Viaje a Nuremberg, la ciudad que resurgió de sus cenizas

Nuremberg

Nurem­berg era de esas ciu­dades que siem­pre había tenido bien alta en mi lista de futur­os des­ti­nos via­jeros pero que por unos motivos o por otros no había tenido aún la ocasión de vis­i­tar. Todo ello pese a que he via­ja­do varias veces a Ale­ma­nia, un país que, debo recono­cer­lo, me fasci­na: des­de que lo pisé por primera vez hace casi veinte años, me enam­oré total­mente de él. Su pat­ri­mo­nio históri­co no parece acabarse nun­ca y cuen­ta además con dos grandes ven­ta­jas a ten­er en cuen­ta. Una, que pese a que los suel­dos ger­manos son bas­tante más altos que los nue­stros, Ale­ma­nia sigue pare­cién­dome un país de lo más ase­quible para via­jar (en algunos aspec­tos has­ta lo encuen­tro más bara­to que España). Otra, que al ten­er varias ciu­dades ale­m­anas conec­tadas por vue­lo direc­to con Madrid, se con­vierte en una opción a ten­er muy en cuen­ta para plantearse escapadas largas de fin de sem­ana.

Hay gente a la que le da pereza via­jar a Ale­ma­nia durante los meses de invier­no por el tema del frío pero lo cier­to es que es algo que a mí nun­ca me ha tira­do para atrás. Me gus­ta ir a Ale­ma­nia en invier­no porque ape­nas hay tur­is­tas y se dis­fru­ta de las ciu­dades de otra man­era. Es ver­dad que suele hac­er mucho frío (en esta ocasión has­ta nos cayeron unos cuan­tos copos de nieve) pero no es nada que no pue­da solu­cionar un buen plumas, un gor­ro y unos guantes. A mí el frío me moti­va bas­tante más que el calor y en abso­lu­to me impi­de darme unas cam­i­natas inten­sas: sólo os doy el dato de que uno de los días nos hici­mos 16 kilómet­ros pate­an­do la ciu­dad. El trans­porte públi­co sólo lo uti­lizamos para ir y venir del aerop­uer­to.

Hablan­do del aerop­uer­to, el de Nurem­berg está muy bien comu­ni­ca­do con la ciu­dad. Es pequeño y el metro (3,60 euros el trayec­to) te deja en ape­nas quince min­u­tos en el cen­tro históri­co. Nosotros esta vez via­jábamos con una pare­ja ami­ga nues­tra que ya había esta­do en Nurem­berg vis­i­tan­do los mer­cadil­los de Navi­dad pero como fue un via­je express, se apun­taron al via­je para dis­fru­tar de la ciu­dad con más tran­quil­i­dad. Para el alo­jamien­to, tiramos de la cade­na Ibis, una de nues­tras favoritas en los via­jes ya que las habita­ciones son prác­ti­cas, sue­len estar cén­tri­cos y gozan de buenos pre­cios. En Nurem­berg hay var­ios Ibis: nosotros elegi­mos el Ibis Nürn­berg City am Plär­rer, jus­to a la entra­da de las mural­las. 62 euros por habitación / noche.

Murallas Nuremberg

Pese a que después de Munich, Nurem­berg es la segun­da ciu­dad más grande de Baviera, en la prác­ti­ca es una ciu­dad ide­al para una escapa­da de tres días, ya que prac­ti­ca­mente todo lo más impor­tante a niv­el históri­co y cul­tur­al se con­cen­tra en el cen­tro históri­co, por ello lo que os comenta­ba antes, lo de alo­jaros en el cen­tro. Aunque el metro fun­ciona bas­tante bien, se puede cubrir per­fec­ta­mente el cas­co antiguo andan­do y de hecho bue­na parte de este está peatonal­iza­do.

