Rincones únicos e indispensables en la Ruta 66

En dos de nuestros road trips por Estados Unidos (el que hicimos por California y el de la ruta del Mississippi) hemos tenido la suerte de poder disfrutar de varios tramos de la que es considerada la Mother Road of America: la mítica Ruta 66. Casi 4.000 kilómetros que nacen en Chicago y mueren en Santa Mónica en Los Ángeles, que atraviesan ocho estados y que son parte imprescindible de la historia de Estados Unidos. Icono popular único, aunque con el tiempo fue reemplazada por esa red de autopistas tan impersonal en la que priman los factores prácticos, la Ruta 66 continúa ocupando el corazón de muchos estadounidenses pero también el de muchos viajeros que hemos disfrutado con pasión desbordada de sus rincones inolvidables. Su importancia es tal que ha sido catalogada como Ruta Estatal Histórica, rememorando unos tiempos en los que viajar no era sólo transportarse de un sitio a otro sino disfrutar de una experiencia totalmente irrepetible. Herencia latente de lo que supuso en la iconografía popular la década de los años 50 y que está más viva que nunca, la Ruta 66 constituye uno de esos viajes míticos que uno ha de hacer alguna vez en la vida si quiere conocer la USA más visceral. Por dicho motivo, este artículo será sin duda uno de los que más vamos a disfrutar elaborando: el que recorre algunos de los rincones indispensables en la que es, junto a la Ruta 61 (que también recorrimos en su día), la carretera más amada y venerada del mundo.Una road movie en la que los tres grandes protagonistas serán el coche, la carretera y los fabulosos paisajes que te están esperando.

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LOS ÁNGELES

Que el coche es fundamental para moverse por la mayor parte de Estados Unidos, donde el transporte público en muchas ocasiones es meramente testimonial, es algo que hay que tener más que asumido: viajar a USA y no ponerse tras un volante te va a privar disfrutar de casi todo. Pero es en Los Ángeles donde este factor alcanza sus niveles más altos: una ciudad de casi 20 millones de habitantes, con calles que se van hasta los 40 kilómetros de longitud, y donde el que depende de los buses municipales espera y desespera. Por tanto, la ciudad idónea para simbolizar lo que es una road movie urbana y que tan bien retrata una película como “Drive”, protagonizada por Ryan Gosling. El hogar de Hollywood, la Meca del cine, ha utilizado infinidad de rincones de la ciudad para los rodajes de muchas películas: desde el Sixth Street Viaduct en “Terminator 2” a la carrera de coches en un cauce seco de “Grease” entre los puentes de la Primera y la Séptima, desde el barroco vestíbulo del Hotel Plaza en “Corazón Salvaje” de David Lynch a la primera escena que logró juntar a Robert de Niro y Al Pacino en la historia del cine en el restaurante Kate Mantillini (ya cerrado) para “Heat” o el bar que en “Thelma y Louise” era el The Silver Bullet y que en realidad es el Cowboy Country de Long Beach. En el corazón del midtown angelino y rodeado de oficinas nos encontramos también con el edificio Bradbury, que Ridley Scott utilizó en una de nuestras películas favoritas, “Blade Runner”, y que era el hogar donde el ingeniero J.F. Sebastian vivía rodeado de autómatas y donde se desarrolla esa bellísima escena final que aún nos sigue poniendo los pelos de punta y que dejó para la posteridad una de las frases míticas de la historia del cine: “todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

La portada del disco “Morrison Hotel” de The Doors fue inmortalizada en el hotel del mismo nombre, aunque ahora este se encuentre totalmente abandonado. Y para hotel famoso, el “Hotel California” de los Eagles, cuya portada está protagonizada por el  Beverly Hills Hotel de Sunset Boulevard. Los Beach Boys también rindieron tributo a su hogar en el tema “Fun,Fun,Fun” mencionando al diner (restaurante de carretera) Foster’s Freeze. Muy cerca, en Inglewood, tenemos otro local memorable, el Randy’s Donuts, con su donut gigantesco en el tejado (diez metros de diámetro), que ha aparecido en films como “Mars Attacks!” o “Iron Man 2”. En Santa Monica, más concretamente en la intersección entre Santa Monica Boulevard y Ocean Avenue, se encuentra la placa conmemorativa que marca el final de la Ruta 66 (o el principio si vas a hacer el viaje a la inversa). Para mí Santa Monica es el lugar más encantador de Los Angeles y fue precisamente donde dormimos: en su muelle encontrarás un montón de tiendecitas donde podrás comprar souvenirs de la ruta. Aquí han vivido personajes famosísimos como Randy Rhoads (el fallecido guitarrista de Ozzy Osbourne), Sean Penn, Christina Ricci o Christian Bale. Venice, el barrio cercano conocido por sus casitas de colores y la gente haciendo deporte al aire libre, fue escenario de la película “Un día de furia”. Y uno de sus institutos, el Venice High School, fue uno de los tres (junto al Huntington Park y el Marshall) que dió vida al Rydell High School de “Grease”, donde estudiaban las Pink Ladies y los T-Birds.

