Buddha Eden

Es uno de los lugares más espectaculares de Portugal y, sin embargo, poco conocido entre el turismo extranjero. Y todo ello pese a que recibe medio millón de visitantes  al año, casi todos ellos portugueses. Hablamos del Bacalhôa Buddha Eden, conocido también como Jardim da Paz, el mayor jardín asiático de toda Europa. Un lugar cuyo propio fundador ha confesado que no quiere publicitar demasiado precisamente para que conserve esa atmósfera de calma y tranquilidad con el que fue creado.

Pese a todos los viajes que hemos hecho por Portugal, son tantos los secretos que sigue guardando nuestro amado país vecino, que es mucho lo que aún nos queda por conocer y precisamente era esta una de las asignaturas que teníamos apuntadas en nuestra agenda. Y no dudamos en incluirlo en el fabuloso viaje que realizamos en coche por el centro de Portugal, en un itinerario en el que nuestros destinos eran localidades pequeñitas que parecen visitar casi sólo portugueses. Cómo lo hemos disfrutado.

He de reconocer que descubrí la existencia del Buddha Eden casi por casualidad. Hace un par de años, mis padres iban a pasar un par de semanas en un pueblecito portugués, São Martinho do Porto, y me preguntaron si podía indagar un poco y encontrarles por los alrededores sitios que se salieran un poco de la norma. Fue entonces cuando me topé con este maravilloso jardín oriental del que no había escuchado hablar antes. Cuando regresaron mis padres del viaje y nos enseñaron las fotos (¡qué maravilla de lugar!), nos prometimos visitarlo en un futuro viaje lusitano.

El Buddha Eden se encuentra en la Quinta dos Loridos, en la región de Obidos, ese precioso pueblo que visitamos en nuestro viaje a la zona de Aveiro y Coimbra . La quinta fue fundada en 1430 por João Annes de Lourido, quien utilizó los terrenos donados por un monasterio en el cercano pueblo de Bombarral para fundar su hacienda. Un siglo después, la quinta pasó a manos de una acaudalada familia de banqueros italianos, quienes se habían enriquecido con el comercio de azúcar en la isla de Madeira. 

La quinta fue cambiando de dueños con el paso de los años, hasta que en 1989 fue adquirida por la empresa Bacalhôa  Vinhos de Portugal, especializada en vinos espumosos. Fue el dueño de dicha empresa, Joe Berardo, quien aprovechó su fortuna para la construcción de este lugar mágico. Utilizó para ello dos tercias partes de la hacienda. Y así dio forma a este jardín que nació a raíz de una de las mayores catástrofes culturales de los últimos años: la destrucción de los Budas gigantes de Bāmiyān en 2001 a manos de los talibanes, quienes lo consideraban una blasfemia religiosa. Berardo, profundamente conmovido por la desaparición de estas colosales esculturas de Afganistán, decidió rendirles su particular homenaje construyendo el mayor jardín oriental de Europa. De ese modo, la Fundación Berardo intenta promover mediante este inmenso jardín, remanso de calma, un mensaje de paz y concordia entre las diferentes etnias y religiones del mundo.

Buddha Eden

Al Buddha Eden hay que llegar en coche sí o sí ya que está algo perdido en medio de la nada: se encuentra a unos 75 kilómetros al norte de Lisboa (al final de este artículo puedes encontrar las indicaciones detalladas para llegar en coche). Lo bueno es que en la misma puerta de entrada hay un aparcamiento grandísimo, así que olvídate del problema de buscar donde aparcar. 

Si quieres disfrutar del parque con detenimiento, calcula, tirando por lo bajo, entre dos o tres horas para verlo con calma. Es mucho más grande de lo que parece, nada más y nada menos que 35 hectáreas y un montón de cuestas, escaleras, subidas y bajadas y rincones escondidos. Hay la posibilidad de adquirir el billete para un tren que va realizando diferentes paradas por el parque pero nosotros preferimos patearlo, aunque a esas horas (después de comer) y a principios de Septiembre, pasábamos de los 30 grados. Quizás aconsejaría, si vas en verano, acercarte a primera hora de la mañana para evitar el calor pero a nosotros era el horario que nos cuadraba al tener que dormir esa misma noche en la playa en la localidad de Peniche.

