Cuando has viajado tres veces a Japón, como es mi caso, pudiera parecer que ya te has metido entre pecho y espalda lo más importante del país. Sin embargo, tengo la sensación contraria, la impresión de que precisamente todo lo que me queda por descubrir es mucho más de lo que ya he visto. He viajado siempre a Japón en otoño e invierno, por lo que no conocía esas situaciones que me relataban amigos que habían ido en verano de encontrarte los templos atiborrados de turistas. En nuestro último viaje, nos salimos del circuito típico de Tokio-Kyoto-Osaka y nos adentramos en pleno diciembre en la región de Takayama: no vimos ni un solo turista extranjero mientras paseábamos entre esas centenarias casas de madera. Ese es el Japón que quiero saborear la próxima vez que vayamos al País del Sol Naciente. El Japón que vamos a descubrirte en este artículo.

japan22_Easy-Resize.com

Hace un par de semanas estuve en Fitur los días dedicados a los profesionales. He de reconocer que había tenido una experiencia bastante nefasta en la feria de turismo hace años, cuando asistí los días abiertos al público y me encontré pabellones por los que apenas se podía andar y donde la gente se empujaba y daba codazos por coger un canapé. Decidí darle una segunda oportunidad a Fitur y tengo que reconocerlo: los días que sólo van los profesionales de turismo, los bloggers y la prensa da gusto lo bien que te atienden, con todo el tiempo del mundo por delante. Uno de los stands donde mejor me informaron fue en el de Japón. Como bien me comentaban los japoneses con los que charlé, la mayoría de la gente que se les acercaba buscaba asesoramiento para un primer viaje a Japón. Estaban encantados de dar con alguien que había ido ya tres veces y buscaba experiencias diferentes, ya que precisamente el Shinkansen (tren bala) ha ampliado sus rutas para cubrir ese Japón desconocido que sólo recorren los locales. Al darles la tarjeta de mi blog, me pidieron que hablara de esos destinos casi secretos a los que los extranjeros no parecen prestar atención (de hecho el amabilísimo Hideyuki se puso en contacto conmigo posteriormente enviándome un montón de información para ayudarme con este reportaje, por lo que lo menos que puedo hacer es darle las gracias desde aquí). El stand de turismo japonés se mostró muy interesado en que descubriera a mis lectores todo lo que hay más allá de Tokio y Kyoto. A ello vamos.

En Japón también hay terrazas de arroz

landscape-2389023_1920_Easy-Resize.com

Aunque asociemos su imagen a los países del sudeste asiático (yo misma he visitado arrozales en Vietnam o Bali), los campos de arroz también son algo habitual en un país donde las montañas cubren buena parte de su territorio. El efecto práctico de este tipo de agricultura, que aprovecha las laderas montañosas para crear terrazas escalonadas, da forma a una de las escenas más lindas que uno puede encontrarse en Asia. Es en los meses de Abril y Mayo cuando se plantan las semillas, se inundan las terrazas y el sol se refleja sobre las aguas, la mejor época para visitar los campos.

Algunas de las terrazas más espectaculares podemos encontrarlas en Shiroyone Senmaida, donde aún sobreviven más de mil terrazas al borde del mar y se ofrece a los visitantes una experiencia única: la de participar en la cosecha. Lo complicado es llegar, ya que no hay cercana ninguna estación de tren: la mejor opción es en tren desde Kanazawa a Anamizu (2 horas) y allí coger el autobús Hokutetsu hasta Wajima.

Pero no son las únicas terrazas japonesas. Dependiendo de la parte del país donde te encuentres, podrás visitarlas en Ojiro en la prefectura de Hyogo, en Hamanoura (al este del país, frente a las costas de Corea), las de Warabi cerca de Karatsu (y así de paso verás su impresionante castillo), las de Maruyama, consideradas de las más bonitas de Japón, o las de Oyama, las más cercanas a Tokio.