Antes de meteros en el cen­tro, os acon­se­jo que os deis un paseo por la amplia aveni­da Frauen­tor­graben, que corre para­lela a las mural­las. Nosotros como la teníamos al lado del hotel, fue lo primero que nos acer­camos a hac­er. De esta man­era, podrás admi­rar des­de fuera el larguísi­mo perímetro de las mural­las, que se va has­ta los cin­co kilómet­ros y cuen­ta en su haber con casi un cen­te­nar de tor­res y cua­tro grandes entradas, ori­en­ta­da cada una a un pun­to car­di­nal. Un foso (el graben, de ahí el nom­bre de la calle) sep­a­ra las mural­las defen­si­vas de las aceras, por donde es habit­u­al ver a muchos ciu­dadanos yen­do al tra­ba­jo en bici­cle­ta.

Nuremberg

A lo largo de esta aveni­da y sus alrede­dores nos encon­tramos con uno de los hote­les más impor­tantes de Nurem­berg, el Deutsch­er Hof, el preferi­do de Hitler cuan­do vis­ita­ba la ciu­dad: en dichas oca­siones, la facha­da se llen­a­ba de esvás­ti­cas y bajo la ven­tana de su habitación se col­ga­ba el rótu­lo “Heil Hitler”. Jus­to al lado ten­emos el Opern­haus, uno de los teatros más impor­tantes de Ale­ma­nia, con un aforo de un mil­lar de espec­ta­dores. Un poco más ade­lante se encuen­tra el impo­nente edi­fi­cio de la estación cen­tral de trenes, un pun­to clave a ano­tar en tu agen­da si quieres moverte a otras ciu­dades: el ser­vi­cio de trenes en Ale­ma­nia merece mucho la pena, con trayec­tos efi­cientes y a buen pre­cio.

Estación de trenes de Nuremberg
Estación de trenes de Nurem­berg

El primer día que cruzamos las mural­las, lo primero que nos encon­tramos (y creed­nos que nos sor­prendió) fue un Bar­rio Rojo como el de Ams­ter­dam, con luces de neón y pros­ti­tu­tas exhibién­dose tras los escaparates. Des­de hace 15 años, en Ale­ma­nia es legal la pros­ti­tu­ción; esto en un prin­ci­pio pudiera pare­cer una may­or pro­tec­ción sobre las mujeres que se ded­i­can a esta “pro­fe­sión”. Pero en la prác­ti­ca, la may­oría de estas chi­cas no están allí por elec­ción propia sino que son esclavas sex­u­ales, muchas de ellas de Europa del Este. Me record­a­ba a lo que había vis­to en mis dos via­jes a Ham­bur­go en el bar­rio de St. Pauli, donde miles de pros­ti­tu­tas abar­rotan las calles. Parece men­ti­ra que un país tan civ­i­liza­do como Ale­ma­nia, que siem­pre pre­tende ser un ejem­p­lo de rec­ti­tud, sin embar­go fomente este tipo de prác­ti­cas. El ambi­ente en estos calle­jones, inclu­so a ple­na luz del día, era bas­tante sór­di­do, refle­jo de una sociedad que en el tema del prox­enetismo parece no haber avan­za­do un cen­tímetro des­de el medie­vo.

La visi­ta del cen­tro históri­co podemos comen­zarla en la parte alta de la ciu­dad, donde se encuen­tra el castil­lo, el Kaiser­burg. Es sin dudar­lo el gran sím­bo­lo de Nurem­berg pero tam­bién una de las for­t­alezas medievales más impor­tantes de Ale­ma­nia. Y eso que en la antigüedad era aún mucho may­or que en la actu­al­i­dad. En una época en que los emper­adores, de la famil­ia de los Hohen­staufen, se pasa­ban la vida via­jan­do, nece­sita­ban ten­er repar­tidas res­i­den­cias por todo el país y el Kaiser­burg era una de ellas. En su ausen­cia gob­ern­a­ba en la ciu­dad el bur­grave: en el Sacro Impe­rio Ger­máni­co hubo cua­tro bur­gravi­atos, sien­do el más impor­tante el de Nurem­berg. La ciu­dad era tan impor­tante a prin­ci­p­ios del siglo XIII que era con­sid­er­a­da en la prác­ti­ca cap­i­tal no ofi­cial del impe­rio y era aquí donde los reyes recién ascen­di­dos al trono cel­e­bra­ban su primera asam­blea.

