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Odiamos volar con Ryanair (pero todos seguimos haciéndolo)

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Si quisiéramos buscar un símil gastronómico, Ryanair sería el McDonalds de las aerolíneas. Precios que a priori son bajísimos (otras veces no tanto) pero al final no hay más vueltas que darle: el menú es una mierda. Y no nos engañemos, comer barato no significa tener que comer mal. Por la mitad de lo que vale una hamburguesa de plástico, en el bar de al lado te plantan un bocata de calamares “de los que quitan el sentío”. El problema es que esos bocatas no puedes encontrarlos en todos sitios pero el McDonalds sí. Es el gran inconveniente de las franquicias agresivas, que sin embargo más de uno ve como una ventaja.

La llegada de Ryanair al mundo de las compañías aéreas supuso un mazazo para las grandes compañías, acostumbradas a monopolios dictatoriales en los que ponían los precios que les daba la gana. Lo comparo a cuando en España la única compañía de la que disponíamos era Telefónica y te cobraban cinco mil pelas por estar un rato charlando con un amigo de Barcelona. Luego resultó que llegaron las demás (Vodafone, Jazztel u Orange) y ¡oh,milagro! se demostró que te podías tirar hablando las 24 horas del día con cualquier otra provincia sin que te cobraran un duro de más, bienvenido al mundo de las llamadas ilimitadas. Nos sentíamos felices con este chollo inesperado pero nos costaba acordarnos de todo el tiempo que nos habían estado tomando el pelo y la de dinero que nos hubiéramos ahorrado si hubiera existido la libre competencia. Con Ryanair pasó algo parecido: de repente surgía una aerolínea que vendía los vuelos ¡a un céntimo! Y no era broma ni un engañoso reclamo publicitario: en aquellos primeros tiempos, fueron varias las veces que enganché varios billetes en los que sólo pagué las tasas aeroportuarias. Recuerdo que mucha gente decía “¡eso es imposible!¡esos billetes al final no se encuentran nunca!”. Pues sí, se encontraban y tampoco hacía falta esforzarse mucho. Quién me iba a decir a mí que iba a volar a Alemania (y regresar luego) por 17 euros los dos trayectos. Nos salía más barato irnos de viaje el fin de semana que quedarnos en casa.

El tiempo, que es muy sabio, nos comenzó a demostrar que sin embargo no es oro todo lo que reluce. Porque a la larga nadie da duros a pesetas. Y volar con Ryanair significaba pagar aun alto precio en lo que a la calidad de otros servicios se refiere. Servicios a los que estábamos tan acostumbrados cuando volábamos con otras aerolíneas que no nos dimos cuenta de lo mucho que los echábamos de menos hasta que nos los quitaron.

Por un lado, está el tema de los aeropuertos. En Madrid tenemos suerte porque sólo contamos con un aeropuerto, el de Barajas, y no les queda más remedio que volar desde allí. Pero en otras ciudades el aeropuerto está donde Cristo perdió el mechero. Pongo el caso, porque lo he sufrido en mis carnes, del aeropuerto de Frankfurt Hahn. Lo del nombre es una mera coincidencia: la ciudad de Frankfurt se encuentra a 125 kilómetros. Muchos de estos aeropuertos secundarios donde Ryanair opera porque las tasas que pagan son bajísimas están perdidos en medio de la nada. Cierto es que ponen servicios de buses que enlazan con la ciudad pero en el caso de Oslo, por poner otro ejemplo, está tan lejos que el precio del billete del autobús te cuesta sólo un poco menos que lo que te ha costado el vuelo, vamos, que hay que sumar ese extra al billete y entonces, era obvio, la ganga ya no es tanta ganga. Añadamos que la mayoría de estos aeropuertos son francamente deprimentes: minúsculos, sin apenas tiendas (y las que hay tienen precios prohibitivos) y un montón de gente pegándose por subir al autobús. Que haya servicio de lanzadera no significa que vayas a tener sitio en el primer bus que llegue, muchas veces te toca esperar media hora a que llegue el siguiente. ¿Conclusión? Que entre las dos horas que hay que estar antes en el aeropuerto más la hora de trayecto y la otra hora extra para llegar pronto a la estación y asegurarte asiento, al final te tiras más tiempo en los preparativos previos que volando.

