Andalucía. Su propio nombre evoca imágenes de sol, largas playas, macetas con flores y pueblos blancos. Pocos lugares en el mundo conservan en su haber tanta historia, tanta cultura y tanta esencia como tiene el sur de España. No extraña que el último año 12 millones de turistas eligieran estas tierras para pasar sus vacaciones: seguro que buena parte de ellos repetirán una y mil veces. Porque el que pisa Andalucía una vez, queda enganchado de por vida.

Aunque soy madrileña de corazón y ahora resido en la tierra que me vio nacer, fueron cuatro años los que pasé viviendo en Huelva. Cuatro años en los que aprendí a degustar con calma (porque sí, aquí el ritmo con el que se vive es distinto) las costumbres andaluzas. Disfrutar de desayunar en una terraza en manga corta en pleno mes de Diciembre una tostada con manteca colorá, aprender a comprender el flamenco y que se me empañaran los ojos en un festival de cante jondo, descubrir que era capaz de hablar en poco tiempo un nuevo idioma (¡no ni ná!), vivir cada verano el sopor de la calima, acostumbrarme a que en la nevera siempre hubiera un par de cuencos con salmorejo y ensaladilla de gambas y, ante todo, tomarme la vida con buen humor (a mi me encantaba eso de «insultarse cariñosamente», algo tan popular allí lo de llamarte «japuta» en plan amoroso). Porque si un problema puede solucionarse, lo solucionas, y si no se puede, para qué preocuparse. Esa es la actitud.

Tenía muchas ganas de dedicar un amplio artículo a esos pueblecitos maravillosos andaluces en los que el tiempo corre más despacio, en los que a la hora de la siesta se puede escuchar el vuelo de una mariposa y a la del anochecer no falta en los bulliciosos bares la caña con la tapita. Esos pueblos que descubrí en algunos casos antes de vivir en Andalucía, en los que profundicé aún más en mi vida andaluza y a los que he regresado tras retomar mi vida en Madrid. Esos pueblos entrañables, hospitalarios y acogedores como pocos, en los que me siento como en casa. Porque Andalucía fue durante años mi hogar y como mi segundo hogar seguiré viéndola el resto de mi vida.

Cortegana (Huelva)

Corte

He querido comenzar mi itinerario por «mis pueblos andaluces» por una zona fascinante y, afortunadamente, aún poco explorada por el turismo: la sierra de Huelva. Ya le dediqué unas cuantas líneas en el artículo Pueblos con encanto en la sierra de Huelva pero justo es por mi parte volver a rendir pleitesía a una región espectacular, considerada Reserva de la Biosfera por su alto valor medioambiental. Han sido muchos los fines de semana que he pasado haciendo senderismo por la montaña, perdiéndome en aldeas minúsculas como Castaño del Robledo, empapándome del encanto andalusí de la mezquita de Almonaster, disfrutando de las preciosas vistas de la Peña Arias Montano en Alájar y acabando la tarde comiendo carne ibérica en Fuenteheridos.

Me ha costado mucho decidirme por un pueblo serrano onubense porque para mi cada uno tiene su aquel. Es como que te pregunten a cuál de tus hijos quieres más. Al final me he decidido por Cortegana porque creo que resume estupendamente lo que vas a encontrarte en la sierra de Huelva. Un pueblecito de casas blancas, escondido entre montañas plagadas de alcornoques y castaños (mi época favorita para viajar por aquí es el otoño, aunque a principios de Agosto puedes disfrutar de las fiestas medievales). Con mucha historia en sus entrañas, como ese castillo extraordinario que es la obra cumbre de la Banda Gallega, ese cinturón de fortificaciones repartidas por toda la comarca para repeler los ataques enemigos de antaño.

Las ermitas onubenses han sido declaradas Bien de Interés Cultural y la sierra está plagada de ellas. En Cortegana hay cuatro ermitas, la de Nuestra Señora de la Piedad, la de San Sebastián, la de Jesús Nazareno y la de la Trinidad: recomendable visitar las cuatro, aunque en mi opinión la más interesante es la de la Piedad, con ocho siglos de vida a sus espaldas. No menos interesantes son las numerosas fuentes que encontrarás diseminadas por el pueblo, como la del Prado o la del Callejón. Hay que recordar que aunque a muchos cueste creerlo, este es uno de los lugares más lluviosos de España y por eso al adentrarte con el coche por esas carreteras imposibles, te parezca más estar en Galicia que en tierras de Andalucía: todo lo que ves a tu alrededor es verde intenso.

