Guía para visitar Dublín

Dublín es una de las pocas cap­i­tales euro­peas que,debido a que no es demasi­a­do grande y que la may­oría de sus atrac­tivos turís­ti­cos se encuen­tran situ­a­dos bas­tante cer­ca unos de otros,te per­mite poder sacar­le bas­tante jugo en un fin de sem­ana largo.Teniendo en cuen­ta que en avión se tar­da poco más de dos horas y que hay varias com­pañías de bajo coste que real­izan el trayec­to (yo en su momen­to volé con Ryanair por 60 euros ida y vuelta pero tam­bién puedes encon­trar bue­nas ofer­tas con Aer Lin­gus) se con­vierte en una opción idonea para los que siem­pre vayais apre­ta­dos de tiempo…y de dinero, porque al mis­mo tiem­po, Dublín es una ciu­dad bas­tante ase­quible en cuan­to a pre­cios y en gen­er­al me pare­ció que la may­oría de las cosas se encuen­tran bas­tante más baratas que en España. Súmale a ello el car­ac­ter sen­cil­lo y afa­ble de los irlan­deses (que,por suerte,poco tienen que ver con los ingleses,que parece que se coman un limón para desayu­nar) y el encan­to irre­sistible de una de las ciu­dades con más his­to­ria de Europa,y ya tienes la excusa per­fec­ta para hac­erte una escapa­da!!;)

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Hacien­do un poquito de bal­ance histórico,y aunque no se sabe la fecha exac­ta de su fundación,lo cier­to es que la cap­i­tal irlan­desa dió sus primeros pasos en el siglo II antes de Cristo,cuando los cazadores y agricul­tores que se agru­pa­ban en estas tier­ras lev­an­taron grandes mon­u­men­tos de piedra,muchos de ellos todavía aún perduran.La primera ref­er­en­cia históri­ca real viene de mano de Tolomeo,quien en el año 140 ya habla­ba de un lugar lla­ma­do Eblana Civitas.Siglos después, sobre el año 700, lle­garían los celtas, quienes acabaron con­vir­tién­dose al cris­tian­is­mo por San Patri­cio (patrón de Irlanda,todo un heroe para los irlan­deses y cuyo santoral,el 17 de Marzo,es el más cel­e­bra­do de todo el mundo,ten en cuen­ta que hay más irlan­deses vivien­do a lo largo y ancho del plan­e­ta que en la propia Irlanda,este es el país por exce­len­cia de los emigrantes,que han dis­per­sa­do la semi­l­la irish por todo el mun­do).

Después,en el siglo IX, alrede­dor del 841, fueron los vikin­gos los que lle­garon a esta zona,y fun­daron un área com­er­cial en la oril­la sur del rio Lif­fey a la que lla­maron Dubh Linn (Lagu­na Negra), mien­tras los celtas per­manecían en la oril­la norte del rio, un lugar al que denom­ina­ban Baile Átha Cliath.La ciu­dad cele­bró ofi­cial­mente su mile­nio de vida en el año 1988,por lo que de esta man­era el año 988 que­da erigi­do como el de su fundación.En el 1014,el rey irlan­des Bri­an Ború dester­ró a los vikin­gos y a par­tir del siglo XII la ciu­dad fue con­tro­la­da defin­i­ti­va­mente por los normandos.Pasaría en el 1170 a ser un señorío feu­dal perteneciente a los grandes ter­rate­nientes ingle­ses (Señorío de Irlan­da) y a par­tir de entonces la ciu­dad comen­zó a cre­cer sin descanso,debido a la lle­ga­da de miles de emi­grantes (principalmente,ingleses,holandeses y judíos).Se vivieron épocas tur­bu­len­tas cuan­do Enrique VII inten­tó impon­er el protes­tantismo y en 1541 ofi­cial­mente se proclamó el Reino de Irlanda,pese a que des­de entonces y en la práctica,la may­or parte del tiem­po el país ha sufri­do el yugo británi­co.

