Fairmont Quebec

Debo reconocer que de todas las ciudades que visitaríamos en Canadá, Québec era la que más me apetecía conocer. Había visto en televisión tantos documentales sobre su particular situación y me había enamorado tantas veces de las fotografías de ese viejo Québec idílico que verme allí, paseando entre esas callejuelas, era uno más de mis sueños viajeros cumplidos. No obstante, ha sido escogida unas cuantas veces entre las revistas viajeras como la ciudad más romántica del mundo.

Quebec

A Québec se suele llegar en coche  o autobús desde Montreal (a algo menos de 300 kilómetros) ya que el aeropuerto de Québec está consagrado casi en su totalidad a los vuelos domésticos, aquí apenas llegan vuelos internacionales. Situada bajo la Península del Labrador y a orillas del caudaloso río San Lorenzo, a Québec se la conoce en Canadá como «el lugar donde comenzó todo» ya que fue aquí donde se instalaron los primeros asentamientos de los colonizadores.

Tiene el privilegio de ser la única ciudad amurallada de Norteamérica por encima de México y su arquitectura constituye una rarísima excepción en estas tierras. Por eso se dice de ella que es la ciudad más europea de toda América y es una verdad como un templo: sentarte a tomar un café en alguna de sus acogedoras callecitas es trasladarte a las épocas más elegantes del viejo París. Y no sólo por su curiosa arquitectura sino porque comenzarás a darte cuenta de que en Canadá no toda la gente habla inglés (de hecho apenas un 18% hablan inglés y francés) sino que en Québec casi todo el mundo (un 96%) es francófono.

Quebec

En Québec os aconsejo alojaros en barrios periféricos ya que los precios de los hoteles en el centro son bastante altos, a una media de 100 euros la noche. Entended que cuando digo «periféricos» estoy hablando de barrios que se encuentran del centro a 25 minutos en autobús. En nuestro caso, había una línea de buses (la 800) que nos dejaba en el centro en media hora. Pero echamos cuentas, vimos que el precio del billete era 3,10 dólares por cabeza y nos salía igual de precio que un Uber, que nos recogía en la puerta de casa. Es decir, al cambio ir al centro de la ciudad nos costaba 7 euros las cuatro personas.

En Canadá está muy extendido el uso de Uber y las carreras salen realmente baratas, por lo que lo usamos a menudo para olvidarnos del coche, dejarlo aparcado en la puerta de nuestro apartamento y así, aparte de ahorrarnos el precio del parking (también muy alto), darnos el capricho de tomar una cerveza sin estar pendientes de que después hubiera que conducir. 

Quebec

Lo bueno de Québec es que el centro histórico se puede recorrer a pie sin problema, aunque recomiendo echar calzado cómodo ya que hay bastantes cuestas y escaleras. La ciudad vieja, el Vieux Québec, Patrimonio de la Humanidad desde 1985 y situado al este de las murallas,, se divide entre la parte alta de la ciudad (Haute Ville), en la cima de los acantilados Cap Diamant, y la ciudad baja, Basse Ville.

Canada
Así de bonita lucía la Rue du Cul-de-Sac

Aunque Québec tiene fama de contar con un clima de lo más puñetero incluso en verano, nosotros tuvimos suerte y sólo nos cayó algún chaparrón sin importancia. Pero como veis costaba ver la luz del sol y el cielo estaba de un grisáceo de lo más tristón. Nosotros comenzamos el itinerario por uno de los lugares más especiales de Québec, el Marche du Vieux-Port, o lo que es lo mismo, el mercado más auténtico de la ciudad. Abierto entre semana desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde (sábados y domingos hasta las cinco), es una visita indispensable y la mejor manera de comenzar a tomarle el pulso a Québec. 

Quebec
Juan y nuestra amiga Mariángeles posando frente a la entrada del mercado

Ya os comentamos que los canadienses son bastante sibaritas a la hora de comer y es aquí donde vienen a comprar los productos más refinados. Hay que tener en cuenta que aquí la palabra «franquicia» produce urticaria: todos los puestos están a cargo de granjeros y agricultores locales. Así, aquí podrás encontrar las mejores boudins (esas morcillas que igual pueden ir rellenas de castañas que de manzanas), pâté en croûte, quesos tan prestigiosos como el 1608 de Laiterie Chralevoix (considerado de los mejores del mundo) o microbreweries de cerveza artesanal como la SNO Nordik o la Chalou (que se enorgullece de contar con 500 variedades de cerveza).

