TAILANDIA 2017 - Bangkok, Chiang Mai, Chiang Rai, Golden Triangle

Viaje a Chiang Rai y el Triángulo de Oro (Tailandia)

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La zona de Chiang Rai y el Triángulo de Oro en el norte, en la frontera con Laos y Myanmar, sería la tercera etapa de nuestro cuarto viaje tailandés. Una región a la que teníamos muchas ganas ya que por unas causas o por otras no habíamos podido recorrerla en nuestros anteriores viajes.Viajaríamos allí desde Chiang Mai, por lo que pedimos en la recepción de nuestro hotel si nos podían reservar los billetes de autobús desde allí: nos dieron un código y con este nos acercamos a un 7Eleven cercano para que nos lo canjearan por los billetes físicos. El precio baratísimo, un trayecto de bus de tres horas entre una ciudad y otra apenas nos costó siete euros. Los autobuses algo antiguos pero eficientes. Y lo más importante, salió a su hora, algo no tan habitual en Tailandia. Comenzábamos bien.

Chiang Rai es bastante pequeño pero aún así decidimos reservar un hotel bastante céntrico que nos cogía a diez minutos andando de la estación de autobuses y además nos permitía ir a todos los lugares caminando. Nuestro elegido fue el Baan Jaru , un encantador hotel familiar: a Marta le dieron una de las habitaciones del pequeño edificio y Juan y yo nos quedamos en una cabaña preciosa con baño de piedra. El precio, fantástico: al cambio unos 30 euros por noche con desayuno incluido. El chaval que lo regentaba fue amabilísimo, desde el primer momento nos asesoró acerca de los lugares que podíamos visitar y nos dio un montón de recomendaciones. Durante los días que pasamos allí vimos muy pocos clientes y estuvimos tranquilísimos.

Chiang Rai streets

Como os digo, Chiang Rai es una ciudad pequeña, apenas 60.000 habitantes, pero esto no la impide ser uno de los lugares más atractivos de Tailandia a nivel turístico. Mucha gente, para conocerla, realiza una excursión de un día desde Chiang Mai pero en mi opinión Chiang Rai se merece pasar aquí unas cuantas noches. No sólo porque la ciudad en sí ya ofrece un buen puñado de rincones interesantes sino porque los alrededores son igual de atrayentes (incluso más). Puede que la mayoría de los turistas elijan Tailandia por sus islas paradisíacas de aguas cristalinas, y no le quito mérito a su belleza, pero para mí no hay nada que se pueda comparar al norte del país. Es espectacular.

Los primeros días los dedicaríamos a patear, patear y patear. No utilizamos ningún tipo de transporte público ni taxis, las dimensiones de la ciudad te van a permitir ir a cualquier lado andando. Al igual que en Chiang Mai, y pese a estar en el norte, nos hizo bastante calor, tenedlo en cuenta pese a que vengáis en invierno. En realidad, el invierno no existe como tal en Tailandia, simplemente entre Noviembre y Febrero es la temporada seca y las lluvias tienden a desaparecer pero las temperaturas continúan siendo bastante altas.

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Nuestra primera visita sería al templo que justo nos pillaba al lado del hotel, el Wat Jed Yod (no confundir con otro de nombre similar en Chiang Mai). No es muy grande pero en su interior se encuentra una curiosa estatua de un Buda sonriente, rodeada por muros decorados con detalle.

Wat Jet Yod Chiang Rai

Curiosamente, uno de los rincones más bonitos de Chiang Rai apenas tiene diez años de vida. Fue en el 2008 cuando el artista tailandés Chalermchai Khositpipat diseñó esta preciosa Torre del Reloj (un homenaje al fallecido rey Bhumibhol) que se encuentra justo en mitad de una rotonda, en la confluencia de las calles Thanon Jet Yot y Thanon Baanpa Pragarn . Es igual de impresionante tanto de día, cuando brilla bajo el sol, como al caer la noche, cuando diferentes luces le van dando diversas tonalidades y además se le añade música, dando lugar a un monumento francamente original.

