Nuremberg

 

Nuremberg era de esas ciudades que siempre había tenido bien alta en mi lista de futuros destinos viajeros pero que por unos motivos o por otros no había tenido aún la ocasión de visitar. Todo ello pese a que he viajado varias veces a Alemania, un país que, debo reconocerlo, me fascina: desde que lo pisé por primera vez hace casi veinte años, me enamoré totalmente de él. Su patrimonio histórico no parece acabarse nunca y cuenta además con dos grandes ventajas a tener en cuenta. Una, que pese a que los sueldos germanos son bastante más altos que los nuestros, Alemania sigue pareciéndome un país de lo más asequible para viajar (en algunos aspectos hasta lo encuentro más barato que España). Otra, que al tener varias ciudades alemanas conectadas por vuelo directo con Madrid, se convierte en una opción a tener muy en cuenta para plantearse escapadas largas de fin de semana.

Hay gente a la que le da pereza viajar a Alemania durante los meses de invierno por el tema del frío pero lo cierto es que es algo que a mí nunca me ha tirado para atrás. Me gusta ir a Alemania en invierno porque apenas hay turistas y se disfruta de las ciudades de otra manera. Es verdad que suele hacer mucho frío (en esta ocasión hasta nos cayeron unos cuantos copos de nieve) pero no es nada que no pueda solucionar un buen plumas, un gorro y unos guantes. A mí el frío me motiva bastante más que el calor y en absoluto me impide darme unas caminatas intensas: sólo os doy el dato de que uno de los días nos hicimos 16 kilómetros pateando la ciudad. El transporte público sólo lo utilizamos para ir y venir del aeropuerto.

Hablando del aeropuerto, el de Nuremberg está muy bien comunicado con la ciudad. Es pequeño y el metro (3,60 euros el trayecto) te deja en apenas quince minutos en el centro histórico. Nosotros esta vez viajábamos con una pareja amiga nuestra que ya había estado en Nuremberg visitando los mercadillos de Navidad pero como fue un viaje express, se apuntaron al viaje para disfrutar de la ciudad con más tranquilidad. Para el alojamiento, tiramos de la cadena Ibis, una de nuestras favoritas en los viajes ya que las habitaciones son prácticas, suelen estar céntricos y gozan de buenos precios. En Nuremberg hay varios Ibis: nosotros elegimos el Ibis Nürnberg City am Plärrer, justo a la entrada de las murallas. 62 euros por habitación / noche.

Murallas Nuremberg

Pese a que después de Munich, Nuremberg es la segunda ciudad más grande de Baviera, en la práctica es una ciudad ideal para una escapada de tres días, ya que practicamente todo lo más importante a nivel histórico y cultural se concentra en el centro histórico, por ello lo que os comentaba antes, lo de alojaros en el centro. Aunque el metro funciona bastante bien, se puede cubrir perfectamente el casco antiguo andando y de hecho buena parte de este está peatonalizado.

Antes de meteros en el centro, os aconsejo que os deis un paseo por la amplia avenida Frauentorgraben, que corre paralela a las murallas. Nosotros como la teníamos al lado del hotel, fue lo primero que nos acercamos a hacer. De esta manera, podrás admirar desde fuera el larguísimo perímetro de las murallas, que se va hasta los cinco kilómetros y cuenta en su haber con casi un centenar de torres y cuatro grandes entradas, orientada cada una a un punto cardinal. Un foso (el graben, de ahí el nombre de la calle) separa las murallas defensivas de las aceras, por donde es habitual ver a muchos ciudadanos yendo al trabajo en bicicleta.

Nuremberg

A lo largo de esta avenida y sus alrededores nos encontramos con uno de los hoteles más importantes de Nuremberg, el Deutscher Hof, el preferido de Hitler cuando visitaba la ciudad: en dichas ocasiones, la fachada se llenaba de esvásticas y bajo la ventana de su habitación se colgaba el rótulo “Heil Hitler”. Justo al lado tenemos el Opernhaus, uno de los teatros más importantes de Alemania, con un aforo de un millar de espectadores. Un poco más adelante se encuentra el imponente edificio de la estación central de trenes, un punto clave a anotar en tu agenda si quieres moverte a otras ciudades: el servicio de trenes en Alemania merece mucho la pena, con trayectos eficientes y a buen precio.

