Verona

Cuando uno piensa en un lugar como Italia, con uno de los patrimonios artísticos más importantes del mundo (si no el que más, en seria rivalidad con España y Francia), le cuesta decidirse por un destino u otro. Nosotros, que ya llevamos unos cuantos viajes por territorio italiano, damos fe de que cuánto más viajas allí, más te invade la sensación de todo lo que te falta por ver. Se nos acumulan (con mucho gusto, eso sí) los artículos a dedicar a las ciudades italianas que hemos visitado. Pero os aseguramos que pocas nos ha sorprendido tanto como Verona y su bellísimo centro histórico.

Hemos de reconocer que aunque hacía tiempo que teníamos a Verona en el punto de mira, en esta ocasión llegamos a ella casi de casualidad ya que coincidía que se celebraba un festival de música al que íbamos con unos amigos en un pueblo cercano, Villafranca di Verona, a apenas 20 minutos en tren de cercanías. Por este motivo nos quedamos allí a dormir y no en el mismo Verona pero lo cierto es que está tan cerca, que se convierte en una alternativa muy a tener en cuenta. El hotel que elegimos es muy, muy recomendable, nosotros quedamos encantados. Es el Best Western Plus Hotel Expo, un cuatro estrellas estupendo con todo tipo de comodidades y uno de los mejores desayunos buffet que hemos visto nunca. En verano el precio de la doble con desayuno ronda los 120 euros la doble.

Como desde Madrid no teníamos vuelo directo (sí lo hay con aerolíneas como Ryanair o Volotea desde las tres islas de Baleares y Barcelona), decidimos volar a Venecia, una ciudad que nos había enamorado cuando la visitamos hace años y así aprovechar para hacernos un viaje combinado Verona-Venecia. De Venecia ya os hablamos largo y tendido en el artículo de nuestro viaje veneciano (y probablemente le dediquemos alguno más). Creo que la combinación de ambas ciudades es una opción estupenda en un viaje al norte de Italia. Sobre todo si quieres comenzar con una alternativa bastante más tranquila (Verona) antes de atreverte con la sobrexplotada Venecia y sus millones de turistas.

Cerca de Verona tienes varios aeropuertos a cien kilómetros a la redonda, como los de Bolonia, Venecia, Bérgamo y Milán, y a todos ellos vuelan aerolíneas de bajo coste. En nuestro caso el vuelo nos salió ida y vuelta por 120 euros: a la ida con Iberia Express al aeropuerto Marco Polo y al regreso con Ryanair a Treviso (Venecia cuenta con dos aeropuertos).

Verona
Calles de Verona

Si optáis por volar a alguno de estos aeropuertos, tened en cuenta que una de las mejores cosas de Italia, y a la que nosotros hemos sacado más provecho, es la inmensa red de ferrocarril con la que cuenta el país y lo baratísimo que es moverte en tren de una ciudad a otra (mucho más barato que en España, sin ir más lejos). Por lo tanto, desde cualquiera de estas ciudades podréis llegar en un trayecto de 1’30-2’00 horas y por un precio aproximado de 10 o 12 euros, lo que es una bicoca. 

Nosotros en Italia hemos usado los trenes de alta velocidad (similares al AVE español), que operan Trenitalia (compañía estatal) o Italo (compañía privada). Vienen genial para grandes distancias pese a que sean algo más caros. Pero para distancias menores, de entre 100 y 200 kilómetros, recomiendo sin dudarlo los trenes regionales. Hay dos tipos de Regionali (los distinguirás porque llevan una R en la cabecera del tren), los normales (R) y los veloces (RV): estos últimos realizan menos paradas. Pese a costar algo más los billetes, la diferencia es mínima, por lo que merece la pena pagarlo. Los asientos son a asignar (parecido a cuando coges un tren de cercanías) pero los trenes son bastante cómodos.

Recomiendo así mismo este tipo de trenes si tampoco lleváis maletones, ya que no hay mucho espacio superior para equipajes: nosotros como íbamos con mochilas, tan bien. Como suele haber varios trenes por hora en los trayectos entre ciudades (aún así, confirmad previamente) tampoco veo necesario reservar. Podéis comprar directamente los billetes el mismo día en las taquillas de las estaciones o en las máquinas expendedoras. Eso sí, recordad que en los trenes regionales es imprescindible que validéis los billetes en unas maquinitas que hay antes de subir al vagón ya que la multa es considerable si os pilla el revisor. No hay descuento por comprar ida y vuelta, así que no es necesario adquirir en el momento el billete de regreso.