Golden Clock Chiang Rai

Es una lástima que Chiang Rai se encuentre eclipsada a nivel patrimonio por su vecina Chiang Mai ya que la ciudad cuenta con un buen puñado de templos a tener en cuenta. Uno de ellos es el templo Wat Ming Muang. Un templo con 700 años de vida que fue en su día uno de los favoritos de los monarcas del imperio Lanna y que hoy acoge uno de los Budas más venerados del norte de Tailandia. Fue mandado construir por la reina Ta La Mae Sri, la esposa del rey Mung Rai.

Wat Ming Muang Chiang Rai

Wat Ming Muang Chiang Rai

Dentro del templo destacan la capilla de madera, la Viharn Mai La Khum, en cuyo tejado se pueden admirar 34 figuras de cisnes, la estupa (cuyo diseño mezcla los estilos de Myanmar y Tailandia) y el pozo sagrado, del que se recomendaba beber a los peregrinos antes de partir para de este modo atraer a la buena fortuna.

Otro de los templos que más nos gustó fue el Wat Mung Muang. Tan antiguo que se cree que fue construido incluso antes de la fundación de Chiang Rai. Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial (Tailandia se mantuvo neutral pero fue invadida por las tropas japonesas) cayeron ocho bombas dentro del templo pero ninguna explotó, lo que aumentaría la creencia popular de que este es un lugar sagrado.

La imagen del Buda, la Phara Chao Song Sri, de más de seis siglos y hecha de bronce, es la más venerada de la ciudad. Las bases de la estupa son cuatro animales mitológicos, los kochasri, una mezcla de leones y elefantes.

Wat Mung Muang Chiang Rai

El Wat Phra Kaew se encuentra rodeado de vegetación, lo que le otorga una apariencia aún más exótica si cabe. Fue precisamente aquí donde se descubrió en 1354 el Buda Esmeralda que actualmente se exhibe en Bangkok, el más importante del país. Y su descubrimiento fue por casualidad, cuando durante una tormenta un rayo destrozó el chedi, cayó el estuco y apareció esta figura de jade, que debido a su color verde pasó a ser conocida como el Buda Esmeralda.(aunque su nombre oficial es Phra Kaew Morakot). Antes de ello peregrinó por diferentes localizaciones, hasta que durante el reinado de Rama I acabó recalando en la capital. Se cree que el Buda se esculpió en la India y pasó por Camboya y Sri Lanka antes de llegar a Tailandia.

Wat Phra Kaew  Chiang Rai

Wat Phra Kaew Chiang Rai

No se sabe la fecha exacta de la construcción del templo, aunque se cree que debió de ser a principios del siglo XIV. Y en homenaje al Buda Esmeralda que una vez acogió, actualmente exhibe una copia del original, algo más pequeña, esculpida por el noventa cumpleaños de la reina Srinagarindra. El viharn es relativamente pequeño si lo comparamos con el de otros templos pero su fachada, con paneles decorados, es francamente magnífica. La entrada está custodiada por dos serpientes, las nagas; detrás del viharn se encuentra el chedi donde fue hallado el Buda Esmeralda.

En el mismo recinto hay un pequeño edificio convertido en museo donde se muestran artefactos de la época Lanna, muy didáctico a la hora de completar la visita. Cuando paseéis por los jardines, comprobaréis que el templo bulle de actividad, ya que son muchos los monjes que aún continúan viviendo aquí.

El Wat Phra Singh data del año 1385: fue construido un siglo después de que el rey Mengrai fundara la ciudad. Su nombre se asocia al Buda que antiguamente se encontraba aquí y que ahora se encuentra en el templo de mismo nombre en Chiang Mai. Actualmente contiene una réplica de dicha figura.

Wat Phra Singh Chiang Rai

Como sabéis, hay muchas formas de representar a Buda pero la más habitual es la de la postura sentado, con las rodillas dobladas, y la mano derecha apoyada en las piernas señalando hacia el suelo. Esta postura tiene un porqué, enlazado con un pasaje de la vida de Buda. Cuando este estaba un día meditando bajo un árbol, apareció Mara, un demonio, acompañado por sus tres bellas hijas, quienes intentaban distraer a Buda y apartarlo de su camino a la iluminación. Buda tocó la tierra con su mano derecha y la diosa terrenal, Phra Mae Thorani, acudió en su ayuda: lanzó torrentes de agua contra los ejércitos de Mara, ahogándolos a todos. Esta es una de las escenas más repetidas en muchos murales de los templos de Tailandia.

