San Sebastián para los castellano-parlantes, Donosti para los amigos. Conocí a la ciudad más elegante de España siendo muy jovencita, con apenas 17 años, en un viaje de instituto. Allí me teníais en pleno mes de Febrero, quitándome botas y calcetines para meter, aunque fuera un segundo, los pies en esas aguas heladas del Cantábrico. Porque venir a la playa de La Concha por primera vez y no dejar que la sal te lama la piel debería considerarse pecado mortal.

Donostia

Qué buenos recuerdos guardaba de aquel primer viaje a Donosti en la adolescencia y qué ganas tenía de repetir con la gran duquesa vasca. Regreso allí en este nuevo viaje que es el de revivir los recuerdos de hace sólo dos o tres meses, como si fuera ayer el largo paseo bajo ese cielo encapotado que amenazó pero no cumplió con su promesa de lluvia. En cualquier caso, llueva, nieve, truene o brille el sol, Donosti (porque a mí siempre me ha gustado más lo de Donosti (o Donostia) que San Sebastián, como también prefiero llamar Euskadi al País Vasco) es una ciudad magnífica en cualquier época del año. Ya era hora de dedicarle un artículo de lo más amplio, como bien ella lo merece.

A Donosti llegamos en coche e inmediatamente nos desentendimos de él porque la ciudad es y está para recorrerla a pie. Optamos por un parking bastante céntrico (si no recuerdo mal el de San Martín) pero teniendo en cuenta que en Donosti los parkings del centro suelen ser bastante caros, a una media de unos 25 euros el día. No obstante, a nosotros nos compensaba porque íbamos cinco en el coche pero si vais menos, os sugiero los parkings disuasorios que hay a las afueras. Allí coges un autobús lanzadera (1,75 euros) que te deja en el centro en cuarto de hora. Aquí abajo os dejo los planos de los parkings ya que os resultarán bastante útiles al venir a la ciudad.

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Primera parada: la playa de la Concha

El primer lugar a donde debes dirigirte (es inevitable) es a la imagen más conocida de Donosti, a la playa de La Concha. Situada entre los montes Igueldo y Urgull, con su kilómetro y medio de longitud se ha convertido en la madre protectora de donostiarras y turistas, que aquí vienen a respirar la brisa marina, ver y ser vistos (porque sí, Donosti es una ciudad donde al paseante le gusta exponerse) y relajarse divisando en el horizonte la pequeña isla de Santa Clara.

Islote que en la antigüedad sirvió como refugio / prisión para los enfermos de peste y que en la actualidad acoge un faro en su cima y poco más. Desde Junio a Septiembre puedes acercarte en barco (4 euros ida y vuelta, salidas cada media hora). Otros, los más osados, van a nado desde la playa de Ondarreta porque ¿qué es medio kilómetro para un vasco? ¡Ná de ná! Y si se cansan, tienen unas plataformas, los gabarrones, donde parar a coger aire y fuerzas.

Playa Concha

La barandilla de la playa es tan importante para los locales que protagoniza ese dicho de «eres más de Donosti que la barandilla de La Concha». La historia de la barandilla del paseo (probablemente sea esta la baranda más famosa de España) es digna de ser contada. Se construyó a principios del siglo XX y tras años de vientos, humedades y mal clima, se desmontó tramo a tramo, casi trescientos, para ser restaurada en su totalidad. Cuando hay que sustituir algún tramo, ya no se puede ceder o vender a particulares, al ser considerado un bien patrimonial. Y hablando de tramos, hay uno que es diferente a los demás, el que está donde se encontraba la Caseta Real.

Barandilla Playa Concha

Bailarines de ballet en la playa de La Concha. La presencia de miles de jóvenes bailando agarrados a la mítica barandilla se ha convertido en una imagen indispensable de la primavera donostiarra.

Destaca en el paseo el precioso Palacio de Miramar, que ordenó construir la reina María Cristina hace más de 125 años. El arquitecto fue Seldor Wornum, quien ya había diseñado otros palacetes en Biarritz o San Juan de Luz. Una casa victoriana a la inglesa de estilo Tudor con unos jardines preciosos, que sirvió durante décadas de casa de verano de la familia real y donde cada año suelen celebrarse las renombradas fiestas del Festival de Cine de San Sebastián. También se organizan en sus salones los cursos de verano de la Universidad del País Vasco.

