Viaje a Transilvania, tierra de leyendas y vampiros

Esta va a ser una de las muchas veces que un blog se me quede cor­to para expre­sar todas las buenísi­mas sen­sa­ciones que nos hemos trai­do de nue­stro via­je por la Tran­sil­va­nia rumana.Un país que si nos ha enam­ora­do por algo,ha sido sobre todo por la hos­pi­tal­i­dad de sus gentes, per­sonas humildes siem­pre dis­pues­tas a ayu­dar desin­tere­sada­mente al viajero,siempre con una sonrisa,y que son el vivo ejem­p­lo de por qué los pre­juicios son tan mal­os, por qué aún mucha gente en España tiene la idea equiv­o­ca­da de que en Rumanía hay mucha delincuencia,se res­pi­ra inse­guri­dad o sus habi­tantes son huraños y hostiles.Nada más lejos de la realidad.Espero que este blog no sólo sea un últi­mo empu­jonci­to para los que aún no se deciden,sino tam­bién un lava­do de ima­gen de un país que nos ha pare­ci­do fasci­nante.

Éste era un via­je que llev­a­ba años que­rien­do hac­er y no sólo por el peso que ha tenido en la lit­er­atu­ra el mito de “Drac­u­la” de Bram Stoker,quien pese a que curiosa­mente jamás pìsó Rumanía,inspiró la nov­ela en el per­son­aje real de Vlad Tepes.Eso casi se con­vierte en anéc­do­ta en un lugar como Tran­sil­va­nia, ubi­ca­da en una de las zonas calientes europeas,entre el Impe­rio Católi­co y el Impe­rio Otomano,ocupada por sajones, vala­cos, hún­garos y tan­tos otros.Viajar a Tran­sil­va­nia es via­jar a la His­to­ria más antiquísi­ma del ya de por sí viejo con­ti­nente europeo.

Vamos con unos cuan­tos datos prácticos.Hay una com­pañía hún­gara de bajo coste, Wizz Air,que des­de Madrid te lle­va a dos aerop­uer­tos de Transilvania:Cluj Napoca o Tar­gu Mures.Nosotros no cogi­mos los vue­los directos,sino que nos fuimos con Ryanair a Budapest (95 euros ida y vuelta) para así pasar unos días en la cap­i­tal húngara,por lo que lo que hici­mos fue volar con la propia Wizz Air des­de Budapest a Tran­sil­va­nia (50 euros ida y vuelta).Esta opción tam­bién se puede hac­er en tren des­de Budapest pero son como unas catorce horas por trayec­to y se nos quitaron las ganas sabi­en­do que ya den­tro de la propia Tran­sil­va­nia íbamos a estar todos los días pateando.Existía la opción de alquilar coche pero las car­reteras rumanas están en muy mal estado,son como las peo­res regionales de aquí,y enci­ma la gente con­duce que da pavor.Asi que prefe­r­i­mos optar por el trans­porte públi­co de un sitio a otro,que aparte de muy barato,nos per­mitía mezclarnos aún más con los rumanos.Y la ver­dad que después de la experiencia,no lo cam­bio por ten­er coche,aunque ello nos haya oblig­a­do a perder­nos un par de cosas que queríamos ver (Pala­cio de Peles y las igle­sias for­ti­fi­cadas de Biertan),ya que allí el trans­porte públi­co es un poco el cachon­deo padre y no te puedes fiar de los horar­ios pero a cam­bio nos ha dado una visión mucho más cer­cana de cómo vive y se mueve el rumano de a pie.

Ya que cito a los de Wizz Air…pues algu­nas cosas bue­nas y otras malas.Las buenas,que pese a ser una com­pañía de bajo coste,le dan mil vueltas a Ryanair,los aviones son más nuevos y no te oblig­an a cutr­erías “ray­ni­an­eras” como ten­er que meter has­ta el bol­so en el equipa­je de mano,los muy agonías.Lo malo…pues la primera vez que me pasa algo pare­ci­do y he via­ja­do con com­pañías de todo tipo.Pero teníamos com­pra­do el vue­lo a Tar­gu Mures,ya que nue­stro primer des­ti­no sería Sighisoara,que está a sólo hora y pico por carretera.Pues como sólo una sem­ana antes,me avisan que no es que se cam­bie el horario,no,que has­ta cier­to pun­to lo habría entendido.Es que directamente…¡nos cam­bian de aerop­uer­to y nos man­dan a Cluj Napoca! (al menos la vuelta se man­tenía des­de Tar­gu Mures). Y teníamos dos opciones:o aguan­tarnos con el cam­bio o devolver­nos el dinero,pero como comprenderéis,a nosotros el dinero no nos servía de mucho en esa situación,en tem­po­ra­da alta aún (primeros de Sep­tiem­bre) y sin la posi­bil­i­dad de encon­trar vue­los a ese precio.Por lo tanto,ello nos suponía hac­er el trayec­to Cluj Napoca-Tar­gu Mures en fur­gone­ta (unas tres horas y media) y luego des­de allí hora y media a Sighisoara.Menos mal que a las 13,00 ater­rizábamos en Cluj Napoca pero aún así vaya caos.