Estación de trenes de Nuremberg
Estación de trenes de Nuremberg

El primer día que cruzamos las murallas, lo primero que nos encontramos (y creednos que nos sorprendió) fue un Barrio Rojo como el de Amsterdam, con luces de neón y prostitutas exhibiéndose tras los escaparates. Desde hace 15 años, en Alemania es legal la prostitución; esto en un principio pudiera parecer una mayor protección sobre las mujeres que se dedican a esta “profesión”. Pero en la práctica, la mayoría de estas chicas no están allí por elección propia sino que son esclavas sexuales, muchas de ellas de Europa del Este. Me recordaba a lo que había visto en mis dos viajes a Hamburgo en el barrio de St. Pauli, donde miles de prostitutas abarrotan las calles. Parece mentira que un país tan civilizado como Alemania, que siempre pretende ser un ejemplo de rectitud, sin embargo fomente este tipo de prácticas. El ambiente en estos callejones, incluso a plena luz del día, era bastante sórdido, reflejo de una sociedad que en el tema del proxenetismo parece no haber avanzado un centímetro desde el medievo.

La visita del centro histórico podemos comenzarla en la parte alta de la ciudad, donde se encuentra el castillo, el Kaiserburg. Es sin dudarlo el gran símbolo de Nuremberg pero también una de las fortalezas medievales más importantes de Alemania. Y eso que en la antigüedad era aún mucho mayor que en la actualidad. En una época en que los emperadores, de la familia de los Hohenstaufen, se pasaban la vida viajando, necesitaban tener repartidas residencias por todo el país y el Kaiserburg era una de ellas. En su ausencia gobernaba en la ciudad el burgrave: en el Sacro Imperio Germánico hubo cuatro burgraviatos, siendo el más importante el de Nuremberg. La ciudad era tan importante a principios del siglo XIII que era considerada en la práctica capital no oficial del imperio y era aquí donde los reyes recién ascendidos al trono celebraban su primera asamblea.

Castillo Nuremberg

En el castillo destacan la capilla doble y la torre, aunque hay que matizar que la mayor parte del complejo se destruyó en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y los restauradores germanos se las han visto y deseado para reconstruir el castillo. Entre estas estancias remodeladas destaca el hall, donde se celebraban las fiestas y banquetes, o los aposentos del emperador. Dentro del castillo también hay espacio para un museo donde se exhiben principalmente armas; en el exterior aún se conservan algunos jardines, lamentablemente algunos menos que los que existían hace siglos.

En los alrededores del castillo imperial nos encontramos con una curiosa escultura, Der Hase (La Liebre) del artista Jürgen Goertz y que pese a que ha sido descrita como “una de las más horribles muestras de arte urbano”, a mí me encantó ¡es de lo más siniestra!

Der Hase Nuremberg

Bajando desde el castillo, nos queda a la derecha la iglesia de Saint Sebaldus, en homenaje al patrón de Nuremberg, cuyos huesos descansan aquí. En la plaza aledaña se encuentran algunas de las residencias más antiguas de Nuremberg, como la casa parroquial o la Schürstabhaus, y la estatua de Alberto Durero. El famoso pintor, el hijo predilecto de Nuremberg, ha visto convertida su casa en un museo de su obra.

Saint Sebaldus Church Nuremberg

Justo a su espalda se encuentra el magnífico ayuntamiento, el Rathaus, uno de los más grandes de Europa y que data del siglo XIV, aunque tardó nada menos que tres siglos en estar acabado. Las posteriores ampliaciones del edificio dejaron claras las influencias del Renacimiento italiano, asemejándolo a un palacio.  En los sótanos aún permanecen las antiguas celdas de la prisión y una sala de torturas.

Rathaus Nuremberg

La plaza de Hauptmarkt es uno de los rincones con más ambiente de Nuremberg. Pese al frío que hacía, eran muchos los paseantes que se acercaban a los múltiples puestos de fruta, verduras, chocolate y quesos que aquí se agrupan en el Wochenmarkt. Muchos de ellos iban buscando uno de los productos más típicos de Nuremberg, el lebkuchen (pan de jengibre).