Los rastros de la Ruta 66 pueden encontrarse desde Santa Monica, siguiendo por Sunset Boulevard, hasta llegar al estadio de los Dodgers y Chinatown. Al principio del camino, desviándonos a la derecha, llegaremos al edificio Fox Plaza que aparecía, entre otras películas, en “La Jungla de Cristal”. “Pretty Woman” es otra de las películas que atrae a mayor número de mitómanos, ansiosos por pasear por Rodeo Drive (la avenida que recorría Julia Roberts para comprarse un vestido) o fotografiarse ante la fachada del hotel Regent Beverly Wilshire, donde Richard Gere y la Roberts comenzaban su romance. En el cementerio Hollywood Forever podremos visitar las tumbas de Johnny Ramone, Rodolfo Valentino o Cecil B. De Mille, justo antes de llegar a los Paramount Studios (cuya entrada popularizó “El crepúsculo de los dioses”) y el Paseo de las Estrellas en Hollywood Boulevard. No debemos tampoco olvidar que en Sunset Strip, la calle más rockera del mundo, dieron sus primeros pasos bandas como Mötley Crüe, Guns N’ Roses, L.A. Guns o Faster Pussycat y se encuentran algunos de los clubs de rock más famosos del país como el Rainbow, el Roxy o el Whisky a Go-go (a mí en realidad es la parte de L.A. que más me gusta).  Cuando continuemos con el coche y lleguemos a Pasadena nos encontraremos con otros locales clásico de la Ruta 66 como el diner Jake’s, que lleva sirviendo hamburguesas desde hace 70 años, o el Astro Motel .

El Griffith Observatory, inaugurado en 1935, es uno de los lugares favoritos de los angelinos (y de los turistas) pues desde aquí se disfrutan de las mejores vistas de la ciudad. Dicho observatorio ha aparecido en multitud de películas aunque la que lo hizo más popular fue “Rebelde sin causa” de James Dean. Aquí también se halla el conocidísimo cartel de Hollywood que habrás visto mil veces en el cine. Ya en Burbank, el barrio de Los Angeles conocido por acoger a grandes compañías cinematográficas como Warner Bros, Universal o la Disney, podrás reservar visitas guiadas para ver in situ los estudios donde se rodó “Casablanca” o series como “The Big Bang Theory” y “Friends”. Precisamente cerca de la sede de Warner Bros se encuentra la cadena de hamburgueserías Bob’s Big Boy, un icono de la Ruta 66, y siguiendo nuestra ruta cinematográfica, muy cerquita, en Bloomfield Street tenemos la casa del protagonista de “El diablo sobre ruedas”, el primer film de Spielberg (y para mí el mejor de su carrera junto a “Tiburón”).

REGIÓN DE CALIFORNIA

Aunque Los Angeles se encuentre en California, hemos tenido que hacer un apartado especial para la ciudad, por lo que en este otro apartado incluiremos distintos enclaves californianos. Empezaremos por un restaurante cincuentero que me encantó, el Peggy Sue de Yermo, y seguiremos en Santa Clarita, donde se rodó “París-Texas” y donde se encuentra Beale’s Cut, una hendidura natural que lo convirtió en uno de los escenarios favoritos de los directores de westerns (aquí se rodó “La diligencia”, una película a la que tengo un cariño especial porque me tocó hacer un trabajo sobre ella en la asignatura de Imagen y Sonido cuando estudiaba en el instituto). Siguiendo por la autopista I-5 llegamos a otro de los escenarios de “Thelma y Louise”, el motel Econolodge  en Gorman (esta cadena tiene casi un millar de moteles por todo Estados Unidos). De camino a Gorman podemos hacer una parada en el parque de atracciones Six Flags Mountain, con sus características montañas rusas: hay nada menos que dieciocho. Y cerca también de Gorman tenemos Lancaster, donde está la iglesia que aparecía en “Kill Bill” de Tarantino. En la carretera que une Lancaster con Santa Clarita se encuentra el Parque Nacional de Veasquez Rocks, que aparecía en “Los Picapiedra” o “Starship Troopers” pero que sobre todo popularizó la serie “Star Trek”.