Los irlan­deses han sufri­do a lo largo de la His­to­ria mil y una calamidades,quizás la más sev­era la de 1845,cuando una pla­ga destruyó el cul­ti­vo de patatas (que es,basicamente,de lo que se ali­menta­ban en aque­l­la época),lo que provocó que más de un mil­lón de per­sonas muri­er­an de ham­bre y otros dos mil­lones se fuer­an del país.La Gran Ham­bruna dejó reduci­da la población irlan­desa a un ter­cio de la original.Después lle­garían años de revueltas y muertes bajo la repre­sión inglesa,la apari­ción del par­tido políti­co Sinn Féin (que fue quien real­mente impul­só la inde­pen­den­cia del país) y la procla­mación en 1922 del Esta­do Libre de Irlan­da ‚dejan­do a Irlan­da resque­bra­ja­da en dos mitades y una de ellas,con cap­i­tal en Belfast, depen­di­en­do abso­lu­ta­mente de Inglater­ra y sufrien­do la mar­ginación con­stante de los británicos,que la han con­ver­tido en una de sus “provin­cias” más pobres, mien­tras la dom­i­na­da por Dublin (el esta­do de Eire) ha cor­ri­do mejor suerte al depen­der uni­ca­mente de sí misma.En cualquier caso,espero que todos podamos ver algún día la unión defin­i­ti­va de las dos Irlan­das sin la pres­en­cia por medio de sus veci­nos británi­cos.

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Obvian­do que al pertenecer a la UE, al ater­rizar te evi­tas coña­zos adu­aneros y cam­biar moneda,llegar al cen­tro de Dublín des­de el aerop­uer­to es bas­tante fácil.En la mis­ma puer­ta de la ter­mi­nal de lle­gadas tienes varias opciones: Air­coach (pre­cio de ida 8 euros, ida y vuelta 14 euros),cuya ven­ta­ja prin­ci­pal es que fun­ciona las 24 horas y real­iza sólo tres paradas (Drum­con­dra, O´Connell Street y Grafton Street (jun­to al Trin­i­ty Col­lege), Air­link 747 (ser­vi­cio direc­to entre el aerop­uer­to y O’Con­nell Street, ida y vuelta 10 euros,opera des­de las 05:45 has­ta las 23:00) y Air­link 748,con el mis­mo pre­cio que el ante­ri­or y que lle­ga has­ta la estación de tren Heuston,pasando antes por la estación de auto­bus­es (horario de 06:50 a 21:30). En cualquiera de los tres casos,se tar­da unos 30 min­u­tos en lle­gar al centro.Si te ves oblig­a­do a coger taxi (a nosotros nos pasó al regreso,ya que el avión nos salía muy temprano),calcula un importe de más o menos unos 20 euros.

A la hora de dormir,tienes un mon­tón de opciones económi­cas para escoger, en pági­nas como Hos­tels, Hostel­world o Hostel­book­ers puedes encon­trar alo­jamien­to cén­tri­co y bara­to sin mucho problema.Yo opto por recomen­darte el hostal donde nos quedamos, el hostal Jacobs Inn , ya que sus insta­la­ciones son más propias de un hotel (habitación súper enorme,baño tam­bién grandísi­mo, tele­visión y una ubi­cación cén­tri­ca que te per­mitía ir andan­do a cualquier sitio,además,se encuen­tra a sólo cin­co min­u­tos de la para­da de autobús).Si no recuer­do mal,la habitación nos salía 60 euros la doble por noche;está con­sid­er­a­do uno de los diez mejores hostales de toda Europa y además cada tarde,a las 16,00, ofre­cen gra­tuita­mente una visi­ta guia­da por la ciu­dad (yo no lo usé porque me gus­ta siem­pre moverme a mi aire pero seguro que a más de uno os intere­sa).

