Hallstatt Austria

Uno de los viajes más bonitos que hemos hecho por Europa ha sido en la montañosa región de Salzkammergut en Austria. Incluimos esta etapa, que se puede hacer sin problema en un solo día, en un viaje que realizamos por el país un mes de Octubre. Otoño es una época ideal para recorrer tierras austriacas pues aún no han llegado las bajas temperaturas del invierno (de hecho a nosotros nos hizo un tiempo estupendo) pero te evitas encontrarte esas marabuntas de turistas que llegan a estas tierras en verano. Aún así, pese a que Sankt Gilgen y Sankt Wolfgang estaban más tranquilos, Hallstatt estaba atestado de chinos cámara en mano. No me imagino la locura que debe suponer visitar el pueblo en época estival.

Lo ideal es moverse entre las tres localidades en coche, aunque desde Salzburgo (a sólo 50 kilómetros) y Viena (220 kilómetros) son muchas las agencias que ofrecen excursiones de un día. Nosotros, no obstante, ya sabéis que somos de ir por libre y como contábamos con coche de alquiler, esto nos daba mayor independencia.

Austria

Comenzaríamos la jornada en el coqueto Sankt Gilgen, situado junto al lago Wolfgang (o Wolfgangsee, como lo conocen los austriacos). Austria tiene lagos bellísimos pero este probablemente sea el más bonito del país: sus aguas cristalinas lo han convertido en uno de los resorts veraniegos más demandados por viajeros de toda Europa. Helmut Kohl, el canciller alemán, y su esposa Hannelore todos los años venían aquí de vacaciones. Tontos no eran: el lugar es el paraíso para los amantes de la naturaleza, el aire puro y las rutas de senderismo por verdes valles. Mucha gente opta por tomar alguno de los barcos que conectan los pueblos de St. Wolfgang, Strobl y St. Gilgen. El recorrido dura una hora por trayecto y el precio es de 22 euros ida y vuelta.

Wolfgangsee

Estos pueblos han podido conservar tan inmaculada su arquitectura original ya que durante muchísimos años se mantuvieron prácticamente aislados y protegidos por montañas que alcanzan los 3.000 metros de altitud. Hasta que el emperador Francisco José no fundó el pueblo de Bad Ischl (bad en alemán significa spa), haciéndolo su residencia oficial de verano, no comenzarían a llegar turistas a la zona. Desde entonces, es una de las regiones favoritas de los austriacos para venir a relajarse, coger la bicicleta o darse largas caminatas. El área de Salzkammergut está plagado de bonitos hoteles alpinos (nada baratos, eso sí), restaurantes típicos y tiendas de souvenirs que han sabido respetar totalmente la fisionomía de estos pueblecitos de cuento de hadas.

St. Gilgen insiste en promocionarse como «el pueblo de Mozart», pese a que el célebre compositor nunca llegó a visitarlo. Pero sí es cierto que aquí nació la madre de Mozart, Anna, que su abuelo trabajó en el pueblo durante parte de su vida y que su propia hermana Nannerl se mudó a vivir aquí después de casarse y vivió en St. Gilgen durante 17 años. Vamos, que los vínculos familiares del entorno de Mozart con St. Gilgen son bastante profundos y se les perdona la mentirijilla.

St. Gilgen comenzó a destacar como destino turístico a finales del siglo XIX, cuando muchos vieneses decidieron construirse en los alrededores sus segundas residencias. Aún así, es un pueblo muchísimo menos turístico que St. Wolfgang (siguiente parada), incluso en temporada alta. Al ser Octubre, estuvimos deambulando por allí completamente solos, nos cruzamos con algún vecino despistado y poco más. Por ello, si quieres dormir por la zona, es buena opción, ya que hay multitud de Bed & Breakfast bonitos y baratos para lo que es Austria (unos 70 euros la doble). Sólo tienes que buscar el cartelito «Zimmer Frei» (habitaciones libres).

El centro del pueblo reside en la Mozartplatz, donde en invierno se instalan los mercadillos navideños.

St Gilgen Mozartplatz

Como veis, Mozart continúa siendo el hijo pródigo de St. Gilgen, pese a que nunca pisara el pueblo. De hecho en mitad de la plaza se encuentra una estatua de Mozart de joven tocando el violín. Y St. Gilgen saca rendimiento al tema convirtiendo en casa de cultura a la casa natal de la madre del compositor. Así, en la Mozarthaus, donde Anna Maria Pertl nació el día de Navidad en 1720, se celebran conferencias, conciertos, obras de teatro y todo tipo de eventos.