Ya al norte de Los Ángeles, te recomendamos la visita de Solvang, conocida como “la pequeña Dinamarca del Oeste” ya que fue fundada por inmigrantes daneses y los edificios, iglesias luteranas incluidas, parecen extraídos de cualquier ciudad del norte de Europa. Cerca, en el pueblo de Buellton, se encuentra el motel Days Inn, que simula un viejo molino, y el Hitching Post II, uno de los steakhouses que aparecía en la película “Entre copas”. Pero si hay un rincón mítico dentro de la parte californiana de la Ruta 66, este es Blackwell’s Corner General Store, la última parada de James Dean antes de estrellarse con su coche en un fatal accidente: el actor tenía sólo 24 años. Actualmente la gasolinera y tienda de alimentación se ha convertido en un gigantesco mausoleo dedicado a James Dean, con el reclamo de una enorme figura del actor con su inseparable cazadora roja, la misma que vestía en “Rebelde sin causa”. El Porsche de Dean colisionó con otro coche en la intersección de la Highway 46 y la 41, en Cholame más concretamente: una señal recuerda el lugar del accidente y en el próximo Jack Ranch Cafe podrás comer rodeado de souvenirs de James Dean. Cerca, a las afueras de Wasco, Cary Grant grabó una de las escenas más populares de la filmografía de Alfred Hitchcock, “Con la muerte en los talones”, en la que corría acosado por una avioneta. Y ya que estamos en este área, acerquémonos al castillo Hearst, uno de los más extravagantes del mundo y en el que se inspiró Orson Welles para la mansión Xanadú de “Ciudadano Kane”.

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Algunos de los otros escenarios californianos dignos de mención son Lone Pine, donde se han rodado en las Alabama Hills, unas colinas cercanas, películas como “Gladiator”, “El último refugio” o “Iron Man”, así como Tracy, localidad que se hizo tristemente famosa cuando los Rolling Stones encabezaron el festival de Altamont y los Ángeles del Infierno, encargados de la seguridad del evento, asesinaron a uno de los asistentes. En Palm Springs encontraremos un curioso oasis en mitad del desierto de Sonora, refugio de artistas como Elizabeth Taylor o Marilyn Monroe desde los años treinta; podremos visitar el cañón de la reserva india de Aguas Calientes o el parque de Joshua Tree, así como Twim Palms, la lujosa mansión de Frank Sinatra, o la de Robert Alexander State, donde pasaron su luna de miel Elvis Presley y Priscilla (y donde se dice que concibieron a su única hija Lisa Marie).

De camino desde Los Ángeles a Palm Springs podremos parar en el diner Wheen Inn, con sus gigantescos dinosaurios que son su mayor reclamo, pese a que el restaurante esté cerrado. Aunque de vuelta a Los Ángeles es complicado encontrar los viejos restos de la Ruta 66, devorados por las nuevas carreteras, podremos recorrerlos en Foothill Boulevard y Huntington Drive, de Pasadena a Arcadia, Monrovia, Azusa, Glendora, San Dimas, Claremont o Upland. Un tramo de poco más de 50 kilómetros en el que sobreviven moteles históricos como el Aztec, inspirado en los diseños aztecas, autocines como el Foothill Drive-In de Azusa o diners como el Golden Spur de Glendora y el Buffalo Hill de Upland. En Fontana tenemos uno de los antiguos puestos en forma de naranja gigante donde se servían zumos (en Foothill Boulevard con Sultana Avenue) y en San Bernardino podremos dormir en el motel Wig Wam, cuyas habitaciones son tipis indios: aquí se encuentra también el primer McDonald’s de la historia, de 1940, anterior a la franquicia y que hoy en día se ha convertido en un museo dedicado a la Ruta 66. Siguiendo la carretera I-15, llegaremos a otro de los establecimientos originales de la ruta, el Summit Inn Cafe; muy cerca, en el cruce entre la US395 y Joshua Street, se encuentra otro diner clásico, el Outpost Cafe, y en cuyo parking se grabaron escenas de “Carretera al infierno”.