En cuan­to al tema transportes,yo la ver­dad es que no lo util­icé porque fui a todos los sitios andan­do pese a que nos pegáramos nues­tras bue­nas cam­i­natas pero tam­bién es cier­to que tuvi­mos una suerte increíble con el cli­ma y no sólo no nos llovió ni un solo día,sino que nos hizo has­ta solecito.En cualquier caso,si usas algu­na de las más de 200 líneas que recor­ren la ciudad,recuerda que has de subir con el importe exac­to ya que los con­duc­tores no devuel­ven cambio.Y se paga depen­di­en­do de las paradas que haya has­ta donde te bajes (de una a tres 1,40, de cua­tro a siete 1,90,de ocho a trece 2,15,más de trece 2,65).También hay un abono turís­ti­co para tres días, el 3 Day Free­dom Ticket,que cues­ta 26 euros,tú verás si te com­pen­sa.

Vamos a ir empezan­do la visita.La calle más impor­tante de Dublin,donde pre­cisa­mente dejan los bus­es del aerop­uer­to, es O’Con­nell Street.Pasa sobre el río Lif­fey (real­mente boni­tos muchos de los puentes que cruzan la prin­ci­pal vía acuáti­ca de Dublin) y está llena de gente a cualquier hora del día y de la noche.Por cierto,si sois de hac­er mucho shopping,no per­dais la opor­tu­nidad de vis­i­tar en esta calle los almacenes Pen­neys (lo que en España se conoce como Primark),un edi­fi­cio de varias plan­tas donde podrás venirte car­ga­do de ropa chulísi­ma por cua­tro duros,yo ya no sábía de qué for­ma doblar­la para poder meter­la en la male­ta!!;)

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En O’Con­nell se encuen­tran pre­cisa­mente algunos de los mon­u­men­tos más rep­re­sen­ta­tivos de la ciu­dad, como The Spire (La Espi­ral), una gigan­tesca agu­ja de 120 met­ros de altura con­stru­i­da en 2003 para ocu­par el ugar de Nel­son’s Pillar,que fue destruí­do en uno de los aten­ta­dos del IRA.Aquí tam­bién se encuen­tran las estat­uas de Daniel O’Con­nell (quien da nom­bre a esta calle),Charles Stew­art o el padre Theobald Mathew.El Edi­fi­cio de Corre­os tam­bién se encuen­tra aquí y es uno de los más boni­tos de toda la ciudad,no pier­das la ocasión de acer­carte a verlo,al igual que el Hotel Gre­sham y los almacenes Clery’s,que son algunos de los que per­du­ran tras la Guer­ra Civ­il Irlandesa.La calle está además pla­ga­da de tien­das de souvenirs,donde encon­trarás algo curioso para lle­var a los ami­gos. Aparte,está la Ofic­i­na de Infor­ma­ción Turística,donde tal vez te interese hac­erte con la Dublin Pass,que por 35 euros te ofrece la entra­da gra­tui­ta a un mon­tón de sitios,aparte de incluir el trans­porte des­de el aerop­uer­to.

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La otra gran arte­ria de Dublin es Grafton Street,que a mí inclu­so me gustó mucho más que O’Connell.A difer­en­cia de O’Connell,esta sí es peatonal,alberga un mon­tón de restau­rantes y tien­das de ropa y está pla­ga­di­ta de can­tau­tores calle­jeros que ya dejan claro,para nue­stro deleite,que Dublín es una de las ciu­dades euro­peas más musicales.No obstante,sus dos grandes heroes nacionales son pre­cisa­mente tam­bién los míos,Rory Gal­lagher y Phil Lynott,pero a ellos ya lle­gare­mos más ade­lante.