Estatua Mozart St Gilgen

St. Gilgen es un pueblo bastante pequeño que se recorre en apenas una hora. Las tranquilas calles empedradas, las casitas de colores con sus balcones llenos de macetas y su situación a orillas del lago hacen de St. Gilgen un lugar idílico.

St Gilgen
Rathaus (Ayuntamiento) de St. Gilgen

St Gilgen

St Gilgen

St Gilgen

El cementerio de St. Gilgen se merece que le dediques un buen rato. Se encuentra anexo a la iglesia dedicada a San Gil y es un rincón lleno de colorido, pese a que sea donde reposen los restos de la mayoría de los habitantes de St. Gilgen. La primera ermita del santo se construyó en el año 1300.

PA154924_Easy-Resize.com

St Gilgen Cementerio

Una de las grandes atracciones de St. Gilgen es el teleférico, el Zwolferhorn Cable Car, que sube hasta la cima de la montaña del mismo nombre.

PA154906_Easy-Resize.com

Si queréis obtener inmejorables vistas panorámicas, os recomiendo que al salir de St. Gilgen, hagáis una parada en el mirador del restaurante Mühlradl: este es el resultado.

PA154901_Easy-Resize.com

La siguiente parada sería Sant Wolfgang, llamada así en homenaje al santo que en el siglo X buscó refugio en estas tierras. Dejamos el coche en un parking a la entrada del pueblo que, curiosamente, pertenecía a una casa particular y nos cobraron 3 euros. Como veis, aquí el que no corre, vuela a la hora de sacar un beneficio turístico.

St Wolfgang Austria

Una forma diferente de conocer St. Wolfgang es por medio del SchafbergBahn, el tren cremallera más famoso de Austria (y también el que asciende a mayor altura). El precio no es barato (40 euros ida y vuelta) pero la experiencia es incomparable. En funcionamiento desde 1893, aunque ahora con trenes modernos en vez de con máquinas de vapor, sube hasta la cima de la montaña Schafberg: 40 minutos de viaje para recorrer los 1700 metros de ascenso a la cumbre, regalando preciosas vistas de los paisajes austriacos. En días despejados tendrás la suerte de divisar varios lagos de la región. Arriba nos espera el Schafbergspitze, el hotel de montaña más antiguo del país, abierto en 1862.

St. Wolfgang fue popularizada en el pasado por la opereta «Im Weiben Robl», basada en una historia real ocurrida en una pequeña posada de la zona que narraba el cortejo de un camarero a su jefa viuda. Esta comedia musical fue la excusa perfecta para ridiculizar a los nuevos ricos que venían a la región de los lagos de vacaciones pero a la vez se convirtió en la mayor promoción turística que St. Wolfgang pudiera imaginar. De hecho, el hotel más exclusivo de la ciudad, cuyas habitaciones cuestan una media de 300 euros la noche, es el Gasthof im Weissen Rössl, es la antigua posada donde se desarrollaba la opereta y cuya popularidad lo ha convertido en un hotel de lujo.

St. Wolfgang

En su parte trasera cuentan con esta piscina con vistas al lago: ahora entiendes por qué cuesta un ojo de la cara el alojamiento.

St Wolfgang

Pero si por algo era popular anteriormente St. Wolfgang es por la fama que le concedió el santo del siglo X que da nombre al propio pueblo. Según cuenta la leyenda, este obispo lanzó un hacha al suelo, dejando al azar la elección del lugar que vería la construcción de una futura iglesia. Y aquí, a orillas del lago, se levantó este santuario que pasó a convertirse en uno de los puntos de peregrinación más importantes de Austria. La Pfarrkirche St. Wolfgang destaca más por su interior que por su exterior. Y es que al entrar, te encuentras con un altar espectacular, obra de Michael Pacher, un artesano tirolés cuya obra maestra es esta, la «Coronación de la Virgen». 

Pacher Altar St Wolfgang

Para comer en St. Wolfgang lo vas a tener fácil ya que el pueblo es tan turístico que si de algo están sobrados es de restaurantes. Nosotros optamos por el restaurante de uno de los hoteles más bonitos del pueblo, el Gasthof Weisser. Allí decidimos probar uno de los platos típicos austriacos, que como veis en la foto, no tiene mucho misterio: el escalope vienés o Wiener Schnitzel.