Victorville, con su atmósfera de viejo pueblo del Oeste, fue escenario de westerns de serie B en los años 50. Aquí también encontraremos otro museo dedicado a la ruta así como el New Corral Motel. De camino a Barstow podremos ver muchos viejos establecimientos de la 66, la mayoría de ellos en ruinas; en el pueblo también se encuentra un museo dedicado a la conocida carretera y en su calle principal (que coincide con el itinerario original de la ruta) tenemos moteles históricos de la Ruta 66 como el Rancho o el Route 66. Desde aquí cogeremos la National Trails Highway, atravesando parte del desierto de Mojave y pueblos abandonados. “Bagdad Cafe”, la película alemana, fue grabada en los alrededores y sus localizaciones se han convertido en lugar de referencia para los “ruteros”. Cerca de Newberry Springs contamos con otro café famoso, el Ludlow que aparecía en la película “Kalifornia”; también contamos con el Roy’s Motel & Cafe, abierto desde 1938 y uno de los establecimientos más concurridos de la Ruta 66, y que hoy en día es sólo una pequeña gasolinera con un diminuto supermercado adyacente. En Needles encontramos otro pueblo que nació con la llegada del ferrocarril, que vivió su época de esplendor en los años 40 al atravesar la Ruta 66 el pueblo y que aún conserva 15 kilómetros de la antigua carretera.

ARIZONA

Se dice de Arizona que es uno de los estados que mejor conserva su tramo de la Ruta 66, pese a que es mundialmente conocida por el Gran Cañón del Colorado. Para seguir la antigua ruta, debemos tomar la interestatal I-40, que desde California entra en Arizona por el pequeño pueblo de Topock, con su característico puente de 1916. Es hora de que pongas en el aparato de música el “Born to be wild” de Steppenwolf y que fue banda sonora de la inolvidable “Easy Rider”, que fue grabada en estos parajes (el puente se puede ver al fondo cuando Dennis Hopper y Peter Fonda conducen sus motos al ritmo de uno de los grandes himnos de la historia del rock). Continuando por la I-40 llegamos a Kingman, otro de los pueblos de la Ruta 66 que aún conserva moteles de la época con sus inconfundibles carteles de neón y donde en 1939 se casó Clark Gable con Carole Lombard. Cerca se encuentra Selingman, un pueblo que se ha convertido en un parque temático dedicado a la Ruta 66, lleno de moteles como el Historic Route 66 o el Supai, tiendas de souvenirs, museos al aire libre o el curioso Delgadillo’s Snow Cap, un restaurante con una colección de coches cincuenteros que, según se cuenta, inspiraron a John Lasseter para la creación de la película “Cars” (hay otro museo de coches, el aparcamiento del Seligman Sundries). Yendo hacia el Gran Cañón, cruzamos otro pueblo de la ruta, Williams, con moteles y diners de los 50 como el Goldie’s Route y el Twisters, ambos muy turísticos. El mejor lugar para comer es el Rod’s Steakhouse, que lleva abierto desde 1946, época dorada de la Ruta 66.

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En Bellemont encontramos las ruinas del Pine Breeze Inn (lo que era el Motel 76 en “Easy Rider”) y algo más allá, en Flagstaff, está el Mary’s Cafe; junto a él, el Museum Club, un honkytonk en el que escuchar buen country en directo. Siguiendo la I-40, podremos visitar la base del Sunset Crater, un enorme cono de ceniza volcánica, y el monumento Wupatki, las ruinas de un antiguo asentamiento de las tribus anazasi y sinagua del siglo XII. Más adelante, en la carretera 99 entre Leupp y Winslow, rodó Oliver Stone escenas de “Asesinos Natos” y en las ruinas de Twin Arrows, las flechas solitarias que son una de las roadside attractions clásicas de la ruta, se rodó “Forrest Gump”. Si queremos fotografiarnos con una gigantesca señal de la Ruta 66 pintada en la calzada, podremos hacerlo en Winslow; en la esquina del cruce la estatua de un guitarrista homenajea al tema “Take it easy” de los Eagles. En Lupton, ya en la frontera entre Arizona y Nuevo México, está el Chief Yellowhorse Trading Post, donde en la buena época de la 66 repostaban las camionetas. Actualmente lo regenta una familia de indios navajos.

