Ghost Town

Una de las mejores experiencias que puedes tener en Estados Unidos es la de visitar un pueblo fantasma. Los hay a miles, desperdigados a lo largo y ancho del país, y pasear entre sus ruinas comidas por el polvo es algo único. Hace unos años, en nuestro viaje a California , nosotros estuvimos visitando uno de ellos, Calico. Está considerado uno de los más bonitos de USA (a nosotros nos encantó): si hacéis un road trip californiano, os recomiendo que lo incluyáis en la ruta, ya que os coge de camino de Las Vegas a Los Angeles. Pero si tu viaje se desarrolla por algún otro estado, vamos a mostrarte también algunos de los ghost towns que podrás disfrutar en otras partes del país.

Bodie (California)

Bodie Pueblo Fantasma

Comenzaremos por el propio estado de California ya que allí se encuentra Bodie, más concretamente en el condado de Momo. Lo bueno de su situación es que si os gusta la naturaleza, podréis combinar la visita con el espectacular lago Tahoe . Como en otros muchos pueblos fantasma americanos, se cobra entrada: 8 dólares. Ese precio es si lo quieres recorrer por tu cuenta pero también se ofrecen otras dos variantes de visitas guiadas (una de 25 dólares y otra de 40 dólares, un poco caras en mi opinión), donde te amenizarán la visita con historias de fantasmas.

A finales del siglo XIX, Bodie era uno de los pueblos mineros más prósperos de la Costa Oeste, llegando a tener una población de 3.000 personas. Existían más de 60 salones, lo que confirma que a los mineros les encantaba gastarse el salario bebiendo y jugando a las cartas. Las reyertas entre borrachos eran continuas y se arreglaban a tiros, por lo que era habitual muchas mañanas encontrarse tirado en las calles el cadáver de algún desgraciado al que se pasó a conocer como “el hombre del desayuno”. A partir de 1883 comenzó la decadencia del pueblo y el éxodo de sus habitantes. Actualmente quedan 170 edificios de madera en pie: no se restauran adrede para que se acentúe la sensación de total abandono.

Berlin (Nevada)

Berlin Ghost Town

En el estado de Nevada, más concretamente en el condado de Nye, tenemos este pequeño pueblecito que se fundó en 1897 para explotar las minas cercanas. Berlin tuvo una vida efímera, de menos de 15 años, y sólo llegó a tener 300 habitantes (algunos de los cuales están aquí enterrados) pero de sus 70 edificios han conseguido resistir el paso del tiempo casi 45. Los más relevantes eran el ayuntamiento, la escuela, dos fábricas, la tienda de textiles y la posada. El pueblo comenzó a abandonarse cuando los mineros demandaron sueldos más altos y no vieron atendidas sus reivindicaciones. ya se habían sufrido penurias financieras unos años antes, cuando la Compañía Minera del Atlántico y el Pacífico acabó en bancarrota.

Berlin hoy forma parte del Berlin-Ichthyosaur Park, un inhóspito paraje al que se accede por un camino de tierra. El atractivo del lugar no radica sólo en el propio pueblo de Berlin sino en los fósiles de ictiosauros que aquí se encontraron y que tienen una antigüedad de más de 100 millones de años. El interés del área provocó que las autoridades se esforzaran en preservar la región (Berlin había sufrido episodios de vandalismo) y se recuperara un pueblo que yacía en el olvido. Hoy puedes visitarlo previo pago de una entrada de 4 dólares. Y por 8 más también puedes acampar allí.

Goldfield (Arizona)

Goldfield Arizona Pueblo Fantasma

Otro pueblo que bien demanda una visita es Goldfield, a medio camino entre Phoenix y el río Salado en el estado de Arizona. Se encuentra en una pequeña colina entre las Superstition Mountains y las montañas Goldfield. Su historia comienza en 1892, cuando en las cercanías se descubre un importante yacimiento de oro, y abre su primera oficina de correos un año más tarde. En sólo cinco años, Goldfield había atraído a 1.500 habitantes y contaba con tres salones, una pensión, una escuela, una carnicería y una herrería.

Lamentablemente, el oro comenzó a desaparecer de la noche a la mañana y los mineros vieron peligrar sus puestos de trabajo, por lo que decidieron emigrar a lugares más prósperos. El 2 de Noviembre de 1898 se cerró la oficina de correos y Goldfield pasó a convertirse en una ciudad fantasma. Aún así, durante años hubo varios intentos de revivir las minas y en la primera década del siglo XX, George Young, gobernador de Arizona, trajo con sus equipos nuevos métodos de extracción y se construyó un molino y una planta de cianuro. Se abrió en 1921 una segunda oficina de correos y la ciudad pasó a llamarse Youngsberg. Pero, una vez más, el renacimiento fue efímero: apenas un lustro. En 1926 Goldfield volvía a quedarse desierta.