Palacio

Las otras playas de Donosti

Separada por un promontorio rocoso, el Pico del Loro, tenemos a su hermana menor, la playa de Ondarreta, delimitada en uno de sus flancos justamente por el Palacio de Miramar y con el decorado de las casas de planta baja del barrio Antiguo. Con marea alta, goza de más espacio de arena que la de la Concha, acaso por ello su ambiente sea más familiar y son muchos los que aquí se acercan con sus críos pequeños.

Aquí se encuentra la escultura el Peine del Viento, uno de los símbolos más reconocibles de Donostia. Obra de Eduardo Chillida, el escultor vasco más importante del último siglo (nacido en San Sebastián). Quien quiera indagar en su obra puede hacerlo yendo a visitar la exposición del artista, la Chillida Leku, a las afueras de Donosti (12 euros).

Peine del Viento San Sebastian

La playa de Santa Clara, la de la isla del mismo nombre, es otra apetecible opción. Aunque es bastante pequeña, apenas 30 metros de longitud, ofrece una alternativa diferente y más salvaje que las anteriores.

Además tenemos la playa de Zurruiola, la que más gusta a los surferos, con un litoral de casi un kilómetro y donde se concentra el público más joven. Los alrededores están llenos de establecimientos dedicados al surf, deporte muy popular en Euskadi.

La Parte Vieja

El casco viejo de San Sebastián es sencillamente delicioso. Pocos lugares en España con tanta elegancia por metro cuadrado. Comenzando por la coqueta Plaza de la Constitución, sede del antiguo ayuntamiento y donde antaño los franceses colocaron una guillotina donde ajusticiaron a más de uno. Actualmente es donde los donostiarras celebran sus eventos más importantes, con especial atención para la tamborrada que cada 20 de Enero homenajea a San Sebastián.

La tradición de la tamborrada

A la medianoche se iza la bandera y miles de donostiarras viven el momento más grande del año, cuando dan comienzo las fiestas de la ciudad. Es muy emotivo ver a tantas personas con la sensibilidad a flor de piel, ataviados con sus uniformes y trajes de la época de las guerras napoleónicas (aguadoras, soldados, cocineros). Cerca de 15.000 participantes tocan sus tambores durante un periodo de 24 horas (alternándose unos con otros, claro). Hasta 1980 no se dejó participar a las mujeres, que hasta entonces sólo figuraban como cantineras en los desfiles. Hoy en día no sólo participan sino que probablemente son aún más activas que los hombres, para compensar tantos años de veto. También los niños salen por los diferentes barrios aporreando sus tambores.

Emocionantes imágenes de la tamborrada donostiarra

Otra de las fiestas grandes de Donosti acontece el 21 de Diciembre, cuando se celebra Santo Tomás. La gran protagonista es la txistorra y los productos artesanales que se venden en los puestecillos, la mayoría de ellos elaborados por baserritarras, los habitantes de los caseríos. Estos aldeanos son los que mejor han sabido conservar las tradiciones vascas .

Adentrarse por los callejones empedrados del casco viejo equivale al mejor de los paseos. Sorprende encontrarse de pronto entre esas calles angostas un templo tan imponente como la Basílica de Santa María del Coro, una de las iglesias más bonitas que puedes encontrar en el norte de nuestro país. Deslumbrante su entrada, con ese pórtico barroco recargado al máximo. Preciosa.

Basílica de santa Clara

El casco viejo se construyó en el siglo XII y se mantuvo intacto hasta que un gran incendio lo arrasó en 1813 (se dice que ante la falta de agua corriente, los donostiarras intentaban apagar el fuego con sidra). Hoy una estatua homenajea a esas valientes mujeres que se enfrentaron a las llamas, intentando salvar el alma de Donosti.

San Sebastian

El Ayuntamiento que ocupó un Gran Casino

El Ayuntamiento de Donostia, frente a los jardines de Alderdi Eder y el precioso carrusel réplica del anterior de 1900, ocupa actualmente el que fue posiblemente el edificio más glamouroso de la ciudad: el Gran Casino. En el siglo XIX Donosti comenzaba a considerarse, especialmente entre la realeza, como uno de los destinos de moda de los viajeros que buscaban un turismo beneficioso para la salud. Su clima templado y unas playas protegidas del oleaje del Cantábrico atrajeron las miradas de personajes como Isabel II, que arrastraba problemas cutáneos; detrás de ella vendrían nobles y un buen puñado de familias adineradas.