En Navidad, aprovechando su condición peatonal, se celebra aquí uno de los mercados más coloridos del país (ya sabéis que los mercados navideños alemanes están considerados los más bonitos del mundo), el Nuremberg Christkindlesmarkt, y también de los más multitudinarios: 180 puestos, todos con sus toldos blancos y rojos, y dos millones de visitantes anuales. El viernes anterior al domingo de Adviento, a las cinco y media de la tarde, el Christmas Angel declara inaugurado oficialmente el mercado navideño, un evento tan importante que hasta lo retransmite la televisión nacional.

El mejor souvenir que puedes adquirir en dichas fechas son los Zwetschgenmännle, unas figuritas de ciruelas pasas (¡pero no son comestibles!). Este no es el único mercadillo navideño de Nuremberg; un poco más al norte, en la Rathausplatz, se celebra otro, el Christmas Market of Sister Cities, dedicado a algunas ciudades hermanadas con Nuremberg como Praga, Niza, Cracovia o Glasgow, y donde podrás comprar souvenirs de diferentes partes del mundo.

Como véis, la Hauptmark siempre ha estado ligado al comercio ya que acogía en la antigüedad al mercado local, aunque también ha vivido momentos históricos importantísimos, como los mítines de los nazis (a principios de los años 30 su nombre se cambió por el de Adolf Hitler Platz) o el desfile del ejército americano celebrando la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, al ser la mayor plaza de la ciudad y corazón de Nuremberg, también es sede de numerosas festividades.

Hauptmarkt Nuremberg

En Hauptmarkt podemos ver una de las fuentes más originales de Alemania, la Schöner Brunnen (Fuente Bonita): cuenta la leyenda que si la rodeas tres veces y pides un deseo, este se cumple. 19 metros de altura y cuarenta figuras que representan a las artes liberales y los cuatro evangelistas.

Schöner Brunnen Nuremberg

La Frauenkirche, la Iglesia de Nuestra Señora de Nuremberg, es otra de las más bonitas de la ciudad; lo cierto es que nos sorprendió muchísimo las extraordinarias iglesias que se pueden encontrar en el casco antiguo. En el interior de esta se encuentra el altar Tucher de 1440. Su elemento exterior más característico es el Mannleilaufen, el reloj que todos los días a las 12 en punto muestra una figura del emperador rodeado por siete electores.

Frauenkirche Nuremberg

Como de iglesias va el tema, nos vamos a la de San Lorenzo, probablemente la que más me gustó de todas. Es la mayor y más importante de Nuremberg y aunque quedó seriamente dañada tras la Segunda Guerra Mundial, se restauró y los oficios se reanudaron en el año 1952. Es habitual que en su interior se realicen conciertos de música sacra gracias a su órgano, uno de los más grandes de Europa.

Iglesia San Lorenzo Nuremberg

Uno de los rincones más encantadores de Nuremberg es el Handwerkerhof o Patio de los Artesanos, un pequeñísimo mini-barrio que se creó en 1971 para recordar esos lejanos tiempos del medievo en que los artesanos daban forma al cristal con la ayuda del aire que expulsaban de sus pulmones y se podía escuchar al herrero forjando sus piezas a golpe de martillo. El antiguo patio de armas se reformó, creando vistosas casas de madera entramada, exactamente iguales a las que existían en los alrededores hace quinientos años. Hoy esta imitación de pueblo germano antiguo es uno de los lugares preferidos de locales y turistas, a los que gusta pasear entre las pequeñas tiendas de artesanía o descansar un rato mientras degustan una copa de vino.

Casco antiguo Nuremberg

Podemos ir desde allí hasta la Straße der Menschenrechte, la Calle de los Derechos Humanos, donde una veintena de columnas blancas nos recuerdan en diferentes idiomas los artículos de la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que tantos países se saltan a la torera. Por dicho motivo, esta calle se ha convertido en punto de encuentro cuando se organiza cualquier tipo de concentración que exija reivindicaciones sociales.

En esta misma calle podemos visitar el Germanisches Nationalmuseum , un museo situado en un antiguo monasterio que reúne multitud de piezas (más de un millón) de la historia de Alemania. Cerca se encuentran las iglesias de Santa Clara y la de Santa Marta; curiosamente, esta última en el siglo XVI fue usada como teatro. Un poco más adelante se encuentra la Casa de Aduanas, uno de los edificios más bonitos de Nuremberg y que en la antigüedad era el granero principal de la ciudad. Ahora acoge uno de los restaurantes medievales más típicos de Franconia.