Nada más entrar, te da la bienvenida esta preciosa paifang (también se le conoce como pailou), los tradicionales arcos chinos que custodiaban templos, puentes, parques, palacios, tumbas o edificios importantes y que además servían para conmemorar grandes hazañas o recordar a los antepasados. Las paifangs pueden estar construidas de diversos materiales (madera, ladrillo, piedra) y generalmente cuentan con llamativas inscripciones.

Buddha Eden Entrada

He de reconocer que he visitado pocos lugares en Europa tan fotogénicos como este. Y es que su nivel de exotismo encuentra pocos rivales en el continente. No se ha escatimado en gastos: se llegaron a usar más de 5.000 toneladas de mármol para la elaboración de las estatuas, templos o escalinatas. Y nosotros, que como sabéis somos unos enamorados empedernidos de la cultura asiática y tantas veces hemos viajado a Oriente, damos fe de que no sólo las reproducciones son magníficas sino de que además todo el ambiente natural en el que se ubica el jardín reproduce fielmente algunos de los paisajes más populares de Asia.

Buddha Eden

Como veis abajo, las estatuas son grandiosas. Este Buda alcanza los 20 metros de altura.

Buddha Eden

Uno de los lugares más bonitos del Buddha Eden es el grandísimo lago en el que destaca esta preciosa pagoda que tanto me recordó a la del lago del Oeste de Hangzhou. Este es el mayor de todos pero hay otros lagos más pequeñitos diseminados por el parque, donde podrás ver a las tortugas nadando entre nenúfares. Los mejores sitio del jardín para sentarse, relajarse y buscar un ratito de serenidad, que nunca sobra.

Buddha Eden Lago

El lago está lleno de kois, las nishikigoi . En casa somos muy fans de las carpas japonesas (Juan lleva una tatuada en la espalda), unos peces que aunque provienen de China, donde realmente alcanzaron su mayor popularidad en el País del Sol Naciente. ¿Y por qué somos tan amantes de lo que representan? Porque su existencia es una oda al optimismo y la perseverancia. Las kois han de nadar río arriba para alcanzar los lugares donde desovan. Da igual las adversidades que encuentren por el camino ni lo cansadas que estén. Lo único que importa es alcanzar su objetivo. Por eso cuando uno se tatúa una carpa, suele hacerlo saltando sobre una ola, dejando atrás problemas o momentos difíciles de su vida para salir mucho más fuerte tras pasar esa experiencia.

Su tesón y paciencia han originado leyendas como la que cuenta que cientos de kois intentaban llegar a su destino cuando se encontraron una catarata. Desesperadas, se esforzaban una y otra vez por sortear la cascada. Los demonios que vivían cerca las escucharon y decidieron ponérselo más difícil aumentando la altura de la cascada. Pero ellas saltaron y saltaron, así durante un largo periodo de cien años. Los demonios, sorprendidos por la tozudez de las carpas, dejaron de ponerlas obstáculos. Y fue entonces cuando una de ellas consiguió atravesar la catarata y se convirtió en dragón. Desde aquel día, se cuenta que todas las kois acabarán algún día convertidas en dragones.

Kois

Hablando de dragones, estos son una pieza indispensable dentro de la mitología asiática. Muy diferente al dragón de la cultura occidental (que vuela, escupe fuego y se asocia con el diablo), el dragón asiático es un ser poderoso que trae consigo multitud de cosas buenas. Con forma similar a la de una serpiente y atributos de diversos animales (escamas de pez, garras de águila o cuernos de ciervo), es un ser bondadoso y sabio que controla el clima y que puede volar pese a carecer de alas. Además de símbolo nacional de China, es uno de los animales del zodíaco chino y se cree que los nacidos bajo el signo del dragón son personas a las que le sonríe la fortuna.

Dragon Buddha Eden

A lo largo y ancho del parque podemos encontrarnos linternas de piedra como la de aquí abajo. Estas linternas llegaron a Japón, provenientes de China y Corea, en el siglo VI, durante el Periodo Asuka. En un principio eran usadas como ofrendas religiosas en los templos, ya que salvaguardaban la llama sagrada que representaba a Buda y que ayudaba a los humanos a orientarse en el mar oscuro de la ignorancia. Pero posteriormente pasarían a tener un papel más práctico: iluminar los recintos religiosos.

