Trump

Viajar no es sólo viajar (o al menos no debería significar solamente doblar y guardar tu ropa en un petate). El buen viajero sabe que el hecho de decidirse a viajar a otro lugar, esté este más cerca o más lejos, ha de traer consigo un resultado implícito, el de implicarse, aunque sólo sea moralmente (que ya es mucho), con la situación social y cultural del país que se visita. No debemos ni podemos mirar sin ver, pues a fin de cuentas todo viaje es una experiencia. Siempre comento que si de algo precisamente sirve el cambiar de aires es para comparar lo que hay ahí fuera con lo que vives en tu día a día. De algunos países envidiarás su nivel de civismo y de otros pensarás “qué suerte tengo de vivir donde vivo”. Pero de cualquier viaje hay que traerse un aprendizaje que te deje un poso en el alma. Si no es así, habrá sido inútil haber volado miles de kilómetros. O lo que es peor: te habrás convertido en uno de esos turistas que únicamente viaja para fotografiar monumentos.

Elección de los destinos visitados

Partiendo de esta base, como viajeros que somos, debemos saber que nuestras decisiones a la hora de viajar acaban afectando de un modo u otro a muchos millones de personas. Puede parecer que tú como elemento individual no tienes ni voz ni voto en este planeta inmenso pero no es así. Es como cuando alguien va a la playa y deja tirada en la arena una bolsa de plástico. Seguro que pensará “bueno, tampoco es para tanto”. Sí lo es. Porque cuando ese mismo gesto lo repiten millones de seres humanos, se convierte en una hecatombe que está asesinando a nuestros mares.

Con los destinos que elegimos a la hora de viajar, ocurre lo mismo. Cuando un país cuyo motor económico principal es el turismo deja de recibir viajeros, su sociedad colapsa. Aumentan los despidos, crece la frustración, decae el nivel de vida de sus habitantes, quienes en muchos casos se ven obligados a emigrar y abandonar su hogar, buscando una vida mejor. Mayor nivel de pobreza es sinónimo de mayor inseguridad, delincuencia, prostitución adulta e infantil. El problema es que esta ausencia de turismo tiene fuerza para trastocar (para mal) la vida de los locales pero no la suficiente para, por poner dos ejemplos muy explícitos, garantizar la seguridad o quitar del gobierno a jerifaltes tiranos. Ahí tenemos entonces la pescadilla que se muerde la cola: estos países pasan de gozar de un gran atractivo turístico a convertirse en unos parias a los que no quiere ir nadie. Y los principales afectados son los que viven en él. Si tenemos en cuenta que un 10% del producto interior bruto mundial depende del turismo, seremos más conscientes de las consecuencias de nuestros actos.

Trump: el peor embajador que pueda tener USA

Tenemos la impresión de que estas situaciones, las del boicot turístico, las viven sólo países en vía de desarrollo. Pero no es así. Pongamos el ejemplo del todopoderoso Estados Unidos. Después de Francia (y seguido por España), es el segundo país más visitado del mundo. Hay ciudades que viven prácticamente en su totalidad del turismo, como es el caso de Las Vegas, por no hablar de las islas Hawaii. Además, saben que cuando alguien viaja allí, no sólo va a gastarse el dinero en hoteles, restaurantes y entradas de monumentos. Son muchos los turistas que visitan los outlets en los suburbios urbanos para venirse cargados de compras. El turismo mueve mucho dinero en Estados Unidos.

USA

Desde que el odioso de Donald Trump llegara al poder, se pudo comprobar que su actitud racista y ultraconservadora dañaba mucho (y con razón) la imagen que se tenía del país en el exterior. Sólo en los primeros meses de su legislatura, el turismo internacional cayó un 4%. Lo que traducido en millones de dólares, supone mucho, mucho dinero. Y esto no sólo se refería al turismo sino también, por poner un ejemplo, a los estudiantes cuyas familias invierten un dineral en enviarles a las universidades estadounidenses. Por primera vez en 12 años, decrecía el número de estudiantes extranjeros que llegaban a las escuelas americanas. Preferían irse a otros países donde sus dirigentes no fueran unos xenófobos.

