Viajar por Italia es hacerlo por un museo al aire libre. Con 56 millones de turistas al año (sólo le superan en visitas Francia, España, China y Estados Unidos), Italia es uno de los destinos más deseados del mundo. Hasta el punto de que este propio turismo le está devorando vivo y obligando a imponer restricciones como el número de vehículos en lugares como Capri o Taormina o la instalación de tornos en Venecia.

Pero hay que comprender ese ansia por visitar Italia no sólo una vez en la vida sino mejor unas cuantas. Cuna de la civilización romana y hogar de algunos de los mejores artistas de la Historia, necesitaríamos varias vidas para disfrutar de todos los secretos que esconde la península itálica. Por eso en el blog iremos poco a poco incluyendo artículos dedicados a las veinte regiones que dan forma al país mediterráneo. Ya lo hicimos anteriormente con artículos como Excursiones a tiro de piedra de Milán  (donde os hablábamos de Bérgamo, Pavia, Verona o Génova) o nuestros respectivos viajes al propio Milán, Roma o Venecia. Pero aún nos quedan muchas líneas que dedicar a tierras italianas. Porque intentar comerse a Italia de una sola tacada es imposible y la solución es ir degustando el país poco a poco.

Vamos a comenzar esta saga de artículos italianos con una de las regiones más interesantes del país, Emilia Romagna, que a su favor cuenta no estar tan saturada de turistas como Roma, Florencia o Venecia, lo cual ya es un importante punto a tener en cuenta. Situada al norte del país, lo que hace de ella un destino ideal en los meses de calor al tener veranos menos duros que los que sufren ciudades sureñas como Nápoles, Bari o Palermo, el modo más fácil de acceder a ella, si vienes en avión, es por su capital, Bolonia, ya que Ryanair une por un módico precio dicha ciudad con otras españolas como Girona, Valencia, Sevilla o Madrid. En Bolonia puedes alquilar coche ya que esto te permitirá moverte entre unas ciudades y otras sin depender de horarios de transporte público. Por lo tanto, con Bolonia empezaremos nuestro recorrido.

Bolonia

Bolonia, ahí donde la veis, conserva el casco antiguo medieval más grande de Europa, sólo superado por el de Venecia. Y, sin embargo, son muchos los viajeros que creen que Bolonia es una ciudad de “segunda categoría” y que tiene poco que ofrecer. Nada más lejos de la realidad.

Bolonia ha tenido una importancia descomunal en la historia de Italia, pese a que no lo parezca. Por poner un ejemplo, es la sede de la universidad más antigua en activo de todo Occidente, a la que venían a estudiar jóvenes de toda Europa (se fundó en el año 1088 y aquí estudiaron cuatro Papas y personajes tan relevantes como Dante o Erasmo de Rotterdam). Pero también muestra orgullosa las huellas, que se pueden presenciar aún en muchas muestras de arte callejero y en las manifestaciones estudiantiles, que dejó en su fisionomía el hecho de que en la Segunda Guerra Mundial fuera considerada la capital antifascista por excelencia y se fundara aquí el Partido Comunista, que ha estado en el poder durante más de medio siglo, motivo por el que pasó a conocerse a la ciudad como “la roja”. Bolonia siempre ha llevado con la cabeza bien alta su postura left-wing, que contrasta enormemente con otras ciudades del norte de Italia.

Bolonia

Bolonia tiene en su haber más de 30 kilómetros de calles llenas de pórticos: a los boloñeses les afecta poco la lluvia vista la cantidad de pasarelas techadas. El mejor inicio para comenzar a descubrir la ciudad es su Piazza Maggiore, rodeada de palacios como el de los Notarios, el Comunal  o el de Podestá. Pero sobre todos ellos destacan la Basílica de San Petronio, uno de los mayores recintos religiosos del mundo pese a que curiosamente no llegó a ser finalizado, y el Archiginnasio, sede de la primera universidad. A sólo unos pasos tenemos la Piazza Nettuno, donde se encuentra la Sala Borsa, la biblioteca municipal y el Palacio de Enzo. Otra de las plazas más visitadas es la de San Stefano, cuya basílica de siete capillas se levanta sobre un antiguo templo dedicado a Isis.

