosos jar­dines para pasear cuan­do hace buen tiem­po, caso de La Roseraie, el Givray, el Jardin de Puy­gar­rreau o el Jardin des Plantes. Yén­donos a la parte más mod­er­na de la ciu­dad, que tam­bién la tiene, está la opción de Futur­o­scope, un curioso par­que de atrac­ciones que además ofrece espec­tácu­los noc­turnos.

Si aún quieres esti­rar un poco más tus días en la zona, puedes aprovechar las jor­nadas sigu­ientes para acer­carte a La Rochelle, que está a poco más de una hora en coche y es una boni­ta ciu­dad en las costas del Atlán­ti­co (des­de aquí partían antigua­mente los navíos que iban a América).Sus casas de piedra, sus sopor­tales y las tor­res medievales que salpi­can La Rochelle son excusa sufi­ciente para una escapa­da. Cognac (que dio nom­bre al cono­ci­do licor) con­ser­va así mis­mo varias casas de época y castil­los, Mont­mo­ril­lon guar­da un buen pat­ri­mo­nio románi­co (y las vis­tas son espec­tac­u­lares) y Angles-sur-Anglin for­ma parte de la pres­ti­giosa lista “los pueb­los más boni­tos de Fran­cia”. Para acabar, puedes acer­carte a vis­i­tar el Chateau Vil­landry, con uno de los jar­dines más espec­tac­u­lares de toda Fran­cia.

Chateau Villandry
Chateau Vil­landry

 

 


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2 Comments

  1. Carlos Violini

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    Hola! recuer­das donde esta exac­ta­mente el par­cobus cer­cano al cen­tro de Poitiers?
    Te agrade­ceré la infor­ma­ción!

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Hay uno bas­tante grande en Boule­vard Pont Achard. Un abra­zo!

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