Olvera (Cádiz)

Olvera

Como veis, en este artículo va a haber buen hueco para los conocidos como pueblos blancos, en mi opinión los más bonitos de Andalucía y de los que tantos y peculiares ejemplos tenemos. Olvera forma parte de la Ruta de los Pueblos Blancos, uno de los mayores atractivos de la provincia de Cádiz. Casi una veintena de pueblos en los que conviven las influencias árabes, cristianas y romanas, las historias de bandoleros y una arquitectura popular única y característica.

Olvera es un pueblo algo mayor que Cortegana pero no por ello ha perdido su atmósfera de población pequeñita en la que todo el mundo se conoce y se saluda al cruzarse por la calle (que es algo que echo mucho de menos de Andalucía, esa sensación de camaradería en las poblaciones chiquitas). Por aquí transcurre la Vía Verde de la Sierra (la única ruta de interés turístico reconocida en Andalucía y galardonada con el premio a la mejor vía de Europa). Un recorrido de casi 40 kilómetros siguiendo un antiguo camino ferroviario que deja unas vistas impresionantes de la sierra.

Hablando de las vistas, obtendrás unas de las mejores del pueblo desde el Mirador de la Iglesia: soberbia esa imagen de casas encaladas. El castillo de origen árabe (siglo XII), situado a 600 metros sobre el nivel del mar, formó parte de esas cadenas defensivas de las que antes os hablaba: de la fortaleza inicial queda poco más que la torre del homenaje y un aljibe. El pintoresco barrio de la Villa, en el que aún se conservan parte de las antiguas murallas, es el lugar ideal para buscar una terracita en la que tomarse una tostada con aceite de oliva virgen , el producto estrella de estas cálidas tierras.

Pampaneira (Granada)

Capileira

Pampaneira, más que un pueblo, es una aldea de apenas 300 habitantes, esencia pura de la Alpujarra granadina. Aconsejo al que se adentre en estas tierras que antes lea un libro tan encantador y divertido como «Entre limones» (del que hablamos en Novelas viajeras que deberías haber buscado en la Feria del Libro), para así irse aclimatando a la curiosa idiosincrasia de los alpujarreños (y sus contundentes desayunos).

Pampaneira, escogido con razón uno de los pueblos más bonitos de España, se encuentra en el barranco de La Poqueira y es un precioso pueblecito blanco en el que destaca una característica arquitectónica muy propia de zonas rurales de Granada y Almería: los tinaos (o tinados), estructuras a base de vigas sobre las que se sitúan terrazas, azoteas o estancias similares. Solían servir como refugio de las inclemencias del tiempo para los vecinos, por eso son tan populares en las zonas de las Alpujarras, donde en invierno hace tanto frío. Por ello también, como decía antes, los menús son tan ricos en calorías, dando mucha importancia a chorizos, morcillas, potajes, gachas y sopas calentitas.

Otra cosa muy típica de Pampaneira son las jarapas, que se continúan confeccionando de modo artesanal: en época nazarí llegó a haber en este área más de 5.000 telares aunque ahora sólo sobreviven una docena. De hecho nosotros tenemos una en casa desde hace muchos años y ahí se mantiene, estupenda y como nueva.

Conil de la Frontera (Cádiz)

Conil

El único problema que tiene Conil de la Frontera es que si vas en pleno verano, no cabe un alfiler y está todo carísimo. Así, os recomiendo ir fuera de temporada alta para disfrutar de uno de los pueblos más bonitos de Andalucía. Tal vez no haga suficiente calor para bañarse en la playa (recordad que las aguas de Cádiz son fresquitas) pero os vais a encontrar Conil con muy pocos turistas, mucho más tranquilo y con un encanto especial. Os aseguro que, para mi gusto, en invierno gana muchos puntos.

Pasear por su centro histórico, con sus callecitas repletas de geranios, darse un paseo al caer la tarde por la interminable playa de la Fontanilla, pegarse un atracón de atún rojo en algún restaurante (es la especialidad local ¡y lo preparan de mil maneras diferentes!), admirar cómo se esconde el sol en las coquetas calas de Roche o en la cercana playa de El Palmar o irte paseando entre las dunas hasta el legendario cabo de Trafalgar son sólo algunas de las opciones que brinda este paraíso de la bien llamada Costa de la Luz.