Supongo que a lo largo de nuestra vida hemos comido tantos filetes empanados (en Argentina descubrí que también eran muy comunes, las milanesas) que nos pareció un plato de tantos. ¿Que estaba muy rico? Sí. ¿Que en Austria tienen la particularidad de que son gigantes y con uno comen dos? También. ¿Que ese particular toque grasiento es debido a que se frien con mantequilla y no con aceite? Otro punto a su favor. Pero que tampoco se comen mucho la cabeza en su elaboración, cierto es.

Escalope Austria

Cuando vengais a St. Wolfgang, si tenéis un ratito os aconsejo hacer una parada en la cafetería Kaffeewerkstatt: como veis, es encantadora ¡no le falta detalle!

Kaffeewerkstatt St Wolfgang Austria

Como podéis comprobar, St. Wolfgang es una auténtica preciosidad. No nos extraña que muchas familias acaudaladas lo escojan como su refugio para las vacaciones.

St. Wolfgang

St. Wolfgang

St-Wolfgang

PA154955_Easy-Resize.com

St Wolfgang

Krampus: el demonio navideño de las montañas

Google (Android 10)

Aunque nosotros visitamos la región en otoño, venir en invierno también tiene su encanto. Especialmente por dos motivos. El primero, la cantidad de mercadillos navideños que se organizan en los pueblos y donde podrás hincharte a beber Glühwein (ese vino caliente especiado que tanto gusta a austriacos y alemanes), catar las galletas de jengibre o comprar adornos navideños. Puedes atreverte con otras viandas típicas locales como el stollen (pastel de especias), las vanillekipferl (galletas de nuez) o las spatznl (albóndigas) El mercadillo de St. Wolfgang es el más importante: se instala un candil gigante en mitad del lago y un Belén a tamaño natural que hace las delicias de los visitantes.

Pero es el segundo motivo para venir aquí en Navidad el que nos parece más curioso y atractivo: el mito del Krampus, ese monstruo de rostro diabólico, con cuernos y patas de cabra, que viene a por los niños traviesos que no se portan bien. Si no conocías la leyenda, seguro que ahora te suena un poco más, ya que en los últimos años se han estrenado varias películas de terror basadas en su figura, hasta el punto de que en muchas ciudades de Estados Unidos como Portland, San Francisco, Chicago o Los Angeles ya celebran cada Diciembre su propio Krampusfest.

El mito del Krampus se remonta a los orígenes de sus vecinos germanos (krampen en alemán significa garra). Antiguamente, en las frías noches de invierno, en los pueblos de Baviera los lugareños se disfrazaban con pieles y huesos de animales, se teñían la cara con carbón y bailaban en torno a las hogueras con la intención de espantar a los demonios de los bosques. Durante años esta tradición pagana fue perseguida por la iglesia, a la que le gustan poco las tradiciones ajenas a su jurisdicción, hasta que hicieron caso a ese dicho que reza «si no puedes con el enemigo, únete a él» y decidieron cristianizar los festejos, convirtiendo a Santa Claus en el líder del desfile de los Krampus y el que les informaba de los niños que no hacían caso a sus padres.

La noche del 5 de Diciembre, la Krampusnacht, miles de hombres en toda Austria se disfrazan del Krampus y aterrorizan a niños y mayores, arrastrando sus cadenas y cencerros. Estos desfiles, conocidos como Pässe, recuerdan un poco a los carnavales de Tenerife, en el aspecto de que los miembros de cada asociación pasan varios meses confeccionando los trajes que llevarán esa noche y que cada año superan en calidad y dramatismo a los del anterior. Ojo si estás en las primeras filas presenciando el espectáculo, pues lo Krampus no dudarán un momento el fustigarte con las ramas de abedul con las que van armados. Esa ha sido siempre su misión: castigar a los rebeldes, encadenarlos y llevárselos consigo a las puertas del infierno.

 

El día lo íbamos a acabar en el que está considerado el pueblo más bonito de Austria (y en añadidura del mundo). Hallstatt. Lo habíamos visto mil veces en fotos y es espectacular. Quizás por ese motivo, por lo mucho que se ha publicitado desde la aparición de internet, fue en el que encontramos, con diferencia, un mayor número de turistas. Tantos que a veces se hacía difícil andar por esos callejones pequeñitos.