El trayec­to en fur­gone­ta a Tar­gu Mures súper barato,cinco euros por cabeza.Al principio,íbamos “normal”,unos ocho pasajeros todos sentados.Pero a los diez min­u­tos el con­duc­tor empezó a realizar paradas y sub­ían y baja­ban rumanos cada dos por tres, via­jan­do de pie,todos allí apretadísimos.Mi chico y yo estábamos alu­ci­nan­do pero ya estábamos pre­venidos de cómo era el “trans­porte públi­co” rumano.A mitad de camino nos hicieron una para­da en un pueblo per­di­do en medio de la nada:un café y un té con leche,1,50 euros las dos cosas.Rumanía es baratísi­mo en com­para­ción con España.Nosotros en 8 días nos hemos gas­ta­do como unos 200 euros por persona,comidas,transportes y entradas incluí­dos (por pon­er un ejemplo,el trayec­to medio en taxi en las ciu­dades nos costa­ba como entre uno y dos euros).A todo esto,el trayec­to por carretera,un show:ovejas, car­ro­matos, coches suicidas.Todo muy ameno!!;) Eso sí,con imá­genes tan boni­tas como esta.La Rumanía rur­al es una autén­ti­ca pre­ciosi­dad.

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En Tar­gu Mures hici­mos el cam­bio de una fur­gone­ta a otra (pre­cio del trayec­to, 2,50 euros por persona).La ver­dad que este últi­mo tramo por car­retera fue súper bonito,con col­i­nas verdísi­mas y casas dis­em­i­nadas por los valles.De vez en cuan­do cruzábamos aldeas donde sus habi­tantes vendían miles de artícu­los retro en la linde de la carretera,mientras las gal­li­nas vaga­ban a sus anchas.

Cuan­do lleg­amos a Sighisoara,nos volvi­mos un poco locos dan­do vueltas bus­can­do nues­tra pen­si­unea, la Vila Franka.La con­fusión venía porque la mis­ma pen­sión tiene un restau­rante en lo alto de la mon­taña y allí que nos querían mandar.Pero no,la Vila Fran­ka está en pleno centro,justo a la entra­da de la ciu­dadela y con la pre­ciosísi­ma Torre del Reloj en la retaguardia.Vamos,un esce­nario de película.Por 39 euros la noche,dormimos en una casa pre­ciosa de hace cin­co siglos,con su cama con dosel,un baño enorme y una recep­cionista encan­ta­do­ra que no sólo habla­ba per­fec­ta­mente castellano,nos ayudó mucho con nues­tra visi­ta y nada más lle­gar nos recomendó un restau­rante para cenar,visto que eran casi las ocho de la noche y llevábamos todo el día con la lengua fuera (una media de 35º y las fur­gos pasan­do de pon­er el aire acondi­ciona­do). El restau­rante se lla­ma La Per­la y está a la vuelta de la esquina de la pensiunea.Cenamos en la ter­raci­ta al aire libre;mi chico pidió esto­fa­do de cer­do con polen­ta y yo salchicha sajona con patatas.De postre papanasi (un dulce muy típi­co rumano,es un bol­lo tiernísi­mo que se sirve caliente) y hela­do de melón,de bebi­da una cerveza local (Ursus) y limon­a­da (los rumanos son muy adic­tos a ésta,es basi­ca­mente agua de limón con azú­car pero con ese calor no veais como entra),un capuc­ci­no y un té con leche. El pre­cio de todo,de risa:15 euros.Por cierto,un euro son cua­tro leis;con dividir los pre­cios entre cuatro,ya tenéis hecho el cambio.Y en vez de cam­biar en las casas de cambio,sacad direc­ta­mente de los cajeros,cobran poca comisión y enci­ma te garan­ti­zan el cam­bio más ben­efi­cioso del día.Hay ban­cos y cajeros a porrillo,y por ejem­p­lo los bil­letes de tren los pagué direc­ta­mente en la estación con VISA.