Podrás deambular entre tiendas especializadas en cerezas como La Belle des Bois (tienen desde licor a mermelada a incluso hot dogs con salsa de cereza), sidrerías de más de un siglo que se abastecen de las mejores manzanas de San Lorenzo o tiendas donde el producto estrella son las rosquillas de patata con jarabe de arce. Además, hay que tener en cuenta que el Marche du Vieux-Port es mucho más que un mercado ya que asiduamente se organizan catas de todo tipo de productos, desde quesos a vinos o embutidos.

Marche du Vieux-Port Quebec

Fairmont le Chateau Frontenac. No sólo el edificio más bonito de Norteamérica sino uno de los hoteles más espectaculares del mundo: la habitación más barata cuesta unos 300 euros la noche y el desayuno la módica cantidad de 26 euros (que digo yo que incluirá langosta junto a las magdalenas). Se dice de él que es el hotel más fotografiado del planeta. Y no nos extraña. Más que un hotel, es un castillo. Es espectacular. Encaramado en lo alto de una colina, con vistas al río St. Lawrence, se construyó en 1892 y desde entonces se ha convertido en el símbolo más reconocible de Québec. 

Fairmont le Chateau Frontenac

En esta zona, aprovecha para dar un paseo por la Terrase Dufferin, un bonito espacio al aire libre creado en el siglo XIX para disfrutar de las vistas: miradores y bancos se convierten en parada idónea para hacer un descanso. Si en verano está llena de transeúntes, en invierno es escenario de una carrera de trineos muy popular. 

El casco histórico de Québec es un laberinto de callejuelas en el que es un placer perderse. Tiene el honor de ser el complejo de edificios históricos más importante de Norteamérica. Recuerda a los cascos medievales europeos, hasta el punto de aquí se encuentra la calle más estrecha de Norteamérica, la Rue Sous le Cap. Aquí fue donde antiguamente comenzaron a construirse las primeras viviendas de las familias más humildes. Hoy el panorama es bastante diferente y recuerda muchísimo al ambiente del Montmartre parisino, con bonitas tiendas de souvenirs y cafeterías bohemias. De hecho, hay un lugar encantador, el callejón de Rue du Tresor, una galería al aire libre donde artistas locales exponen sus óleos.

Quebec

La Quarter Petit Champlain está considerada la calle comercial más antigua de Norteamérica y actualmente continúa viviendo de lo que los turistas se dejan en sus acogedoras tiendas. Al fondo se encuentra la escalera más antigua de la ciudad, la Escalier Casse-Cou (los locales la conocen como la «rompecuellos»). Se respira aquí un aire de elegancia y buen gusto que es la seña de identidad canadiense. Se mima al visitante pero la relación es recíproca, ya que el que viene de fuera trata con inmenso respeto al quebequés por haber sabido conservar, como metida en formol, una ciudad que parece extraída de un cuento de hadas y princesas. 

Rue du Petit‑Champlain
Así de concurrida está siempre la Rue du Petit‑Champlain

Para conmemorar los 400 años de historia de Québec, el ayuntamiento decidió encargar la realización de diferentes murales que mostrasen las distintas épocas que ha vivido la ciudad. El primero de ellos (y en mi opinión el más bonito de todos) fue este, «La Fresque des Quebécois», en Notre-Dame Street. En sus más de 400 metros cuadrados están representados algunos de los personajes más importantes de la historia canadiense, como el propio fundador de Québec, Samuel de Champlain, miembros de la comunidad amerindia, inmigrantes irlandeses o colonos británicos y franceses.

Mural Quebec

Franceses e ingleses se disputaron con fiereza la soberanía de Québec. Los galos se vieron obligados a construir la Royal Battery en 1691, llamada así en honor de Luis XIV, que sufragó los costes, debido al ataque del comandante William Phips. De aquella época se conservan y exponen los cañones que protegían la ciudad.