Ojalá estos fueran los únicos cargos extras a los que uno se enfrenta cada vez que vuela con Ryanair. Porque son tantos los descuidos que se penalizan que cuando uno reserva un vuelo está con los mismos nervios que cuando hace la declaración de la renta: como se te olvide algo, te pegan un palo que te dejan más tieso que la rodilla de un Click. Para empezar, no te queda otra que hacer la facturación online y por nada del mundo dejarte en casa la tarjeta de embarque. Como la olvides, te clavan 15 euros por imprimírtela (45 si directamente se te pasó hacer el check-in previo). ¿Ocurre lo mismo en otras compañías de bajo coste? En absoluto: por poner un ejemplo, Easyjet no cobra nada por dicho servicio.

Si resulta que has comprado un billete pero no puedes viajar y quieres cedérselo a alguien, es decir, un cambio del nombre del titular, la broma te sale cara: 160 euros si el cambio se realiza en el mismo aeropuerto y 110 si lo haces en casa. Si lo que quieres es cambiar las fechas del vuelo, los precios oscilan entre 45 y 90 euros por trayecto. En definitiva, que la mayoría de las veces sale mejor perder el dinero y comprar un billete nuevo.

Tema equipaje. Esto sí que ha dado quebraderos de cabeza a los clientes (y lo sigue dando). Al principio, sólo te dejaban una maleta de cabina por persona y nada de bolsos extras: te hacían meter el bolso dentro de la maleta para embarcar. Además, las medidas de la maleta (55cmx40cmx20cm) son inferiores a las del resto de aerolíneas (56cmx45cmx25cm). Luego relajaron la política y te dejaban llevar el bolso fuera. Pero no, no suponía un detalle con los pasajeros: era sólo el prólogo de lo que ha llegado ahora. Sólo puedes llevar un bolso o mochila y la maleta de cabina, si quieres subirla contigo, cuesta seis euros por trayecto; en caso de que no quieras pagarlo, te la envían a la bodega y a esperar que salga por la cinta cuando aterrices. Esto va en contra de los derechos de los pasajeros ya que cualquier aerolínea, aunque sea de bajo coste, te permite subir con tu equipaje de mano. ¿Y a qué responde esta nueva política? A que en realidad en cabina sólo tienen espacio para noventa maletas. Que viva la golfería.

Las maletas facturadas de hasta 20 kilos tienen un precio fijo de 25 euros por trayecto (compárense con los 10 euros que cobra Air Asia). Si vuelas en fechas clave como Navidad, Semana Santa o los meses de verano la facturación pasa de ser a 40 euros por maleta. Eso sí, si la maleta se añade cuando ya tienes una reserva hecha, a posteriori, pasa a costar 40 euros. Y si a los 20 kilos quieres añadir peso, cada kilo extra cuesta 10 libras. Como véis, el precio-chollo inicial del billete continúa incrementándose.

Una de las costumbres a las que me he visto obligada al volar con Ryanair es a llevar conmigo mi propia comida. Si el vuelo dura más de dos horas, suelo echar un bocadillo y una pieza de fruta. Me niego a pagar tres euros por una botellita de agua o seis por un sandwich con tan mal aspecto que se te revuelve el estómago sólo por mirarlo. Ojo, que estos no son los únicos abusos a tener en cuenta. Ryanair, una compañía solidaria como pocas, no ofrece asistencia a personas con discapacidad como invidentes ni tampoco les permite viajar solos, por lo que estos se ven obligados a pagar un billete extra para ir acompañados, y cobra 50 libras a los pasajeros que por enfermedad necesitan oxígeno. Y sólo les permiten embarcar si el vuelo dura menos de 250 minutos. Si no puedes pagar el oxígeno, pues te jodes y te mueres.

Si viajas con un bebé, aunque este vaya en tus brazos, has de pagar 20 libras extras por trayecto. Si el niño tiene más de dos años, paga igual que un adulto. Lo curioso es que la aerolínea no permite viajar a menores de 16 años si estos no van acompañados pero recientemente obligó a una madre mallorquina a pagar la elección de asiento para poder viajar junto a su pequeña de tres años. Si quieres elegir asiento, paga. Si quieres embarque prioritario, paga. Si quieres asiento en la salida de emergencia, paga. Nos van a cobrar hasta porque las azafatas nos den los buenos días.