NEVADA

El gran atractivo turístico de Nevada, obviamente, es Las Vegas. Pero la Ruta 66 también dejó su huella en este estado de tierras polvorientas. Aún así, uno de los puntos calientes de la ruta es precisamente la ciudad de las luces, sobre todo si eres un buen amante del cine. Aquí situó Elvis una de sus mejores películas, “Viva Las Vegas” (la figura de Elvis está intimamente unida a Las Vegas, se casó en el demolido Aladdin Hotel, actuó muchas veces en el International Hotel y dedicó a la ciudad el disco “From Memphis to Las Vegas”), Scorsese retrató como nadie el lado sórdido de la ciudad en “Casino” y se rodó una de las visiones más estrafalarias de la urbe del pecado, “Miedo y asco en Las Vegas”. Es recomendable visitar en la ciudad el Museo del Neón, con centenares de señales luminosas recopiladas a lo largo de los años, y pasar por alguna de las capillas donde se hacen bodas express: una de las más conocidas es la Graceland Wedding Chappel.

Dejamos Las Vegas atrás y llegamos a Death Valley Junction, donde David Lynch rodó en el Argamosa Hotel parte de “Carretera Perdida”. Al noreste de Death Valley tenemos el misterioso Área 51, un campo de entrenamiento al que sólo tienen acceso los militares y en el que se realizan investigaciones de alto secreto (al parecer varias de ellas emparentadas con el fenómeno OVNI). La carretera que transita junto al Área 51 es la 375, conocida coloquialmente como la Extraterrestial Highway: durante más de 150 kilómetros apenas te cruzarás con nadie y a duras penas encontrarás el más mísero bar en las lindes de la carretera. Ahí se encuentra el Black Mail Box (un misterioso buzón que no se sabe para qué sirve, si no hay edificios en kilómetros a la redonda) y el excéntrico bar Little’A’Le?Inn en el minúsculo pueblo de Rachel, un pub dedicado a los ovnis y los extraterrestres y que también funciona como motel, bajo el reclamo “los terrícolas son bienvenidos”. Al oeste del Área 51 tenemos el pueblo semiabandonado de Goldfield, un antiguo asentamiento minero que llegó a tener una población de 20.000 personas y que hoy apenas conserva 200 habitantes.

NUEVO MÉXICO Y TEXAS

Estos dos estados se encuentran a mitad de la ruta y se caracterizan por una población en la que prevalece el mestizaje, tanto étnico como cultural. Una de las localidades más importantes de la Ruta 66 es Gallup, que se halla en pleno corazón de la nación de los navajos, por lo que es punto clave de los pueblos indígenas (y, de hecho, buena parte de sus ingresos provienen de la venta de artesanía, cerámica, alfombra y bisutería). Tiendas con más de un siglo como la Richardson’s Trading Company en las que antiguamente se podía comprar de todo. Cerca pasa la carretera US666, que en 2003 cambió su diabólico nombre por la US491 (y eso la ha hecho perder parte de su encanto). En Gallup, entre 1930 y 1960, se rodaron infinidad de películas, entre ellas “El gran carnaval” de Billy Wilder, pero actualmente el único vestigio de aquella época es el motel El Rancho. Aquí era donde se alojaban las grandes estrellas como Errol Flynn, Katherine Hepburn o el propio Ronald Reagan (cuando era actor antes de iniciar su carrera política).

Si algo ha sabido dar fama a Alburquerque esto ha sido la serie “Breaking Bad”, una de nuestras favoritas de los últimos años. De hecho, hay empresas que ofrecen visitas guiadas por los escenarios más conocidos: la casa de los White está en el 3828 de Piermont Drive, el lavadero de coches – Octopus War Cash – en el 9516 de Snow Heights Circle y el restaurante Los Pollos Hermanos (en realidad la hamburguesería Twisters) en el 4257 de Isleta Boulevard. Pero en Alburquerque podremos visitar también su centro histórico, con sus casas de adobe, o ir en teleférico a la Sierra de las Sandías. Los restos de la Ruta 66 los encontraremos en Central Avenue, donde aún sobrevive el 66 Diner con su blanquecina fachada. Desde allí, haciendo antes una parada a las afueras en el Laguna Burger, nos iremos hasta Santa Fe, haciendo antes una breve parada en Madrid, una comunidad minera que se abandonó al cerrar las minas de carbón y que resurgió en los años 70 al venir a vivir a las cabañas un montón de artistas. Podremos dar una vuelta por el saloon Mine Shaft Tavern o visitar el museo dedicado al carbón, donde se guarda una locomotora antiquísima.