El trayecto entre Venecia y Verona dura en tren regional veloz una hora y media y cuesta 9,70 euros. El tren te deja en la estación principal de la ciudad, Porta Nuova, una estación pequeñita si la comparas con la Termini romana pero que cuenta con servicios básicos como tiendas, cafeterías, baños (de pago) y consigna de equipajes. La consigna viene bien si quieres dejar la maleta y ver Verona en un día, algo que hacen muchos viajeros ya que es una ciudad pequeña, pero los precios nos parecieron algo caros: 6 euros por maleta durante cinco horas, ni siquiera el día entero.

El centro histórico de Verona se encuentra a unos quince o veinte minutos andando, esta es una ciudad muy cómoda para recorrerla a pie (la población no llega a los 300.000 habitantes). El primer monumento que os encontraréis de camino es la Porta Nuova que da nombre a la estación. Esta majestuosa puerta se construyó en el año 1532 para sustituir a la antigua muralla y a la Porta di Santa Croce que separaba el casco antiguo del resto de la ciudad. Algunas de estas murallas aún se conservan en el cercano Parco delle Mura, un parque que se extiende durante nueve kilómetros y en el que aún se pueden observar importantes restos de fortalezas y bastiones que sirvieron como defensa a Verona en el pasado.

Porta Nuova Verona

De hecho, si continuamos por la avenida larguísima de Circonvallacione Maroncelli, llegaremos hasta dos de los bastiones más importantes de la ciudad, el de San Bernardino y, algo más adelante, el de San Zeno, hoy convertido en un jardín con estatuas de madera caída de los árboles cercanos. Al lado se encuentra la Puerta de San Zeno, a la que se accede por un pequeño puente. Si coincide que sea domingo, puedes aprovechar para pasear por el rastrillo de segunda mano que se celebra semanalmente en la Piazza de San Zeno y donde podrás encontrar desde muebles a libros, postales o ropa.

Verona

Hemos llegado, para comenzar nuestro recorrido por Verona por el plato fuerte, a la gran estrella de esta ciudad: el Arena de Verona. O lo que es lo mismo, el tercer anfiteatro romano más grande del mundo, después del Coliseo de Roma y el de Capua. Casi 140 metros de largo y 110 de ancho, 44 gradas y capacidad para más de 25.000 espectadores. Aunque actualmente es el epicentro absoluto de Verona (tanto en sentido geográfico como figurado), antiguamente se encontraba en una esquina de la ciudad, más allá de las murallas. Construido en el año 30, se ha ganado por derecho propio, durante dos largos milenios, el título de símbolo veronés.

Cabe insistir además en que se ha convertido en uno de los recintos más espectaculares del mundo para ver conciertos, no sólo por su extraordinaria acústica sino por lo que representa en sí mismo el monumento. De Junio a Septiembre se celebra cada año el Festival de Ópera, con multitud de conciertos. Aunque hay entradas carísimas, también te puedes conformar con ver los espectáculos desde las gradas más alejadas (lo que en España conocemos como el gallinero) por poco más de 30 euros, que tampoco está tan mal. Para ver la programación y adquirir los tickets puedes echar un ojo en la web de la Fondazione Arena di Verona.

Arena Verona

Si quieres visitar el Arena por dentro (aunque te avisamos que es más impresionante por fuera y en el interior lo habitual es encontrarse con obras de restauración) y evitar esperar en las larguísimas colas, puedes adquirir anticipadamente las entradas en la página oficial por 11 euros. 

Se dice de Verona que es uno de los lugares de Italia donde se conservan más restos de lo que fue el mayor imperio de la Historia, el romano (con permiso del egipcio). Constantemente se siguen encontrando, muchas veces sin pretenderlo, vestigios de la Roma antigua: sin ir más lejos, hace un par de meses una gran domus del siglo II bajo un cine abandonado, con frescos que poco envidian a los de Pompeya.