Es curioso que se dé esta situación cuando el dólar ha caído más de un 10% y en teoría es más barato viajar a USA ¿verdad? Sobre todo si tenemos en cuenta que precisamente son los turistas de los países menos ricos los que están dejando de viajar al país, cuando en teoría deberían ser los más beneficiados por el cambio de divisa. No les culpamos por sentir rechazo hacia Trump. Os confieso que la mañana posterior a las elecciones, nos despertamos en casa y cuando abrí un ojo y Juan me dijo”vas a flipar pero ha ganado Trump”, lo primero que pensamos fue esto: “no volvemos a Estados Unidos hasta que se pire este gañán”. Al minuto nos dimos cuenta que nuestra primera reacción (totalmente comprensible) era ridícula. En todos los viajes que habíamos hecho a Estados Unidos, nos habíamos sentido inmejorablemente tratados.

Continuando con el caso de Estados Unidos ¿nos hemos parado a pensar en todos esos millones de personas que no han votado a Trump y que, como nosotros, se llevaron las manos a la cabeza cuando vieron el zoquete que iban a tener de presidente los próximos cuatro años? Si echas un ojo a las noticias, verás que todos los días miles de personas acuden a manifestaciones que protestan por las leyes discriminatorias del gobierno republicano.

Aunque algunos tengáis la idea de que USA es un país en el que nada más que viven rednecks catetos, en las grandes ciudades, especialmente en lugares como San Francisco o Nueva York, buena parte de la población, por fortuna, aún mantiene una mentalidad liberal. Esa que los fachas de turno califican de modo despectivo como “progre” cuando defiende el matrimonio homosexual, el aborto libre, la tolerancia étnica y la igualdad entre sexos. Es decir, lo que debería ser lo normal pese a que mucho retrógrado considere que son derechos que la Humanidad no merece disfrutar.

¿Por qué unos países sí y otros no?

Aunque a veces sea legítimo dejarnos llevar por la visceralidad, en cuestiones de boicot (no sólo turístico), hemos dejar que impere la razón y tener la cabeza fría. Si nos dejáramos llevar por nuestro primer instinto, negándonos a viajar a países donde imperan las injusticias, os aseguramos que no saldríamos ni a la puerta de casa. Porque es cierto que las dictaduras de lugares como Corea del Norte, Arabia Saudita, Turkmenistán , Guinea Ecuatorial o Angola se pasan por el forro los derechos humanos. Pero ¿acaso creéis que los gobiernos de muchos países del llamado Primer Mundo son hermanitas de la caridad?¿Gobiernos que por motivos económicos se inventan guerras en países como Siria o Irak?¿Dejan los turistas de ir a Francia por los conflictos bélicos internacionales en los que se involucran las tropas galas?¿Tachamos a Estados Unidos de nuestra lista de destinos soñados porque cualquiera pueda tener un arma en la guantera del coche o dejan morir a sus ciudadanos si no tienen dinero para pagarse un seguro médico?¿Nos negamos a visitar Italia por el trato que están dando a los inmigrantes que llegan a sus costas en pateras?

Arabia Mujeres
En Arabia Saudita, hasta hace poco, las mujeres tenían prohibido conducir. Arabia Saudita es el “gran amigo” de los países occidentales.

Viaja, observa, escucha y juzga

Viajar a un país en el que no estés de acuerdo con su régimen político no te hace cómplice de sus malas maneras. Es más, considero que es mucho más positivo que viajes a estos países e intercambies ideas y modos de pensar con sus habitantes a que te quedes en casa criticando qué es lo que no te gusta. La mayoría de las veces, sobre todo en países donde las elecciones “democráticas” de democráticas tienen poco, los gobiernos no reflejan los ideales de los gobernados. En muchas ocasiones, los propios ciudadanos que allí viven son los primeros que no están de acuerdo con sus dirigentes y día a día han de sufrir la represión de estos caciques.

Vivir de cerca la realidad de estos países, créeme, te ayudará a enterrar muchos prejuicios sobre su sociedad. Hay mucha gente luchando en asociaciones y organizaciones para derrocar estos regímenes. Serás de mucha más ayuda viviendo la situación in situ, al pie del cañón, que criticando desde detrás de la pantalla del ordenador. Cuando muchos de estos países no permitían a los extranjeros traspasar sus fronteras, como era el caso de los países que vivían tras el Telón de Acero o Birmania, poco podíamos hacer. No se conoce el caso de ningún país cuyo gobierno haya caído porque dejen de ir los turistas: si esa fuera la solución, os aseguramos que seríamos los primeros en apoyar el boicot. Es más, cuando los gobiernos actúan impunemente, sin tener a nadie que les juzgue y que denuncie sus abusos, lo tienen mucho más fácil para continuar llevando a cabo sus atrocidades. Pero cuando se permite el contacto entre oprimidos y visitantes, hay muchas más posibilidades de que ese intercambio de ideas fluya entre unos y otros y se saque finalmente algo positivo.

