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Souvenirs super chulos con los que triunfar al regreso de un viaje

Hace unos meses publicamos un artículo, Cómo disfrutar los mercados asiáticos como si fueras un local , en el que os dábamos recomendaciones para sacarle todo el partido posible a los mercados de Asia. Caóticos, ruidosos y siempre llenos de vida, los mercadillos callejeros del continente amarillo son únicos en el mundo: recorrerlos es una experiencia que con seguridad te deparará un montón de sorpresas. A veces los hemos visitado por el mero placer de deambular entre vendedores y locales, que han hecho del regateo un modo de vida. Casi siempre hemos ido sin la intención clara de adquirir un producto en particular pero al final acabamos picando y nos volvemos al hotel con una bolsa llena de bizarradas. Generalmente los precios son ridículamente bajos y a una le cuesta resistirse a comprar productos que es difícil encontrar en cualquier otro lugar del mundo.

Muchas veces estos artículos eran para nosotros mismos (reconozco que tenemos la casa tan atestada de freakadas que parece un bazar marroquí) pero otras muchas hemos aprovechado para encontrar en estos mercadillos los souvenirs que queríamos llevar de recuerdos a amigos y familiares. Por poner un ejemplo, con mi amigo Tana, que también viaja muchísimo, mantengo una competición por ver quién de los dos le encuentra al otro un imán más horrendo: pese a que en Europa la palma se la lleva Rumanía, en Asia he alucinado del ingenio de los fabricantes para elaborar imanes tan horribles, aunque supongo que a ellos les parecerán preciosos. Pero no han sido los únicos recuerdos extrañísimos que nos hemos traído de nuestros viajes alrededor del mundo. Algunos de los artículos que aquí te mostraremos se han venido con nosotros a casa, otros los hemos visto y se nos han quedado los ojos como platos y los de más allá nos los han mostrado algunos amigos: todos tienen en común lo mucho que se salen de la norma.

¿Has pensado alguna vez en regalar como souvenir un billete del lugar donde has estado? En principio puede parecer una idea estrafalaria. Pero es que hay billetes que son auténticas obras de arte. Es el caso del billete de tres dólares de las islas Cook, considerado uno de los más bonitos del mundo.

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En Nueva Orleans descubrimos que muchos turistas se llevaban como recuerdo muñequitos de vudú con sus agujas clavadas correspondientes. Nosotros no compramos ninguno porque aunque no creemos a pies juntillas en el vudú, nos produce bastante respeto (es como lo de las brujas gallegas, “yo no creo en las meigas… pero haberlas, haylas”). Por eso nos parecía muy superficial que en muchas tiendas de regalos se vendieran estos muñecos como si tal cosa, frivolizando con el tema, cuando estuvimos en tiendas de vudú auténticas a las que mucha gente acude creyendo firmemente en las pociones que allí van a encontrar. Nosotros, por si acaso, nos trajimos de la tienda de Marie Laveau “House of Voodoo” una figura de Lord of Death, que protege de las envidias y las malas vibraciones. Que nunca está de más alejar los celos ajenos. Y funcionar, parece que funciona.

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De los souvenirs de USA ya hablamos en el artículo Un souvenir para cada estado de EEUU : échale un ojo si quieres inspirarte.

Si vas a países comunistas (o que han tenido un pasado comunista) puede ser buena idea hacerte con algún tipo de parafernalia. Cuando he estado en Cuba o Vietnam, he tenido oportunidad de comprar varios libros dedicados al tema. En Berlín también he ido a marcadillos callejeros donde vendían un montón de artículos de temática militar como posters, uniformes, gorras, sellos, camisetas o condecoraciones de la antigua República Democrática Alemana. Hasta cámaras de gas he encontrado en algunos puestos.

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Canadá es otro de los lugares donde me sorprendió muchísimo toparme con productos a cual más inusual de cara al turismo. ¿Sabéis que en una tienda vi botes con “auténtica nieve canadiense”? Camisetas de alces disfrazados de Darth Vader, posters de “Tráiler Park Boys” (la serie canadiense más gamberra), palos de hockey sobre hielo, mocasines indios, pijamas-disfraces de oso… Hay que ver qué inventiva tienen los canadienses. Aunque mi consejo es que si quieres triunfar con tus amistades, les traigas una caja de galletas de crema de arce ¡son las mejores galletas que he probado en la vida! Las de la marca Jakeman’s se salen.

