Segundo viaje a Tailandia — Bangkok (la amas o la odias)

Mi segun­do via­je a Bangkok, tres años después de haber­lo pisa­do por primera vez, llegó casi de casu­al­i­dad. Tenía plan­i­fi­ca­do un via­je a Egip­to con un ami­go y final­mente a este, a últi­ma hora, no le dieron las vaca­ciones cuan­do las había solic­i­ta­do, que eran las fechas en las que habíamos planea­do ir. Así que de bue­nas a primeras me encon­tré con el dinero ahor­ra­do para el via­je y sin idea de qué hac­er o donde ir porque me encon­tra­ba en pleno invier­no y todos mis ami­gos esta­ban tra­ba­jan­do. Comencé a plantearme la opción de irme yo sola a algún rincón del mun­do (sin via­je no me iba a quedar) cuan­do unas ami­gas me comen­taron que se iban a Tai­lan­dia y que si me quería acoplar con ellas. A fin de cuen­tas, les ven­dría bien ya que yo ya conocía el país y podría ayu­dar­las con las rutas y a mí se me abría la opción de volver al sud­este asiáti­co. Pero como tenía en mente vis­i­tar algún lugar nue­vo, las planteé que lo com­bináramos con Viet­nam y así matábamos dos pájaros de un tiro. Ellas podían realizar su via­je tai­landés y yo por fin cono­cer tier­ras viet­na­mi­tas, algo que llev­a­ba per­sigu­ien­do mucho tiem­po.

Mi idea en un prin­ci­pio era, a prin­ci­p­ios de Enero, irme primero yo sola a Bangkok, estar allí unos días a mi bola y esper­ar a que ater­rizaran para volar después a Viet­nam. Luego volaríamos a Phuket, estaríamos unos días de playeo y cuan­do ellas se fuer­an a las islas Phi Phi y Chi­ang Mai, dos des­ti­nos que yo ya conocía, yo volvería a Bangkok para estar una sem­ana ya que iba a tat­u­arme el bra­zo con unos tat­u­adores que había cono­ci­do en mi primer via­je, los chicos del Pump­kin Stu­dio en Khao San Road. Como el tat­u­a­je me lle­varía dos tardes y quería curar­lo bien antes de meterme 12 horas de vue­lo de vuelta a España, aprovecharía el resto de la sem­ana para hac­er tur­is­mo por la cap­i­tal de Tai­lan­dia, una ciu­dad que me había fasci­na­do en mi primer via­je.

La cuestión fue que com­pramos los bil­letes con Thai Air­ways (qué lujo de com­pañía, por cier­to) ya que aunque nos salían algo más caros, eran direc­tos Madrid- Bangkok. Yo volaría cua­tro días antes que ellas pero coin­cidió que sólo un mes antes del via­je estal­laron las revueltas del golpe de esta­do, los tai­lan­deses secues­traron el aerop­uer­to durante var­ios días  y final­mente Thai Air­ways me ofre­ció cam­biar el bil­lete para unos días después, jus­ta­mente en el vue­lo que iban mis ami­gas. Así que volam­os a Bangkok y des­de allí a Hanoi.

Al regre­so a Tai­lan­dia, aún teníamos el corazón en un puño porque no sabíamos como estaría el tema en las calles: en Phuket no se nota­ba nada de inse­guri­dad pero Bangkok podía ser hari­na de otro costal ya que allí es donde se encuen­tra la sede de gob­ier­no y para más inri yo via­ja­ba sola. Pero lo cier­to es que cuan­do llegué el tema ya esta­ba en cal­ma.