Una de las particularidades del Wat Phra Singh es que acoge una escuela de pali, que es el idioma con el que se escribieron las antiguas escrituras budistas, conocidas como Tripitaka. A su entrada se encuentran representaciones de thewadas, los ángeles divinos.

El Wat Klang Wiang, pese a ser uno de los templos más bonitos de Chiang Rai, curiosamente apenas recibe visitantes y de hecho lo estuvimos recorriendo completamente solos. Y eso que se encuentra en pleno corazón de la ciudad, a sólo un par de calles del Ayuntamiento. Aunque es uno de los templos más antiguos de Chiang Rai, debió ser reconstruido en el siglo XX ya que una violenta tormenta dañó la mayor parte de las estructuras. Aún así, como veis en las fotos, el trabajo de restauración ha sido espectacular.

Wat Klang Wiang Chiang Rai

Wat Klang Wiang Chiang Rai

Entre tanto templo budista, íbamos a encontrarnos, casi sin esperarlo, con una de las mezquitas más importantes del norte de Tailandia: la Darunaman Mosque, también conocida como Ban Haw. Es un edificio bastante curioso ya que fusiona dos estilos arquitectónicos, el islámico y el chino: de hecho, en lugar de la típica cúpula característica del Islam, aquí tenemos ornamentos chinos.

En Tailandia aún viven muchos musulmanes, principalmente en el sur del país, en las zonas de Yala o Pattani; no es raro por tanto descubrir que los alrededores de la mezquita están plagados de restaurantes halal. No es la única mezquita de Chiang Rai, hay algunas más como la Masjid Nurul pakistaní o la Masjid Al-Munauwara, aunque la de Darunaman es la más importante. Aunque en general en Tailandia budistas y musulmanes suelen convivir en perfecta armonía, la construcción de algunas mezquitas acarreó protestas por parte de los budistas. Sin embargo, las autoridades argumentan que aunque en Chiang Rai no vive una comunidad musulmana demasiado numerosa, son más de 200.000 musulmanes los que cada año pasan por la ciudad, muchos de ellos camino de las plantaciones de caucho, donde trabajan. Los budistas se defienden diciendo que no se oponen a que existan otras religiones pero que no quieren las mezquitas justo junto a sus templos.

Darunaman Mosque Chiang Rai

Al igual que ocurre en Chiang Mai, Chiang Rai cuenta con un animadísimo mercado nocturno en el que puedes comprar cualquier cosa que te imagines. Allí era donde gastábamos las noches. Además hay una explanada enorme con cientos de puestos de comida y qué mejor idea que cenar al aire libre con ese calor que nos gastábamos. Fue precisamente aquí donde probamos uno de los platos más típicos de Chiang Rai, el hot pot. Se prepara en una tinaja de barro (ojito con tocarla que llega ardiendo) y es una sopa de carne, generalmente pollo o ternera, con huevos, verduras y noodles. Se dice del hot pot que es la fondue tailandesa ya que lo normal es compartirla debido a su tamaño.

Los ingredientes te llegan crudos y tú eres el encargado de preocuparte del punto de cocción. Teniendo en cuenta que el hot pot grande apenas costaba 100 baths, unos tres euros, pagamos más por las cervezas que por la cena. Y hablando de comidas (ya os hablamos de nuestras thai foods favoritas en el artículo Diez platos que nunca me pierdo cuando viajo a Tailandia), os recomiendo que cuando vayáis al Night Bazaar busquéis un puesto que hay en una de las entradas, el de la señora Pa Ouan, una antigua cocinera de la Casa Real que ahora está al frente de un tenderete: unas colas larguísimas de gente esperando os darán la pista. Preguntamos qué ocurría y nos dijeron “¡hacen Bua Loy!”. El mejor postre que he probado en mi vida, se te ponían los ojos en blanco al catarlo. Bolas de arroz helado en leche de coco con gominolas como guarnición. Ma-ra-vi-llo-so.