Ayuntamiento San Sebastian

Todo este grupo de turistas de lujo no sólo buscaban mejorar su condición física sino también ocio y entretenimiento. Para ello se construyó en 1887 el Gran Casino sobre un solar donde se encontraban las antiguas murallas, a cuya inauguración asistieron 3.000 personas. Curiosamente, a los donostiarras se les permitían ciertos juegos legales pero no otros, que se desarrollaban en las plantas superiores y a los que sólo podían acceder los turistas: la sociedad local continuaba siendo conservadora con los juegos de azar.

Durante la Primera Guerra Mundial, el Gran Casino se convirtió en punto de reunión de espías y confidentes. Era su época de oro y se hablaba de él en toda Europa. Pero en 1924 Primo de Rivera aprovechaba la tiranía de su dictadura para prohibir los juegos en los casinos y los turistas que venían a San Sebastián comenzaron a desplazarse a la cercana Biarritz, donde sí era legal jugar.

Pocos años después, al estallar la Guerra Civil, Donosti se declaraba republicana pero los militares se atrincheraron en varios edificios, entre ellos el Gran Casino. Los pescadores anarquistas torpedearon el edificio, obligando a los rebeldes a huir: aún hoy en día están presentes en la fachada los balazos recibidos en época de guerra. Fue la etapa más convulsa de su historia, antes de convertirse en 1947 en sede del nuevo ayuntamiento. El antiguo salón de fiestas pasaba a albergar la celebración de los plenos consistoriales y de las bodas civiles de todos los donostiarras.

El majestuoso Monte Urgull

El Monte Urgull no sólo es uno de los pulmones verdes de la ciudad sino también uno de sus rincones claves a nivel histórico y cultural (unas líneas más abajo te detallamos cómo visitar aquí el Museo San Telmo y la Casa de Historia). Se trata esta colina de una de las fortalezas con las que contaba la capital guipuzcoana, con unas bellísimas vistas del puerto y de la bahía. Podrás fotografiarte con uno de los elementos más curiosos de Donosti: la bombarda de bronce Rosita Waiker, recuperada de un barco inglés que naufragó en la cercana bahía de Pasaia. Y sentarte a descansar en lo que los locales conocen como «la horca», un antiguo campanil desde donde se avisaba a la población de los bombardeos en las guerras carlistas.

Monte Urgull

Monte Igueldo

En el monte Igueldo contamos con el funicular más antiguo del País Vasco, en funcionamiento desde hace más de un siglo (precio 2,50), y un bonito parque de atracciones con una veintena de atracciones de aire retro (se pagan individuales, a una media de entre 2 y 5 euros). Además, desde aquí en el mirador obtendremos algunas de las vistas más encantadoras de la bahía de la Concha.

La visita al Monte Igueldo podemos ampliarla yendo a ver la Factoría Marítma Vasca, Albaola (entrada a 7 euros). Aquí podrás admirar de primera mano la historia del mítico barco ballenero San Juan, que naufragó en las costas de Canadá en 1565. Cuatro siglos más tarde lo encontraría hundido Parcs Canada, concluyendo tras 30 años la más importante investigación que se haya hecho jamás sobre un buque del siglo XVI. Actualmente se está realizando en Albaola una construcción de la réplica de este barco legendario.

Ballenero San Juan

Ya que estás en la bonita localidad de Pasaia, pegada a Donosti, aprovecha para visitar la casa de Victor Hugo (entrada gratuita). El pintor francés se enamoró de la costa donostiarra y pasó aquí largas temporadas, hasta el punto de que en tierras vascas escribió «Los Pirineos». La casa donde vivió es un homenaje al literato y acoge además exposiciones temporales de otros artistas locales que fomentan la cultura vasca.

Consejo: una forma espectacular de acceder a Pasaia es en un barco pequeñito en el que sólo cabe una decena de personas y que sale cada verano a las 11:00 del puerto, del muelle Mollaberria Kalea. El pasaje cuesta 16 euros y el trayecto apenas dura 30 minutos pero te permite disfrutar de la cautivadora costa de Donosti.

