Viaje a la vibrante Seattle

Seattle

Por cues­tiones de trabajo,la tarde ante­ri­or tuvi­mos que lle­var a Noe al aerop­uer­to para que regre­sara a San Francisco,asi que nos quedamos las tres solas (Eva,Anna y yo) para nue­stro perip­lo por Seat­tle. Preparamos unos bocadil­los tem­pran­i­to y sal­imos lo más pron­to posible;Seattle está a sólo tres horas en coche de Port­land pero queríamos lle­gar antes de la hora de com­er y antes teníamos una para­di­ta muy espe­cial para noso­tras en las afueras de la ciu­dad…

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Pues bien,esta para­da era en el Mau­soleo de Jimi Hen­drix, cuyos restos reposan en el en el cemente­rio Green­wood Memo­r­i­al Park en Ren­ton (Washington),pueblecito donde nació Jimi.De veras,a mí se me ponían los pelos de pun­ta según nos íbamos acer­can­do por todos los años que he pasa­do escuchan­do sus discos.Además,ese día tuvi­mos la suerte de que nos luciera el sol,algo no muy habit­u­al en Seattle,que es famosa por su llu­via y mal tiem­po (en qué otro lugar del mun­do hubiera podi­do sur­gir si no el movimien­to grunge?).

El caso es que el mau­soleo esta­ba prac­ti­ca­mente desier­to (sólo se acer­có una pare­ja en todo el tiem­po que estu­vi­mos) y es una ver­dadera preciosidad,hecho con mucho gus­to (már­mol de Car­rara) y a la altura de un hom­bre que pese a morir a los 27 años,es una autén­ti­ca leyenda.En Seat­tle Hen­drix es Dios.Un per­son­aje sin igual cuyo epitafio en su tum­ba ya lo dice todo:“Nos ver­e­mos en la próx­i­ma vida,nena.No tardes”.En la tum­ba tam­bién des­cansan su padre, Al Hen­drix, y su abuela,Nora Rose Moore.La láp­i­da rep­re­sen­ta su famosa Stra­to­cast­er y ter­mi­na de pon­er el pun­to nos­tál­gi­co a un lugar que pon­drá los pelos de pun­ta a cualquiera que admire la músi­ca de Hen­drix…

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Y por fin entramos en la Seat­tle propi­a­mente dicha (precioso,como veis en la foto del coche de Anna de ahí arriba,el sky­line de la ciu­dad al acercarte).La ver­dad que le ten­emos que agrade­cer a Anna haberse lle­va­do el coche para allá,ya que nos dió un mon­tón de movilidad,y sobre todo,haberse ocu­pa­do de bus­car el hotel porque quedamos encan­tadas. Era La Quin­ta Inn Suites y aparte de ten­er una habitación enorme,desayuno inclu­i­do y un bal­cón con vis­tas al Space Nee­dle (que esta­ba a sólo diez min­u­tos andando),se encon­tra­ba súper bien equipa­do y podías ir andan­do a un mon­tón de sitios. La primera tarde dejamos el coche aparca­do y dedi­carnos a caminar,que es lo que más apetece cuan­do llevas tan­tas horas en car­retera. Os dejo algu­nas de las primeras fotos que hici­mos por el cen­tro de Seat­tle y la parte financiera,toda pla­ga­di­ta de rascacielos,como bue­na ciu­dad norteam­er­i­cana que se pre­cie…

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Pike Place, el mar­ca­do de pesca­do de Seattle,no sólo es una visi­ta oblig­a­da en la ciudad,es que en pocos lugares del mun­do vas a res­pi­rar el ambi­ente que hay aquí.Los pescaderos se lan­zan los pesca­dos unos a otros por el aire en un alarde de habilidad.Pero no son la úni­ca atracción,el mer­ca­do está lleno de tien­das de lo más diver­sas y variopintas.Se con­struyó en 1907 y des­de entonces ha esta­do en acti­vo.

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Fans de los tat­u­a­jes, apun­tad este nom­bre: Vyvyn Lazon­ga. Con­sid­er­a­da una de las mejores tat­u­ado­ras del mun­do (y además,de las primeras mujeres que empezaron a tat­u­ar) aprovechamos para pasarnos por su estu­dio ya que las tres veníamos tat­u­adas de Portland,ya que queríamos ten­er un recuer­do del via­je, y ella fab­ri­ca sus propias cre­mas cica­trizantes (que,por cierto,funcionan de maravilla).Tuvimos la suerte de coger­la en el estu­dio y que nos pudiera aten­der ella misma,una mujer súper agrad­able a la que le encan­tó saber que veníamos de España Guiño El estu­dio se encuen­tra en el 1529 de West­ern Avenue.

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Seat­tle es una ciudad,ante todo,con las vis­tas pues­tas en el mar.La vida náu­ti­ca se res­pi­ra por toda la ciu­dad y su puerto,uno de los más impor­tantes del mundo,cuenta con un paseo marí­ti­mo espectacular,aparte de unos anocheceres impresionantes,como veis en las fotos. Aprovechamos para pese al frío dar un paseo y pro­bar una de las del­i­catessen locales,las ostras,que no se comen como aquí,dentro de su con­cha y con limón,sino meti­das en un vaso de chupi­to con una sal­sa de tomate fría pare­ci­da a nue­stro gazpacho.Y están de rechu­pete.