El Chiang Rai Night Bazaar se concentra alrededor de dos plazas en las que no solo se come, también podrás disfrutar de actuaciones en directo (de lo más variadas, desde espectáculos de drag queens a grupos de rock o cantantes de pop tailandés). Y en las calles cercanas, la que estaba al lado de nuestro hotel sin ir más lejos, había un montón de pubs donde tomarte una cerveza por la noche con buena música de fondo. Y por si esto no fuera suficiente, un montón de salones de masajes para relajarte después de las caminatas. Nosotros escogimos uno de los mejores de Chiang Rai, el Monmueang Lanna, con unos precios buenísimos y un montón de tratamientos para elegir. 500 baths por un masaje tailandés de una hora, de esos que te estiran todos los músculos del cuerpo, te clavan codos y rodillas y te cruje hasta el píloro. Pero te quedas como nueva.

Como nos interesaba mucho recorrer los alrededores de Chiang Rai y hacerlo en transporte público era una locura, sobre todo por la pérdida de tiempo para desplazarse entre un lugar y otro, hablamos con el chico de nuestro hotel para contratar un conductor que nos llevara a donde nosotros quisiéramos. El precio más que correcto, 1000 baths por persona (26 euros) por una jornada completa. Nos tocó un chaval majísimo y super cachondo que se moría de la risa cada vez que cogíamos el micrófono dorado que llevaba en el coche e improvisábamos un karaoke para amenizar la excursión. Vaya carcajadas que nos echamos con él.

Decidimos madrugar bastante ya que el primer lugar que íbamos a ver prometía estar lleno de turistas. Y no nos extraña ya que para mí es lo más bonito que jamás he visto en Tailandia: hablamos del Templo Blanco. Y eso que es un templo reciente (se construyó en 1997) y, al mismo tiempo, de lo más extraño. Además, ni siquiera está acabado del todo porque se planea seguir añadiendo edificios; de hecho, cuando lo visitamos, había alguno en construcción y se cree que los trabajos no estarán acabados ¡hasta el año 2070! Cuando la obra completa esté finalizada, probablemente este pase a convertirse, con todo el derecho del mundo, en uno de los lugares más impresionantes de nuestro planeta. Ese al que llevaríamos de visita a los alienígenas para demostrarles lo maravilloso que es el mundo en el que nos ha tocado vivir.

White Temple Chiang Rai

Templo Blanco chiang rai

El Wat Rong Khun, que casi todo el mundo conoce como el Templo Blanco, era originariamente un viejo templo que se encontraba en un pésimo estado pero que las autoridades, debido a la falta de inversión económica, no se animaban a restaurar. Fue entonces cuando llegó un artista local, Chalermchai Kositpipat (el mismo de la Torre del Reloj) y se ofreció para renovar el complejo con su propio dinero. Nada más y nada menos que un millón de dólares lleva invertido en el proyecto y ha necesitado la ayuda de 120 trabajadores.

Su obra ya podía admirarse en el primer templo budista de Gran Bretaña, el Wat Buddapadipa. Quién nos iba a decir entonces que sería capaz de crear una obra maestra que superara todos los sueños artísticos de arquitectos y escultores, convirtiéndose en un auténtico visionario. De entre los más de 40.000 templos que existen en Tailandia, no podemos encontrar ni uno solo que se asemeje lo más mínimo al Templo Blanco.

Templo Blanco Chiang Rai

Situado a las afueras de Chiang Rai, el Wat Rong Khun es una visita obligada no solo por su belleza y singularidad sino también para comprender cómo el sueño de un hombre puede acabar haciéndose realidad. La imaginación desbordante de Kositpipat le llevó a crear un templo que rompía con todos los tópicos anteriores y que intenta simbolizar el samsara, el círculo budista que se desarrolla entre el nacimiento y la muerte. Un templo blanco (lo nunca visto), que con dicho color pretende ensalzar la pureza de lo sacro, al que se accede por un puente asediado por las esculturas de esas almas que sufren en el infierno. Una imagen fascinante. Y al mismo tiempo terrorífica.