Casa de las Aduanas Nuremberg

Otra de las cosas más bonitas de Nuremberg es la cantidad de preciosos puentes, antiquísimos, que cruzan los canales que va formando el río Pegnitz (que curiosamente inundó la ciudad a principios del siglo XX). Uno de los más bonitos es el Puente del Verdugo, el Henkersteg. Se construyó en el año 1457 y su nombre responde al hecho de que como otras muchas ciudades, Nuremberg tenía su verdugo oficial (así de convulsos eran aquellos tiempos) y este vivía en una torre cercana. Su trabajo era considerado deshonesto, por lo que la mayoría de los habitantes evitaban relacionarse con él, exponiéndose a que les expulsaran de la comunidad cristiana. El verdugo más famoso fue Franz Schmidt, quien cargó en su conciencia con la muerte de más de 300 personas.

Puente del Verdugo Nuremberg

El Spitalbrücke se construyó en el mismo año que el Puente del Verdugo y enlazaba con el antiguo cementerio. Se encuentra cerca del Heilig-Geist-Spital, uno de los edificios más característicos de Nuremberg (y también de los más antiguos). Durante muchos años funcionó como hospicio, hospital y asilo para indigentes, por lo que como veis su función era fundamentalmente social. Hoy en día, esta preciosa construcción sobre la isla Schütt se ha convertido en una de las estampas más reconocibles de Nuremberg.

Nuremberg

Una de las calles que mejor ha sabido conservar el ambiente medieval de antaño es Weißgerbergasse , uno de los excepcionales rincones de Nuremberg que no quedó destruido tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, una auténtica rareza dentro de la ciudad. Esta calle empinada conserva una veintena de casas preciosas, con sus llamativas fachadas de madera entramada donde antiguamente residían los curtidores nuremburgueses. Cerca se encuentra otro de los puentes más bonitos de Nuremberg, el Kettensteg.

Calle Weißgerbergasse Nuremberg
Calle Weißgerbergasse

Llegamos a Jakobsplatz para admirar la Torre Blanca, la Weißer Turm, que ahora ya no es blanca pero a cambio se ha convertido en una de las entradas al metro más originales de Alemania. A sus pies se encuentra esta curiosa escultura, la Ehekarussell (Carrusel del Matrimonio), en el que se ridiculizan las penalidades asociadas al amor. A mí me pareció graciosísima.

Ehekarussell Nuremberg

A nosotros, ya lo sabéis, una de las cosas que más nos gusta a la hora de viajar es disfrutar de la gastronomía local. Así que hemos de recomendaros con especial insistencia un estupendo restaurante que encontramos, alemán de pura cepa, con una decoración preciosa y un menú aún mejor. Es el restaurante Alte Kuch’n , os animamos a que echéis un ojo a su web porque ahí comprenderéis mejor lo encantador que es.

Ibamos en busca del plato más típico de Nuremberg, las bratwurst. Y es que aunque las salchichas son muy comunes en cualquier lugar de Alemania, en la zona de Franconia es el plato que jamás puede faltar en la mesa. Las bratwurst de Nuremberg tienen un origen antiquísimo (más de 600 años) y una particularidad que las diferencia de otras variedades: son muy pequeñas (la leyenda cuenta que se hicieron así de minúsculas para que cupieran por las cerraduras y así servirlas a los clientes que salían a la calle después del toque de queda). Se pueden preparar asadas o a la parrilla y las presentaciones son de lo más variadas, desde tres de ellas envueltas en un rollo (lo que se conoce como Drei im Weggla), con chucrut, con ensalada de patata, en pan con mostaza… Debido a que en el medievo Nuremberg era una ciudad que vivía del comercio y era habitual que llegaran muchas especias de Oriente, se ha mantenido la tradición de elaborarlas especiadas. Se cree que al año se consumen más de 800 millones de estas sabrosísimas salchichas. Las bratwurst las acompañamos con otro de los platos que se les da mejor a los germanos, el codillo, y ya de paso probamos la thüringer klobe, un tipo de patata muy común en Alemania que se sirve rellena de picatostes.