La isla abandonada de Gunkanjima

japan-725796_960_720_Easy-Resize.com

Uno de los lugares más siniestros de Japón ha vuelto, por suerte para nosotros, a abrirse a los visitantes. Hablamos de la isla de Hashima, conocida entre los locales como Gunkanjima. Situada cerca de Nagasaki, esta isla, a la que se la concedido el título de Patrimonio de la Humanidad no sin cierta controversia, vivió durante muchos años de la explotación de las minas de carbón. Pero los mineros eran prisioneros capturados durante la Segunda Guerra Mundial, principalmente chinos y coreanos, a los que se obligaba a soportar extenuantes jornadas laborales (se calcula que más de mil trabajadores habían fallecido cuando las minas se cerraron) y vivir hacinados en grisáceos bloques de hormigón. Como si de un Chernobyl a la japonesa se tratara, Gunkanjima impidió el acceso a la isla tras ser esta abandonada, cerrando las rutas marítimas que la unían con tierra firme. Sin embargo, ha vuelto a ser abierta a los visitantes (muy tímidamente, eso sí) con compañías que ofrecen tours guiados desde varios puertos de Nagasaki. La visita dura poco más de una hora ya que los edificios se encuentran en tan mal estado que hay riesgo de derrumbe y sólo se pueden contemplar desde fuera, todo ello bajo la supervisión de un guía oficial. El precio de la excursión ronda los 25 euros y hay que tener en cuenta que el viaje en barco puede ser bastante agitado y producir mareo: las aguas que abrazan a Gunkanjima son turbulentas, quizás para protegerla con más ahínco si cabe de ojos ajenos.

Prefectura de Fukui

Maruoka

Situada al noroeste de la región de Chubu, la prefectura de Fukui era una de la que los responsables de turismo de Japón estaban más interesados en promocionar. Y no nos extraña ya que pese a ser una perfecta desconocida para el público extranjero, Fukui guarda en su interior auténticas maravillas como el castillo de Muruoka, uno de los más antiguos del país y también de los mejor conservados, las ruinas del pueblo del clan Asakura, donde aún se mantienen las antiguas casas de los samurais y los comerciantes, el interesante Kumagawa-juku, parada imprescindible entre Kyoto y la región de Wasaka, los acantilados de Tojinbo y fascinantes templos como los de Myotsuji, Jinguji o el castillo de Echizen Ono. Para los amantes de los dinosaurios, comentar que en Fukui se encuentra uno de los museos más importantes del mundo dedicados a estos animales.

Los muros de nieve de Tateyama-Kurobe

Foto: Flickr Elminium

Los japoneses la conocen como Arupen Ruto: es una ruta de 90 kilómetros a la que los nipones llaman “el techo de Japón” y que recorre las laderas del Monte Tateyama (3015 metros) en la prefectura de Nagano. Esta montaña, junto al monte Akazawadake (2678 metros), forma parte del parque nacional Chubu Sangaku, en la parte norte de los Alpes japoneses. Debido al frío tan extremo que hace en invierno, los puertos de montaña sólo se abren de Abril a mediados de Noviembre: a principios de temporada podrás admirar estos gigantescos muros de nieve que llegan a alcanzar los 20 metros de altura y que se han convertido en uno de los paisajes más espectaculares de Asia.

La ruta, que se inauguró en 1971, conecta la ciudad de Toyama con el pueblo de Omachi. Hay varias maneras de hacerla, entre ellas autobuses y teleférico: la mayor parte de la ruta se encuentra vetada a los vehículos particulares. Los muros de nieve se pueden recorrer a pie, durante aproximadamente medio kilómetro, hasta mediados de Junio, aunque es justo cuando se abren las carreteras, a principios de Abril, cuando hay más nieve acumulada. En este mismo área se encuentra el Monte Murodo, donde se halla el hotel situado a más altura de todo Japón, por encima de los 2.000 metros, y el lago del cráter del volcán Tateyama, del que dicen los fotógrafos ofrece una de las mejores imágenes del país, al reflejarse las cumbres nevadas en sus aguas cristalinas.

Entre los siglos XVII y XIX esta zona estaba llena de peregrinos ya que el Tateyama era, junto a los montes Fuji y Hakusan, una de las montañas sagradas de Japón: se creía que el que consiguiera ascender hasta lo más alto, lograría como recompensa que al morir su alma llegara al paraíso. Hoy los peregrinos han sido reemplazados por turistas japoneses que vienen a navegar por las aguas del lago Kurobe, a hacer senderismo cuando las nieves desaparecen y a fotografiarse frente a la presa más alta de Japón.

Okayama y el Castillo Cuervo

japan-2373219_1920_Easy-Resize.com

Okayama es, tras Hiroshima, la mayor ciudad de la región de Chugoku y una de las menos visitadas por los turistas occidentales, pese a que aquí podemos encontrar el Korakuen Garden, considerado uno de los tres jardines más bellos de todo Japón, pese a que ha sufrido inundaciones y bombardeos. En Okayama podemos disfrutar también, sin salir de la ciudad, de un extenso área, Kibi Plain, en el que se acumulan granjas y templos como el Kibitsuhiko, el Bitchu-Kukubunji o los túmulos funerarios de Tsukuriyama. En Okoyama también está uno de los mejores castillos del país, conocido como “castillo-cuervo” por su fachada negra: pese a que fue destruido en la Segunda Guerra Mundial (sólo se salvó la torre Tsukimi Yagura), fue fielmente reconstruido en 1966 y hoy su imagen luce extraordinariamente sobre las aguas del río Asahi.