Mijas (Málaga)

Mijas

Damos un salto a la Costa del Sol para irnos a Mijas, un pueblo situado en la sierra malagueña, a 400 metros de altura, tan blanco-tan blanco que deslumbra cuando vas llegando con el coche y lo ves en la lejanía. Mijas se divide en tres áreas, Las Lagunas, La Cala y Mijas pueblo. Pero en mi opinión es este último el realmente interesante. Un laberinto de casitas albinas que se puede admirar desde el Mirador de la Peña (el primer sitio que has de visitar para obtener las mejores panorámicas). Después toca subir y bajar cuestas y perderse entre esos callejones en los que es común ver a las vecinas barriendo con alegría las entradas a sus casas. Uno de los rincones más bonitos del pueblo es la Plaza de la Constitución, tan recogidita ella y tan típicamente andaluza. Para comprar artesanía local, recomiendo recorrer la calle San Sebastián, que aparte de ser una preciosidad, cuenta con una ermita del siglo XVII.

Mijas se siente muy orgulloso de los restos de su muralla árabe y la fortaleza medieval, así como de su patrimonio gastronómico, en el que destaca el ajoblanco con uvas, el gazpachuelo, la ensalada mijeña y un montón de sopas a cuál más rica (la de limón, de tomate, de ajos, de maimones…¡un montón para elegir!). Si quieres llevarte un souvenir de recuerdo, ninguno mejor que cualquier producto hecho de esparto: en pocos lugares encontrarás mayor variedad que aquí.

Ronda (Málaga)

Ronda Malaga

De Ronda os hablamos largo y tendido cuando os narramos nuestro viaje allí en Ronda: un pueblo al borde del abismo. Pero no está de más regresar sobre nuestros pasos para recordar dicho viaje. Ronda, con todo el derecho del mundo, está considerado uno de los pueblos más bonitos de Europa y cada año recibe miles de turistas que se quedan sin habla cuando se ven en lo alto de ese barranco no apto para los que sufren de vértigo. Una de las imágenes más impactantes de Andalucía. Recuerdo que cuando paseábamos por allí coincidimos con una chica coreana que nos pidió hacerle una foto y que nos confesaba emocionada no haber visto en su vida nada igual.

Erróneamente llegué a Ronda con la impresión de que aparte del Puente Nuevo, poco habría que ver. Qué equivocada estaba. Resultó Ronda ser un pueblo extraordinario, con la esencia más andaluza incrustada hasta las entrañas. Rodeado de murallas, herencia de su época musulmana (también se conservan los baños árabes, unos de los mejor conservados del mundo), es una delicia pasear entre sus callejuelas y al atardecer sentarse en el bonito parque de la Alameda del Tajo, un refugio de frescor en un pueblo donde el verano puede ser implacable en lo que a temperaturas se refiere.

Arcos de la Frontera (Cádiz)

Arcos de la Frontera

Regresamos a Cádiz, la provincia estrella de este artículo, para conocer Arcos de la Frontera, uno de los pueblos más singulares de nuestro país. Aunque sea el mayor pueblo de la sierra de Cádiz (aún así tiene poco más de 10.000 habitantes) y uno de los más conocidos de los Pueblos Blancos, Arcos de la Frontera ha sabido salvaguardar, pese al bombardeo turístico, su genuino carácter.

Sólo hay que ver la foto para asumir que cuando uno llega a Arcos, ubicado en lo alto de un cerro donde la leyenda dice que duerme un dragón, le quedan por delante muchas cuestas, muchas subidas y bajadas y mucho entrenar gemelos y pantorrillas. Pero todo esfuerzo conlleva su correspondiente recompensa. Y ésta toma forma en los patios escondidos, atiborrados de macetas y flores, en el castillo que se alza en lo más alto del pueblo, en el callejón de las Monjas y sus palacetes o en las fachadas blancas, salpicadas de ventanales enrejados que antaño servían para que de noche flirtearan los enamorados cuando los vecinos dormían.

Frigiliana (Málaga)

Frigiliana

De nuevo regresamos a la provincia de Málaga para desplazarnos hasta la parte más oriental, a la comarca de la Axarquía. Aquí el auténtico protagonista es el pueblo de Frigiliana, una pequeña villa de apenas 3.000 habitantes que en varias ocasiones ha sido elegido por los propios malagueños como el pueblo más bonito de su tierra. Un lugar encantador que, sin embargo, pasa desapercibido para muchos turistas que bajan a la costa buscando playas y chiringuitos. Cuando, curiosamente, buena parte de la población de Frigiliana, casi un tercio, es extranjera y se encuentra tan cerca de una localidad tan turística como Nerja, la misma que popularizó «Verano Azul». Qué cosas.