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Japón sí que es el paraíso de las freakadas. Aquí me va a costar hacer la selección porque te puedes tirar días enteros yendo de tienda en tienda y alucinando con los locos inventos de los japoneses. Siempre recomiendo que si no te quieres gastar mucho, pases por una tienda de “Todo a 100 yenes” (las hay a patadas) y mires la cantidad de tonterías extrañísimas con las que lograrás sorprender a tus colegas.

Pero si buscas algo más especializado, te damos unas cuantas ideas: comics hentai (el porno de dibujos animados, en ocasiones bastante bestia, así que asegúrate de que a quien se lo regales tenga buen sentido del humor), un par de paquetes de Kit-Kat versión japonesa (son ediciones limitadas, con sabores que se hacen sólo para Japón como té verde matcha, edamame, patata dulce o wasabi), kendamas (son unos jueguecitos con una bola de madera muy populares), omamoris (amuletos japoneses), comida de plástico, mascarillas faciales temáticas, utensilios para hacer sushi cuadrado… Y si quieres ser generoso y no te importa gastarte 500 euros, te tiras el rollo y le traes a tu mejor amigo una tapa de WC de esas tan maravillosas que emiten ambientador, tienen hilo musical y te calientan el culete.

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Los mercadillos callejeros de México me demostraron que nada tienen que envidiar a los asiáticos: puedes encontrarte los artículos más inverosímiles. Los de México DF son gigantescos, puedes tirarte horas y horas de puesto en puesto. Los que como yo adoréis toda la temática del Día de los Muertos, os doy una buena noticia: toda la parafernalia dedicada a esta colorida festividad puede encontrarse en los mercados mexicanos durante cualquier época del año. Pero también podrás traerte a casa un bonito huipil (esas preciosas blusas bordadas que suelen lucir las mujeres indígenas), plata de Taxco, una botella de mezcal, tequileros (los pequeños vasos donde se sirve el tequila), chocolate artesano, ponchos, gigantescos sombreros mexicanos (estos te costará meterlos en la maleta y no sabemos si es buena idea llevarlos puestos dentro del avión) y máscaras de luchadores. Las máscaras son muy originales: nosotros tenemos una en casa puesta sobre un busto de corchopan.

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Una de las ciudades donde más dinero me gasto en compras siempre que voy es Ámsterdam: soy adicta a sus tiendas. Por poner un ejemplo, tenemos la cadena HEMA. Aunque ya podéis encontrar bastantes tiendas en España, cuando comencé a viajar a Holanda y la descubrí, siempre era uno de los primeros lugares donde iba cuando aterrizaba: tienen miles de productos para la casa a cual más original y muy baratos. Nunca he caído en la tentación, por otra parte, de comprar un par de zuecos de porcelana porque me parecen horrendos pero es algo que les gusta mucho adquirir a los turistas. Sobra decir que si te gustan las flores puedes traerte una bolsa de semillas de tulipán y si amas el queso, te costará elegir entre los cientos de variedades que se venden en Holanda. Preservativos a cual más estrafalario de la tienda La Condomerie, camisetas con motivos marihuaneros, un pequeño molino de porcelana, banderines del Ajax… las opciones son infinitas.

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El que va a Portugal aún mantiene la idea de que no puedes regresar a casa sin un buen juego de toallas. Si lo que buscas es calidad, efectivamente, pero en cuestión de precio, estos ya no son las gangas de hace veinte años. Aún así, tanto toallas como mantelerías no sólo duran muchos años y muchos lavados sino que además los diseños son preciosos (y no hay nada más lusitano que el Gallo de Barcelos, la “mascota” portuguesa). Si sois cocinillas, os recomiendo que os hagáis con una cataplana (es más fácil encontrarlas en el sur del país), donde podréis preparar arroz y marisco. Vino de Oporto, productos hechos con corcho,  té de las Azores, paté de sardinas, aguardiente de Medronho o azulejos son otras de las opciones.