Pero lo que nos espera dentro del ubosot, la capilla principal, es aún más desconcertante. Porque si en el interior de muchos templos tailandeses las pinturas de figuras mitológicas nos ayudan a entender la vida de Buda, aquí esa biografía la relatan personajes que jamás esperaríamos encontrar entre las paredes de un templo sagrado: extraterrestres, Neo de la película “Matrix”, Michael Jackson, Kung Fu Panda, Spiderman, Harry Potter, Freddy Kruger, Terminator… hasta un retrato de las Torres Gemelas ardiendo. En cierto modo, recuerda a esos cuadros surrealistas de Dalí en los que cualquier elemento, por extraño que este pareciera, tenía cabida.

Templo Blanco Chiang Rai

Cuando regresamos al exterior, continúan las sorpresas. Mientras paseas entre un montón de monjes que vienen aquí a ofrecer sus plegarias y que deambulan entre turistas cámara en mano, te toparás con un montón de estampas que siguen dejándote con la boca abierta: echad un ojo a las imágenes.

Templo Blanco Chiang Rai

Templo Blanco Chiang Rai

Templo Blanco Chiang Rai

Templo Blanco Chiang Rai

Aunque cueste creerlo, esto de aquí abajo son… ¡unos cuartos de baño!

Templo Blanco Chiang Rai

Después de visitar el Templo Blanco, creíamos que ya nada podría sorprendernos. Qué equivocados estábamos. Teníamos por delante un día entero, en el que conoceríamos algunos de los lugares más impactantes que he pisado en Asia. Uno de ellos fue el Wat Rong Suea Ten, la Casa de los Tigres Danzantes, llamada así porque en el pasado a los tigres les encantaba jugar y saltar en un río cercano. O lo que es lo mismo, el Templo Azul. Qué lugar más magnífico. Localizado también a las afueras de Chiang Rai, es mucho menos conocido que el Templo Blanco, por lo que aquí encontrarás muchos menos turistas. El diseño corrió a cargo de un pupilo del propio Kositpipat, Puttha Kabkaew.

Wat Rong Suea Ten Chiang Rai

En el año 1996, los habitantes del pueblo cercano, Rong Suea Ten, accedieron a la rehabilitación de un antiguo templo que estaba casi en ruinas: deseaban tener un centro de meditación donde poder ir a orar. Las obras tardaron nueve años en iniciarse y se llevaron a cabo durante más de una década: nos consideramos unos privilegiados por haberlo visitado ya que se acabó hace sólo un par de años, en el 2016. El resultado final, como veis, es sorprendente. La influencia del maestro Kositpipat es más que notoria, tanto en el interior como en el exterior. Aunque en esta ocasión el color elegido fue el azul, que representaría el dharma, el método con el que los budistas intentan encontrar la felicidad y la paz interior. El color azul también iría asociado a la pureza y la sabiduría y es frecuentemente usado en otras religiones como el cristianismo o el hinduismo.

Wat Rong Suea Ten

Wat Rong Suea Ten Chiang Rai

Aún no nos habíamos logrado reponer de tal borrachera visual cuando cogíamos el coche y nos veíamos delante de otro lugar impresionante: la Casa Negra o Baan Dam. Un ambicioso proyecto de otro artista tailandés, Thawan Duchanee, que durante varios años creó este espacio mágico: 40 edificios a cual más impactante. Una obra deslumbrante en la que modernismo y tradición caminan de la mano.

Recomiendo comenzar el recorrido por la mayor de las estructuras, la principal, porque si sorprende su exterior, más lo hace lo que te espera dentro. Mesas de madera que parecen preparadas expresamente para un banquete vikingo, cráneos de animales, pieles… Una obra controvertida en la que a través de la muerte se quiere recordar todo el sufrimiento que Buda presenció en sus viajes. El negro es el color predominante, otorgando un aura de oscuridad y misterio a las casas de madera. Se me ponen los pelos de punta al pensar en lo que debe ser recorrer este inmenso jardín uno solo en mitad de la noche. Es como una película de terror.