¿Puede el viajero ayudar de algún modo?

Por supuesto. De hecho, hace no mucho escribimos un artículo sobre este tema, Cómo no comportarte como un cretino cuando sales de viaje . Como comentábamos antes, cuando estés en determinados países, en tu mano está no sustentar ciertas prácticas reprochables y sí apoyar, también económicamente, a las familias locales y a las organizaciones que con sus escasos medios luchan para conseguir una sociedad más justa.

Vietnam Sapa

Os pongo el ejemplo de Rumanía. Hace años, lo más común eran las atracciones de feria en las que los osos eran los protagonistas. Vivían en condiciones deplorables y eran maltratados continuamente. El turismo dijo no a estas prácticas y hoy en día se han creado reservas donde estos animales son protegidos del ser humano, su peor enemigo. Aunque aún queda mucho por avanzar, los turistas que se negaron a presenciar estos espectáculos pusieron su granito de arena para que acabaran desapareciendo.

La situación de Cuba: el gobierno y el embargo

Otro caso que me gustaría mencionar aquí (de ello ya hablé en mi segundo viaje cubano) es el de Cuba. Quien me conoce, sabe de sobras que soy una persona de izquierdas. Muy, muy de izquierdas. El problema es que mucha gente cree que ser de izquierdas equivale a ser comunista, cuando el izquierdismo es algo mucho más amplio en el que conviven diferentes vertientes políticas.

No apoyo el comunismo porque este sólo se podría llevar a la práctica si todos los seres humanos fuéramos iguales a la hora de lo que queremos aportar a la sociedad conjunta. Pero en la práctica esto no es así. Sí apoyo que todos los seres humanos tengan igualdad de oportunidades, que la educación sea accesible para ricos y pobres. Pero lo que cada uno quiera hacer después con ello es su decisión individual. Hay gente que no quiere pasarse media vida estudiando para ser notario. Por ello no veo normal un país en el que sean similares los sueldos de médicos o panaderos. Su labor no es la misma ni se ha necesitado el mismo esfuerzo para conseguir esos conocimientos. ¿Significa que la labor de un panadero es menos importante? En absoluto, todos aportan su granito de arena. Pero unos cocinan bollos y otros salvan la vida de sus semejantes. No es clasismo: es una realidad.

En Cuba, más que la propia distribución social (que también tiene muchas cosas buenas porque no todo en esta vida es blanco y negro) me preocupa mucho más con la mano férrea que el comunismo maneja a los cubanos. Ellos son los primeros que en la intimidad se quejan de la falta de libertad de expresión o de las dificultades para poder crear sus propios negocios sin que todo lo tenga que controlar Papá Estado. Es bueno que el Estado vele por los ciudadanos, cuidando de ellos y garantizando sus derechos básicos, que no se privaticen servicios gubernamentales. Pero no que éste se inmiscuya en las libertades individuales de cada uno. Y esto en Cuba ocurre, por mucho que haya gente que quiera convenceros de lo contrario (curiosamente, mucha gente que jamás ha puesto un pie en el país ni lo ha visto de cerca).

Cuba Habana

Pero ¿la situación cubana es sólo culpa de su gobierno? No. Porque ahí al ladito, a poco más de 200 kilómetros, tenemos a sus vecinos yankees llevando a la práctica una de las medidas más antidemocráticas del mundo: el embargo. La propia ONU lo declaró inconstitucional y en el 2015 todos los países, a excepción de Estados Unidos e Israel (qué casualidad), votaron por levantar dicho embargo, aunque la ONU no tuvo los cojones suficientes para obligar a que dicho embargo desapareciera (es decir, lo de siempre, protestar para luego bajar la cabeza).

Lo más irónico de todo es que, pese a la tozudez de su gobierno, diversas encuestas dicen que la mayoría de los estadounidenses están en contra de dicho embargo (y luego vamos a hablarles a los cubanos de democracia, cuando en USA hacen oídos sordos a lo que la población exige). Los que sí parecen estar de acuerdo con él son los exiliados cubanos que viven en Florida, especialmente la élite de la familia Bacardi, tan próxima a los partidos políticos. Deberían explicarles a sus vecinos que el embargo a USA no le sale gratis y que anualmente el país pierde más de un billón de dólares en concepto de las exportaciones que podrían hacer a tierras cubanas.