Si hay algo que caracteriza a Bolonia son sus altísimas torres medievales, que en el pasado construyeron familias acaudaladas como símbolo de su poder. Muchas de ellas siguen en pie, como las de Galluzzi, Prendiparte, Carrari, Guidozagni o Lambertini, pero las dos más importantes son las de Garisenda y Asinelli, que se pueden divisar desde varios puntos de la ciudad: para alcanzar la cima de la Asinelli, de casi 100 metros de altura, tienes por delante cerca de 500 escalones. Otras de las mejores vistas se obtienen desde el Santuario de San Luca, situado en una colina: su pórtico con 600 arcos es el más largo del mundo (casi cuatro kilómetros de longitud). Allí, desde el año 1433, se realiza cada año una de las procesiones más importantes de Italia, la de la Ascensión.

Bolonia en el siglo XIII era uno de los centros textiles más importantes de Europa. ¿Y de dónde obtenía la energía para aquellas fábricas artesanales? Del agua de sus canales. Con el paso del tiempo y la aparición de la electricidad, muchos de estos canales fueron cubiertos y otros tantos olvidados. Era esa Bolonia subterránea, con más de 60 kilómetros de canales, cuyas aguas en movimiento aún se pueden escuchar en lugares como la Via Capo di Lucca. En otros como Via Piella o Via Malconteti aún se pueden observar pequeños retazos de canales al aire libre.

Los amantes del arte tienen en la Pinacoteca Nacional el museo más importante de toda la región de Emilia Romagna. Desde allí podéis ir andando hasta las antiguas murallas; aún se conservan además diez de las doce puertas originales de entrada. La más importante es Porta Mascarella. Si estáis cansados, buen momento para sentarse a comer. ¿Pensabas en tomar unos spaghetti a la bolognesa? Lamentamos decepcionarte: estos sólo existen en las cartas de los “restaurantes italianos” en el extranjero, que han adaptado la receta original a sus propias variantes. La receta verdadera es la de los tagliatelle con salsa de ragú, que son los que deberías probar. No abandones Bolonia sin catar la lasagna verde (con espinacas) o su famosa mortadela. Puedes hacerlo en el barrio del Quadrilatero, donde se encuentra el mercado y muchas de las pequeñas tiendas se ubican en los soportales de edificios históricos. Un regreso a la época comercial del medievo, con los vendedores publicitando a gritos sus productos. Los que busquen algo más sofisticado, pueden dar un paseo por la Galería Cavour, que nació en los años 50 para renovar la parte de la ciudad destruida por la Segunda Guerra Mundial y donde hoy se agrupan las tiendas de lujo.

Por último, para los que os gusten las motos, a las afueras de Bolonia tenéis el Museo Ducati (el billete de tren sólo cuesta 1,50 euros, te recordamos que la Estación Central sufrió en 1980 el mayor atentado en Italia desde la Segunda Guerra Mundial, obra del grupo fascista Ordine Nuovo y que costó la vida a 85 personas, cuyos nombres aparecen en una placa en el lugar del siniestro). La entrada conjunta al museo Ducati y la fábrica no es barata (30 euros) pero si lo tuyo es el motociclismo, estamos seguros de que saldrás más que satisfecho. En Maranello, a 50 kms. de Bolonia, también se encuentra el Museo Ferrari, para los que gusten de los coches de carreras y los deportivos de lujo.

Parma

Nuestro segundo destino será Parma. Aunque a nivel mundial Parma sea conocida por su producto estrella, el queso parmesano (Parmigiano Reggiano), lo cierto es que la ciudad tiene mucho más que ofrecer. La forma más cómoda de llegar hasta aquí es en coche, aunque también puedes usar el tren ya que la estación de tren de Bolonia, conecta el aeropuerto en autobús con Parma o desde la estación de Milán. Nada más llegar, dirígete a la Oficina de Turismo de Via Melloni para que te den información.

En el casco histórico, en la Piazza del Duomo, podrás visitar la Catedral de Santa Maria Assunta, del siglo XII, decorada en su interior con bellísimos frescos. Aquí está también el Baptisterio, del mismo siglo y que está construido con mármol rosa (el rosso di Verona), y el Palacio Episcopal.