Quebec Cañones

Aquí nos tenéis en el que nos pareció el rincón más acogedor de Québec: la bonita Place Royale y sus casitas del siglo XVII. Los bajos de las viviendas ahora están ocupados por restaurantes, diminutas tiendas y boutiques; aunque vengas en pleno verano, aprovecha para llevarte un souvenir navideño muy típico de aquí: un cascanueces.

Quebec

Esta estatua tan curiosa, cercana al Musée de la Civilisation, es conocida como La Vivriére. Se inauguró en 1995, se encuentra en la Place de la FAO y celebra el 50 aniversario de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Québec, como ciudad portuaria que es, quiso rendir su particular homenaje marinero con la representación de este mascarón de proa que representa a una mujer llevando alimentos de todas partes del mundo. Los mascarones de proa eran unos de los más bellos elementos de las flotas navales antiguas, damiselas de madera, en muchos casos semidesnudas, cuya labor era calmar las aguas turbulentas y proteger a los marineros de tormentas y naufragios.

Quebec

 

Dónde comer en Québec

Una ciudad tan especial como Québec se merece una experiencia gastronómica a la altura de las circunstancias. Por eso queremos recomendarte un lugar francamente encantador: el restaurante Aux Anciens Canadiens. La que está considerada una de las casas más antiguas de la ciudad (data del año 1675) ha sido convertida en un acogedor restaurante de dos plantas donde se sirven especialidades de la región.

Aux Anciens Canadiens

Aunque los precios del restaurante, evidentemente, no son bajos (a la carta se suele salir a unos 60 dólares por comensal), tienen un menú del día bastante interesante por 22,95 que incluye dos platos, postre y vino o cerveza. Podrás escoger entre bastantes platos típicos como la famosa poutine, el pastel de carne quebequense, bisonte ahumado, caracoles, el salmón al estilo Coulibiac (que fue de lo que más nos gustó), la confitura de pato o el pastel de caribú. Y los postres, bien regados con sirope de arce.

Habrá quien piense que el Aux Anciens Canadiens tal vez peque algo de turístico (no cabía un alfiler cuando estuvimos, de hecho nos pasamos por la mañana a reservar para mediodía) pero es comprensible tanta afluencia de gente sabiendo que estamos en pleno corazón de Québec y que la comida es francamente excepcional. Todo casero y preparado con mucho esmero.

La Citadelle, la ciudadela, es otra de las visitas imprescindibles en Québec. Otra vez que nos parece estar en Europa ¿verdad? Es el edificio militar más antiguo de todo el país, residencia del actual gobernador y es la única instalación canadiense abierta al público. La entrada cuesta 16 dólares. La visita sólo se puede hacer guiada (en francés o en inglés), aunque dan también algunos folletos en español que has de devolver al salir. 

Nada más llegar, entrando por la Puerta  Dalhouise (la única que se conserva de la fortificación original), nos reciben custodiando la fortaleza los soldados del Royal 22 Regiment, con sus llamativas chaquetas rojas y sus gorros de piel de oso. En verano, desde el 10 de Junio hasta el mes de Septiembre, protagonizan cada día a las 10 de la mañana la ceremonia del cambio de guardia (el único de todo Canadá y que tanto te recordará a la que se hace en Londres), de media hora de duración. Sacan a la mascota del regimiento, la cabra Batisse, y toca la banda de música. A las 12 de la mañana también se dispara un cañonazo para marcar el mediodía.

Ciudadela Quebec

Dentro de la ciudadela podrás visitar edificios históricos como la prisión o el Cap Diamant Redoubt. Tenemos también una capilla que se usó originalmente para almacenar armas, el observatorio más antiguo de Canadá, la mansión donde vive el gobernador (también se puede visitar pero hay que contratar tour aparte), medio centenar de cañones y algún que otro tanque. Todo muy militar, vamos. Para acabar el recorrido, podemos dar una vuelta por el pequeño museo interactivo que repasa la historia del Regimiento 22, mostrando maquetas, uniformes, condecoraciones y objetos de diferentes épocas.

Ciudadela Quebec

El monumento a Confucio se encuentra en la Plaza de George V. Fue un regalo de China (más concretamente de la provincia de Shandong, donde nació el filósofo) para conmemorar la amistad entre la ciudad de Québec y el país asiático.