El embargo es una violación absoluta de los derechos humanos más fundamentales. No castiga a los miembros del gobierno, que no se privan de lujos, sino a la población civil, que ha de convivir con la carencia de alimentos y medicinas. Y esta es la excusa perfecta para que los fidelistas digan “¿veis? todo lo que nos falta es por culpa de Estados Unidos”. Si no existiera el embargo, Cuba (y sus dirigentes) debería mostrar al mundo que es autosuficiente y está preparada para cuidar de sus habitantes.

El embargo, además, es hipócrita. Porque mientras tanto, USA y Europa consideran un aliado amigo a Arabia Saudita, un país donde se decapita a sus ciudadanos por ser homosexuales o blasfemar contra el islam, donde se considera terrorismo cualquier idea que se oponga a la dictadura de los jeques y donde aún está vigente la Sharia, que recorta los derechos básicos de las mujeres (no hay leyes contra el acoso sexual y las mujeres necesitan permiso de su marido para casi todo). USA tampoco se corta de tener un fructífero intercambio comercial con China, país al que teme más que a nada en el mundo, una nación que se declara abiertamente comunista y donde los derechos humanos tampoco son respetados. Pero Cuba sigue siendo el demonio y no estos otros países. Curioso.

En definitiva: he ido dos veces a Cuba y tengo intención de, si puedo, regresar en el futuro. Me parece un país maravilloso, especialmente su gente, y si mi dinero puede ir para estas familias a las que poco a poco se les está empezando a dejar administrar sus propios negocios, me lo gastaré allí encantada. Si a los estadounidenses se les ha prohibido viajar a Cuba durante décadas (otra grave violación de los derechos humanos ¿quién es un partido político para decirte a ti a dónde debes viajar y a dónde no?), ahora que las leyes se están flexibilizando, deberían ver con sus propios ojos la realidad del país, juzgar por sí mismos y asumir la parte de culpa que tienen los  cínicos políticos que ellos han votado en su propio país.

No es un boicot: es simplemente miedo

Los países no sólo son boicoteados por razones éticas sino también muchas veces por miedo a la situación que allí se vive. Sin embargo, en este caso matizaremos porque en mi opinión no es un tema de boicot: simplemente la gente está asustada Es lógico que  se piensen lo de viajar a un país donde no sólo hay atentados sino donde además el turista es el objetivo principal. Pero ¿realmente esta situación se vive en TODOS los países que han sufrido la lacra del terrorismo? No.

Nueva York
¿Hemos dejado de viajar a Nueva York tras los atentados del 11-S? La respuesta es no.

Pongo el caso clarísimo de Nueva York, Londres, Madrid, París, Niza. Ciudades de países occidentales que han sufrido atentados brutales y que posteriormente la gente no dejó de visitar. ¿Por qué entonces sí bajan las visitas en Túnez o Turquía? Porque en la teoría, el inconsciente dice a muchos de estos turistas que se sentirán más protegidos en estas ciudades occidentales. Pero en la práctica, se están tomando muchas más medidas de seguridad en países donde el islam es la religión mayoritaria. Quizás porque viven más de cerca el caso de las células yihaidistas.

Por poner un ejemplo, Marruecos ha sufrido atentados pero ninguno de la magnitud del que tuvimos en Madrid. Sin embargo, cuando vas a Marruecos,ves el triple de policía por la calle que en mi ciudad natal. Y, además, cada agente va protegido por dos militares armados. Cuando he viajado por nuestro país vecino, os aseguro que en sus calles me he sentido más segura que cuando paseo por la calle Preciados en fechas navideñas.

El caso más claro es el de Egipto. Durante años, los turistas han vivido amenazados por los atentados contra ellos. El más grave, el de Luxor en 1997 (62 fallecidos). Aún así, cifras que distan mucho de los más de 3.000 muertos que dejó el derrumbe de las Torres Gemelas neoyorkinas. Egipto lleva años poniendo convoys militares que viajan junto a los autobuses de turistas que van a Abu Simbel y la presencia policial en las calles es abrumadora. Hay escáneres y controles por doquier pero el turista sigue teniendo miedo a viajar allí. Pese a que un estudio acaba de certificar que de 135 países estudiados, Egipto ocupa el puesto 16 en lo que a seguridad se refiere.