Los aviones también son para verlos. No he visto unos asientos más estrechos en la vida, la medida estandar es para anoréxicos. Cuando aterrizas, bajas con un cuerpo que parece que has corrido el maratón de Nueva York. Ahora dicen que van a ampliar la anchura en dos centímetros, coño qué enrrollados (veremos cómo entran esos que para no pagar maletas extras suben al avión con cinco jerseys uno encima de otro). Por no tener, en los asientos no tienes ni la bolsa de redecilla donde se suelen colocar las revistas de las aerolíneas y que tan bien vienen para dejar tus libros: antes existían pero las han quitado, que fijo que cada una vale un céntimo y no es cuestión de derrochar. Las bolsas de papel por si te mareas y vomitas también brillan por su ausencia: les deben salir carísimas.

Cuando subes a un avión de Ryanair, entiendes lo que siente mucha gente que en África vuela en alguna de esas aerolíneas que no entiendes cómo obtienen los permisos para operar. Todo es tan cutre que da miedo. Para aumentar esa sensación de “avión de mercadillo”, hay publicidad por todos lados: compra, compra, paga, paga… hay que ver lo que le gusta a esta gente que nos rasquemos el bolsillo. Como si no hubiéramos tenido bastante al reservar el vuelo con los anuncios de las compañías de coches de alquiler, las de los hoteles y calcetines a cincuenta céntimos. A mitad de vuelo las azafatas, a las que sólo les falta un megáfono por el que voceen “¡otra muñeca chochoooonaaaa!”, realizan rifas verbeneras, que te parece estar en los coches de choque de las fiestas del barrio. Boletos no es lo único que venden: a nosotros nos han intentado encasquetar el Cuore con el reclamo de que “estaba Paquirrín en la portada”. Lo raro es que no te hagan un top manta en mitad del pasillo. Ahora su nueva iniciativa es vender a través de la web entradas para espectáculos: de aquí a los productos de todo un euro sólo hay un paso. Y menos mal que no ha prosperado aquel plan de alquiler de películas porno, que ya lo único que nos faltaba es un avión lleno de pasajeros onanistas.

Sí hay una cosa que debemos agradecerle a Ryanair: que por fin hayan dejado de despertarnos con esa melodía de cornetas a todo volumen que tan horribles recuerdos traerá a los que tuvieron la mala suerte de hacer la mili. Ahí estabas tan feliz durmiendo, después de haber logrado echar un sueñecito pese al frío que siempre hace en los aviones, que parece que estás alicatando un iglú, y de repente te despertaban con ese soniquete diabólico. Fijo que han decidido suprimirlo porque a alguno le ha dado un infarto. Que hablando de infartos, aún recuerdo en un vuelo desde Dublín que a un pasajero le dio un amago de infarto y la azafata en vez de llamar a la calma, salió corriendo histérica por el pasillo: nos sentimos todos de lo más protegidos. No es el único caso, a una pasajera británica que volaba a Budapest una azafata la tiró encima una taza de té hirviendo e ignoraba cómo darle los primeros auxilios. Unido a que en el respaldo del asiento que tienes delante te plantan ahí bien visible los dibujos de qué hacer en caso de accidente, no nos extraña que los pasajeros aplaudan cuando el avión toca tierra. Y no besan el suelo de la pista porque está muy sucio, no por falta de ganas, ya os lo digo yo. La aerolínea ya estuvo en boca de todos en 2012 cuando se supo que tres aviones tuvieron que aterrizar en situación de emergencia ante lo ajustado que llevan el combustible y que habían sufrido episodios de despresurización en las cabinas.

Si antiguamente el oficio de azafata era uno de los más anhelados por las jovencitas, por ese estatus que parecía otorgar trabajar en un avión, tan elegantes y tan guapísimas ellas, con Ryanair nos preguntamos muchas veces dónde hacen las entrevistas de trabajo ¿en las Tres Mil Viviendas? Porque hay que ver qué choni y qué maleducado es el 90% de la plantilla. Les hablan con unos malos modales a los pasajeros que te da miedo preguntar cualquier cosa. Claro que por lo que les pagan, tampoco se puede pedir peras al olmo. El que quiera trabajar para la aerolínea, ha de pagarse el curso de formación (alojamiento incluido) y hasta el uniforme. En el momento en que las ruedas del avión tocan el suelo, el personal deja de cobrar, pese a que cuando salgan todos los pasajeros les toque quedarse a limpiar. Algunas azafatas han denunciado en diversos foros que más de un compañero ha llegado medio borracho a trabajar y la respuesta de la aerolínea ha sido “hala, lávate un poco la cara y a currar”. No lo decimos nosotros, lo dicen ellas. Al menos ahora no las obligan a posar ligeritas de ropa para los calendarios de la compañía, algo que sí hicieron en el pasado, en un deplorable detalle de machismo y mal gusto.