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Sighisoara,si te metes caña,se puede ver per­fec­ta­mente en una mañana pero a nosotros la ver­dad que el pueblo nos parecía tan boni­to que ya antes de ir,decidimos quedarnos un par de noches.Porque si es boni­ta de día,ni os imag­i­nais lo sinies­tra que es de noche,cuando subes a pasear entre las som­bras por la ciudadela,escasamente iluminada.No te extraña que Tran­sil­va­nia se aso­cie siem­pre a los cuen­tos de ter­ror.

Sighisoara tiene el hon­or de ser la mejor con­ser­va­da ciu­dadela medieval aún habita­da de toda Europa,imaginaos la sen­sación que da dormir allí.Además.el pueblo se encuen­tra escon­di­do entre mon­tañas y bosques,lo que le da un ambi­ente mis­te­rioso aún más especial.Pero si quieres ver los monumentos,aprovecha para hac­er­lo por las mañanas y reser­va las noches para los paseos…

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A la ciu­dadela se asciende por unas pre­ciosas escaleras empe­dradas en las que ya empiezan a apare­cer los primeros puestos con temáti­ca “draculesca”.La ver­dad que da un poco de pena ver como han con­ver­tido en un reclamo turís­ti­co car­i­ca­turesco la figu­ra de Vlad Tepes/Dracula, sobre todo porque nosotros,como muchos otros rumanos,consideramos mucho más impor­tante la figu­ra históri­ca que la ficticia.En la casa de Vlad Drac­ul hay un tipo dis­fraza­do de Drac­u­la (con cara de cir­cun­stan­cias el pobre hom­bre) y a las fal­das del castil­lo de Bran se ha con­struí­do un tren de la bruja.Lo peor es que muchos de los tur­is­tas dis­fru­tan de esas ridiculeces.Hasta col­lares de ajos vimos que vendían.Es curioso como la figu­ra más cono­ci­da del país a lo largo de la His­to­ria gen­era tan­tas pasiones a favor y en contra,y es que no sé has­ta qué pun­to la nov­ela de Stok­er ha per­ju­di­ca­do o ben­e­fi­ci­a­do a la figu­ra de Vlad el Empal­ador y lo que él rep­re­sen­ta para los rumanos (la gran may­oría le con­sid­era un heroe nacional al niv­el de aquí el Cid Campeador).

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Pero volvien­do a la ciudadela,que ya lle­gare­mos a Tepes,lo primero que vas a encon­trarte nada más lle­gar es el edi­fi­cio más boni­to de toda la ciudad:la pre­ciosísi­ma Torre del Reloj (o Tur­nul cu Ceas,como la cono­cen los rumanos).Esta mar­avil­la del 1280, de casi 65 met­ros de alto,se puede vis­i­tar por el módi­co pre­cio de dos euros y no sólo merece la pena por el intere­sante Museo de His­to­ria que alber­ga (donde se expo­nen des­de her­ramien­tas pre­históri­c­as a ves­tu­ario y uten­sil­ios de la Edad Media), y el Tor­ture Room Muse­um en la plan­ta baja,también te ofrece las mejores vis­tas de la ciu­dad.

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Jus­to a unos pocos metros,se encuen­tra otro de los lugares más vis­i­ta­dos de Sighisoara: la casa donde supues­ta­mente nació Vlad Tepes (o Vlad Drac­ul) en 1431.Se encuen­tra jus­to en el cen­tro de la boni­ta Pia­ta Cetatii (Plaza Cetatii) y aho­ra está recon­ver­tido en restaurante.Es un trasiego abso­lu­to de gente que entra y sale pero la ver­dad es que fuimos a cenar una noche y aparte de bara­to (unos 10 euros por cabeza un goulash de cer­do, sar­male (un pla­to típi­co de fiestas,son rol­li­tos de col con carne, acom­paña­dos de “mama­li­ga” y “smantana”),dos bebidas y los cafés),es con razón con­sid­er­a­do el mejor restau­rante de todo Sighisoara.Os recomien­do tam­bién que os acerqueis a San Genaro,que es un restau­rante ital­iano donde tam­bién estuvimos,con una ter­raza trasera en un patio real­mente siniestra,para más inri dejan abier­ta la puer­ta a una calle negra negrísima.¡Nos encan­tó!

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En la ciudadela,una de las cosas que más impre­sio­n­an son los cementerios,ya que algunos como éste de aquí arri­ba se encuen­tran a pie de calle.Otros,como el Cemente­rio Alemán,se encuen­tran en lo alto de una col­i­na a la que se asciende por una escalera de 172 escalones bajo un ter­rorí­fi­co túnel de madera.Merece la pena la escalada.Al lado del cemente­rio se encuen­tra la Igle­sia Luter­ana de la Colina,en el pun­to más alto de toda la ciu­dad.