Egipto

¿Se está magnificando la situación egipcia? Probablemente. Tras varios años de inestabilidad política (y de que las Pirámides apenas recibieran visitantes), el panorama en Egipto no es mucho peor que en otros países. La diferencia es que en Egipto mucha gente vive del turismo y las voces que gritan por un regreso de los viajeros se cuentan por millones.

¿Y si España sufriera un boicot turístico?

Cuando hablamos de boicot turístico ¿nos paramos a pensar que ocurriría si nuestro propio país lo sufriera? Vayamos con España, el tercer destino turístico del mundo. ¿Qué pasaría si la gente dejara de venir porque continuamos teniendo corridas de toros, de las que tantos españoles nos avergonzamos?¿O que los turistas hubieran tachado a España de la lista después de que organizaciones internacionales denunciaran la censura ejercida por el PP en lo que a libertad de expresión se refiere?

Yo, sinceramente, prefiero que vengan extranjeros y que vean ellos mismos que somos muchos los que no estamos de acuerdo con muchas cosas que ocurren aquí. Que vuelvan a sus países y les cuenten a sus amigos por qué España también está llena de gente maravillosa. En este país millones de personas viven del turismo y no es justo que nadie les quite sus puestos de trabajo. El señor que ha de cerrar un hostal por falta de clientela es el que paga el pato por la falta de turismo, no el jerifalte que se llena los bolsillos a base de corrupciones. Y si crees que tu puesto de trabajo no depende del turismo directamente, estás muy equivocado: en lo que a economía se refiere, todo tiene una conexión y al final, de un modo u otro, algo acabará afectándote a ti.

Conclusión

Nuestra opinión está clara: boicotear destinos no sirve de nada. Lo que sí sirve es boicatear ciertas prácticas con las que no estés de acuerdo y denunciarlas cuando regreses a tu país. Porque no vayas a Rusia, no van a mejorar los derechos de los homosexuales. Pero sí ayudará que viajes allí, hables con gente del colectivo gay y te informen de su situación. Públicamente les estarás demostrando tu apoyo. y comprobarás que la sociedad rusa no es homofóbica: es el gobierno el que sí lo es. Hablarás con conocimiento de causa y tendrás idea de a lo que se enfrentan homosexuales y lesbianas. Harás mucha más presión que si nunca das el paso para ver las cosas por ti mismo y no opinarás basándote en lo que te cuenta la televisión, que la mayor parte de las veces manipula las noticias a su antojo.

Nos parece mucho más efectivo viajar a Tailandia, negarnos a montar en elefante y explicarle al guía de turno por qué no queremos participar en esos tours. Cuando vea que, como nosotros, miles de turistas se dejan su dinero en Tailandia pero en otros lugares donde no se maltrata a los animales, tal vez se piense cambiar de negocio.

No creemos en los boicots turísticos porque al final estos afectan a las personas equivocadas: la población civil. El pobre señor que vive de una humilde tienda de souvenirs y se vuelve a casa cada tarde sin haber abierto ni una sola vez la caja registradora. La familia que regenta un hostal y tiene sus habitaciones sin huéspedes. El matrimonio cuyo sustento depende de un chiringuito a pie de playa y ha de tirar la comida ante la falta de turistas. Los gobernantes corruptos que con mano férrea manejan a estas naciones como títeres tienen otras fuentes de ingresos de las que tirar, puedes estar seguro. Pero las familias que viven de los turistas, no cuentan con otra alternativa para ganarse la vida.

4 comentarios

  1. Excelente artículo! concuerdo mucho con ustedes. Yo también soy una viajera que simpatiza con la izquierda (la única diferencia es que yo soy muy, pero muy de izquierda, pero bueno: libertad de pensamiento y expresión ante todo! :p ) Encantada con sus fotos y sus viajes! espero podamos coincidir un día en algún lugar del mundo 🙂

  2. Author

    Claro que sí, libertad de expresión ante todo! Me encanta que te haya gustado el artículo ¡y sí, ojalá podamos coincidir algún día!¡Un besazo!

  3. Me encantó lo que escribiste! Sin dudas muchas personas dejar de viajar a determinado país por prejuzgar, o porque quizás han escuchado algun comentario malo… pero al momento de descubrirlo con tus propios ojos todo cambia!

  4. Author

    Me alegro que te haya gustado el artículo. Como bien dices, no hay nada como ver y juzgar por uno mismo. ¡Un abrazo!

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