Monumento Confucio Quebec Canada

Dónde dormir en Québec

El alojamiento fue uno de los mejores en cuanto a calidad-precio de todo el viaje canadiense. Era un apartamento chulísimo que llevaba una familia china, en una preciosa casa de dos plantas en una zona residencial de la ciudad. El apartamento tenía de todo: lavadora /secadora, wifi, cocina completa y hasta una encantadora terraza que daba a un jardín trasero. Dos habitaciones grandísimas y un precio excepcional: 116 euros por dos noches de alojamiento. Vamos, que no salimos ni a 30 euros por noche / pareja. Podéis ver fotos y hacer reservas aquí.

Monumento al arzobispo Laval, el que fue primer arzobispo de Québec y fundador de la primera universidad francófona de América (es también una de las más antiguas del continente).

Quebec Laval

Después de entrar a echar un ojo a la Basílica de Notre Dame, dimos un paseo por Côte de la Fabrique. Desde aquí obtendremos una perspectiva bastante buena de las murallas de Québec, que aún protegen la parte alta de la ciudad y que cubren un perímetro de más de 4 kilómetros. Aún se conservan cinco puertas de entrada, como esta de Saint Louis, en la que se pueden contemplar las almenas, las torres de vigilancia y una puerta menor para facilitar el paso de caminantes.

Quebec Gate

Ayuntamiento de Québec, o lo que es lo mismo, City Hall. Hasta 1878 este elegante edificio fue monasterio de los jesuitas, hasta que poco antes de inaugurar el siglo XX pasó a convertirse en la sede del gobierno local. Los concejales que aquí trabajan y que regentan seis distritos representan al medio millón de personas que vive en Québec.

Ayuntamiento Quebec

La Rue Saint Louis es una de las arterias más animadas de la ciudad. Es una de las calles más antiguas de Québec y es aquí donde se encuentra el convento-museo de las Ursulinas, que fueron las primeras profesoras de francés para niñas en América del Norte. Cerca se encuentra la casa más antigua de Québec, la Maison Jacquet, y el Museo de Arte Inuit. En esta misma calle vivió Adolphe Basile Routhier, creador del himno nacional.

Quebec

¿Sabías que…?

Québec es enoooorme. Es la provincia más grande de Canadá: su tamaño triplica tres veces el de Francia y dentro de ella caben 50 Bélgicas. Lo más curioso es que la mayor parte de su territorio está deshabitado.

✴ Aquí podemos encontrar nada más y nada menos que medio millón de lagos y 4.500 ríos. Más del 10% del terreno de Québec está cubierto de agua. Por dicho motivo, el piragüismo es uno de los deportes más populares entre los locales.

✴ Desde 1977, el francés es el idioma oficial de la ciudad. Así que no te extrañe que al caminar por sus calles, te des de bruces con un Poulet Frit du Kentucky en vez de un Kentucky Fried Kitchen. 

✴ En 1995,Québec estuvo a punto de independizarse de Canadá, aunque en la práctica el referéndum se consideró no válido. El «no» ganó al «sí» por apenas un 0,4%, lo que acrecentó las iras de los que buscaban la independencia. 

El personaje más conocido de Québec es Celine Dion, quien aunque alcanzó la fama a nivel mundial por la BSO de «Titanic», ya era antes muy popular en Canadá.  

✴ Durante cerca de 140 días al año, Québec se encuentra cubierta con como mínimo un centímetro de nieve.

✴ «Je me souviens» (lo recuerdo) es el lema oficial de Québec y se imprime en las matrículas de los coches para que no se olvide lo importante que es conservar las tradiciones.

✴ Cuando pasees por Québec, te sorprenderá darte cuenta de que está plagada de pubs irlandeses. Desde que en el siglo XVII Francia enviara a sus inmigrantes irlandeses a repoblar este área, la presencia irish es más que importante. Hasta el punto de que se considera que el 40% de la población de Québec desciende de irlandeses.

✴ La palabra «kebec» tiene su origen en las tribus algonquinas y significa «donde el río se estrecha», en alusión a la localización de la ciudad. 

✴ Después del de Río de Janeiro y el de Nueva Orleans, Québec tiene el festival de invierno más importante del mundo. Llegan a reunirse casi un millón de asistentes.

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