La mayoría de ellos eran turistas coreanos que, de muy malas maneras, empujaban al resto de transeúntes, obsesionados con encontrar la foto perfecta, y se apiñaban a las puertas de las tiendas de souvenirs. Habían descubierto Hallstatt a raíz del rodaje aquí de un culebrón coreano y ahora se ha convertido en un lugar de peregrinación televisivo para ellos. Sus vecinos, los chinos, también están obsesionados con el pueblo, hasta el punto que construyeron una réplica de Hallstatt en su propio país. Ya lo comentamos en el artículo Destinos soñados que al final no son para tanto : hay lugares que pierden todo el encanto cuando la afluencia de gente es exagerada y masiva. Hallstatt corre el riesgo de convertirse en uno de esos destinos.

Hallstatt

En cualquier caso, y siendo objetivos, Hallstatt es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y bien que merece el privilegio. No sólo porque sea una villa bellísima, que también, sino porque tiene el honor de ser el pueblo más antiguo aún habitado de Europa. Sus orígenes se remontan a la Edad de Hierro, hasta el punto de que da nombre a una cultura arqueológica, la de Hallstatt, marcada por la agricultura, el trabajo con metales, el intercambio comercial con otras culturas mediterráneas y la aparición de una nueva clase social privilegiada: la élite.

Hallstatt además fue de los primeros pueblos del mundo en contar con una mina de sal, que tanta fortuna ha traído a la región. Desde la prehistoria la sal ha sido considerada un artículo de lujo, ya que en una época en la que no existía la refrigeración artificial, era la herramienta ideal para conservar en buen estado los alimentos. Actualmente las minas están abiertas al turismo y se pueden visitar. Aunque advertimos que el precio de la entrada no es barato: 34 euros.

Hoy en día Hallstatt bebe del turismo como principal fuente de ingresos. Ignoramos si los pocos vecinos que no vivan de vender souvenirs, alojar huéspedes o darles de comer están hasta los mismos de tanta basca con cámara de foto al cuello. El resto desde luego que saca un rendimiento brutal a lo bonito que es su pueblo: aparcar cuesta la módica cantidad de 7 euros e incluso en temporada baja, es difícil encontrar aquí una habitación doble por menos de 120 euros. Tampoco creas que en los pueblos cercanos baja de precio mucho la cosa: esta zona en general es bastante cara a la hora de buscar hotel. Quizás por ello nosotros hicimos bien en gastar el día recorriendo la región pero posteriormente irnos a dormir a Viena, que sería nuestra siguiente etapa en el viaje y que se encuentra a algo más de 3 horas en coche.

Aunque Hallstatt se ve fácilmente en una hora (apenas hay un kilómetro de extremo a extremo), tómatelo con calma para disfrutarlo. Lo primero es tomar la mejor fotografía, como la que ves ahí arriba: para ello camina hacia el norte del pueblo, deja atrás la estación donde atraca el ferry y cuando el camino se escore, date la vuelta y observa qué panorámica más increíble. También hay instalado un mirador, el 5 Fingers, a 350 metros de altura sobre las casas de Hallstatt si buscas otras vistas diferentes (además es gratuito). O incluso en la parte sur, a sólo unos pasos de la Oficina de Información Turística.

Esta de aquí abajo es la concurrida Marktplatz, es decir, la plaza principal. Realmente bonita, con la fuente, la estatua de la Santísima Trinidad y sus casitas de colores destacando frente a las montañas Dachstein Salzkammergut. Aquí es donde se instala cada invierno el mercadillo de navidad pero también es sede de otros muchos eventos: conciertos. fiestas del Corpus Christi o las del Krampus de las que os hablé ahí arriba.

Hallstatt

La calle principal, la Seestrabe (o Calle del Lago), está siempre hasta arriba de visitantes. Paralela a ella se encuentra el lago, al que parece abrazarse Hallstatt, donde son muchos los turistas que alquilan un barco a pedales con forma de cisne.

Main-Street-Hallstatt_Easy-Resize.com

PA154998_Easy-Resize.com

Otro de los lugares más interesantes para visitar en Hallstatt es el trío conformado por la iglesia, el cementerio y el osario. Especialmente curioso es el osario, el Beinhaus, en la capilla de San Miguel, aledaño a la iglesia católica, la Pfarrkirche. Debido a la saturación del cementerio cercano, aquí se almacenan más de 1.200 cráneos decorados, reflejo de una tradición de la zona antiquísima que consiste en pintar (o maquillar más bien) las calaveras de antepasados. Algunas de ellas llevan coronas: cuanto más oxidadas están dichas coronas, más antiguos son los restos de las calaveras. Otras lucen cruces negras en la frente, flores o hojas de roble.

Hallstatt

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.