Castillo Nuremberg

En el castil­lo desta­can la capil­la doble y la torre, aunque hay que mati­zar que la may­or parte del com­ple­jo se destruyó en los bom­bardeos de la Segun­da Guer­ra Mundi­al y los restau­radores ger­manos se las han vis­to y desea­do para recon­stru­ir el castil­lo. Entre estas estancias remod­e­ladas desta­ca el hall, donde se cel­e­bra­ban las fies­tas y ban­quetes, o los aposen­tos del emper­ador. Den­tro del castil­lo tam­bién hay espa­cio para un museo donde se exhiben prin­ci­pal­mente armas; en el exte­ri­or aún se con­ser­van algunos jar­dines, lam­en­ta­ble­mente algunos menos que los que existían hace sig­los.

En los alrede­dores del castil­lo impe­r­i­al nos encon­tramos con una curiosa escul­tura, Der Hase (La Liebre) del artista Jür­gen Goertz y que pese a que ha sido descri­ta como “una de las más hor­ri­bles mues­tras de arte urbano”, a mí me encan­tó ¡es de lo más sinies­tra!

Der Hase Nuremberg

Bajan­do des­de el castil­lo, nos que­da a la derecha la igle­sia de Saint Sebal­dus, en hom­e­na­je al patrón de Nurem­berg, cuyos hue­sos des­cansan aquí. En la plaza aledaña se encuen­tran algu­nas de las res­i­den­cias más antiguas de Nurem­berg, como la casa par­ro­quial o la Schürstab­haus, y la estat­ua de Alber­to Durero. El famoso pin­tor, el hijo predilec­to de Nurem­berg, ha vis­to con­ver­ti­da su casa en un museo de su obra.

Saint Sebaldus Church Nuremberg

Jus­to a su espal­da se encuen­tra el mag­ní­fi­co ayun­tamien­to, el Rathaus, uno de los más grandes de Europa y que data del siglo XIV, aunque tardó nada menos que tres sig­los en estar acaba­do. Las pos­te­ri­ores amplia­ciones del edi­fi­cio dejaron claras las influ­en­cias del Renacimien­to ital­iano, ase­me­ján­do­lo a un pala­cio.  En los sótanos aún per­manecen las antiguas cel­das de la prisión y una sala de tor­turas.

Rathaus Nuremberg

La plaza de Haupt­markt es uno de los rin­cones con más ambi­ente de Nurem­berg. Pese al frío que hacía, eran muchos los paseantes que se acer­ca­ban a los múlti­ples puestos de fru­ta, ver­duras, choco­late y que­sos que aquí se agru­pan en el Wochen­markt. Muchos de ellos iban bus­can­do uno de los pro­duc­tos más típi­cos de Nurem­berg, el lebkuchen (pan de jen­gi­bre).

En Navi­dad, aprovechan­do su condi­ción peaton­al, se cel­e­bra aquí uno de los mer­ca­dos más col­ori­dos del país (ya sabéis que los mer­ca­dos navideños ale­manes están con­sid­er­a­dos los más boni­tos del mun­do), el Nurem­berg Christkindles­markt, y tam­bién de los más mul­ti­tu­di­nar­ios: 180 puestos, todos con sus tol­dos blan­cos y rojos, y dos mil­lones de vis­i­tantes anuales. El viernes ante­ri­or al domin­go de Advien­to, a las cin­co y media de la tarde, el Christ­mas Angel declara inau­gu­ra­do ofi­cial­mente el mer­ca­do navideño, un even­to tan impor­tante que has­ta lo retrans­mite la tele­visión nacional.

El mejor sou­venir que puedes adquirir en dichas fechas son los Zwetschgen­männle, unas fig­u­ri­tas de ciru­elas pasas (¡pero no son comestibles!). Este no es el úni­co mer­cadil­lo navideño de Nurem­berg; un poco más al norte, en la Rathaus­platz, se cel­e­bra otro, el Christ­mas Mar­ket of Sis­ter Cities, ded­i­ca­do a algu­nas ciu­dades her­manadas con Nurem­berg como Pra­ga, Niza, Cra­covia o Glas­gow, y donde podrás com­prar sou­venirs de difer­entes partes del mun­do.