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Aprovechamos para acer­carnos a la King Sta­tion, ya que debíamos coger los bil­letes de tren de vuelta a Van­cou­ver y era un asun­to que dejábamos cer­ra­do. Por cier­to, la estación es pre­ciosa, con una torre pare­cidísi­ma al Big Ben londinense.Muy cerquita,día de partido,con el cen­tro de la ciu­dad has­ta arri­ba de foro­fos bufan­da en mano…

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Y una vuel­tecita por el Chi­na­town local,que,la verdad,me pare­ció muy desan­ge­la­do com­para­do con el de San Fran­cis­co o Nue­va York,por pon­er un par de ejem­p­los…

Vaya suerte que estábamos tenien­do con el tiem­po. Al menos no llovía, fijaos qué solecito nos lucía cuan­do fuimos a vis­i­tar el Space Nee­dle…!

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El Space Nee­dle (la Agu­ja Espa­cial) es el autén­ti­co sím­bo­lo de la ciudad.Construido en 1962 e inspi­ra­do en la Torre de Sttut­gart, tiene 184 met­ros de altura y ofrece unas vis­tas de Seat­tle mar­avil­losas. Eso sí, la entra­da bas­tante cara, como unos 18 dólares si no recuer­do mal. Pero la ver­dad que merece mucho la pena.

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En Seat­tle hay var­ios lagos (esta es la ciu­dad de la humedad por exce­len­cia) pero el mas impor­tante es Lake Union. En él se real­izan mul­ti­tud de activi­dades deporti­vas y su ima­gen más sig­ni­fica­ti­va son las casas flotantes,que cues­tan un din­er­al y son super exclusivas,tanto que sólo pueden entrar los res­i­dentes y has de fotografi­ar el bar­rio des­de fuera. Supon­go que con razón estarían har­tos de tur­is­tas y más des­de que Tom Han­ks las pop­u­lar­izó en la pelícu­la “Algo para recor­dar”.

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Otra de nues­tras vis­i­tas ine­ludi­bles sería a las tum­bas de Bruce Lee y Bran­don Lee. Padre e hijo reposan jun­tos en el Lake View Ceme­tery. Ambos murieron jóvenes,en cir­cun­stan­cias extrañísi­mas. Pero lo increíble es lle­gar al cemente­rio sabi­en­do que Bran­don murió pre­cisa­mente en el roda­je de “El Cuer­vo” porque la bala de fogueo no era de fogueo sino de verdad,y encon­trarte esta ima­gen…

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Una de mis fotos favoritas del via­je. Con el Fre­mont Troll. Este troll gigan­tesco, figu­ra de la mitología escandinava,se encuen­tra escon­di­do bajo el puente Auro­ra y fue esculpi­do por var­ios artis­tas locales en 1990.

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Yo la ver­dad que no soy muy fan de Nir­vana. Pero como Eva sí y reconoz­co a niv­el musi­cal lo que ha supuesto este hom­bre en la his­to­ria de la ciudad,que ha vis­to tam­bién nac­er a Duff Mack­a­gan de Guns N’ Ros­es y tan­tos otros músicos,nos acer­camos a echar un vistazo,aunque fuera des­de el exterior,a la casa donde vivía Kurt Cobain y donde se suicidó,casa que al pare­cer hoy en día pertenece a unos japone­ses. Situ­a­da en una urban­ización súper exclusiva,hay en los alrede­dores un ban­co de madera donde fans de todo el mun­do han deja­do sus ded­i­ca­to­rias de des­pe­di­da.

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Me encan­ta que en las ciu­dades amer­i­canas se hom­e­na­jee a los músi­cos como se mere­cen (no como aquí). Mon­u­men­to a Jimi Hen­drix.

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El día le remata­mos cenan­do en un restau­rante tai­landés con una ami­ga de Anna que vive en Seattle.¿Y donde? Pues curiosa­mente en el bar­rio de Bal­lard, que es el bar­rio escan­di­na­vo de Seat­tle. Aquí se insta­laron en el siglo XIX un mon­tón de famil­ias norue­gas (sobre todo,originarias de Bergen), donde viv­en hoy en día sus descendientes,y donde cada ver­a­no se cel­e­bra el Seafood Fest, donde el salmón ahu­ma­do es la estrel­la. Remata­mos la noche en un bar autén­ti­ca­mente vikingo bebi­en­do chupi­tos de vodka.No le falta­ba de nada, ni siquiera el drakkar!

Llevábamos quince días sin parar de andar de un sitio a otro (en invier­rrrno!!) y la ver­dad que el últi­mo día en Seat­tle decidi­mos tomárnoslo con más calma,sobre todo tenien­do en cuen­ta que esa mañana Anna nos deja­ba para irse a Port­land. Así que gas­ta­mos la mañana en otro sitio que no queríamos perder­nos por nada del mun­do: el Museo del Rock N’ Roll. Un recin­to enor­mísi­mo con varias plan­tas donde se expone abso­lu­ta­mente de todo…no recuer­do la de horas que estu­vi­mos den­tro alu­ci­nan­do con todo…

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Aquí te dejamos los pro­gra­mas que dedicamos a Seat­tle en La Ruta 61 de Radio Via­jera


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