Al personal de vuelo de Ryanair hay que entenderle porque lidiar con muchos de los pasajeros que usan Ryanair es para llevar un machete y un bardeo bajo la falda. Hooligans borrachos que van de fiesta a Ibiza, domingueros que no han cogido un avión en su vida y se creen que van en un autobús de La Sepulvedana, gente que le da igual el destino mientras el billete haya sido barato, lectoras de “Cincuenta sombras de Grey” camino de celebrar despedidas de soltera… la creme de la creme. Hace sólo unos días un avión debía aterrizar de emergencia en Santander por culpa de dos pasajeros que iban con unas cuantas copas de más. Y como vimos en un vídeo hace unos meses, hasta parejas fornicando que puedes encontrarte en el asiento de al lado. O azafatos como el gaditano que estas últimas navidades amenizaba los vuelos haciendo su propia versión del “Despacito”, en esta ocasión llamada “Dos euritos”. Al personal de vuelo estas iniciativas pachangueras les parecerán graciosísimas pero he visto a cientos de pasajeros echándose las manos a la cara, suspirando mientras susurran “¿en serio tenemos qué aguantar esto?”. Lo raro es que no haya azafatas haciendo malabares o con unos bongos pero tranquilos: todo llegará. Si hay algo que Ryanair te garantiza es que en sus vuelos nunca vas a aburrirte. Lo que no te garantizan es que vayas a llegar a tu hora, pese a que se echen flores engañándonos y diciendo que son súper puntuales: el año pasado casi 43.000 vuelos suyos en España aterrizaron con más de 15 minutos de retraso.

Comprar un billete con Ryanair no te asegura en ningún caso que vayas a volar. Que se lo pregunten a esos miles de pasajeros que se han quedado recientemente en tierra tras las cancelaciones por la huida de pilotos a otras compañías que les trataran mejor, esas que les pagan sueldos en condiciones y no les ponen todas las pegas del mundo para conseguir representación sindical (algo que se ha logrado tras muchas quejas de los trabajadores). Por supuesto, Ryanair se guardó muy mucho de informar a esos pasajeros de que tenían derecho a compensaciones y que incluso estaba cobrando por los gastos de gestión de los cambios de reserva y por un teléfono 902 de atención al cliente que va contra la ley, situación que denunció FACUA. No son pocos los pasajeros que a lo largo de todos estos años se han quedado en tierra o han sufrido retrasos de varias horas sin que nadie de las compañía les informara del problema o les diera unos míseros vales para comer. Hace sólo unos días, un pasajero, cansado de este trato vejatorio, se subió a protestar al ala de avión en el aeropuerto de Málaga porque ya no aguantaba ni un minuto más. Le entendemos después de la de veces que nosotros mismos hemos estado esperando en las pistas muertos de frío, sin entender por qué esa espera no podíamos hacerla en las salas calentitos.

Pero si Rynair apesta tanto y si desde hace ocho años es la aerolínea peor valorada entre los pasajeros españoles ¿por qué sigue siendo líder absoluta entre todas las compañías de nuestro país, con más de 38 millones de billetes vendidos el pasado año? ¿Por qué tras las cancelaciones la mitad de los pasajeros reconocieron que aún así tenían intención de volver a volar con la compañía? Pues por lo que lo hacemos todos: porque siguen teniendo unas tarifas imbatibles. No sabéis la de veces que he dicho “¡no vuelvo a volar con esta gentuza!” y unos días después veía una ofertaza de vuelo y volvía (de nuevo) a caer: es como cuando en mitad de la resaca, te prometes a ti mismo que no volverás a toma una cerveza, no te lo crees ni tú. Ahora la diferencia es que se nos ha agudizado la picardía y nos sabemos las tretas para que ese vuelo a Irlanda o Bélgica te cueste realmente treinta euros. Aunque sea a costa de apañarte con una maleta minúscula, llevando tu comida en tu propio tupper o durmiendo de mala manera en aeropuertos de tres al cuarto. Pero si ellos son tozudos, nosotros lo somos más. Eso sí, ante su “amenaza” de vuelos charter a Estados Unidos, conmigo que no cuenten, por muy baratos que sean los billetes. Vale que una pueda hacer el esfuerzo de soportar un par de horas aprisionada en un asiento que parece una silla de tortura de la Inquisición. Pero ¿ocho horas aguantando a azafatas aspirantes a Operación Triunfo, vendiéndome boletos de tómbola y sintiéndome como en el avión de “Aterriza como puedas”? Ni harta de vino.