Casa Negra Chiang Rai

Sin embargo, pese a esa primera impresión tan siniestra que se queda en el visitante nada más llegar, cuando llevas un buen rato caminando entre estas originales construcciones, comienzas a comprender el humor tan negro que se gastaba Duchanee. Él mismo parece querer reírse de lo funesto que nos parece el mundo del más allá, creando esculturas satíricas a base de cuernos y huesos, serpientes, garudas, calaveras… El artista no escatimó esfuerzos a la hora de dejar volar la imaginación.

Casa Negra Chiang Rai

Casa Negra Chiang Rai

Casa Negra Chiang Rai

Casa Negra Chiang Rai

Acaso las mentalidades más conservadoras, que de eso aún queda mucho en Tailandia, consideran que Duchanee ha rebasado todos los límites con esta obra. Pero yo creo que lo que se intenta es remover la conciencia del que se enfrenta a estas singulares creaciones y lo consigue de largo. Duchanee falleció en el 2014 pero como herencia nos dejó un trabajo pionero que probablemente inspirará a otros muchos artistas en el futuro. Pocas veces se ha llevado la arquitectura y escultura a extremos tan radicales y ello convierte a sus diseños en algo único e incomparable. Pese a que él mismo no se consideraba una persona religiosa (en un país en el que la religión es todo), es innegable la influencia budista en muchas de las casas negras, en algunas de las cuales se representa ese infierno tan temido, presidido por un espíritu que ejerce de juez y verdugo. La violencia, el erotismo, la locura… todos esos fenómenos con los que convive el hombre moderno y que mantienen una lucha constante con las creencias religiosas, formaban parte de las excéntricas ideas de Thawan y aquí quedan reflejadas.

Para una tetera redomada como yo, la siguiente visita, que nos llevaría a zonas montañosas, era otro de los puntos fuertes del día: la plantación de té de Choui Fong. Las terrazas donde se planta el té, como podéis ver, son preciosas y responden totalmente a esa imagen que tenemos del exotismo asiático. La plantación lleva funcionando más de cien años y está considerada una de las mejores del país: la altitud, más de mil metros sobre el nivel del mar, y lo beneficioso del terreno contribuyen a otorgar a este té una calidad única. En sus tiendas, que se encuentran allí mismo, venden catorce tipos de té diferentes, todos cultivados allí, desde el de jengibre al Pouchong, el Flower Blossom o té verde. Yo aproveché para comprar varias bolsas y de paso llevar algunas de regalo a mis amigas teteras.

Plantación de té de Choui Fong

Al adentrarnos en un área tan rural, donde la Naturaleza es la auténtica protagonista, aprovechamos para hacer una parada en Tham Pla (Cueva de los Peces), donde los monos campan a sus anchas y se acercan para pedirte cacahuetes. Hay estanques plagados de peces y un poco más arriba, en la ladera de la montaña (ojito cuando subáis que las escaleras resbalan) tenemos la cueva de Tham Pum, con una estatua de Buda en su interior. Necesitaréis encender la linterna del móvil ya que el interior es muy oscuro: intentad ir con deportivas, nada de chanclas, ya que el suelo está muy húmedo.

Tham Pla Chiang Rai

Tham Pla

Continuábamos con  el coche nuestra ruta hacia el norte, adentrándonos en esa Tailandia profunda que tanto nos gusta. Nada que ver con el bullicio de Bangkok o los bares ruidosos de las playas. La región de Mae Sai es idílica: pequeños pueblos escondidos en valles donde los mercados locales llenan de actividad los callejones, tan estrechos que a duras penas lográbamos circular por ellos. Aquí apenas se ven turistas, los pocos que viajan a este área es con la intención de renovar el visado al estar aquí la frontera con Myanmar o aprovechar para pasar unos días en el país vecino. Si subes a lo alto de la montaña, estas son las vistas de Myanmar y la ciudad de Tachiliek.