Grand Palace Bangkok

Aunque cuan­do tra­ba­ja­ba en revis­tas real­icé muchos via­jes sola por temas de tra­ba­jo, esta era la primera vez que iba a via­jar sola por plac­er y más a un des­ti­no tan lejano. Sin embar­go, me atraía la expe­ri­en­cia de poder estar una sem­ana en Bangkok sin ten­er que pon­erme de acuer­do con nadie y plan­i­ficán­dome mis pro­pios itin­er­ar­ios. Además, Tai­lan­dia es un país per­fec­to para mujeres que via­jan solas, son muchas las chi­cas que recor­ren por su cuen­ta el país y al menos yo no tuve ningún tipo de incon­ve­niente. Al con­trario, al ir sola, conocí muchísi­ma más gente. Cuan­do por la noche baja­ba a cenar a los chirin­gui­tos o me senta­ba en una ter­raza a tomar una cerveza, siem­pre se me acer­ca­ban otros viajeros/as a darme con­ver­sación, por lo que al menos a niv­el per­son­al la expe­ri­en­cia me resultó super pos­i­ti­va.

En la ante­ri­or entra­da de Bangkok en el via­je a Tai­lan­dia del 2006 os des­grané a groso modo la ciu­dad y en esta entra­da inten­taré hac­er­lo con may­or infor­ma­ción. Mi base de opera­ciones volvió a ser el hostal New Siam Guest­house II. Había queda­do encan­ta­da la primera vez que estuve: era bara­to (18 euros la habitación doble con aire acondi­ciona­do, tele­visión y baño pri­va­do), tenía pisci­na y, sobre todo, me cogía al lado de Khao San Road que era donde iba a tat­u­arme. Además, me encan­ta la zona de Khao San: está llena de bares, restau­rantes económi­cos, agen­cias de via­jes locales y un mon­tón de via­jeros de todas las partes del mun­do.

Para moverme tam­bién era per­fec­to ya que el embar­cadero donde para el bar­co que recorre el río Chao Phraya me pil­l­a­ba a diez min­u­tos y si tenía que coger taxis, des­de otros pun­tos de la ciu­dad la car­rera ape­nas me costa­ba tres o cua­tro euros. Al lado del hostal tenía una libr­ería con libros de segun­da mano que van ven­di­en­do los via­jeros para alig­er­ar peso en la mochi­la, así que com­pré unos cuan­tos para leer por las noches y a plan­i­ficar los días.

Os comen­té en mi ante­ri­or via­je que el taxi des­de el aerop­uer­to es bas­tante bara­to, unos 8 euros. Sin embar­go, como iba sola, cogí uno de los bus­es de línea que lle­va direc­ta­mente a Khao San y cuyo bil­lete costa­ba al cam­bio menos de dos euros. El trayec­to dura sobre una hora pero como había madru­ga­do bas­tante para coger el vue­lo des­de Phuket, me ven­dría bien para echar una cabeza­di­ta.

Mi primera visi­ta sería al lugar más ates­ta­do de tur­is­tas de toda Tai­lan­dia: el Pala­cio Real y el Tem­p­lo del Buda Esmer­al­da. Como ya lo había vis­i­ta­do antes y sabía la can­ti­dad de gente que se con­gre­ga allí, madrugué bas­tante para estar a primera hora y entrar prac­ti­ca­mente cuan­do abri­er­an; así me evita­ba las horas más calurosas del día y podía dedicar el resto de la jor­na­da a acer­carme a otros rin­cones cer­canos. En la zona de Ratanakosin hay un mon­tón de lugares intere­santes para ver, aunque muchos ya los conociera de mi primera visi­ta, pero iba a ser un gus­ta­zo repe­tir.

Grand Palace Bangkok

La entra­da cues­ta 500 baths (poco más de 10 euros) y aunque es cara para los pre­cios con los que nos move­mos en Tai­lan­dia, las cosas como son, tick­et muy bien paga­do porque te puedes tirar allí media mañana y el recin­to es fasci­nante. Os recuer­do que hay unas estric­tas nor­mas respec­to a la ves­ti­men­ta ya que al encon­trarse en el mis­mo área el Tem­p­lo del Buda Esmer­al­da, con­sid­er­a­do el más sagra­do del país, no se puede entrar en camise­tas de tirantes, has entrar con pan­talones lar­gos y si llevas chan­clas, ha de ser con cal­cetines. La para­da más cer­cana es la del embar­cadero de Chang Pier, no ten­dréis ni que pre­gun­tar, veréis que en el bar­co prác­ti­ca­mente todo el mun­do se baja en el mis­mo sitio.