Frigiliana, cuya región es conocida por el cultivo del mango (una de mis frutas favoritas, aquí encuentras todos los productos imaginables elaborados a base de este ingrediente), invita a visitarla en invierno, cuando el clima es más saludable. Su cercanía al Parque Natural de las Sierras de Almijara, Tejeda y Alhama dota a sus alrededores de unos paisajes lindísimos, que contrastan con la belleza indiscutible de este pueblo blanquecino. Las mejores vistas se obtienen desde el cerro del Fuerte, desde donde se lanzaban los soldados árabes para evitar que les capturasen las tropas españolas hace unos cuantos siglos.

El corazón de Frigiliana se encuentra en el Barribarto, el casco histórico, donde se respira a cada paso su herencia morisca. Frigiliana, como otros tantos pueblos de Andalucía, vio convivir en el pasado a árabes, cristianos y judíos, por lo que cada verano celebran el festival de las Tres Culturas, donde se enorgullecen de su multiculturalidad. Y es que, como comentaba antes, ahora continúan residiendo en el pueblo muchos extranjeros, como ingleses o alemanes.

Ayamonte (Huelva)

Ayamonte

Ayamonte era pueblo de parada obligatoria cada vez que cogíamos el coche y nos íbamos al Algarve portugués. Algo que hacíamos muy a menudo ya que de Huelva a Portugal apenas se tarda una hora y es una de mis regiones favoritas de nuestro país vecino: no olvides echar un ojo a nuestra guía del Algarve si quieres preparar un viaje por dicha zona, merece mucho la pena.

Ayamonte se encuentra en la misma frontera, hasta el punto de que el puente que separa Portugal y España fue construido a medias por ambos países. Este pasa por encima del río Guadiana, que ejerce como frontera natural entre ambas naciones. De hecho, durante parte de su historia Ayamonte perteneció al reino de Portugal, por lo que su hermandad con nuestros queridos lusitanos no sólo responde a motivos geográficos. Hoy en día es habitual ver a muchos portugueses paseando por las calles ayamontinas, especialmente los fines de semana.

Desde el Parador Nacional se obtienen unas preciosas panorámicas de Ayamonte y su animado barrio de la Villa, el centro histórico que cae en cascada, a base de antiguas casas encaladas y donde se dan cita algunas de las callejuelas más características del municipio. Igual de interesante es el barrio de la Ribera, sede del ayuntamiento, de concurridas plazas y de las calles más comerciales. Pero si por algo me gusta Ayamonte es por su fabuloso entorno natural, con maravillas como Isla Canela, con sus bellísimas playas rodeadas de marismas, y la preciosa Punta del Moral con su bohemio ambiento marinero.

Carmona (Sevilla)

Carmona

Sevilla es mucho Sevilla pero no es menos cierto que en la provincia hay pueblos con mucha historia que bien merecen una escapada. Uno de ellos es Carmona, una población cuyo nacimiento se remonta a hace 3.000 años (se dice pronto) y que en época romana se convirtió en uno de los núcleos más importantes del sur de Hispania. De aquella época se conservan el anfiteatro y la necrópolis. Desde entonces, su relevancia a nivel histórico y cultural no decayó pese a la llegada de diferentes culturas, que enriquecieron aún más su vasto patrimonio.

Puedes comenzar el recorrido por la Puerta de Córdoba (la curiosidad es que, en su estilo, es la única de España con tres arcos de entrada) y llegar al Alcázar del rey don Pedro, donde encontramos el Parador de Turismo. A nivel religioso, destacan el Convento de Santa Clara o las iglesias de santa María, de san Pedro y san Bartolomé. El Alcázar de Sevilla (donde dice la leyenda que si pasas bajo los arcos con los ojos cerrados se cumplirán tus deseos) es otra de las visitas imperdibles.

Zuheros (Córdoba)

Zuheros Andalucia

Aún no habíamos pisado la provincia de Córdoba y lo hacemos para conocer Zuheros. Un pueblecito que más que un pueblo es una aldea grande, protegida por las colinas de la sierra y los olivos que pueblan los terrenos cercanos. A Zuheros hay que ir adrede  (está a unos 75 kilómetros de Córdoba capital) pero os aseguro que merece la pena y mucho. Verse paseando por esas calles sinuosas, que serpentean entre casitas de muros inmaculados, es una experiencia inolvidable.

