Recorriendo el mundo en bicicleta

Hay libros que es un placer recibir en casa (gracias a su editorial por hacérnoslo llegar) pues en el mismo momento que los tienes entre las manos, sabes que por delante te quedan cuatrocientas páginas de pura aventura. Es el caso de esta encantadora novela, “El mundo en bicicleta: siete años viajando por el globo”, el bonito proyecto de Andoni Rodelgo y Alice Goffart, un vasco y una belga que se conocieron hace veinte años en Aberdeen (Escocia) y han pasado buena parte de su vida dando pedales juntos… y ampliando la familia mientras lo hacían.

Andoni y Alice conocieron un buen día a un belga que había recorrido África en bicicleta y decidieron hacer lo mismo pero extendiendo su itinerario a todo el planeta: 75.000 kilómetros a golpe de pedal por los cinco continentes. Comenzaron a relatar sus andanzas en una web de lo más interesante, Mundubyciclette, y también retrataron su aventura en un documental, llamado igual que este libro, que ha obtenido diferentes premios en varios festivales de Niza, Grenoble o Barcelona y les ha llevado a dar decenas de conferencias en países como España, Bélgica, Francia o Luxemburgo. Pero aún quedaba plasmar en papel lo que han dado de sí estos años repletos de anécdotas y aquí tenemos por fin uno de los libros de viajes más atractivos de los últimos tiempos. El sueño cumplido de dos espíritus inquietos que un buen día decidieron decir adiós a la rutina de un trabajo de ocho a tres y se lanzaron a conocer mundo, sabiendo cuando partirían pero sin tener en mente una fecha de regreso.

He de reconocer que cuando llegué al final de este libro, me pareció francamente admirable el tesón y empeño que han puesto esta pareja para llevar a la práctica un viaje que ha tenido momentos extraordinarios, de esos que se quedarán de por vida en sus recuerdos, pero también etapas realmente duras y plagadas de penurias. Porque hay que tener en cuenta que para estar tantos años en la carretera, viviendo sólo de tus ahorros (trabajaron durante una breve temporada en un hotel boliviano que regentaba un francés con muy malas pulgas), has de ceñirte a un presupuesto muy limitado, que apenas te va a permitir excesos de ningún tipo y te va a obligar a dormir la mayor parte de las noches en una tienda de campaña. Cuando tienen suerte, los lugareños hospitalarios les permiten instalarla bajo techo (iglesias, escuelas, ayuntamientos, hasta talleres de coches). Pero la mayoría de las veces toca acampar a la intemperie, bajo la lluvia y con temperaturas que muchas veces se van a los diez o quince grados bajo cero. Irte a dormir a un saco cuando la media de recorrido es de setenta u ochenta kilómetros diarios por caminos sin asfaltar no suele ser la mejor de las recompensas pero es el precio a pagar si quieres llegar a la siguiente ruta. No obstante, Andoni y Alice también consiguen dormir muchas veces en acogedoras casas, cortesía de los desinteresados anfitriones que les abren las puertas de su hogar gracias a la web Warm Showers, una especie de asociación de couchsurfing para ciclistas que ofrece alojamiento a lo largo y ancho del mundo. Desgraciadamente, en algunos casos dichos anfitriones se comprometen a alojarles pero luego no dan señales de vida, como les ocurrió varias veces en Marruecos, y les empujó a buscar planes B de última hora. Pero en general los warmshowerers hacen gala de una hospitalidad a prueba de bombas y han sido parte fundamental en esta apasionante vuelta al mundo.

Pero si hay algo que otorga un mérito extra a este viaje es el hecho excepcional de haber tenido dos hijos durante el camino, Maia en Bélgica y Unai en Bolivia, y haberlos llevado con ellos: estos dos pequeños ya han conocido más mundo en su infancia que mucha otra gente a lo largo de su vida. Lo que mucha gente conservadora calificaría de “locura” a mí me parece una forma maravillosa de criar a dos niños, enseñándoles tolerancia, juntándoles con niños de otras culturas, animándoles a descubrir costumbres insólitas a las que muchos adultos les costaría abrirse. Llevar a dos niños pequeños en un remolque junto a sus enseres básicos puede suponer un esfuerzo extra para unos padres que llegan a la noche reventados, por no hablar de esos primeros meses en los que Unai no dejaba de llorar y apenas les permitía pegar ojo. Pero cuando sean mayores, fijo que sus hijos les agradecerán toda la vida haber vivido una experiencia única e incomparable.