Después sería la sociedad civil la que comenzaría a colocarlas en sus propios jardines de casas de té y residencias privadas. Construidas principalmente de granito, se convirtieron en elementos imprescindibles de los jardines japoneses. Estas linternas se dividen en tres estilos diferentes: Taima-ji (nombre del templo de Nara donde se encuentra la linterna más antigua del país), la coreana y la creativa, siendo esta última la que más abunda en los jardines y que puede tomar diferentes formas.

Buddha Eden

Los leones chinos. Guardianes de piedra que se ocupan de proteger palacios imperiales, templos, tumbas, santuarios y demás lugares relevantes. En la antigüedad también estaban a la entrada de las casas de las familias acaudaladas. La comunidad china, emigrantes natos, la han popularizado estas figuras en todo el mundo, colocándolas a las puertas de sus tiendas, hoteles y herbolarios. Suelen representarse un macho y una hembra, el primero con una pata sobre una bola (que simboliza el mundo) y la segunda sujetando a un cachorro. Ambos encarnan el equilibrio del ying y el yang.

Leon Chino Buddha Eden

Aquí abajo tenéis a Juan junto a Bu Dong, una de las deidades en forma de fiera más importantes de la mitología japonesa. Se le suele representar con una espada en llamas con la que corta la cabeza del mal y en la otra mano una cuerda para ayudar a salir a flote a sus aliados y combatir a los demonios. Como podéis ver, a su espalda arden las llamas del infierno, que también se ocupan de quemar las pasiones mundanas. Se le coloca inamovible sobre una roca para acentuar la estabilidad mental que otorga a sus fieles.

Buddha Eden

Setecientas réplicas de terracota de los conocidos Guerreros de Xian, aunque estos luciendo un vistoso color azul imitando a los originales pintados a mano. Se encuentran protegidos por una valla ya que cuando la entrada al parque era gratuita, sufrieron varios actos de vandalismo. Los verdaderos Guerreros de Xian permanecieron ocultos más de 2.000 años, hasta que a mediados de los setenta un equipo de trabajadores que cavaba un pozo descubrieron por casualidad una de las obras de arte más sorprendentes de la historia. Más de 8.000 esculturas de soldados (cada una con su propia cara, nada de clones), más de un centenar de carros tirados por caballos, 40.000 puntas de flecha…

Una colosal obra faraónica en la que habrían trabajado durante años más de medio millón de obreros, dando forma a un colosal mausoleo que permitiera al emperador Qin Shi Huang dirigir a sus tropas de piedra aún después de fallecer, una herencia extraordinaria de su particular estirpe. La obra es tan grandiosa que casi medio siglo después los arqueólogos continúan desenterrando piezas.

Guerreros Xian Buddha Eden

Algo en lo que no se ha escatimado esfuerzos es en recrear a nivel naturaleza ecosistemas de Asia, que gracias al benévolo clima de Portugal, han sido emulados casi a la perfección. Es este el caso del Laberinto de Bambú, un lugar del que disfrutarán un montón los más pequeños y que tantos recuerdos me trajo del bosque de Arashiyama en Kioto.

Los que a menudo hemos viajado a Asia, nos hemos sorprendido más de una vez ante los andamios de bambú de varios metros de altura a los que se encaraman los obreros para construir los rascacielos. Parecen inestables pero sin embargo, son unas de las estructuras más duras del mundo (y además, flexibles en caso de viento, lluvia o terremotos). El bambú es una planta a prueba de bombas que aguanta lo que le echen: pese a que su hábitat natural son los climas subtropicales, puede aguantar sin inmutarse temperaturas de quince o veinte grados bajo cero. Además, crece a una velocidad asombrosa, llegando a alcanzar los veinte o treinta metros de altura en apenas unos meses. 

En Asia no conciben la vida sin el bambú haciendo acto de presencia. Versátil como pocas, esta planta es resistente y se adapta a todo, por lo que se ha utilizado para crear miles de productos diferentes: muebles (que qué bonitos son), papel, telas, cestas, alfombras… sirve para (casi) todo. Incluso para comer ¿o aún no recordáis lo ricos que están muchos platos aderezados con brotes de bambú y lo que les encanta a los osos panda? Ello sin olvidar sus beneficiosas propiedades a nivel medicinal: favorece la salud de los huesos, mengua el dolor articular, combate la fatiga y fortalece el sistema inmunológico. 