Debemos tener en cuenta que en la época de esplendor del imperio, Verona era una de las ciudades más importantes por encontrarse en un cruce de vías comerciales (la Vía Claudia Augusta, que conectaba el Mediterráneo con el Danubio, y la Vía Postumia, que ligaba el Tirreno con el Adriático). Por dicho motivo era un manjar de lo más apetecible para los pueblos bárbaros del norte, de ahí que desde su fundación siempre haya estado fuertemente protegida. De dicha época pertenecen dos de las puertas más importantes de entrada, la Porta Borsari y la Porta Leoni.

Otra de las puertas más espectaculares es la Puerta de Bra que podéis ver aquí abajo. Da acceso a la Piazza Bra, la más animada de la ciudad, repleta de restaurantes y cafeterías (mi consejo, eso sí, es que os alejéis de aquí a la hora de comer ya que los precios son los más altos). Dicha puerta no pertenece a la época romana sino a la medieval, cuando se construyeron unas segundas murallas, las comunales, llamadas así porque durante los siglos XII y XIII aparecieron las primeras comunas.

Porta Bra Verona

El Arco de Gavi es otro de los monumentos romanos más importantes de la ciudad. Se construyó en el siglo I, al inicio de la principal arteria de Verona, la Via Postumia.

Arco dei Gavi Verona

La Piazza delle Erbe me enamoró por completo desde el mismo momento en que la pisé. Y no he debido ser la única que ha caído bajo su embrujo, ya que varios años consecutivos algunas revistas de viajes la han elegido como «la plaza más bella del mundo«. Si en el pasado ya era el corazón de Verona, sinónimo del foro romano, y siglos después sede del mercado local, donde venían los comerciantes a ofrecer sus frutas y verduras (de ahí el nombre, la plaza de las hierbas), ahora continúan perennes los tenderetes, pero esta vez ofreciendo cientos de souvenirs (a precios bastante populares) y vasos con macedonia de frutas para combatir el calor. En el centro, casi escondida entre el bullicio de tiendecillas y paseantes, aparece la fuente de la Madonna (no, no es una virgen sino una antigua estatua romana) y un poco más allá la estatua del león de Venecia (Verona estuvo bajo gobierno veneciano durante bastante tiempo).

Justo a la entrada, en el Arco della Costa Medieval, no te pierdas el curioso detalle de un hueso de ballena colgando, colocado aquí desde vete tú a saber cuándo. No se sabe muy bien por qué está aquí, aunque se cuenta que se colocó para proteger con su buena suerte a los jueces y magistrados que desde el ayuntamiento regresaban a sus casas. El caso es que los universitarios de Verona y los de la cercana ciudad de Padua se disputan el trofeo y unas veces aparece en una ciudad y otras en la contraria.

Cuando los tenderetes se recogen y llega la tarde-noche, se llenan las terrazas de los bares. Veroneses y turistas acuden en masa a buscar el frescor vespertino tomando la bebida más popular de la región, el spritz (que aunque es muy popular en Venecia y parezca que la ciudad lo posea en exclusiva, es habitual además en otros lugares cercanos). Es entonces cuando se puede apreciar con mayor detalle la borrachera artística y arquitectónica que nos brinda la plaza. Maravillosos palacetes vinieron a sustituir a los edificios gubernamentales romanos, dejándonos como legado una estampa de ensueño.

La Case Mazzanti, con sus vistosos frescos en la fachada (recuerdo de cuando a Verona se la conocía como «la ciudad pintada» por la costumbre de decorar los muros de las viviendas), el Palazzo Maffei con sus legendarias estatuas de piedra en la azotea, la Torre del Gardello (con uno de los mecanismos de reloj más antiguos de Europa) o la Domus Mercatorum (Casa de los Comerciantes), hoy sede de la Banca Popolare di Verona, palidecen ante la majestuosidad de la Torre dei Lamberti. Con sus 84 metros de altura, domina desde el cielo la plaza y sus alrededores desde el año 1172.

Verona

La torre, una de las más bonitas de Italia, fue restaurada en el siglo XV tras ser alcanzada por un rayo y cuenta con dos campanas con funciones diferenciadas. Una de ellas daba las horas y alertaba de los incendios; la otra coordinaba los levantamientos en armas de la ciudad y llamaba a los consejos. A los pies de la torre se divisa la Piazza dei Signori, una preciosa plaza de aire aristocrático que en el pasado fue centro de poder y donde hoy se exhibe una estatua de Dante, quien citó a Verona en su obra más conocida, «La divina comedia». Frente a ella se realizan lecturas populares durante los festivales de poesía que se celebran en primavera. Y cerca tienes la sinagoga de Verona, una de las más importantes del norte de Italia, recuerdo de la relevancia que ha tenido siempre la comunidad judía dentro de la sociedad veronesa.