El Palazzo della Pilotta, llamado así porque curiosamente en su patio los soldados españoles jugaban a la pelota vasca, acoge en su interior la Galleria Nazionale, el Museo Arqueológico, la Biblioteca Palatina y el Teatro Farnese, este construido en su totalidad en madera. Si lo tuyo son los teatros, vete después al Teatro Regio, uno de los mayores de Italia: la visita sólo se puede hacer guiada. Desde aquí puedes continuar en el Monasterio e Iglesia de San Giovanni, con una biblioteca con más de 20.000 volúmenes.

Parma, al igual que Bolonia, cuenta también con un montón de palacios: el Palazzo di Riserva, que los Borbones usaban para alojar a sus invitados, y donde hoy se encuentra el Museo Glauco Lombardi, el Palazzo del Governatore y el Palazzo del Municipio (ambos en la plaza Garibaldi) o el Palazzo Ducale. El precioso parque que hay frente al Palazzo Ducale bien merece un paseo si el día está soleado.

Ninguna visita a Parma estaría completa sin dedicarle unas cuantas horas a su sabrosa gastronomía. Su fama culinaria está más que atestiguada. El producto estrella, os lo comentábamos antes, es el queso. El Parmigiano Reggiano, más concretamente, que lleva elaborándose desde hace más de ochocientos años. No es de extrañar que muchos de los que viajan a Parma incluyan en su itinerario visitas a las fábricas de donde sale este queso exquisito. Empresas como Food N’ Walk Tours ofrecen visitas guiadas a factorías como Caseificio, fundada en el siglo XIII por monjes que preparaban el queso de un modo totalmente artesanal. Hoy en día, los queseros que trabajan allí tienen detrás una vida llena de aprendizaje: son unos maestros en su género. Sus manos dan forma a quesos selectos que llegan a alcanzar los 90 kilos de peso.

Queso Parmesano

En Parma se da tanta importancia a sus productos gastronómicos que hasta les dedican museos. El del queso es el Parmigiano Reggiano Museum (entrada 5 euros, abre de Marzo a Diciembre), también tenemos el Museum of Prosciutto (la versión italiana de nuestro jamón), el del salami (conocido allí como salame), el del tomate, el del vino y el de la pasta. Pero si además de instruirte quieres darle un gusto al paladar, no olvides entonces probar los boletus de Borgotaro, consideradas unas de las setas más sabrosas del mundo, las trufas negras de Fragno y el salami, la spalla cotta di San Secondo.

Módena

Otra ciudad que se ha hecho mundialmente famosa por un producto en particular: el vinagre. Esta pequeña ciudad próxima a los montes Apeninos (ideal su situación para hacer senderismo) puede suponer una interesante excursión desde Bolonia ya que las ciudades están separadas por sólo 37 kilómetros. En cuanto llegues, aprovecha para comenzar el día desayunando gnocco fritto, una delicia local parecida al pan que puedes acompañar queso, jamón y un cappuccino para dar forma a un auténtico breakfast a la italiana.

La ciudad que vio nacer al gran tenor Luciano Pavarotti (su casa es hoy en día un museo que atrae a miles de fans cada año y el teatro municipal lleva su nombre), cuenta con un patrimonio histórico que justifica una escapada, aunque esta sea de sólo una jornada. Su catedral (el Duomo di Modena) es uno de los templos románicos más importantes del mundo; frente a ella la Piazza Grande: ambos son Patrimonio de la Humanidad. Junto a la catedral están sus correspondientes museos, donde se exhiben reliquias que datan de los tiempos del imperio romano, y la Torre Ghirlandina, que para los modeneses simboliza un “faro” que utilizan como punto de encuentro.

Aquí también se encuentran los Palazzos Comunales, cuyas estancias se pueden visitar gratuitamente: a ellos llegarás tras pasar por delante de una roca, la Preda Ringadora, que en el medievo se utilizó para llevar a cabo ejecuciones públicas y donde los cadáveres de los ajusticiados quedaban expuestos durante días. La visita puede continuarse en la Via Emilia, llena de tiendas y que da acceso a plazas colindantes como las de Matteotti, Mazzini o Torre. Por una calle paralela, la Via Farini, llegaremos al Palazzo Ducale, reconvertido en los cuarteles de la Academia Militar.