Bambu

Escalera de los Budas Dorados. Otro de los rincones más deslumbrantes del parque. A Buda, a lo largo de la historia, se le ha representado de cientos de maneras diferentes. Una de las más conocidas es que le retrata como un personaje regordete y bonachón, una especie de Papa Noel oriental, que trae consigo la buena suerte y la felicidad. Inspirado en un antiguo monje chino llamado Pu-Tai (los japoneses lo conocen como Hotei), su nombre hace referencia al saco en el que llevaba los caramelos y dulces que iba regalando a los niños y alimentos a los más pobres. También se cree que curaba a los enfermos contagiándoles la risa y que en ese mismo saco se llevaba los problemas ajenos. Por eso su figura se asocia a la prosperidad y a la alegría.

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Otra de las imágenes más conocidas de Buda es la que le representa reclinado (los más bonitos los hemos visto en Tailandia, especialmente en Bangkok y Ayutthaya). En el Buddha Eden también le tenemos, simulando su última época en la vida terrenal y ya dispuesto a alcanzar el nirvana.

Buddha Eden

Mirador del Fuego

No podían faltar unos de nuestros elementos asiáticos favoritos: los toriis japoneses. Estas bellísimas puertas rojizas en forma de arco que aparecen a la entrada de los santuarios sintoístas, representan la separación entre el mundo terrenal y el espiritual. Se suelenn pintar de rojo porque en la cultura japonesa se cree que este color espanta a demonios y fuerzas maléficas. En Japón se les tiene un especial respeto ya que se les considera sagrados porque muchas veces han sobrevivido a guerras, terremotos e incluso tsunamis.

Buddha Eden

Paseo de los Treze Budas dos Mortos

Treze Budas dos mortos Buddha Eden 

Algunas fotos más del Buddha Eden: como veis, un lugar extraordinario

Buddha Eden

Buddha Eden

Buddha Eden

Buddha Eden

Aparte de las esculturas asiáticas, puede disfrutarse de un Jardín de Arte Africano con diferentes esculturas (muchas de ellas de animales), un Jardín de Arte Moderno que incluye obras de Botero y una galería al aire libre realmente curiosa donde a través de variadas pinturas te van mostrando la historia del vino y su relación con distintas civilizaciones.

Buddha Eden Historia Vino

 

⭐ Datos prácticos ⭐

 

Cómo llegar al Buddha Eden

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Tomar en la carretera A8 la salida 12 (Carvalhal /Delgada). En la salida, girar a la izquierda y en la rotonda, tomar la segunda salida. Seguir las indicaciones hacia el Buddha Eden, situado a tres kilómetros.

Horarios

   

Jardín, restaurante y tienda abiertos todos los días del año a excepción del 25 de Diciembre y el 1 de Enero. Horario de 09:00 a 18:00 (la taquilla cierra a las 17:30). 

Precios

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Entrada general: 5 euros

Entrada gratuita para menores de 12 años.

Precio viaje en tren turístico: 4 euros

Advertencias

No se permite hacer picnics dentro del jardín: para ello, puede acudirse al merendero del Bom Jesus, situado a un kilómetro de distancia. No se permite la entrada de patinetes o bicicletas. A la entrada hay un parking gratuito. Pueden encontrarse cuartos de baño tanto en el jardín como en el parking de entrada.

 

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Dónde comer en Bombarral

👉 Aunque el Buddha Eden cuenta con su propio restaurante, os aconsejo que hagáis como nosotros y os acerquéis a comer al cercano pueblo de Bombarral, donde encontraréis establecimientos con menús mucho más auténticos. Nuestra recomendación es el restaurante Os Socios en la Rua 18 de Março 2. Es un restaurante familiar con una comida casera 100% y a un precio excelente. Nosotros optamos por una deliciosa sopa de cocido (en Portugal es muy popular el  cozido à portuguesa , bastante parecido al madrileño), unas lulas grelhadas (calamares a la plancha) y secreto de cerdo; con bebidas y postres, aproximadamente 30 euros dos personas. Las raciones, grandísimas: costó acabarlas.

 

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