De compras por Donostia

El Mercado de la Bretxa es una visita de lo más agradable. Su nombre responde a las invasiones del Duque de Berwik y sus tropas francesas, que abrieron brechas en la muralla, justo en el mismo lugar donde ahora se encuentra el mercado. Invita a descubrirlo su bonita fachada neoclásica del siglo XIX y sus entradas en forma de arco. Dentro se encuentra uno de los rincones más auténticos de la ciudad, ya que 150 años después de su construcción, continúan aquí llegando a diario productos de las huertas y granjas de los pueblos cercanos.

Al vasco le encanta comer productos frescos y de temporada: aquí encontrarás los mejores. Qué mejor sitio para hacerse con algunos de los manjares estrella como los espárragos o los chuletones. O un buen queso de Idiazabal, considerado uno de los mejores del mundo y al que hasta hay dedicado un museo. Yo ya sabéis que soy quesera a tope, así que para mi es una auténtica exquisitez. Déjate perder entre los puestos: es habitual encontrarse a alguno de los afamados chefs haciendo sus propias compras.

Comer en San Sebastian

Los vascos son conocidos en el mundo entero por su afición a la buena comida. Cada vez que hemos ido de viaje a tierras vascas, se nos ponen los ojos como paelleras cuando vemos los platos enormes, gigantescos, que te traen en los restaurantes. A los vascos todo les parece poco y por eso les encantan las sociedades gastronómicas. Estas surgieron antiguamente cuando las clases humildes asistían a las sagardotegis (sidrerías) a las afueras de la ciudad y el ayuntamiento comenzó a imponer horarios severos. Al crearse estas sociedades, se podía quedar a cualquier hora del día al ser eventos privados y además se abarataban gastos ya que los socios son los encargados de traer la comida.

En Donostia hay cerca de 120 sociedades gastronómicas, algunas de ellas con centenares de miembros. Son la excusa perfecta para verse con los amigos / socios en su local-despensa: allí cocinan (los hombres), comen y acaban bebiendo y cantando en sobremesas que no se acaban nunca. A estas sociedades sólo se puede asistir invitado por uno de sus miembros. A raíz de esta costumbre tan arraigada, el ser círculos cerrados y exclusivos, saltó hace poco la polémica, ya que diversas agencias ofrecían tours gastronómicos con menú en algunas de estas sociedades (que se mantenían en un total anonimato): la broma podía llegar a costar 400 euros. Muchas de las sociedades se han quejado porque estas asociaciones se crearon alejadas del ánimo de lucro y además corren el riesgo de perder la esencia con la que nacieron.

Considerada, con razón, una de las capitales gastronómicas del mundo: después de Kioto, no hay otra urbe con mayor número de estrellas Michelin por metro cuadrado, superando a Nueva York o París. De hecho tres de sus restaurantes han ganado el máximo galardón culinario (tres estrellas): Akelarre, Arzak y Martín Berasategui. En cualquier caso, no necesitarás irte a estos lujosos establecimientos para degustar unas buenas kokotxas, un bacalao al pil pil, unos chipirones en su tinta o un apetitoso marmitako. Hay infinidad de restaurantes escondidos en las callejuelas donde, pese a la fama de cara que tiene Donosti (que lo es), ofrecen entresemana asequibles menús del día moldeados por chefs no tan conocidos pero igual de creativos y eficientes.

Irse de pintxos

El que viaja al País Vasco sabe que a la hora de comer o a la de cenar, ha de lograr encontrar un hueco para hacerse una ruta de pintxos. Es común encontrárselos expuestos tras las cristaleras de las barras de los bares, mostrándose sugerentes bajo las más variadas formas, colores y a base de infinitos ingredientes. En Donosti uno de los bares de pintxos con más solera es el Txepetxa, donde se enorgullecen de servir los mejores pinchos a base de anchoas desde hace más de un siglo.

En la calle 31 de Agosto se concentran algunos de los mejores bares de Donosti: el Gandarias (famoso por sus pimientos rellenos de txangurro… por cierto, qué maravilla es el txangurro, el centollo a la donostiarra), A Fuego Negro (mención especial a los calamares) y el Bar Martínez, que fue el primer bar de pintxos que visité en mi primer viaje a Donosti hace muchos años y aluciné con esos diez metros de barra hasta arriba de pintxos espectaculares. Hay que emular a los vascos (que de comer saben mucho) y aferrarse a esa bendita costumbre que es el txikiteo, salir con los amigos a acompañar los pintos con txikitos (chatos de vino) o zuritos (cerveza).