Modena

En la Piazza Grande el cuarto fin de semana de cada mes se organiza un animado mercadillo al aire libre y donde principalmente se venden antigüedades. Si quieres complementar una jornada de compras, puedes continuar en el mercado de Albinelli, un mercado cubierto que lleva en activo desde 1931 y que vive sus momentos álgidos los sábados por la mañana. Ubicado en un antiguo matadero y llamado así por el alcalde que impulsó su fundación, el Albinelli tiene tal peso histórico que ha sido reconocido como Monumento Nacional. Más de 30.000 clientes a la semana se acercan aquí a abastecerse de los productos más típicos. Evidentemente, el rey es el vinagre balsámico (algunas botellas del mejor vinagre pueden alcanzar los 300 euros) pero también los tortellini (a los que se dedica un monumento en la Piazza Aldo Moro, ya que cuenta la leyenda que surgieron cuando un posadero, hechizado por la belleza de una dama que visitó su taberna, la espiaba por el ojo de una cerradura y tan prendado quedó de su vientre, que decidió reproducirlo en forma de pasta). El zampone di Modena, un fiambre que suele tomarse en los hogares italianos junto a lentejas para celebrar la Nochevieja, es otra de las delicatessen que no debes perderte.

Ferrara

Ferrara es otra ciudad que facilmente podrás visitar desde Bolonia. A su favor cuenta el recibir muchos menos turistas que ciudades como Florencia o Venecia, lo que hace mucho más agradables las caminatas. Aunque nuestro consejo es que alquiles una bicicleta (todo el mundo se mueve en bici, no obstante en el Parque del Delta del Po se encuentra el carril-bici más largo de Italia, y puedes alquilar las bicicletas a partir de 5 euros diarios) y que vengas en verano, ya que en invierno las temperaturas bajan muchísimo. La mejor manera de comenzar a tomarle el pulso a la ciudad es  por sus larguísimas murallas, que se van hasta los 9 kilómetros de longitud.

Ferrara Catedral

Si a alguien debe agradecer Ferrara su interesante patrimonio cultural es a la familia de los Este, que durante más de tres siglos tuvieron la ciudad bajo su mando y la convirtieron en una maravillosa perla renacentista. Aún hoy en día se adivinan sus huellas incomparables en el diseño urbanístico (es una de las pocas ciudades italianas cuyo casco antiguo no se basa en una planta romana), con un centro histórico espectacular en el que justamente destaca el propio castillo de los duques, el Castillo Estense. Si su fachada impresiona al visitante, lo hace aún más su barroco interior. Junto a él y unidos ambos por un pasaje interno, la Via Coperta, el Palacio Municipal, antigua residencia ducal y hoy sede del Ayuntamiento.

La Catedral de San Jorge, considerada una de las más bonitas de Italia, cuenta además con un museo anexo de lo más interesante. El barrio renacentista acoge en su interior joyas como la iglesia de San Francesco, la del Corpus Christi (donde se enterró a Lucrecia Borgia), la de Santa Maria in Vado y los palacios Schiafanoia y Ludovico il Moro: en este último se encuentra el Museo Arqueológico.

Un último consejo: no te vayas de Ferrara sin probar su dulce más codiciado, la torta tenerina, la coppia (un curioso pan retorcido) y las anguilas.

Rávena

La ciudad de Rávena, situada entre los Apeninos y el Mar Adriático, es otro de esos tesoros italianos que aún no ha sufrido la afluencia masiva de turistas. Se encuentra a hora y media de tren de Bolonia y es conocida como la “ciudad de los mosaicos” porque a miles decoran los interiores de infinidad de iglesias. Algunos de los más refinados se encuentran en el Baptisterio, con una cúpula impresionante en la que se ve a Jesucristo bautizando a los doce apóstoles. En la Basílica de San Vital encontramos los mosaicos más importantes de todo Rávena: su interior es uno de los más deslumbrantes de Europa. Al lado está el Mausoleo de Gala Placidia, caracterizado por un mar de mosaicos azules.

Rávena

Uno de los puntos más visitados de la ciudad es la tumba de Dante, quien fue expulsado de su hogar nata, Florencia, y en Rávena terminó su obra cumbre, “La Divina Comedia”. Cerca se halla el Museo Dantesco, donde se recorre la obra del artista. Cada mes de Septiembre, conmemorando la muerte del escritor, se celebran las jornadas de Settembre Dantesco, con diferentes conciertos y exhibiciones.

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