Hacer senderismo por Hakusan

hakusan_Easy-Resize.com

El Monte Hakusan, un volcán situado en la frontera que separa las prefecturas de Ishikawa y Gifu, es uno de los preferidos por los japoneses para hacer senderismo. Y no nos extraña ya que aquí a nivel naturaleza se puede disfrutar de algunos de los paisajes más exuberantes del país nipón como el valle Jatani, donde predominan las cascadas (las más bonitas son las Fukube, las Watagataki y las Ubagataki) y los bosques vírgenes. Muy interesante a nivel didáctico visitar el museo Hasukanroku, dedicado al mundo rural de esta región y en el que se exponen al aire libre viviendas tradicionales. Las ruinas de los castillos Torigoe y Futoge, que se construyeron a orillas del río Dainichi en 1573, merecen también una escapada aunque es recomendable traer tu propio coche ya que sólo hay un autobús al día.

El encanto de Kanazawa

kanazawa

Durante el periodo Edo, Kanazawa fue el hogar de los Maeda, el segundo clan feudal más poderoso de Japón después de los Tokugawa, lo que contribuyó a que a nivel cultural y arquitectónico llegara a rivalizar con la bellísima Kyoto, con la que además compartiría años después un inesperado privilegio: el de escapar a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, lo que ha permitido que se mantenga intacto su apabullante patrimonio histórico. Si en Kyoto hemos podido pasear entre las casas centenarias de Gion, Kanazawa cuenta con otro barrio que poco tiene que envidiarle, Nagamachi, donde solían residir los samurais con sus familias. Entre estas viviendas escondidas en estrechos callejones destaca la residencia Nomura-ke, que ha sido restaurada y expone mobiliario y herramientas de hace varios siglos (también hay una farmacia de dicha época reconvertida en tienda de artesanía). En el vecindario también podrás visitar diferentes museos dedicados a la vida de los samurais, antiguos establos y talleres donde se trabaja la seda de forma artesanal. También aquí se halla Seisonkaku, una de las mejores mansiones de samurais de Japón.

Kanazawa cuenta además con preciosos jardines como el Kenrokuen (que, según una filosofía china, cumple con las seis exigencias que ha de tener un jardín para alcanzar la perfecta armonía) y que se recomienda visitar en el mes de Abril, cuando comienzan a florecer los cerezos. En los distritos de Higashi Chaya, Nishi y Kazuemahi era donde se encontraban las antiguas casas de té (las chayas) donde las geishas entretenían a los adinerados clientes, aunque el mejor conservado es Higashi: aquí aún hay dos casas de té abiertas al público, la Shima y la Kaikaro. También sobrevive el castillo de Kanazawa (pese a que ha sufrido sucesivos incendios y ha sido varias veces reconstruido) y varios templos como el Ono Hiyoshi-jinja o el Fukuhisa-ya Ishiguro.

Colinas cubiertas de kochia en el Hitachi Seaside Park

kochia

El parque Hitachi está a poco menos de dos horas de tren de Tokio, cerca de la playa de Ajigaura. Los japoneses son unos grandes amantes de las flores y por ello han dedicado casi 350 hectáreas de terreno a cuidar y exhibir algunas de las más vistosas, que abren sus pétalos entre los meses de Abril y Mayo. Pero el otoño es otra época ideal para visitar el Hitachi ya que es cuando las plantas de kochia, al llegar el frío, cambian el color de sus hojas a este rojizo, cubriendo los campos de interminables mantas carmesí. La mejor forma de recorrer estos fabulosos jardines es en bicicleta: te las alquilan allí mismo por apenas 400 yenes las tres horas.

Ishigaki: una isla de aguas cristalinas

ishigaki_Easy-Resize.com

Aún hay mucha gente que desconoce que Japón, aparte de sus innumerables atractivos culturales, cuenta con auténticos paraísos tropicales como las islas de Yaeyama. Entre ellas se encuentra la pequeña isla de Ishigaki, conocida por sus largas playas de arena blanca y aguas turquesa como Yonehara o Sujuki, en las que podrás hacer snorkel entre arrecifes de coral, aparte de la particularidad de sus perlas negras. Con bosques de manglares, una bahía espectacular (la de Kabira) y una cultura que se debate, debido a su situación geográfica, entre la japonesa y la china, Ishigaki es uno de esos secretos de los que sólo parecen disfrutar los locales, pese a que en los últimos años dispone de conexiones internacionales en avión con Taiwan o Hong Kong.