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Marruecos es otro de esos países a los que suelo viajar con la maleta vacía y me la traigo llena. Y casi siempre regresa atiborrada de los mismos productos: todos los que tengan que ver con el aceite de argán, desde mascarillas a jabones, perfumes o champús. El aceite de argán es puro-puro y encima vale cuatro veces menos que en España, así que siempre me echo a la bolsa unas cuantas botellitas y así me duran para el resto del año o hasta que vuelva a Marruecos.

Pero en nuestro país vecino también podrás comprar babuchas preciosas, artículos de cuero (desde ropa a bolsos o lámparas, eso sí, intenta airearlos unos días en la terraza porque el olor es muy intenso), djellabas (esas vistosas chilabas marroquíes que usan tanto hombres como mujeres y que son súper fresquitas para que las utilices dentro de casa), perfumes artesanales, alfombras, teteras o especias.

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Tailandia es otro país a donde van a comprar muchos mayoristas y donde el turista medio puede comprar artículos a precio del por mayor en muchas tiendas. Es habitual aprovechar el viaje para hacerte un traje a medida (los sastres cobran poquísimo). La ropa en general está muy barata en Tailandia (tienen unos pareos increíblemente bonitos) y además te verás rodeado de falsificaciones de todo tipo que dan el pego, especialmente bolsos y carteras. La plata, que en casa usamos mucho, sin embargo en mi opinión no merece la pena: en la mayoría de las joyerías está más cara que en España. Otros productos típicos son estatuillas de Buda (aunque a los tailandeses no les gusta que se usen como decoración y en ese sentido les damos la razón), muebles de madera de teca (en el norte de Tailandia hay fábricas que se ocupan de embalarlos y enviártelos a casa), fruta deshidratada y, como no, Tiger Balm ,el mejor remedio para los dolores musculares.

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De Escandinavia también podremos traer un montón de souvenirs, a cual más original. Desde los bonitos Caballos de Dalecarlia suecos, que los niños usaban como juguetes y cuyo color más común es el rojo, a los simpáticos trolls noruegos, el tabaco de mascar que tanto se usa por tierras nórdicas (y que a mí particularmente me parece que tiene un sabor asqueroso), los lovikkavantar (unas manoplas de lana super calentitas típicas del norte de Suecia), accesorios vikingos de Dinamarca, especialmente joyería (en este mismo país también son muy típicos los juguetes de Lego), bufandas y chaquetas de lana o un muñequito de Nisse (el elfo danés). En Noruega le echan morro al asunto y hasta venden aire embotellado de los fiordos.

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Pero si estos son los souvenirs que os recomendamos comprar cuando viajéis por el mundo ¿cuáles les aconsejaríais comprar a un extranjero cuando visite España? Porque si de algo estamos sobrados en este país es de ingenio. Yo jamás recomendaría algo que tuviera que ver con la tauromaquia (que hay que ver lo que les gusta a muchos guiris ver su nombre impreso en el cartel de una corrida) pero sí productos tan rurales como efectivos del tipo una bota de vino (un botijo no, que pesa mucho).

Los abanicos, que ahora se usan para estar fresquitos pero en la antigüedad eran los artilugios con los que las damas enviaban señales ocultas a sus enamorados, son otros de los souvenirs más bonitos de nuestro país. Las figuritas de los nacimientos catalanas (cuyo personaje más conocido es el gracioso caganer pero que emulan a multitud de famosos como el Ché Guevara o Donald Trump), tabletas de turrón, licor de orujo (o una botella de un buen  Jerez), reproducciones de obras de nuestros mejores pintores (¡hay tanto para elegir!¡desde Dalí a Goya, Velázquez o Picasso!) y el mejor souvenir de todos: una edición , aunque sea de bolsillo, de “Don Quijote de la Mancha”. Ese sí que es un souvenir del que sentirnos orgullosos.

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2 replies »

  1. Muy bueno el artículo,aún estoy impresionado con los muñecos de vudú, nosotros siempre nos volvemos con imanes para la nevera (bonitos, a ser posible) y llenos de pequeñas bolsas de snacks típicos de cada país. De Irán nos volvimos con pistachos, anacardos y demás, junto con 10 cajas de dátiles. De Japón le tenemos especial cariño a una parejita de gizos que compramos en Miyajima.
    Si los imanes rumanos son especialmente horrendos debería de ver los indios, también tienen tela.

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