Verona

Llegamos a otro de los lugares más bonitos de Verona: la fortaleza de Castelvecchio. Tan impresionante por fuera como por dentro. Construido en el siglo XIV, en el 1354, bajo el nombre de Castillo de San Martino in Aquaro (por estar al lado del río), pasó a convertirse en el Castillo Viejo cuando lo adquirió la familia Visconti y lo transformó en una inmensa fortaleza militar. A lo largo de los años fueron añadiéndose diferentes estancias y durante la época de esplendor veneciano, sirvió de residencia de la nobleza. Conectado al resto de la ciudad por un puente amurallado y peatonal, Castelvecchio cuenta con un amplio patio de armas presidido por una estatua ecuestre y es sede del Museo Cívico, donde se exponen esculturas, armas, joyas y pinturas de Rubens o Paolo Veronese en más de 50 salas. 

Castelvecchio Verona

Verona se encuentra en el límite noroccidental de la región del Veneto, rodeada de colinas y atravesada por el río Adige, el segundo más largo de Italia tras el Po, que forma un meandro al atravesar la ciudad. Le cruzan unos cuantos puentes, el más conocido de ellos es el Puente de Piedra, el único que sobrevive de los siete que existían en época romana, aunque es justo matizar que ha debido ser reconstruido en unas cuantas ocasiones (la última cuando fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial). De hecho, en el propio puente se pueden advertir notorias diferencias en los propios arcos, ya que los de un lado son de origen romano y los otros son del siglo XIII. Cuando lo crucéis, podéis acercaros a ver la curiosa iglesia de San Siro, adyacente al teatro romano, donde aún cada verano se representan diferentes obras y se acogen espectáculos de ballet y conciertos.

Verona

La catedral, el Duomo de Verona, es un templo románico que data del siglo XII (y que continuamente se está restaurando, el señor que veis en la puerta está trabajando, no orando, aunque pudiera parecerlo). De hecho, mucha gente que accede al anterior se sorprende al encontrarse con una decoración acaso «demasiado contemporánea». Construida en honor de Santa María Matricolare en el espacio que dejaron dos iglesias derruidas por un terremoto, consta de un tejado a dos aguas y un frontal con tres partes diferenciadas. El material que predomina es el típico mármol veronés, blanco y rosado.

Catedral Verona

 

La historia de Romeo y Julieta

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Curiosamente, el personaje que más fama ha dado a Verona no es un italiano sino un inglés llamado William Shakespeare. El célebre escritor situó aquí, en Verona, una de sus obras más conocidas junto a «Hamlet»: el dramón «Romeo y Julieta», considerada la más bella historia de amor jamás escrita, aunque debemos matizar que Shakespeare la compuso inspirándose en relatos previos. Aquellos dos amantes que se conocieron en un baile de máscaras y provenientes de dos familias rivales, los Montesco y los Capuleto (familias que existieron en realidad), que se enfrentan a todo el mundo negándose a renunciar a su amor y que acaban suicidándose en una escena final que haría llorar al más pintado. La verdad es que la novela, mil veces representada en el teatro y el cine, es una maravilla.

Verona no ha querido perder la oportunidad de aprovecharse de la fama de la obra para atraer a turistas de todo el mundo, que ven en Verona la imagen viva de la ciudad del amor. Y lo cierto es que lo es, pues cuando paseas por esas calles empedradas, bajo los balcones cubiertos de macetas con flores, te das cuenta que tienes la inmensa fortuna de encontrarte en uno de los lugares más románticos del mundo. Otra cosa diferente es que es romanticismo tiende a desvanecerse en un suspiro (o al menos es lo que nos ocurrió a nosotros) cuando llegas a la casa de Julieta y te ves aplastada por una marabunta de asiáticos con palos de selfie, locos por fotografiarse bajo el balcón más visitado de Italia. Joder-qué-puto-agobio.