Santa Fe es una de las ciudades más queridas por los viajeros estadounidenses, ya que ha sabido conservar todo su encanto mestizo, fusión de las culturas yankees, indígenas e hispánicas. Ello la convirtió hace décadas en punto de peregrinación de muchas familias hippies. Destaca la plaza de West Palace Avenue, con sus pequeños edificios parduzcos y sus soportales repletos de puestos de artesanía. En Taos y El Prado, dos pueblos cercanos, los fans de “Easy Rider” podrán visitar el Contenta Bar (que en realidad es el Red Arrow Emporium) o la tumba de Dennis Hopper en el cementerio Jesús Nazareno. No olvides pasar a ver la iglesia más famosa de Nuevo México, aquí situada, la de San Francisco de Asís, que tantas veces habrás visto en fotos. Y ya de paso, hacer senderismo por la garganta del Río Grande, un cañón de casi 200 metros de altura. En otro minúsculo pueblo, Las Vegas (no confundir con la ciudad), se grabó “No es país para viejos” y se encuentra la cárcel (en el 170 de Brisge Street) donde en “Easy Rider” Hopper y Fonda conocían a Jack Nicholson.

Volvemos a la I-40, la carretera que discurre paralela a lo que era la antigua Ruta 66. Y aquí tenemos, en Tucumcari, uno de los establecimientos más importantes de la ruta, el Blue Swallow Motel: lo identificarás por la gigantesca golondrina de la entrada. En Alamogordo podremos maravillarnos ante las White Sands, unas espectaculares dunas blancas que ocupan una extensión de ochocientos kilómetros cuadrados. Y en Lincoln podremos seguir los pasos de uno de los forajidos más famosos de la historia de Estados Unidos, Billy el Niño, a quien se dedicó la película “Pat Garrett & Billy The Kid” y en cuya banda sonora aparecía el conocido “Knockin’ on heaven’s door” de Bob Dylan que posteriormente versionearían Guns N’ Roses.

Entramos ya en Texas y a pocos kilómetros de la frontera tenemos un diminuto pueblo, Adrian, situado en el punto intermedio exacto entre Chicago y Los Ángeles (a 1.833 kilómetros de cada ciudad). Tomemos entonces un refresco en el Midpoint Cafe, donde te animan a enviar postales a cualquier lugar del mundo para vanagloriarte de haber pisado un local tan especial. Y desde allí iremos a Amarillo, donde su centro está dominado por los rascacielos y destacan los enormes steakhouses, el más famoso el Big Texan Ranch donde se enorgullecen de regalarte la comida si eres capaz de comerte un chuletón de dos kilos en menos de una hora mientras amenizan la hazaña unos mariachis. En Amarillo también se encuentra una de las grandes atracciones de la ruta, el Cadillac Ranch, con diez Cadillacs semienterrados cubiertos de graffittis. En Shamrock, ya cerca de la frontera con Oklahoma, tenemos otra de las gasolineras más fotogénicas de la Ruta 66, la Conoco Gas Station.

San Antonio es otra de las bonitas ciudades hispánicas que podemos visitar en el estado de Texas. Aquí tenemos El Álamo, una misión amurallada en la que combatieron texanos y mexicanos durante la Guerra de Independencia. Se pueden dar paseos en barco por el río San Antonio y así de paso recordar una de las películas más conocidas de Steve McQueen, “La huida”. Nuestra próxima parada será una ciudad bien distinta, Austin, la capital del rock del sur de USA y famosa por su comida orgánica. Hay cantidad de conciertos todas las noches y es muy destacable el festival de cine South by Southwest, un claro competidor del de Sundance. La mayor parte de la película “Death Proof” de Quentin Tarantino fue grabada en Austin, buena parte de ella en el restaurante mexicano Texas Chili Parlor.