Como véis, la Haupt­mark siem­pre ha esta­do lig­a­do al com­er­cio ya que acogía en la antigüedad al mer­ca­do local, aunque tam­bién ha vivi­do momen­tos históri­cos impor­tan­tísi­mos, como los mítines de los nazis (a prin­ci­p­ios de los años 30 su nom­bre se cam­bió por el de Adolf Hitler Platz) o el des­file del ejérci­to amer­i­cano cel­e­bran­do la vic­to­ria en la Segun­da Guer­ra Mundi­al. Actual­mente, al ser la may­or plaza de la ciu­dad y corazón de Nurem­berg, tam­bién es sede de numerosas fes­tivi­dades.

Hauptmarkt Nuremberg

En Haupt­markt podemos ver una de las fuentes más orig­i­nales de Ale­ma­nia, la Schön­er Brun­nen (Fuente Boni­ta): cuen­ta la leyen­da que si la rodeas tres veces y pides un deseo, este se cumple. 19 met­ros de altura y cuarenta fig­uras que rep­re­sen­tan a las artes lib­erales y los cua­tro evan­ge­lis­tas.

Schöner Brunnen Nuremberg

La Frauenkirche, la Igle­sia de Nues­tra Seño­ra de Nurem­berg, es otra de las más boni­tas de la ciu­dad; lo cier­to es que nos sor­prendió muchísi­mo las extra­or­di­nar­ias igle­sias que se pueden encon­trar en el cas­co antiguo. En el inte­ri­or de esta se encuen­tra el altar Tuch­er de 1440. Su ele­men­to exte­ri­or más car­ac­terís­ti­co es el Mannleilaufen, el reloj que todos los días a las 12 en pun­to mues­tra una figu­ra del emper­ador rodea­do por siete elec­tores.

Frauenkirche Nuremberg

Como de igle­sias va el tema, nos vamos a la de San Loren­zo, prob­a­ble­mente la que más me gustó de todas. Es la may­or y más impor­tante de Nurem­berg y aunque quedó seri­amente daña­da tras la Segun­da Guer­ra Mundi­al, se restau­ró y los ofi­cios se reanudaron en el año 1952. Es habit­u­al que en su inte­ri­or se real­i­cen concier­tos de músi­ca sacra gra­cias a su órgano, uno de los más grandes de Europa.

Iglesia San Lorenzo Nuremberg

Uno de los rin­cones más encan­ta­dores de Nurem­berg es el Handw­erk­er­hof o Patio de los Arte­sanos, un pequeñísi­mo mini-bar­rio que se creó en 1971 para recor­dar esos lejanos tiem­pos del medie­vo en que los arte­sanos daban for­ma al cristal con la ayu­da del aire que expulsa­ban de sus pul­mones y se podía escuchar al her­rero for­jan­do sus piezas a golpe de mar­tillo. El antiguo patio de armas se refor­mó, cre­an­do vis­tosas casas de madera entra­ma­da, exac­ta­mente iguales a las que existían en los alrede­dores hace quinien­tos años. Hoy esta imitación de pueblo ger­mano antiguo es uno de los lugares preferi­dos de locales y tur­is­tas, a los que gus­ta pasear entre las pequeñas tien­das de arte­sanía o des­cansar un rato mien­tras degus­tan una copa de vino.

Casco antiguo Nuremberg

Podemos ir des­de allí has­ta la Straße der Men­schen­rechte, la Calle de los Dere­chos Humanos, donde una vein­te­na de colum­nas blan­cas nos recuer­dan en difer­entes idiomas los artícu­los de la Declaración de Dere­chos Humanos de las Naciones Unidas que tan­tos país­es se saltan a la tor­era. Por dicho moti­vo, esta calle se ha con­ver­tido en pun­to de encuen­tro cuan­do se orga­ni­za cualquier tipo de con­cen­tración que exi­ja reivin­di­ca­ciones sociales.