Verona

Con ello no quiero decir que no vengas a conocer la casa de Julieta (es casi una obligación estando en Verona): sólo quiero avisarte de lo que te vas a encontrar. He de reconocer que en nuestro caso aguantamos allí muy poco tiempo porque era horroroso la cantidad de gente que había allí concentrada. El famoso balcón desde donde se supone que Julieta hablaba a su amado pertenece a una casa-torre del siglo XII pero de dicha época sólo data la casa, ya que el balcón fue añadido con posterioridad para dar más glamour a la leyenda de los dos amantes. Hoy esta casa está convertida en un mini-museo, restaurado para la ocasión y rememorando los tiempos medievales en los que se desarrolló la novela. Se exponen frescos, muebles de la época, una colección de cerámica y hasta parte del vestuario que se usó en la película de «Romeo y Julieta».

En el patio exterior hay una estatua de Julieta, con uno de sus senos bastante desgastados ya que al parecer da suerte si lo frotas. Y si quieres enviar una carta a esa Julieta ficticia para que te aconseje y te consuele el mal de amores, tienes a tu disposición un buzón donde depositar la misiva. Y un último apunte: apenas visitada pero muy cerca se encuentra la supuesta casa de Romeo (en el 4 de Via Arche Scaligere más concretamente), un palacete del siglo XIV que perteneció a un noble de ascendencia francesa. Solamente se puede disfrutar de su fachada exterior ya que es una residencia privada.

Busto de Shakespeare

Shakespeare Verona

Una de las iglesias más importantes de Verona, la de Santa Anastasia. Data de 1290, consta de cuatro capillas y nueve altares, aunque curiosamente su fachada quedó incompleta.

Chiesa Santa Anastasia Verona

Este de aquí abajo es el curioso Museo Lapidario Maffeiano, uno de los museos más antiguos de Europa y ubicado en un palacio neoclásico. Fue inaugurado en el año 1738 por Scipione Maffei, un enamorado de la historia que fue adquiriendo diferentes piezas durante los numerosos viajes que realizó a lo largo de su vida. Durante la toma de la ciudad por las tropas napoleónicas, sufrió saqueos: aunque la mayoría de lo sustraído se acabó devolviendo, aún hay objetos expuestos en el Louvre de París. El museo se compone principalmente de lápidas funerarias, la mayor parte de ellas etruscas y romanas, siendo en su género uno de los más prestigiosos del mundo, pese a lo pequeño que es.

Museo Lapidario Verona

Uno de los personajes de los que más orgullosa se siente Verona de haber visto nacer aquí es Emilio Salgari. En mi infancia pasé tardes y tardes devorando aquellas magníficas novelas de aventuras con las que volábamos con la imaginación a lugares tan lejanos como Malasia o Australia de la mano de aquel mítico Sandokán (que luego también acabaría protagonizando una inolvidable serie de televisión). La ciudad quiso recordarle instalando una estatua suya frente a la Biblioteca Cívica en Via Cappello.

Emilio

El Castelo de San Pietro se encuentra en una de las orillas del río y es uno de los lugares favoritos de los veroneses para ir a admirar el atardecer. Se puede llegar a él andando o en funicular (precio 2 euros). 

Castelo de San Pietro

Aunque no tan famoso como el de Venecia, el carnaval de Verona es muy importante para la ciudad. Se celebra el viernes anterior a la Cuaresma por motivos históricos: durante siglos, Verona sufrió duras épocas de hambruna y un médico decidió ayudar a la población construyendo una inmensa mesa de mármol donde se ofrecerían alimentos. De ahí viene la figura del Papa Gnoco, el personaje más famoso del carnaval de Verona, que se representa con un tenedor gigante. El nombre se origina en los gnocchi de patata, que tanto gustan en Italia y que sirvieron para paliar el hambre de los locales.

Verona

Son un clásico de las ciudades italianas y nos encanta toparnos con ellas cuando paseamos: las salumerías. Son esas acogedoras tiendecitas en las que se venden embutidos y quesos locales (el salumi, para que nos entendamos, es el embutido italiano, no lo confundáis con el salami, que es precisamente una variedad), la esencia más pura de la gastronomía italiana. Y es que los propios locales las tienen en gran estima, no conciben sus vecindarios sin estos entrañables establecimientos. En ellas en muchas ocasiones se pueden encontrar otros productos típicos italianos, como dulces, vinagre de Módena, pasta en sus miles de variedades o vinos de la tierra. Os aconsejamos que si queréis llevaros algún souvenir culinario, optéis por algún queso (el Monte Veronese y el Asiago son los más conocidos).