Grand Palace Bangkok

El Gran Palace tiene más de 250 años de vida y a día de hoy es el gran orgul­lo de Tai­lan­dia. Amu­ral­la­do en un perímetro de casi dos kilómet­ros, sus cúpu­las doradas te enam­oran según te vas acer­can­do. Actual­mente ya no vive allí la famil­ia real, que a prin­ci­p­ios del siglo pasa­do decidió con­stru­irse otras res­i­den­cias y sirve más bien de museo y de atrac­ción turís­ti­ca, aunque de vez en cuan­do se real­izan en él cer­e­mo­nias ofi­ciales. Tam­bién sirve como sede de var­ios edi­fi­cios guber­na­men­tales, como la Ofic­i­na del Sec­re­tario del Monar­ca o los salones del trono. Sor­prende la primera vez que lo vis­i­tas la majes­tu­osi­dad de los edi­fi­cios, con esos teja­dos dora­dos relu­cien­do al sol. Y la segun­da vez que vas… te admi­ras de igual man­era, la ver­dad sea dicha. Ya no sólo por los edi­fi­cios en sí sino por las curiosas, y en muchos casos gigan­tescas, fig­uras mitológ­i­cas que se pueden encon­trar en el inte­ri­or: Thotkhirithon (ese gigante verde que ejerce de guardián de los tem­p­los), demo­ni­os, mujeres aladas, leones chi­nos… Es impre­sio­n­ante.

Pero el lugar más vis­i­ta­do (y no me extraña) es el majes­tu­oso Tem­p­lo del Buda Esmer­al­da. Y eso que la estat­ua del pro­pio Buda es bas­tante más pequeña que lo que yo esper­a­ba. Te avi­so que no puede ser fotografi­a­do, está pro­hibido. Tres veces al año, coin­ci­di­en­do con los cam­bios de estación, el rey le cam­bia de ves­ti­men­ta en solemnes cer­e­mo­nias.

Templo Buda Esmeralda

El tem­p­lo, que en real­i­dad se lla­ma Wat Phra Kaew, es mar­avil­loso. Siem­pre hay un mon­tón de fieles vinien­do a rendir respeto a Buda (hay que entrar descal­zo) por lo que ármate de pacien­cia. Se cree que es la estat­ua de Buda más antigua del mun­do, de ahí su impor­tan­cia y su desmesura­da ven­eración.

Cuan­do vis­ites el Grand Palace, no olvides ver la estu­pen­da maque­ta de Angkor Wat, las vis­tosas galerías que rela­tan la epopeya del Ramayana, el Mau­soleo Real, la Bib­liote­ca y deam­bu­lar entre las fab­u­losas estu­pas, casi un cen­te­nar, que hay den­tro del recin­to. Como digo, la visi­ta te puede lle­var casi una mañana entera.

Del Gran Palace me fui andan­do, pre­via com­pra de un par de botel­las de agua porque el sol daba de lo lin­do pese a ser Enero, al Wat Pho, otro de los grandes atrac­tivos turís­ti­cos de Bangkok. Aquí se hal­la el Buda Recli­na­do más grande de Tai­lan­dia: 46 met­ros de largo. Es tan enorme que él solo ocu­pa casi en su total­i­dad el inte­ri­or del recin­to. En las plan­tas de los pies están rep­re­sen­tadas más de cien imá­genes del pro­pio Buda.

Además, aquí se encuen­tra la Escuela de Masajes Tradi­cionales Tai­lan­deses más impor­tante del país, por si quieres recibir unas clases o que el masaje te lo den ellos mis­mos. Yo recomien­do que no lim­itéis la visi­ta al Buda ya que el com­ple­jo que lo rodea, con unos jar­dines grandísi­mos, es fran­ca­mente admirable. Chedis impeca­ble­mente dec­o­ra­dos en hon­or de los primeros reyes de Tai­lan­dia, galerías con estat­uas de Buda (que me recor­daron mucho a las que vi ante­ri­or­mente en Ayut­thaya), difer­entes pabel­lones… Merece la pena gas­tar el tiem­po que haga fal­ta. Además, pese a la can­ti­dad de vis­i­tantes, es un lugar que emana mucha paz, sobre todo cuan­do te cruzas con los mon­jes ensimis­ma­dos en sus med­ita­ciones.