Golden Triangle Tailandia

Ya que estábamos en esta zona, quisimos aprovechar para ir a visitar el Wat Phra That Doi Wao, un templo donde en la antigüedad el rey Wao guardó la reliquia del cabello de Buda. Se le conoce también como el Templo del Escorpión por esa escultura de un escorpión gigante (wao significa escorpión en tailandés).

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Llegábamos ya por fin a lo que es el auténtico Triángulo de Oro, el Golden Triangle. La intersección desde la que puedes divisar desde las alturas la confluencia de tres países (Tailandia, Laos y Myanmar), una región mítica debido a haber sido durante siglos el mayor foco del opio del planeta (ahora ese “honor” le corresponde a Afganistán, a ver por qué os creéis que las tropas de Estados Unidos llevan años intentando hacerse con el control del territorio, que no os engañen con excusas baratas). El opio siempre ha sido muy codiciado, hasta el punto de que ha provocado sangrientas batallas entre países, como la que enfrentó a China y el Reino Unido en el siglo XIX: sólo en la Segunda Guerra Mundial los alemanes cultivaron más de dos toneladas. La morfina se hacía más que necesaria para las heridas de guerra de los soldados y sin ella actualmente muchos enfermos no podrían soportar el dolor: ningún hospital puede vivir sin morfina.

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Curiosamente el cultivo de opio no surgió aquí sino en el Mediterráneo y su consumo estaba ampliamente extendido entre las poblaciones de imperios como el egipcio, el romano, el persa o el griego. En la antigüedad, cuando no existían los prejuicios sobre las sustancias psicotrópicas, las plantas que, como en este caso la adormidera, proporcionaban al individuo la ocasión de acercarse al nirvana, no sólo no estaban prohibidas sino que eran muy apreciadas. No se utilizaban sólo en rituales que pretendían conseguir una comunión con los dioses, también eran de uso diario para combatir enfermedades cotidianas como el dolor de oídos o la lumbalgia o para repeler el insomnio.

En el caso del opio, el derecho romano llegó a proteger su venta y consumo de tal manera que se convirtió en un bien con el que no se podía especular, como el pan o la vivienda. De hecho, era uno de los productos que más dinero traía a las arcas del Estado, constituyendo un 15% de la recaudación de impuestos. Los romanos consideraban que el opio, administrado con cautela y en su justa medida, no tenía efectos secundarios y proporcionaba una mayor calidad de vida. Si les hubieran dicho que dos mil años después sería una sustancia prohibida y defenestrada, probablemente se hubieran llevado las manos a la cabeza.

Para acercarnos a la historia del opio y lo que éste ha supuesto para la Humanidad, resulta más que interesante la visita al Museo del Opio en Chiang Sen. A nosotros nos encantó. En este museo de dos plantas se hace un repaso concienzudo por la huella dejada por el opio en diferentes civilizaciones (especialmente la china, cuyos fumaderos de opio se exportaron a otros muchos lugares del mundo). Podremos analizar diferentes tipos de semillas, descubrir los diferentes usos terapéuticos de esta planta u observar pipas antiquísimas.

 

Ya que estábamos en esta zona, aprovechamos también para visitar algunos otros lugares cercanos. Entre ellos, el templo Wat Phra That Chom Kitti, situado en lo alto de una colina, y el Wat Phra That Pha Ngao (un templo al que se considera el “Lourdes tailandés” y al que acuden cada año miles de peregrinos con la esperanza de ver curadas sus enfermedades). Preciosos templos en un enclave privilegiado.

Imagen del Buda de Phra Chiang Saen Si Phaendin

Phra Chiang Saen Si Phaendin Chiang Rai

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Tras ello, gastamos las últimas horas de luz disfrutando del anochecer sobre el río Mekong, la bonita frontera natural entre Laos, Tailandia y Myanmar y que los locales conocen como Sop Ruak, ya que es aquí donde se funden los ríos Mekong y Ruak. Qué mejor lugar para finalizar este cuarto viaje tailandés que en el Triángulo de Oro, un destino de leyenda que hay que visitar al menos una vez en la vida.

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