Esta encantadora villa fundada por los árabes hace más de un milenio ha permanecido detenida en el tiempo, conservando sus calles serpenteantes y el castillo arabesco que antaño se llamó Sujayra y cuyo nombre es el origen del de Zuheros. Además, en los alrededores podemos disfrutar de variadas entretenidas rutas de senderismo, como la del río Bailón, o visitar la Cueva de los Murciélagos, que se descubrió en plena Guerra Civil y en cuyo interior se encontraron pinturas rupestres y restos funerarios.

Cazorla (Jaén)

Cazorla

La elección en la provincia de Jaén es Cazorla, en la sierra del mismo nombre, probablemente el paraje natural más conocido de la comarca. Cazorla es un pueblo, también serrano, ubicado en la Peña de los Halcones y en un entorno único. Destaca en la lejanía el Castillo de la Yedra dominando el pueblo, testigo de cientos de años de historia, y que como todos los castillos, cuenta con su propia leyenda, en este caso la de una princesa mitad mujer, mitad serpiente, cuyo alma sigue vagando tras las murallas.

En Cazorla impresiona visitar las ruinas de la iglesia de Santa María, que al igual que muchas abadías escocesas, carece de techado y su parte superior, lo que hace de ella un monumento de lo más especial. Pero lo realmente impactante es hacer un alto para regalarse unas cuantas horas pateando la sierra de Cazorla, donde con un poco de suerte podrás cruzarte con cabras montesas.

Mojácar (Almería)

Moja_Easy-Resize.com

Mojácar es, con diferencia, uno de mis pueblos favoritos en Andalucía. Almería está llena de pueblos preciosos pero ninguno puede igualarse a esta maravilla situado en lo alto de Sierra Cabrera. Insistimos en que una cosa es Mojácar pueblo y otras Mojácar Playa (que es un paseo marítimo cualquiera). A nosotros el que nos encanta es el pueblo, que disfrutamos muchísimo y cuya visita te contamos en el artículo De viaje en coche por la provincia de Almería.

Mojácar, un pueblo con más de un milenio de antigüedad, es una de las grandes joyas almerienses. Es uno de los lugares del sur que mejor ha podido y sabido conservar su herencia de la época de Al-Andalus y ello hace de él un lugar mágico. El barrio del Arrabal, curiosamente habitado por sefardíes, es uno de los más bonitos, con esas callecitas estrechas repletas de tiestos.

Setenil de las Bodegas (Cádiz)

Setenil de las Bodegas

Setenil de las Bodegas es uno de los pueblos más curiosos que hemos visto ya no sólo en España sino en el mundo. Y es que basta con echar un ojo a la fotografía para darse cuenta de en las curiosas circunstancias que moran sus habitantes. Literalmente devorados por las rocas, piedras colosales que se han convertido en las amas y señoras de la villa.

Las calles Cuevas del Sol y Cuevas de la Sombra (donde, evidentemente, apenas llegan los rayos del sol) son precisamente las más populares y a las que se dirigen todos los turistas, pues aunque hay otras en las que se ven las casas adosadas a las rocas, es aquí donde el escenario se contonea en las formas más peculiares. Un pueblo extrañísimo, con casas fundidas con la piedra, en el que comprendes ese miedo irracional que tenía Obélix, el de que el cielo se nos cayera encima.

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Jerez

Acabo mi elección de mis 15 pueblos favoritos de Andalucía (no creáis que la selección ha sido fácil) con Jerez de la Frontera, otro pueblo gaditano que reparte elegancia y salero a partes iguales. Jerez es famoso por sus bodegas (posiblemente las más conocidas de todo el territorio andaluz) pero también por su riquísimo patrimonio artístico e histórico. Otro pueblo fundado por musulmanes que se ha convertido en una más de las herencias del imperio andalusí.

Jerez conserva de aquella primera época árabe un extraordinario alcázar con baños, mezquita y jardines. De épocas posteriores, la impresionante catedral, los Claustros de Santo Domingo o el bonito barrio de Santiago, de aire mucho más popular que otras zonas de Jerez. Y recuerda que nada hay más jerezano que los tabancos, esas tabernas donde se adora al vino, néctar de dioses, y que son los rincones favoritos de los locales para pasar la tarde con los amigos. Imítales y brinda con ellos por la belleza inigualable de esta maravillosa tierra que tenemos la suerte de tener tan cerca: Andalucía.

2 comentarios

  1. Muy buena reseña de estos pueblo de Andalucia ver tanta bellesa pueblos blancos bellisimos mas toda la cultura de los arabes con construciones arquitetonicas inigualables todo bellisimo …. ……….
    FELICITACIONES …👏👏🤗

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.