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Y sí, si por algo es conocida Nuremberg en el mundo entero es por los célebres juicios a los criminales de guerra del partido nazi. Aunque en su momento pareciera que estos juicios no tuvieron demasiada repercusión, a partir de los años 90 fue cuando se comenzó a darles la importancia que realmente se merecían. Y es que hasta después de la Segunda Guerra Mundial, los criminales de guerra habían salido impunes tras haber dejado tras de sí miles de cadáveres (más o menos lo que ocurrió en España cuando se derrumbó el franquismo, que a muchos asesinos no sólo no les metieron en la cárcel sino que como recompensa les regalaron puestos políticos del más alto nivel ¿os imagináis a los antiguos camaradas de Hitler ocupando carteras ministeriales? Yo no). Fue la primera vez en la Historia que se juzgaban oficialmente crímenes contra la Humanidad. Desgraciadamente, no sería la última pero esto sentó un precedente importantísimo para la comunidad internacional.

El Palacio de Justicia, el lugar donde se llevaron a cabo dichos juicios, se encuentra algo alejado del centro pero nosotros decidimos ir dando un paseo pese a que estaba comenzando a nevar. En mi opinión es una visita imprescindible para entender las penurias que ha pasado Nuremberg, una de las ciudades donde el ejército nazi se sentía a sus anchas y donde se plantó la semilla antisemita al establecerse aquí unas leyes totalmente inauditas (y claramente racistas). Estas argumentaban que la ciudadanía alemana se basaba en la pureza de la sangre (la exaltación de la raza aria) y obviamente los judíos no entraban en ese grupo: a partir de entonces, se prohibían las relaciones sexuales y los matrimonios entre judíos y alemanes (una contradicción ya que esos mismos judíos, efectivamente, eran alemanes), la imposibilidad de ocupar cargos públicos o ejercer ciertas profesiones, prohibición de contratar servicio doméstico alemán y lo más importante: arrebataron a los judíos su nacionalidad alemana sin ningún tipo de explicación. Esto les convertía automáticamente en inmigrantes ilegales a los que se les podía expropiar sus bienes y enviarles después a campos de concentración.

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La entrada al Palacio de Justicia cuesta 6 euros. La visita bien te puede llevar una mañana entera ya que por medio de la audioguía te van explicando con meticulosidad extrema cuáles fueron los antecedentes del juicio y cómo se desarrolló este mismo. Se eligió como sede Nuremberg ya que Berlín estaba totalmente destrozada tras años de combates continuos (aunque no creáis que Nuremberg había salido mucho mejor parada, los bombardeos que sufrieron entre 1943 y 1945 practicamente la redujeron a cenizas). En cualquier caso, Nuremberg cumplía inmejorablemente su función de “ciudad ejemplarizante” ya que aquí aún existe a las afueras el Luitpoldhain, donde se celebró el primer congreso nazi en 1927, se realizaron algunas de las juntas más importantes del partido y se redactaron las leyes antisemitas (en esta zona se encuentra también lo que se conocía como el Gran Camino, donde se supone que iba a desfilar el ejército nazi, aunque finalmente nunca lo hizo).  Los juicios estuvieron dirigidos por un tribunal militar internacional y traducidos a cuatro idiomas (alemán, inglés, francés y ruso). En la tristemente famosa sala 600 se llevó a cabo todo el proceso.

Muchos de los dirigentes nazis se habían suicidado antes del fin de la guerra, adivinando una derrota contundente y que traería consigo fuertes represalias. Ministros, directores de periódicos, comandantes, mariscales y generales, personajes tan relevantes dentro de la maquinaria de Estado como Hermann Göring o Rudolf Hess se sentaban por fin en el banquillo de los acusados. Los fiscales rusos consiguieron que los cargos no se limitaran a los crímenes contra los judíos ya que a muchos parece olvidárseles (a los israelitas los primeros) que no fue el único colectivo masacrado por los nazis: minorías como los gitanos, los homosexuales o los eslavos fueron también perseguidos y asesinados.

El 1 de Octubre de 1946 se emitieron las sentencias, que iban desde el internamiento en prisión durante varios años a la cadena perpetua y la pena de muerte por ahorcamiento. Algún condenado se suicidó antes, como Hermann Göring, quien se envenenó con cianuro sólo dos horas antes de su ejecución. Los otros diez condenados a muerte fueron ahorcados en sólo dos horas, se fotografió sus cuerpos para dejar constancia de su muerte ante la opinión pública y posteriormente fueron incinerados y sus cenizas se tiraron al río.

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