pho1

Una vez que hayas acaba­do en el Wat Pho, puedes coger el bar­quito que atraviesa el río para ir al Wat Arun, el Tem­p­lo del Amanecer. Yo fui en un par de oca­siones, una por la mañana y otra cuan­do esta­ba anochecien­do. La torre prin­ci­pal, de casi 70 met­ros de altura, está dec­o­ra­da con con­chas y porce­lana y te va a ofre­cer unas fab­u­losas vis­tas de la ciu­dad, aprovecha para hac­er aquí fotografías. Aproveché para acer­carme, ya que no lo había hecho en mi primer via­je, a vis­i­tar el Museo de Bar­cos Reales, con más de 50 embar­ca­ciones expues­tas. En este área aproveché para hac­er un tour en bar­co por los khlongs, me costó al cam­bio unos 10 euros.

Wat Arun

Des­de allí me fui a ver el Wat Mahatat, con sus exóti­cas palmeras (se agradecía la som­bra) y sus dece­nas de vende­dores inten­tan­do encas­que­tarte fig­u­ri­tas y amule­tos. Y de allí al Wat Pray­oon, otro de los tem­p­los que parece pasar desapercibido para los tur­is­tas, quizás por eso están tan tran­quilas las dece­nas de tor­tu­gas de agua que viv­en den­tro. Te recomien­do ya que estás en esta zona que pas­es a ver la igle­sia de San­ta Cruz ya que es un lugar bas­tante sin­gu­lar en Bangkok, una capil­la que con­struyeron los descen­di­entes de por­tugue­ses que vivían en Siam en el siglo XVIII.

Dato impor­tante: en Bangkok hay más de 400 tem­p­los (wats), en defin­i­ti­va, que tienes bas­tante donde ele­gir. Yo dejaré aquí las recomen­da­ciones de los que me parecieron más espec­tac­u­lares porque en siete días, os haréis idea de lo que me dió de sí el tiem­po. Además, como no iba con nadie, ni me para­ba a com­er: cogía en algún puesto calle­jero un tup­per de pad thai y lo iba comien­do por el camino.

Tem­p­lo del Buda de Oro (Wat Traim­it) — Acoge la estat­ua de oro más impor­tante del mun­do (más de cin­co toneladas de peso).  Se encuen­tra muy cer­ca de la estación de trenes más impor­tante de Bangkok, Hualam­phong, así que puedes ir a ver­lo, por ejem­p­lo, el día que vayas a Ayut­thaya si haces la excur­sión por tu cuen­ta.

Wat Ratchanat­daram Worav­i­hara — Cono­ci­do tam­bién como Loha Prasat (el Castil­lo de Hier­ro), para mí uno de los más ele­gantes de Bangkok. Además, la entra­da es gra­tui­ta.

Wat Saket — Se encuen­tra en la cima de la Gold­en Moun­tain. Has de subir casi tres cen­tenares de escalones pero obten­drás a cam­bio unas vis­tas estu­pen­das de Bangkok. Está muy cerqui­ta de Khao San Road, asi que tam­bién le fuí a dis­fru­tar un par de veces. Cuan­do más me gustó fue al caer el sol.

Wat Bowon­ni­wet — Tam­bién cerqui­ta de Khao San y ape­nas vis­i­ta­do por los tur­is­tas, por lo tan­to, más que recomend­able. Su estu­pa de más de 50 met­ros de altura es colos­al.

Wat Indraw­i­harn — Otro de los tem­p­los que, afor­tu­nada­mente, no suele apare­cer en las rutas turís­ti­cas y que, en mi opinión, es ine­ludi­ble. Impacta la gigan­tesca estat­ua de Buda pero aún más los com­pli­ca­dos murales inte­ri­ores.

Wat Ben­cham­abophit — Se le conoce como el tem­p­lo del Már­mol. Le rodean más de 50 estat­uas de Buda.