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Esta de aquí aba­jo es la pre­ciosa Torre de los Zapateros,que data de 1682 (se con­struyó en 1522 pero en 1676 sufrió un incen­dio y hubo de ser reconstruida).Precisamente de esta torre viene el lema de la ciu­dad: Nomen Domi­ni, tur­ris for­tis­si­ma, y durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al fue uti­liza­da como almacén de doc­u­men­tos políti­cos.

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Más foti­tos de Sighisoara.La ver­dad que la ciu­dad es espec­tac­u­lar.

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Estat­ua de Vlad Tepes

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Mon­u­men­to a Rómu­lo y Remo (al pare­cer de aqui viene el nom­bre de Rumanía,hay mon­u­men­tos sim­i­lares por todo el país)

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Igle­sia orto­doxa

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De Sighisoara nos iríamos a Brasov,asi que com­pramos bil­letes en la estación (12 euros cada uno),el trayec­to es de unas dos horas y media y atraviesas unos bosques alucinantes.Fue una de las cosas que más me gustó del viaje.Eso sí,el tren sal­ió con casi una hora de retra­so pero como los rumanos no ponían cara rara,dimos por hecho que estos retra­sos eran algo habitual.La estación de Brasov fue el úni­co lugar donde sí se ven bas­tantes pedigüeños pero tam­poco ago­b­ian a nadie,la verdad.Por cierto,los trenes rumanos,viejitos pero bas­tante limpios (a excep­ción de algunos WCs,ejem).Asientos amplios y cómodos,mesitas,cafetería…están chu­lones.

En Brasov habíamos reser­va­do la Pen­sion Ambra por 40 euros cada noche (sin desayuno).Cuarenta met­ros de habitación nada menos,una duplex con dor­mi­to­rio en la buhardil­la y un salón aba­jo enorme. Está un poco ale­ja­da del cen­tro (unos veinte min­u­tos andan­do) pero merece la pena si tienes en cuen­ta que un taxi te cues­ta un euro.

Los restau­rantes que os voy a recomen­dar en Brasov prob­a­ble­mente sean de los más caros de la ciu­dad y aun así sal­imos a trein­ta euros los dos,cuando eso mis­mo en Madrid,en un lugar de igual categoría,nos hubiera costa­do cien­to veinte.Los menús en el Restau­rante Ser­giana fueron goulash, pol­lo rel­leno de setas sil­vestres, tiramisú, tar­ta de que­so dulce,bebidas y cafés.En Casa Romaneas­ca, por el mis­mo precio,aún cen­amos mucho mejor.Dos típi­cas sopas rumanas (lo que ellos lla­man “ciorba”),carpa del Danu­bio espe­ci­a­da y trucha con champiñones,bebidas y cafés.No dejéis de pasar por ambos sitios.

La ver­dad que el cen­tro históri­co de Brasov es real­mente boni­to y está muy bien con­ser­va­do (la Torre Negra esta­ba pre­cisa­mente sien­do restau­ra­da) pero nos decep­cionó un poco ver lo des­cuida­da que está en plan aten­ción turística,teniendo en cuen­ta que no sólo es bas­tante grande (250.000 habi­tantes) sino que enci­ma es el pun­to de entra­da al mon­u­men­to más vis­i­ta­do de todo Rumanía,el castil­lo de Bran.En el cen­tro el pun­to ofi­cial de infor­ma­ción esta­ba cer­ra­do y el pan­el infor­máti­co estropeado,menos mal que vamos con la guía a todos lados.

Quizás una de las cosas más boni­tas de la ciu­dad es que se encuen­tra jus­to a las fal­das de los Montes Cárpatos,a los pies del Monte Tampa.Decir que está enclaustra­da en ple­na nat­u­raleza es poco;esta zona acoge a un ter­cio de los osos europeos y a la mitad de los lobos.De hecho,es habit­u­al que los osos bajen al anochecer a rebus­car en las basuras,malo para ellos,que se acos­tum­bran a depen­der del hom­bre para comer,y para el humano,ya que la pres­en­cia de un oso siem­pre es peli­grosa e inclu­so mataron a un par de per­sonas hace tres o cua­tro años.Como veis,otra freaka­da del ayuntamiento:poner en las mon­tañas el nom­bre de Brasov en plan Hol­ly­wood (tam­bién lo vimos luego en la for­t­aleza Rasnov,que que­da aún peor).En cualquier caso,la Pia­ta Stat­u­lui, pun­to cen­tral abso­lu­to de Brasov,es bas­tante bonita,combinando las ter­razas veran­ie­gas con las casas de época y sus calles aledañas peatonales llenas de tiendas.Brasov es una ciu­dad muy viva,pese a que a las diez de la noche ya se vea muy poca gente por la calle (la noche que fuimos a Casa Romaneas­ca no había ni un alma por la calle,y eso que no eran ni las nueve).