Pre­cisa­mente aquí en Grafton,en su inter­sec­ción con la calle Nas­sau (donde ter­mi­na la zona peaton­al) se encuen­tra el que es otro de los grandes sím­bo­los de la ciu­dad, la estat­ua de Mol­ly Mal­one (cono­ci­da car­iñosa­mente por los irlan­deses como Cock­les and Mus­sels (Berbere­chos y mejil­lones) o The Tart with the Cart (La gol­fa con el carro)).Molly Mal­one es la can­ción que inspiró el him­no nacional irlandés y cuen­ta la his­to­ria de una pescadera que murió por las fiebres en ple­na calle mien­tras vendía berbere­chos y mejillones,y que ejer­cía de noche la prostitución.En cualquier caso,el per­son­aje se cree que es fic­ti­cio pero aún así,todos los irlan­deses le tienen muchísi­mo cariño.La estatua,como veis,es encan­ta­do­ra!

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Lleg­amos a The Tem­ple Bar,no sólo el bar­rio más car­ac­terís­ti­co de Dublín,también el más risueño y bohemio de toda la ciudad.Situado entre Dame Street y el río Liffey,debe su nom­bre a sir William Temple,quien adquir­ió estos ter­renos en el año 1600.El Tem­ple ha pasa­do épocas de declive (inclu­so se pen­só en con­ver­tir­lo en una gigan­tesca estación de auto­bus­es), pero los com­er­ciantes y artis­tas que insistieron en quedarse allí con­sigu­ieron inyec­tar­le su fan­tás­ti­co ambi­ente de siem­pre y des­de que Dublín fue elegi­da Cap­i­tal Euro­pea de la Cul­tura en 1991,es uno de los lugares más viosi­ta­dos y se ha hecho mere­ce­dor del títu­lo de “autén­ti­co corazón dublinés”.

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Sus calle­jue­las empe­dradas están llenas de pubs (sobre todo eso…¡muchos pubs!!;)),restaurantes,tiendas de ropa,de dis­cos (aquí hay algu­nas intere­santes de segun­da mano) y acoge el Food Mar­ket (mer­ca­do de comi­da) y el Book Mar­ket (mer­ca­do de libros de segun­da mano,aquí tam­bién encon­tré un par de chol­los reseñables,eso sí,en inglés).The Tem­ple Bar siem­pre está en ple­na ebullición,tanto de noche como de día,y es al sitio que debes diri­girte sin dudar­lo en cuan­to caiga el sol,si lo tuyo son las pin­tas de cerveza negra…

Nos move­mos aho­ra a la zona de Trin­i­ty College,la que es la uni­ver­si­dad ‚más antigua de toda Irlan­da (fun­da­da en 1592 por la reina Isabel I).Su campus,de casi 200.000 met­ros cuadrados,se encuen­tra con­stru­i­do sobre un antiguo monas­te­rio agustino,aunque no dejó acced­er a estu­di­antes católi­cos has­ta los años 60.Posee la< may­or colec­ción de man­u­scritos y libros impre­sos de todo el país y si tienes la suerte de que te haga buen día,es una deli­cia pasear por allí.Imprescindible tam­bién la visi­ta a la casa del pro­duc­to más famoso de Irlanda:la cerveza Guinness.La Guin­ness Store­house fue con­struí­da en el año 1904 y des­de el 2000 tiene sus puer­tas abier­tas a los vis­i­tantes.

Otro lugar bas­tante curioso para vis­i­tar en Dublín es la cár­cel de Kilmainham.Cerrada como prisión en 1924 y actual­mente abier­ta al público,ha sido una de las cárce­les más duras del mun­do (la úni­ca iluminación/fuente de calor que tenían los pre­sos era una vela).Se encuen­tra en 8 Inchicore Rd., las vis­i­tas guiadas duran una hora y el pre­cio de la entra­da es seis euros.