En esta mis­ma calle podemos vis­i­tar el Ger­man­is­ches National­mu­se­um , un museo situ­a­do en un antiguo monas­te­rio que reúne mul­ti­tud de piezas (más de un mil­lón) de la his­to­ria de Ale­ma­nia. Cer­ca se encuen­tran las igle­sias de San­ta Clara y la de San­ta Mar­ta; curiosa­mente, esta últi­ma en el siglo XVI fue usa­da como teatro. Un poco más ade­lante se encuen­tra la Casa de Adu­a­nas, uno de los edi­fi­cios más boni­tos de Nurem­berg y que en la antigüedad era el granero prin­ci­pal de la ciu­dad. Aho­ra acoge uno de los restau­rantes medievales más típi­cos de Fran­co­nia.

Casa de las Aduanas Nuremberg

Otra de las cosas más boni­tas de Nurem­berg es la can­ti­dad de pre­ciosos puentes, antiquísi­mos, que cruzan los canales que va for­man­do el río Peg­nitz (que curiosa­mente inundó la ciu­dad a prin­ci­p­ios del siglo XX). Uno de los más boni­tos es el Puente del Ver­dugo, el Henker­steg. Se con­struyó en el año 1457 y su nom­bre responde al hecho de que como otras muchas ciu­dades, Nurem­berg tenía su ver­dugo ofi­cial (así de con­vul­sos eran aque­l­los tiem­pos) y este vivía en una torre cer­cana. Su tra­ba­jo era con­sid­er­a­do deshon­esto, por lo que la may­oría de los habi­tantes evita­ban rela­cionarse con él, exponién­dose a que les expul­saran de la comu­nidad cris­tiana. El ver­dugo más famoso fue Franz Schmidt, quien cargó en su con­cien­cia con la muerte de más de 300 per­sonas.

Puente del Verdugo Nuremberg

El Spi­tal­brücke se con­struyó en el mis­mo año que el Puente del Ver­dugo y enlaz­a­ba con el antiguo cemente­rio. Se encuen­tra cer­ca del Heilig-Geist-Spi­tal, uno de los edi­fi­cios más car­ac­terís­ti­cos de Nurem­berg (y tam­bién de los más antigu­os). Durante muchos años fun­cionó como hos­pi­cio, hos­pi­tal y asi­lo para indi­gentes, por lo que como veis su fun­ción era fun­da­men­tal­mente social. Hoy en día, esta pre­ciosa con­struc­ción sobre la isla Schütt se ha con­ver­tido en una de las estam­pas más recono­ci­bles de Nurem­berg.

Nuremberg

Una de las calles que mejor ha sabido con­ser­var el ambi­ente medieval de antaño es Weißger­ber­gasse , uno de los excep­cionales rin­cones de Nurem­berg que no quedó destru­i­do tras los bom­bardeos de la Segun­da Guer­ra Mundi­al, una autén­ti­ca rareza den­tro de la ciu­dad. Esta calle emp­ina­da con­ser­va una vein­te­na de casas pre­ciosas, con sus lla­ma­ti­vas fachadas de madera entra­ma­da donde antigua­mente residían los cur­tidores nurem­bur­gue­ses. Cer­ca se encuen­tra otro de los puentes más boni­tos de Nurem­berg, el Ket­ten­steg.

Calle Weißgerbergasse Nuremberg
Calle Weißger­ber­gasse

Lleg­amos a Jakob­splatz para admi­rar la Torre Blan­ca, la Weißer Turm, que aho­ra ya no es blan­ca pero a cam­bio se ha con­ver­tido en una de las entradas al metro más orig­i­nales de Ale­ma­nia. A sus pies se encuen­tra esta curiosa escul­tura, la Ehekarus­sell (Car­rusel del Mat­ri­mo­nio), en el que se ridi­culizan las penal­i­dades aso­ci­adas al amor. A mí me pare­ció gra­ciosísi­ma.

Ehekarussell Nuremberg

A nosotros, ya lo sabéis, una de las cosas que más nos gus­ta a la hora de via­jar es dis­fru­tar de la gas­tronomía local. Así que hemos de recomen­daros con espe­cial insis­ten­cia un estu­pen­do restau­rante que encon­tramos, alemán de pura cepa, con una dec­o­ración pre­ciosa y un menú aún mejor. Es el restau­rante Alte Kuch’n , os ani­mamos a que echéis un ojo a su web porque ahí com­pren­deréis mejor lo encan­ta­dor que es.