Kumano: el Camino de Santiago para japoneses

kumano_Easy-Resize.com

Desde hace más de mil años, la ruta de Kumano, el Kumano Kodo, ha sido uno de los caminos de peregrinación más importantes para los japoneses: hasta los propios emperadores y sus respectivas familias han hecho largas jornadas de caminata. La meta final es la de llegar a los tres templos sagrados: Kumano Sanzan, Kumano Hayatama Taisha y Kumano Nachi Taisha. Las rutas se encuentran plagadas de ojis, pequeños santuarios en los que los peregrinos pueden alojarse y protegerse de las inclemencias del tiempo, además de orar y hacer sus ofrendas. Hay varias rutas para hacer la peregrinación, siendo la más popular la Nakahechi, que es la que solía hacer la familia imperial, y en la que se atraviesa el Yunomine Onsen, una fuente termal de casi dos mil años donde los creyentes hacen sus abluciones. Otras rutas son la Kohechi, que serpentea entre zonas más montañosas, la Ohechi, que va por la costa, y la Isehi. Cada vez son más los japoneses que se apuntan al peregrinaje, intentando con ello establecer una comunión con la naturaleza y con sus raíces espirituales.

Castillo de Kumamoto

kumamoto_Easy-Resize.com

Al sur de Japón, en la costa de Kyushu, está la ciudad de Kumamoto, cuyo principal atractivo es su enorme castillo, considerado uno de los más interesantes del país. Desgraciadamente, en Abril del 2016 sufrió daños debido a un terremoto y actualmente se encuentra en proceso de restauración, aunque de momento se permite pasear por el exterior (se espera que los trabajos estén finalizados en 2019). Construido en 1607 en un grandísimo recinto que agrupa varias edificaciones, la mejor época para visitarlo es en primavera, época de floración de sus más de 800 cerezos.

La antigua ciudad de Kawagoe

japan-1708668_1920_Easy-Resize.com

Kawagoe puede suponer, sin lugar a dudas, una de las mejores excursiones que se pueden hacer desde Tokio ya que se encuentra a sólo 30 minutos de tren de la capital. Esta pequeña ciudad centra sus atractivos en la calle principal, donde aún se conservan decenas de kurazukuris, antiguos almacenes de comerciantes, y en templos como el Naritasan, el Nakain o la Kashiya Yokocho, la calle de las golosinas, donde se amontonan las tiendas de dulces. A nivel gastronómico, Kawagoe también es conocida por sus selectos restaurantes tradicionales, los ryotei, donde antiguamente sólo se permitía el acceso a personajes relevantes de la sociedad japonesa pero que hoy en día, en su gran mayoría, están abiertos al público en general.

El puente colgante de Kazurabashi

kazura_Easy-Resize.com

En el pueblo de Nishiiyayama se encuentra el que probablemente sea el puente más impresionante de todo Japón, el de Kazurabashi, que cruza sobre las aguas del río Iyagawa. Antiguamente, la creación de rudimentarios puentes de cuerda y madera era la única manera de atravesar de una orilla a otra en este valle de Iya; de los trece existentes, sólo han sobrevivido tres, siendo este el más largo (45 metros). No apto para los que sufran de vértigo, ya que esta endeble estructura se encuentra a quince metros de altura, sólo se puede cruzar en una dirección.

Ainokura: el pueblo donde el tiempo se detuvo

anikoura_Easy-Resize.com
Foto: JNTO

Shirakawa-go es uno de los pueblos más bonitos de Japón pero se ha convertido en un lugar tan turístico, con casas tradicionales reconvertidas en cafeterías y hoteles, que es preferible acercarse, también en la zona de Gokayama, a la aldea de Ainokura. Son apenas una veintena de casas de estilo gassho-zukuri que sólo se pueden encontrar en esta región japonesa: se conocen por ese nombre ya que tienen la forma de unas manos en posición de rezo. Estas bellísimas casas, propiedad de granjeros y artesanos, fueron construidas hace dos siglos sin utilizar ni un solo clavo. En Marzo, Mayo, Noviembre y Septiembre el pequeño pueblo se ilumina por las noches, dando forma a una estampa de ensueño.

Un mar de flores en Hokkaido

hokkaido_Easy-Resize.com

Si te gusta verte rodeado de flores, entonces has de apuntar Hokkaido en tu agenda de destinos pendientes. Pese a que esta isla del norte de Japón ve como en invierno las nieves y las bajas temperaturas son una constante, al llegar la primavera el paisaje cambia radicalmente y los campos se llenan de color. Gigantescas plantaciones de lavanda en Zerubu Hill en Kamikawa, el Shichiku Garden de Obihiro (que, aunque cueste creer, mantiene una japonesa octogenaria), los miles de tulipanes del Takino Suzuran de Sapporo o el Yurighara Park, con más de cien especies diferentes de lilas: el sueño cumplido del que busque sentirse sumergido en la naturaleza más espectacular.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.