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12 replies »

  1. Jajajaja es totalmente cierto. Hemos volado con Ryaner y nos hemos dado cuenta que la ganga esa no existe, a veces por los horarios, que te hacen salir a las 5 am a cualquier aeropuerto que queda a 100 o más kilómetros…con decir que también hemos tenido que pagar un hotel para pasar la noche cerca del aeropuerto(París—Beauvais)…muchas veces recuerdo y me río…pero cuando estamos viviendo todos esos momentos que cuentas, me digo «por favor ni sueñes en comprar más a Ryaner». He vivido todas esas experiencias, la de pagar, 15€ por no imprimir el billete, la del equipaje de mano que te metían a presión un bolso en la maleta, cuando las azafatas son más pequeñas que yo de estatura y te tiran encima la chaqueta que has guardado…etc…así que nada, a veces nos sale más cara la oferta…y realmente por tiempo y comodidad prefiero un bus o un tren….saludos y a seguir viajando…

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  2. Pues yo mis peores experiencias fue con Iberia,es la que tengo totalmente tachada. Lo que nunca me pasó con Ryanair me pasa con Iberia: que te cambien el horario de vuelo que me costó un pastón ( por ser Iberia) reservado un mes antes con todo ya organizado para coger un crucero en Venecia y un par de días te avisan de que la opción es un A. Nostrum o sea su low cost ( y por su puesto no a menor precio) y a un horario que imposible llegar a tiempo, y a demás me dicen que si no me va bien la única opción es que me devuelven el dinero, y solo faltan 2 días para el viaje!!!! así que a buscar otra vez y pagar aún más pastón. Otra vez en Iberia, me llega la maleta facturada con el paquete de un regalo que llevaba (para un bautizo) dentro roto y abierto, lo habían abierto!!!, en atención al cliente no se hacen cargo pues es imposible demostrar .
    Bueno la idea es que si voy aun ” McDonalds” ya se lo que voy a encontrar y no voy a quejarme si no me ponen Delicateses ….. y no puedo pedir más por el precio.

    Pero si que Iberia me tiene mu quemaaaaaa, ¿aviones mejores que los de RYANIR ? ¿más cómodos ? ¿ personal más atento? ¿ mejor comida? para mi no, la peor relación calidad/ precio sin ninguna duda.
    Eso si una pena que Ryanair suela tener muy malos horarios y aeropuertos en las quimbambas, muchas veces hay que hacer noche de hotel y el precio ya no es tan ganga.

    Un saludo a todos y que haya más competencia entre aerolineas para que cada vez mejoren más.

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  3. Me uno al grupo de los que viajan con Ryanair solo porque es económico! Pero cada vez va a peor…¿y la manía de separar a las personas que han comprado billete juntas? No voy a morir por ir separada de mi acompañante pero en los 3 últimos vuelos que he cogido he visto como la gente se sentaba al llegar para luego, cuando cerraban puertas, cambiarse si había sitio al lado de su acompañante o de otro, lo que nos hace perder más tiempo. Así que…es una medida nefasta desde mi punto de vista.

    PD: También odio la gente que aplaude cuando aterriza. ¿Esperaban morir porque se quedara sin gasolina? U_U

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  4. Yo casi siempre vuelo con Ryanair y la verdad es que nunca he tenido problemas: eso sí, siempre me he informado mucho y como dices me las sé todas, mi maleta cabe en el sitio ese donde te hacen meterla para ver si vale, me miro mucho lo que me va a costar luego el bus o tren y me lo cojo siempre sabiendo qu eno voy a tener que cancelar ni nada. En ese aspecto me ha puteado mil veces más TAP, por ejemplo.

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    • Monty, por eso comentamos que con Ryanair practicamente hay que hacer un curso antes de volar para conocer todas sus tretas jajajajaja! Efectivamente, no es la única compañía que da problemas (por desgracia): nosotros por ejemplo evitamos volar con Air Europa porque en el último viaje a Cuba fueron tres horas de retraso a la ida y otras tres a la vuelta (sin explicación ninguna) y los peores aviones con los que hemos hecho vuelos trasatlánticos…

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