Sri Mari­ammam — Para vari­ar un poco en tu ruta de wats thais, deja espa­cio, si estás por la zona de Silom, para este fab­u­loso tem­p­lo hindú.

Wat Suthat — Enfrente tienes el Giant Swing, asi que no tiene pér­di­da.

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Bangkok es grandísi­mo (diez mil­lones de per­sonas), así que mi recomen­dación es que divi­das la ciu­dad por áreas. Si vas a Silom te recomien­do dar una vuelta por el Par­que Lumpi­ni, ya que es un oasis en medio de tan­to trá­fi­co (por eso recomien­do moveros en bar­co antes que en taxi). A mi aquí cer­ca la zona de Pat­pong no me gus­ta nada porque es donde está el bar­rio rojo con las pros­ti­tu­tas y es un espec­tácu­lo bas­tante mis­er­able (no por ellas, pobres, sino por los babosos de los clientes) pero merece la pena acer­carse algu­na noche al mer­ca­do noc­turno, com­pré allí ropa chulísi­ma. Y por favor, no acu­d­as al Mer­ca­do de las Cobras, donde tienen medio dro­gadas a esas pobres ser­pi­entes.

Siam es la zona de los cen­tros com­er­ciales. Puedes com­bi­nar la visi­ta cul­tur­al a la Casa de Jim Thom­son, de la que ya os hablé en la entra­da del via­je del 2006, con una jor­na­da de com­pras y la visi­ta al Erawan Shrine y el Pathum Waranam Tem­ple. Como curiosi­dad, has de ver el Phal­lic Shrine, cer­ca del Sweis­so­tel, con sus cien­tos de penes de madera pidi­en­do fer­til­i­dad para las mujeres a las que les cues­ta ten­er hijos.

En el área de Pratu­nam tam­bién cuen­tas con unos cuan­tos mer­cadil­los calle­jeros bas­tante intere­santes. Así podrás admi­rar de paso el ras­ca­cie­los más impor­tante de Bangkok, el Baiyoke, que además tiene un mirador (la entra­da cues­ta 300 baths). El Suan Pakkad Palace, con boni­tas casas tai­lan­desas, está en esta zona y es otra visi­ta bien recomend­able. Además, los jar­dines col­in­dantes son sober­bios.

Recomien­do, de nue­vo, Chi­na­town como un bar­rio impre­scindible. En mi ante­ri­or via­je inclu­so me alo­jé aquí a la vuelta de Phuket en un hotel chi­no-chi­no con una dec­o­ración fab­u­losa (la bañera era una tina­ja inmen­sa donde cabía de pie una per­sona). Darse una vuelta por los calle­jones cer­canos a Salang Lane, estrechísi­mos y ati­bor­ra­dos de tien­das, es toda una expe­ri­en­cia. Puedes fotografi­arte en la majes­tu­osa Chi­na Gate o vis­i­tar el Wat Mangkon Kala­mawat, el Tem­p­lo del Dragón de Loto. Com­ple­taría la visi­ta dan­do una vuelta por el Mer­ca­do de los Ladrones: no, los vende­dores no lo son pero ofre­cen cualquier cosa de segun­da mano que se te pase por la imag­i­nación. Y si estás cansa­do de cur­ry verde, aprovecha para com­er en Chi­na­town, que hay unos restau­rantes chi­nos buenísi­mos y baratos.

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Aprovechan­do que me coin­cidía fin de sem­ana, madrugué para acer­carme a Chatuchak, el mer­ca­do más grande de Tai­lan­dia, con cer­ca de 15.000 puestos. Venden abso­lu­ta­mente de todo y además divi­di­do por gremios, lo que hace más fácil la búsque­da de gan­gas. Es una locu­ra, volverás al hotel sin un cén­ti­mo. Además, es fácil venir, sólo has de coger el sky­train has­ta Mo Chit. Hablan­do de com­pras, eso ya va por gus­tos, yo nun­ca he ido al mer­ca­do flotante de Dam­noen porque varias per­sonas me comen­taron que se había con­ver­tido en una tur­is­ta­da. Eso ya va en las pref­er­en­cias de cada uno.


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