Pintxos Donostia

Hablando de vinos, el vasco más conocido es el txakoli, que se produce principalmente aquí, en las localidades costeras de Gipuzkoa. Blanco y afrutado, es ideal para acompañar pescados y mariscos, especialmente anchoas y atún. En Donosti hay agencias que ofrecen excursiones para que puedas visitar bodegas y hacer catas.

En todo el País Vasco es muy popular el pintxo pote o lo que es lo mismo, la hora feliz de los pintxos. Así, son varios los locales que determinados días de la semana ofrecen pintxo+bebida por un módico precio. En Donosti más de 200 bares se han apuntado a esta costumbre aunque es los jueves en el barrio de Gros donde las cantinas y restaurantes se ponen hasta los topes de gente bebiendo y tapeando.

Y por último, no pienses que en Donostia todo se ciñe a lo salado. Hay dos postres maravillosos, la pantxineta y el pastel vasco, que es pecado irse sin catar.

San Sebastián y el cine

Donostia y el cine, el cine y Donostia. Dos amantes que no saben vivir el uno sin el otro. La ciudad vasca mantiene un eterno romance con el mundo del celuloide, que alcanza su máximo apogeo cuando cada año, a finales de Septiembre, se celebra el Zinemaldia, el Festival de Cine de San Sebastián en el Palacio de Congresos, el Kursaal. Es este el festival de cine más importante de nuestro país (y junto al de Cannes o el de Berlín, también de Europa), el único español que cuenta con la categoría A de los festivales cinéfilos.

La Concha de Plata ha sido entregada, desde su primera edición en 1953, a actores y actrices tan importantes como Audrey Hepburn, Sophia Loren, Ava Gardner, Kirk Douglas, Al Pacino, Michael Caine o Hector Alterio.

Kursaal

Museos de Donostia

Para quien llegue sobrado de tiempo, puede dedicar uno o dos días a disfrutar con calma de algunos de los museos de la ciudad. Destacaremos entre ellos:

Museo San Telmo: Desde 1902 mostrando a los visitantes la parte histórica, artística y arqueológica de los donostiarras en un magnífico convento del siglo XVI. A través de una enorme exposición de 26-000 objetos y exposiciones temporales, un brillante repaso a la historia del País Vasco. Precio: 6 euros.

Casa de la Historia: Al igual que el museo San Telmo, se encuentra en el monte Urgull y puede ser la mejor visita complementaria para acabar de conocer a la sociedad de Donosti. En el Castillo de la Mota se organizan exposiciones que muestran armas, vestuario civil y militar, utensilios y audiovisuales que describen el progreso de San Sebastián a lo largo de los siglos. Entrada gratuita.

Museo Marítimo Vasco: Los vascos se han caracterizado por traer al mundo algunos de los mejores marineros de nuestro país. No olvidemos, entre ellos, los nombres de Juan Sebastián Elcano, el primer hombre que dio la vuelta al mundo, o Miguel López de Legazpi, almirante que colonizó Filipinas. Por dicho motivo, es interesante la visita a este fantástico museo naval que ahonda en la historia de la náutica norteña. Entrada gratuita.

Museo de la Real Sociedad: Para el que le guste el fútbol… y para el que no, también. La Real es un clásico entre los equipos españoles (aún recuerdo de niña lo que supuso para la Liga que ganaran el campeonato dos años consecutivos a principios de los 80) y los txuriurdines, los aficionados blanquiazules, probablemente de los más fieles del mundo con sus colores. Buena idea es pasar una mañana recorriendo el estadio local, el impresionante Anoeta, y aprendiendo un poco más sobre los más de cien años de historia del club. Entrada 6 euros.

Eureka! Zientzia Museoa: Lo recomendable es visitarlo los fines de semana, cuando organizan más actividades. Preparado para que accedan a él también los más pequeños (la ciencia puede ser bien divertida), cuentan entre otros pabellones con un interesante observatorio astronómico. Entrada museo y Planetarium 12,50 euros.

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