Ibamos en bus­ca del pla­to más típi­co de Nurem­berg, las bratwurst. Y es que aunque las salchichas son muy comunes en cualquier lugar de Ale­ma­nia, en la zona de Fran­co­nia es el pla­to que jamás puede fal­tar en la mesa. Las bratwurst de Nurem­berg tienen un ori­gen antiquísi­mo (más de 600 años) y una par­tic­u­lar­i­dad que las difer­en­cia de otras var­iedades: son muy pequeñas (la leyen­da cuen­ta que se hicieron así de minús­cu­las para que cupier­an por las cer­raduras y así servir­las a los clientes que salían a la calle después del toque de que­da). Se pueden preparar asadas o a la par­ril­la y las pre­senta­ciones son de lo más vari­adas, des­de tres de ellas envueltas en un rol­lo (lo que se conoce como Drei im Weg­gla), con chu­crut, con ensal­a­da de pata­ta, en pan con mostaza… Debido a que en el medie­vo Nurem­berg era una ciu­dad que vivía del com­er­cio y era habit­u­al que lle­garan muchas espe­cias de Ori­ente, se ha man­tenido la tradi­ción de elab­o­rar­las espe­ci­adas. Se cree que al año se con­sumen más de 800 mil­lones de estas sabrosísi­mas salchichas. Las bratwurst las acom­pañamos con otro de los platos que se les da mejor a los ger­manos, el codil­lo, y ya de paso probamos la thüringer klobe, un tipo de pata­ta muy común en Ale­ma­nia que se sirve rel­lena de picatostes.

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Y sí, si por algo es cono­ci­da Nurem­berg en el mun­do entero es por los céle­bres juicios a los crim­i­nales de guer­ra del par­tido nazi. Aunque en su momen­to pareciera que estos juicios no tuvieron demasi­a­da reper­cusión, a par­tir de los años 90 fue cuan­do se comen­zó a dar­les la impor­tan­cia que real­mente se merecían. Y es que has­ta después de la Segun­da Guer­ra Mundi­al, los crim­i­nales de guer­ra habían sali­do impunes tras haber deja­do tras de sí miles de cadáveres (más o menos lo que ocur­rió en España cuan­do se der­rum­bó el fran­quis­mo, que a muchos asesinos no sólo no les metieron en la cár­cel sino que como rec­om­pen­sa les regalaron puestos políti­cos del más alto niv­el ¿os imag­ináis a los antigu­os cama­radas de Hitler ocu­pan­do carteras min­is­te­ri­ales? Yo no). Fue la primera vez en la His­to­ria que se juz­ga­ban ofi­cial­mente crímenes con­tra la Humanidad. Des­gra­ci­ada­mente, no sería la últi­ma pero esto sen­tó un prece­dente impor­tan­tísi­mo para la comu­nidad inter­na­cional.

El Pala­cio de Jus­ti­cia, el lugar donde se lle­varon a cabo dichos juicios, se encuen­tra algo ale­ja­do del cen­tro pero nosotros decidi­mos ir dan­do un paseo pese a que esta­ba comen­zan­do a nevar. En mi opinión es una visi­ta impre­scindible para enten­der las penurias que ha pasa­do Nurem­berg, una de las ciu­dades donde el ejérci­to nazi se sen­tía a sus anchas y donde se plan­tó la semi­l­la anti­semi­ta al estable­cerse aquí unas leyes total­mente inau­di­tas (y clara­mente racis­tas). Estas argu­menta­ban que la ciu­dadanía ale­m­ana se basa­ba en la pureza de la san­gre (la exaltación de la raza aria) y obvi­a­mente los judíos no entra­ban en ese grupo: a par­tir de entonces, se pro­hibían las rela­ciones sex­u­ales y los mat­ri­mo­nios entre judíos y ale­manes (una con­tradic­ción ya que esos mis­mos judíos, efec­ti­va­mente, eran ale­manes), la imposi­bil­i­dad de ocu­par car­gos públi­cos o ejercer cier­tas pro­fe­siones, pro­hibi­ción de con­tratar ser­vi­cio domés­ti­co alemán y lo más impor­tante: arrebataron a los judíos su nacional­i­dad ale­m­ana sin ningún tipo de expli­cación. Esto les con­vertía automáti­ca­mente en inmi­grantes ile­gales a los que se les podía expropi­ar sus bienes y enviar­les después a cam­pos de con­cen­tración.