Uno de los sitios que más te va a impre­sion­ar en Dublín (al menos a mí) es su impo­nente castillo.Situado en Dame Street,en pleno corazón dublinés,fue lugar de asen­tamien­tos vikin­gos, for­t­aleza mil­i­tar, sede del tri­bunal de Jus­ti­cia y hoy en día se uti­liza para acoger las recep­ciones estatales.Aunque se incendió en 1684,fue rap­i­da­mente recon­struí­do y sus estancias inte­ri­ores con­ser­van el lujo de antaño.Hay vis­i­tas guiadas de 45 min­u­tos (sólo en inglés,la entra­da cues­ta 4,50, con la Dublin Pass entra­da gra­tui­ta)) y podrás vis­i­tar salas como el rel­lano de las Hachas de Guer­ra (aquí se situ­a­ba la Guardia Real para pro­te­ger el Salon del Trono),el salón Gra­nard o las habita­ciones del Rey y la Reina.Lo domin­gos y fes­tivol sólo abre de 14:00 a 16:45.

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Más cosas que no has de perderte:el mag­ní­fi­co Ayun­tamien­to (el City Hall),uno de los mejores expo­nentes de la arqui­tec­tura geor­giana y con­stru­i­do ini­cial­mente para alber­gar la Cámara de Comercio.En los sótanos hay una exposi­ción mul­ti­me­dia de la his­to­ria de la ciu­dad y la entra­da cues­ta cua­tro euros.Y otra visita,la de la Cus­tom House,el que era la sede de al adu­a­na del puer­to y aho­ra se ubi­ca allí el Min­is­te­rio de Medio Ambi­ente.

Para los que les guste la his­to­ria Antigua,recomiendo la visi­ta de Dublinia.Es una exposi­ción per­ma­nente que recorre la his­to­ria de Dublín en la época vikinga y la Edad Media,se recre­an esce­nas cotid­i­anas de entonces (con muñe­cos de cera) y el recor­ri­do está divi­di­do en tres partes:Dublín vikingo, Dublín medieval, y una zona denom­i­na­da como “His­to­ry hunters” (cazadores de historias).La entra­da cues­ta 7,50 euros.Y estas fotos de abajo,no,no son de la exposición,sino de las pre­ciosas calles dublinesas,que pare­cen flotar sus­pendi­das en el tiem­po…

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Como veis,predominan las igle­sias (los irlan­deses son ultra religiosos),por la ciu­dad te vas a encon­trar un mon­tón bas­tante bonitas:la de Christ Church,la de San Patri­cio, la de San­ta Ana,la de San­ta María,la de San­ta Teresa…tienes un mon­tón para escoger!! No dejes tam­poco de aprovechar la ocasión para acer­carte a pasear a alguno de sus par­ques porque son fab­u­losos y están impeca­ble­mente cuidados.El más famoso es el Phoenix Park (700 hectáreas,el par­que urbano más grande de Europa,si puedes alquila una bicicleta),el St. Stephen Green (de los que más me gustó),el Jardín Botáni­co Nacional o el Jardín del Recuerdo,donde se hon­ra a todos los que murieron luchan­do por la inde­pen­den­cia irlan­desa.

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Y dejamos para lo últi­mo del via­je la parte musical,que fue la que real­mente me empu­jó a ir a Irlanda.Aquí dos músi­cos como Rory Gal­lagher y Phil Lynott,máximos expo­nentes del rock irlandés,son con­sid­er­a­dos heroes al niv­el de cualquier per­son­aje histórico,para mí era una deli­cia entrar a cualquier pub y que siem­pre estu­viera sonan­do músi­ca de Rory o de Thin Lizzy.La estat­ua a tamaño nat­ur­al de Lynott se encuen­tra a la puer­ta del pub Bruselles en Har­ry Street y es una visi­ta oblig­a­da para todo aquel que ame su música,a mí me emo­cionó poder ver­la en vivo y en directo.En cuan­to a bares de rock, ya que men­cionamos el Brux­elles (cono­ci­do tam­bién como el Flanders),te le recomien­do sin dudarlo:grandote, buenos precios,muy cén­tri­co y con rock n’ roll has­ta altas horas de la noche.El mejor sitio para tomarte unas buenísi­mas pin­tas de Guin­ness y des­pedirte de una ciu­dad entrañable a la que siem­pre hay que volver!

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Aquí tienes el pro­gra­ma que dedicamos en Ruta 61 a Dublín…


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