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Des­de Brasov salen miles de via­jeros todos los años para ver el castil­lo de Bran,que fue el que inspiró a Bram Stok­er para “Drac­u­la” pero que curiosa­mente Vlad Tepes jamás pisó.La may­oría van en excur­sión organizada;nosotros nos acer­camos a la Auto­g­a­ra (estación de auto­bus­es) y por un euro y medio,un bus te deja en unos cuarenta min­u­tos en el pueblo de Bran.El via­je es súper bonito,ya que se dis­fru­ta de la inmen­si­dad de los Montes Cárpatos,y la para­da te deja a las mis­mas puer­tas del castillo.En la parte de aba­jo hay un mer­cadil­lo mon­ta­do bas­tante grotesco,con más­caras y demás parafer­na­lia “ter­rorí­fi­ca” pero si rebus­cas entre las ton­terías de Dracula,encontrarás sou­venirs de Vlad Tepes bas­tante chu­los.

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La entra­da al castil­lo cues­ta seis euros.Intenta ir medi­ana­mente pron­to (abren a las 12:00) y así te evi­tas que haya demasi­a­da gente.¡El inte­ri­or es real­mente pre­cioso!

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Otra visi­ta impre­scindible des­de Brasov es la for­t­aleza Rasnov,que se encuen­tra a 18 kms y puedes aprovechar para ver­la a la que vuelves de Bran.

Pia­ta Unirii (Ras­nov)

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La for­t­aleza, del siglo XVII, fue con­stru­i­da por pri­sioneros tur­cos a las ordenes de los Caballeros Teu­tones, a los que prometieron entre­gar la lib­er­tad cuan­do la acabaran (y tar­daron 17 años!) Se encuen­tra en lo alto de esta mon­taño­ta y nosotros elegi­mos para subir el camino de cabras,con escaleras sólo al prin­ci­pio de la subi­da y luego meras barandil­las acopladas a las rocas.La baja­da decidi­mos hac­er­la por la parte asfal­ta­da por donde suben los taxis (y has­ta un trenecito) para no morir deshidratados,que eran las cua­tro de la tarde.

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La for­t­aleza se puede vis­i­tar por den­tro (entra­da 2 euros) y la ver­dad es que es una ciu­dad en miniatura,a nosotros nos gustó mucho.Han usa­do algu­nas de las casas para vender recuer­dos e inclu­so en una había una exposi­ción de fotografías bas­tante intere­sante acer­ca de Rumanía durante la Primera Guer­ra Mundi­al (Rumanía existe como país des­de 1919).

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Y volvíamos a donde empezamos nue­stro perip­lo transilvano,la ciu­dad de Tar­gu Mures (tren de Brasov a Sighisoara, 9 euros cada uno, y fur­gone­ta a Tar­gu Mures). Esta vez teníamos reser­va­da la Pen­sion Tem­po (42 euros con desayuno),la habitación enorme y un restau­rante aba­jo estu­pendísi­mo (dos cior­bas agrias tran­sil­vanas, chule­tas de cerdo,pollo a la paprika,cocktail,té y bebidas 24 euros los dos).La ciu­dad quizás no sea tan espec­tac­u­lar como otras tran­sil­vanas pero el cen­tro es bas­tante bonito,dominado por la Pia­ta Trandafirilor,alargada y pla­ga­da de estat­uas de heroes nacionales,rodeada de igle­sias impre­sio­n­antes.

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Pala­cio de la Cultura,el edi­fi­cio más vis­i­ta­do de Tar­gu Mures

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Has­ta aquí nue­stro via­je por Transilvania,uno de los más boni­tos que hemos hecho nunca.Nos hemos topa­do con una gente excepcional,vapuleados has­ta hace nada por la dic­tadu­ra comu­nista de Ceaus­es­cu e inten­tan­do recu­per­arse de las heridas,hospitalarios al máx­i­mo con el viajero,siempre dis­puestos a echar una mano pese a que la may­oría no cha­purreen ni una pal­abra de inglés.Asi que sólo me que­da decir…¡Multumesc,Romania!


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