Salumeria Verona

 

Dónde y qué comer en Verona

 

Verona, como toda Italia en general, es un paraíso para los amantes de la buena gastronomía. Aquí se come mucho, bien y, si sabes buscar, por no mucho dinero. Desde época romana, y continuando en siglos posteriores, los banquetes han sido el pan del día a día (nunca mejor dicho) entre la sociedad veronesa. Por lo tanto, se comprende que Verona tenga fama de ciudad donde el culto al buen menú es una obligación y los productos frescos y autóctonos son la tónica habitual.

Comencemos nuestro periplo culinario por Verona, no podía ser de otra forma, hablando de pasta. Y lo hacemos recordando uno de los productos más típicos de la región del Veneto, los bigoli. Esta especie de espaguetis gorditos, cuya porosidad los hace ideales para absorber las salsas en la que se bañan. En Verona las más típicas son la salsa de pato y la de sardinas. No olvidemos tampoco a los pappardelle, que también están riquísimos, y que encontrarás en diferentes variantes.

Al igual que la pasta, en Verona les encanta el arroz. Así que deja hueco para un buen risotto al tastasal, un plato a base de arroz y carne de cerdo: curiosamente, este plato se usaba en el pasado para comprobar si la carne se encontraba en su punto óptimo de sal para preparar embutido (tastasal significa en dialecto veronés «degustar la sal»). Otro risotto muy popular es el Amarone, elaborado con vino, que le da ese particular tono granate.

Recordemos también, antes de meternos con platos más contundentes, que al igual que en Venecia, aquí son muy populares las tapas italianas, los cicchetti. Recuerdan algo a los pintxos vascos y verás que muchos veroneses (y también turistas) los consumen con una copa de vino a la puerta de los restaurantes a la hora del aperitivo, antes de comer.

La costumbre de comer en Verona carne de caballo se remonta a aquellos tiempos de sufrimiento durante los que los ciudadanos, famélicos perdidos, aprovechaban los cadáveres de los caballos caídos en batallas para echarse algo a la boca. Es raro pasar por un restaurante y que no se ofrezca carne de caballo en el menú, de hecho, Italia es el país de la Unión Europea donde más caballo se consume. Ojo que no es apta para todos los gustos, ya que el sabor es muy intenso. Para rebajarlo, suele prepararse marinada en vino, lo que dio origen a la receta más consumida, la pastissada de caval, acompañada de polenta, esa sémola de maíz tan típica del norte de Italia y que también hemos podido encontrar a menudo en muchos restaurantes de Europa del Este. La polenta también acostumbra a acompañar a otro de los platos estrella de la gastronomía de Verona, el bacalao, y es muy habitual comerla en invierno con alubias.

Carne de caballo Verona

El pandoro es uno de los postres veroneses más populares. Se dice de él que es el gran rival del panetonne, con el que comparte algunas características (¡pero ojo, no los confundas si no quieres irritar a los italianos!). Este dulce navideño suele elaborarse con forma de estrella pero como veis en la foto, no es la única manera de presentarlo. El nombre (pan de oro) deriva del intenso color amarillo que le da el huevo y la mantequilla. Aunque no sea Navidad, comprobarás que es habitual encontrarlo en los escaparates de muchas tiendas. Y es que este es un postre indispensable en las mesas de Verona, donde se consume desde épocas medievales. 

Pandoro Verona

Si tuviéramos que elegir un restaurante para recomendarte en Verona, definitivamente nos decantaríamos por la Osteria Giulietta e Romeo. Se encuentra en pleno centro (en Corso Sant’Anastasia 27) y caímos rendidos ante su comida casera. El local es de lo más agradable, con grandes ventanales que te permiten disfrutar de la animada vida en la calle mientras comes. Lo lleva una familia encantadora que además han sabido combinar calidad-precio pese a estar en un lugar tan turístico y ofrecen un interesante de menú de dos platos a 22 euros. En él podrás encontrar delicias locales como tortelli de calabaza, bigoli con carne de burro, sopa de frijoles (también muy común en los hogares veroneses), bistec de caballo o degustación de quesos del norte de Italia. En pocos lugares vas a comer menú más veronés que éste.

Osteria Giulietta e Romeo

 

 

1 comentario

  1. Italia enamora, fui a Verona, igualmente por casualidad y la adoré. Viajar da vida!

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