Cuarenta años más tarde, en 1966, Robert Schoose, un cazador de tesoros, se enamoró de este pueblo fantasma y tras adquirirlo, comenzó junto a su esposa a reconstruirlo. Pronto llegaría la apertura del primer salón, una tienda de fotos, un museo dedicado a Goldfield y una tienda de souvenirs. Actualmente hay recorridos en vagonetas por las minas subterráneas (es el único ferrocarril de vía estrecha de Arizona), exhibiciones de pistoleros, visitas guiadas por los alrededores en vehículos 4×4 y representaciones que muestran cómo se buscaba oro hace más de un siglo.

Bannack (Montana)

Bannack

En la América más profunda, en el estado de Montana, se encuentra Bannack, llamado así por la tribu de los indios bannock. En sus inmediaciones se descubrió oro en 1862: su importancia fue tal que ejerció como capital del estado durante dos años antes de que esta fuera trasladada a Virginia. Fue uno de los pueblos mineros más importantes del país, llegando a alcanzar los 10.000 habitantes. Y eso que se encontraba en un lugar muy remoto, conectado por el mundo únicamente por el Sendero de Montana. Ello no impidió su crecimiento: tres hoteles, dos mercados de carne, dos establos, una sala de billar, cuatro salones… Bannack brillaba con luz propia.

Sin embargo, la buena fama de la ciudad comenzó a tambalearse, debido a que el alguacil de la misma, Henry Plummer, fue acusado de liderar a una banda de agentes de carretera que utilizaban su autoridad para robar a los pobres desgraciados que se cruzaban en su camino: se cree que pese a estar sólo documentados ocho asesinatos, dejaron tras de sí más de un centenar. Plummer y dos de sus compinches fueron ahorcados sin juicio previo y otros tantos linchados por una multitud enfurecida: a los que lograron escapar se les advirtió que si volvían, serían condenados a la pena capital.

Hoy en día Bannack es uno de los pueblos fantasma más auténticos de Estados Unidos debido a que no lo visitan muchos turistas, pese a que es considerado una joya entre los historiadores. Visitarlo cuesta 6 dólares (10 dólares si quieres hacer los Bannack Ghost Walks). Lo ideal es venir a primeros de Julio (pese al calor), cuando durante dos jornadas se celebran los Bannack Days en los que se recrea cómo era la vida de los mineros y hasta se sirve un desayuno típico de entonces en el hotel Meade.

Elizabethtown (New Mexico)

Elizabeth Ghost Town

Si estás pasando unos días en New Mexico, coge la carretera 38 y acércate a este pequeño pueblo situado entre Eagle Nest y Red River, al este del Carson National Forest. Fundado en 1866 por el comandante William Moore (quien nombró así al pueblo en homenaje de su hija Elizabeth, que además fue la primera maestra del pueblo) para explotar las minas de cobre y oro, la ciudad vivió su apogeo durante la siguiente década. E-town, como la conocían cariñosamente los residentes, atrajo también a colonos de Texas que llegaron con sus rebaños y llegó a ser la primera sede del condado de Colfax. aunque con la disminución del mineral extraído de las minas, su población pasó de 7.000 personas a sólo un centenar. Por dicho motivo la sede del condado se trasladó a Cimarron. La ciudad revivió tímidamente cuando los ferrocarriles de Atchison, Topeka y Santa Fe la incluyeron en sus itinerarios, lo que supuso un nuevo impulso para la minería. Pero a principios de siglo un incendio acabó con una parte de la ciudad y en 1917 quedó definitivamente abandonada.

Como curiosidad, comentar que Elizabethtown tuvo su propio asesino en serie, Charles Kennedy, quien mató a 14 viajeros en la pensión que regentaba a medio camino entre Elizabethtown y Taos. Cuando los vecinos se enteraron a través de su mujer, una india ute que descubrió los crímenes, le ataron una soga al cuello y un caballo le arrastró por las calles del pueblo hasta provocarle la muerte. Se prohibió enterrarle en el cementerio local y sus restos yacen en alguna tumba anónima de los alrededores.

No queda mucho de lo que fue este próspero pueblo pero sí lo suficiente para justificar una visita: las ruinas del hotel Mutz, la tienda de Froelick, una iglesia, algunos edificios dispersos y un pequeño museo.

Shaniko (Oregon)

Shaniko Oregon

Aunque Shaniko no esté abandonado del todo (viven aquí unas 40 personas), hemos querido incluirlo porque su bajísima población no impide que sea considerado un pueblo fantasma. Situado a poco más de 200 kilómetros de Portland, en el estado de Oregon, Shaniko fue fundado al acabar la Guerra Civil por un granjero llamado August Scherneckau. Los indios pronunciaban su apellido como a ellos les sonaba (shaniko) y con este nombre se quedó el pueblo. August fue el gerente de la primera oficina de correos, que se inauguró en 1900, el mismo año de la apertura del hotel Columbia Southern, que hoy está catalogado como Lugar Histórico. Era el lugar donde pernoctaban los comerciantes de lana, ya que gracias al ferrocarril Shaniko pasó a convertirse en una de las localidades punteras en el comercio y transporte de dicho material. Se la conocía como la Capital Mundial de la Lana y se movían al año cinco millones de dólares.