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La entra­da al Pala­cio de Jus­ti­cia cues­ta 6 euros. La visi­ta bien te puede lle­var una mañana entera ya que por medio de la audio­guía te van expli­can­do con metic­u­losi­dad extrema cuáles fueron los antecedentes del juicio y cómo se desar­rol­ló este mis­mo. Se eligió como sede Nurem­berg ya que Berlín esta­ba total­mente destroza­da tras años de com­bat­es con­tin­u­os (aunque no creáis que Nurem­berg había sali­do mucho mejor para­da, los bom­bardeos que sufrieron entre 1943 y 1945 prac­ti­ca­mente la redu­jeron a cenizas). En cualquier caso, Nurem­berg cumplía inmejorable­mente su fun­ción de “ciu­dad ejem­plar­izante” ya que aquí aún existe a las afueras el Luit­pold­hain, donde se cele­bró el primer con­gre­so nazi en 1927, se realizaron algu­nas de las jun­tas más impor­tantes del par­tido y se redac­taron las leyes anti­semi­tas (en esta zona se encuen­tra tam­bién lo que se conocía como el Gran Camino, donde se supone que iba a des­fi­lar el ejérci­to nazi, aunque final­mente nun­ca lo hizo).  Los juicios estu­vieron dirigi­dos por un tri­bunal mil­i­tar inter­na­cional y tra­duci­dos a cua­tro idiomas (alemán, inglés, francés y ruso). En la tris­te­mente famosa sala 600 se llevó a cabo todo el pro­ce­so.

Muchos de los diri­gentes nazis se habían sui­ci­da­do antes del fin de la guer­ra, adiv­inan­do una der­ro­ta con­tun­dente y que traería con­si­go fuertes repre­salias. Min­istros, direc­tores de per­iódi­cos, coman­dantes, mariscales y gen­erales, per­son­ajes tan rel­e­vantes den­tro de la maquinar­ia de Esta­do como Her­mann Göring o Rudolf Hess se senta­ban por fin en el ban­quil­lo de los acu­sa­dos. Los fis­cales rusos con­sigu­ieron que los car­gos no se lim­i­taran a los crímenes con­tra los judíos ya que a muchos parece olvidárse­les (a los israeli­tas los primeros) que no fue el úni­co colec­ti­vo masacra­do por los nazis: minorías como los gitanos, los homo­sex­u­ales o los eslavos fueron tam­bién persegui­dos y asesina­dos.

El 1 de Octubre de 1946 se emi­tieron las sen­ten­cias, que iban des­de el inter­namien­to en prisión durante var­ios años a la cade­na per­pet­ua y la pena de muerte por ahor­camien­to. Algún con­de­na­do se sui­cidó antes, como Her­mann Göring, quien se enve­nenó con cia­nuro sólo dos horas antes de su eje­cu­ción. Los otros diez con­de­na­dos a muerte fueron ahor­ca­dos en sólo dos horas, se fotografió sus cuer­pos para dejar con­stan­cia de su muerte ante la opinión públi­ca y pos­te­ri­or­mente fueron incin­er­a­dos y sus cenizas se tiraron al río.


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2 Comments

  1. Hola!,Como siem­pre buenísi­mos tus post, hace años que hemos ido a Berlin pero después de leerte me muero de ganas de volver y Nurem­berg es una de nues­tras ciu­dades de mer­cadil­los navideños pen­di­ente, guar­do tu rela­to y todos tus con­se­jos para las próx­i­mas Navi­dades, este año acabamos de volver de Varso­via. Muchas gra­cias por tan buenos relatos. Salu­dos

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

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    Gra­cias por tus pal­abras! Ale­ma­nia es un país estu­pen­do al que lle­va­mos muchos años via­jan­do y era de reci­bo dedicar a Berlín un artícu­lo que explo­rara rin­cones difer­entes, me ale­gro que te sir­va. Espero que hayáis regre­sa­do con­tentos de Polo­nia, otro país que nos mar­avil­ló. ¡Un abra­zo!

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