MISSOURI E ILLINOIS

En el estado de Missouri, comenzamos nuestro itinerario por la ciudad de Saint Louis, más concretamente en el Chains of Rock Bridge. Desde aquí iremos al pequeño pueblo de Marlborough, donde en su momento estuvo el Coral Court Motel, y a otras localidades claves de la ruta como Crestwood o Fenton (esta última con una preciosa gasolinera de los años 50). Pasaremos el pueblo abandonado de Times Beach: justo al lado tenemos el Route 66 State Park, donde el antiguo restaurante Steiny’s Inn es ahora el Centro de Visitantes y donde podrás obtener folletos y mapas. Llegaremos a Eureka para ver el puente Meramec, la gasolinera Phillips y seguiremos hasta Pacific para comer en el restaurante histórico Red Cedar Inn. La Ruta 66 pasaba por otros pueblos como St. Clair, Stanton, Sullivan, Bourbon, Hofflins y uno de los más interesantes, Cuba, con sus maravillosos murales y el Whagon Wheel Motel. Continuaremos por Rolla, Doolittle, Newburg y Arlington hasta llegar a Springfield, considerado el pueblo más importante del estado a nivel “rutasesentero”: aquí podremos ver la estación de servicio Danny’s, el teatro Gillioz, el diner Steak N’ Shake o la placa conmemorativa con el título “the birthplace of Route 66”. Por cierto, en el Springfielde de Illinois os recomendamos dormir en el hotel Route 66, que fue donde estuvimos nosotros y que como veis en la fotografía de abajo, es una auténtica pasada. En Springfield también puedes visitar la gasolinera Shea’s Gas y otro establecimiento que es un clásico, el Cozy Dog Drive-In.

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Hotel Route 66 (Springfield, Illinois)

Ya en Illinois, llegamos a Chicago para encontrarnos con la placa que anuncia el inicio de la Ruta 66 y donde tenéis que ir a ver sí o sí el Lou Mitchell’s, el restaurante donde se desayunaba antes de partir (continúa abierto), a nosotros nos encantó. Ya en Joliet, os recomendamos también comer donde nosotros lo hicimos, en otro de los míticos, el Joliet Route 66 Diner; además, en el pueblo hay un museo dedicado a la ruta. Pero para museo interesantísimo (gastamos una mañana allí) el de Pontiac, el Route 66 Hall of Fame. Además, podrás fotografiarte con los fabulosos murales que inundan el pueblo. En Dwight podrás visitar la Ambler’s Texaco Gas Station, en Odell otra gasolinera preciosa (la Standard Oil) y recomendables las paradas en Litchfield para ver los cafés Belvidere y Ariston, en el Henrys Rabbit Ranch, así como la gasolinera de Mt. Olive. Y una última curiosidad: en Collinsville tenéis la botella de ketchup más grande del mundo. Que si de algo está sobrada la Ruta 66 es de freakadas en sus alrededores.

OKLAHOMA Y KANSAS

En Oklahoma destacaremos el Oklahoma Route 66 Museum en el pueblo de Clinton, con su curiosa colección de objetos encontrados en la ruta a lo largo de los años, la Lucille’s Service Station en Weatherford (que aunque no está en funcionamiento, fue restaurada), el National Route 66 Museum en Elk City, el teatro Coleman en Miami (en este pueblo también hay un diner muy curioso, el Waylan’s Ku-Ku Burger)y el Pops de Arcadia, uno de los establecimientos más peculiares de la ruta. En Arcadia también está el OK County con versiones en miniatura de atracciones de la Ruta 66. Además tenemos la Blue Whale de Catoosa, esa gigantesca ballena de cemento azul, el Totem Pole Park de Chelsea en homenaje a los indios americanos y la Milk Bottle Grocery, la botella de leche más grande del mundo. Para acabar, lo hacemos en Kansas, el estado con el tramo más corto de la Ruta 66, por eso lo hemos dejado el último: aquí lo más interesante es la KanOtex Station, el Cars on the Route (imitaciones a tamaño real de los coches de “Cars”) y los interesantes edificios abandonados de Galena. Podemos visitar en Riverton la Williams Store y en Baxter Springs su bonita gasolinera.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡Buenísimo post con cantidad ingente de información! Mira que he leido infinidad de cosas sobre la Ruta, un sueño pendiente desde ni me acuerdo, pero me has aportado muchísimos datos nuevos.

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  2. Gracias mil! Me alegro que te haya servido…no lo dejes porque es un viaje inolvidable!

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