Shaniko comenzó a crecer y llegó a tener su propio ayuntamiento (con cárcel y estación de bomberos), dos periódicos locales, cinco salones y una escuela preciosa que actualmente es uno de los edificios más fotografiados del estado. Pero a raíz de un incendio a principios de siglo que arrasó varios edificios del área comercial y sin dinero para poder reconstruirlos, Shaniko comenzó a desvanecerse. Con  el paso de los años, se recuperó el pueblo como atracción turística y su slogan lo dice todo: “relájese y llévese los recuerdos”. Abierto al público de Abril a Septiembre, el primer sábado de Agosto celebran el evento Shaniko Days, con música, baile y viajes en tren.

Jerome (Arizona)

Jerome Arizona

Regresamos a Arizona, al Verde Valley, para irnos hasta Jerome, un pueblo que nació en 1883 y que llegó a ser la quinta ciudad más grande del estado, con más de 15.000 habitantes: hoy sólo viven 50. Afectado profundamente por la Depresión del 29, las minas cerraron finalmente en 1950. Los pocos residentes que quedaron fundaron la Jerome Society que se encarga del mantenimiento y conservación de un pueblo fantasma que se ha quedado detenido en el tiempo y que le ha salvado de la extinción.

En los alrededores aún permanece en pie el hotel Little Daisy, con 44 habitaciones y construido en 1919 para dar cobijo a los mineros: forma parte del Jerome State Historic Park donde también se encuentran las minas. Es buena idea que te acerques a la colina de Cleopatra para hacerte con un mapa en el Centro de Visitantes y así orientarte. También puedes contratar una visita guiada.

Una de las curiosidades de Jerome es que su cárcel se ubicó en diferentes lugares, por lo que hay infinidad de túneles subterráneos, los que usaban los prisioneros para fugarse. También está aquí uno de los restaurantes más antiguos de Arizona, aún en activo, el English Kitchen, y la tienda de caleidoscopios más grande del mundo. Y si todo esto te parece poco, completa la experiencia quedándote a dormir en el Grand Hotel, considerado uno de los hoteles embrujados de Norteamérica y que ofrece tarifas a partir de 160 dólares la habitación doble.

St. Elmo (Colorado)

St Elmo Colorado

Nos vamos al condado de Chaffee en el estado de Colorado para conocer St. Elmo, un pueblo que se fundó en 1880 y se encuentra a más de 3.000 metros de altura. 2.000 personas vivían de las minas de oro y plata hasta que su decaimiento a principios de 1920 forzó a emigrar a la población. Atrás quedaron abandonados sus cinco hoteles, los salones, las salas de baile, el colegio y la oficina del periódico.

Pero no es el único pueblo fantasma de Colorado, un estado que se enorgullece de contar con un buen puñado de estas poblaciones históricas. Puedes visitar también Independence, Carson, Animas Forks Teller City o Tomboy para hacerte una idea de cómo fue la época dorada de la minería.

Ione (Nevada)

Ione Nevada

Ione es un pueblo pequeñito pero con mucho encanto, pese al estado ruinoso de muchos de sus edificios. De hecho, se define a sí mismo como “el pueblo que se resiste a morir”.

Fundado en 1863, basó su riqueza en las minas de plata cercanas, que lo convirtieron en su época en un decisivo enclave comercial. Tuvo el honor de contar con el primer palacio de justicia de Nevada. Sin embargo, poco a poco su población se fue mudando a la cercana ciudad de Belmont y los intentos de revitalizar la ciudad, a cargo de un filántropo que no logró resucitar las minas de plata, fueron baldíos. Aún así, pese a que la ciudad quedó casi desierta en 1914, la oficina de correos no cerró hasta 1959. Hoy apenas viven 40 personas. Los pocos turistas que se acercan a visitarlo lo hacen atraídos porque fue aquí donde se rodó la película “Temblores” de Kevin Bacon.

El Cairo (Illinois)

Cairo Illinois

Nuestra aventura la acabamos en el pueblo con más habitantes de todos los reseñados; aún así, su población apenas llega a las 2.000 personas. Es curioso que en la novela de Mark Twain “Las aventuras de Huckleberry Finn” se presentara precisamente a El Cairo como el paraíso prometido ya que hoy en día es un pueblo casi desierto debido a la crisis económica y los conflictos raciales. Dar un paseo por su centro histórico es deprimente: carteles oxidados, coches devorados por el óxido y casas que a duras penas se mantienen en pie. Ya nadie quiere vivir aquí.

El Cairo ha sido un pueblo al que persigue la mala suerte. Inundaciones, el ocaso del transporte en barco (su cercanía a dos ríos hacían del pueblo un importante nudo de comunicaciones) y las protestas ciudadanas que enfrentaron a negros y blancos a mediados de los años 60, provocaron un éxodo generalizado. La delincuencia y la inseguridad se hicieron dueñas de las calles, algo parecido a lo que te contamos en el artículo Detroit: una ciudad apocalíptica . El ocaso de una ciudad que lo tuvo todo y todo lo perdió.

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