“El mundo en bicicleta” se ha convertido en una obra de referencia absoluta para el cicloturismo y no es para menos. A nivel práctico, los ciclistas que quieran emularles van a conocer de primera mano la cantidad de inconvenientes que uno se puede encontrar en alta montaña o en regiones inhóspitas y cómo solventarlos contando con muy pocos medios, en muchas ocasiones practicamente ninguno. Y para los viajeros más comunes (es decir, nosotros) es un relato adictivo en el que iremos conociendo el modo de vida de los países por donde van pasando. El viaje comienza por lo más cercano, Europa, donde darán sus primeros pasos en Holanda, Alemania y la República Checa, para adentrarse después en las zonas más rurales de Rumanía y se enfrentan a la realidad de unos habitantes que han aprendido a subsistir con lo mínimo. Salen escarmentados de Bulgaria, donde no logran conectar con el carácter de los locales, y lo compensan en su etapa por Turquía: los turcos pasan a convertirse en algunos de los anfitriones más hospitalarios que van a encontrarse durante estos años. Aunque en algunos casos hayan de salir huyendo de algún perro con muy mala leche, son muchas las familias que les invitan a tomar el té e incluso algunas les ofrecen una cama, pese a ser familias numerosas que apenas tienen hueco para ellas mismas. Es aquí cuando se cumple ese dicho, que tantas veces se ajusta a la realidad, de que el que menos tiene al final es el que más da.

En Chipre se darán de bruces con una isla atípica dividida en dos regiones (la griega y la turca, dos pueblos que a lo largo de la historia se han odiado sin miramientos) y en la que, sin embargo, a sus habitantes les cuesta hablar de la extraña situación política con la que conviven a diario; en el Kurdistán de nuevo están frente a una dolorosa realidad, la de los kurdos, pueblo que lleva años reivindicando su independencia como país, más que merecida, obteniendo como recompensa la feroz represión del gobierno turco. En Georgia catarán algunos de los mejores vinos de Europa (pese a que su fama no sea proporcional), en lugares como Kazajastán o Kirguistán nos acercarán a sociedades que nos son tan ajenas a los europeos y que durante tanto tiempo vivieron cambiadas sus costumbres por la revolución rusa. En China se desarrolla otra de las más largas etapas del viaje, debido a lo grande que es el país. Pese a que la región del Tibet en un principio está semivetada al turismo (hay que pagar la módica cifra de 800 dólares al gobierno y se supone que las autoridades controlan todos los movimientos de los extranjeros), Andoni y Alice subirán a algunas de las montañas más importantes. Por delante quedan Nepal, Tailandia o Laos, una catastrófica experiencia en la India, donde no sólo sufren problemas estomacales sino que se sienten agobiadísimos por el modo de proceder de los hindúes, que no les dejan ni respirar, y el salto a Japón (a donde volverán posteriormente). Después viajarán en barco, en un trayecto de 15 días, a Canadá, que a nivel naturaleza les regalará algunos de los paisajes más bonitos de América (pese a vivir continuamente con el miedo de que aparezca un oso grizzlie mientras acampan) y de allí a un extenso itinerario por Estados Unidos que les permitirá dormir entre pueblos abandonados que parecen extraídos de los westerns y conocer toda la costa oeste californiana, para acabar este capítulo entre las luces de neón de Las Vegas. Tras una escapada a México, regresarán a USA para vivir la América más retrógrada en Texas, conocer la pantanosa Louisiana y llegar hasta Nueva York y el este canadiense.

La segunda parte del libro, en la que se les une el tercer miembro Maia, que viajará abrigadita y protegida de la lluvia en el cicloremolque, comienza precisamente atravesando España y llegando a Marruecos, donde visitarán ciudades como Chefchaouen, Fez o Essaouira. A cruzar de nuevo el Atlántico para recorrer Sudamérica, empezando en Venezuela, donde sufren los estragos de la inseguridad nocturna y de que todo esté cerrado a cal y canto en cuanto se pone el sol, el paso por Colombia, Ecuador y Perú (debido a que Alice vuelve a estar embarazada, sólo Andoni subirá a Machu Picchu), el nacimiento de Unai en Bolivia (con los problemas añadidos en la frontera con Argentina debido a la partida de nacimiento) y el fin del viaje en Chile. Ya con dos miembros más en la familia, los cuatro saltarán a Nueva Zelanda, país en el que deben hacer malabares con el presupuesto debido al alto nivel de vida y en el que intentan huir de los lugares más turísticos, tarea complicada de cumplir teniendo en cuenta el boom que vive Nueva Zelanda tras las películas de “El señor de los anillos”. La novela acaba con los relatos de los viajes por Japón, esta vez por zonas menos conocidas por el turismo extranjero, Corea del Sur (donde me llamó la atención que pasaran por alto una ciudad tan increíble como Seúl) y el regreso a Europa para recorrer Noruega y los países bálticos y una última etapa en Dubai e Irán. Hasta yo misma he acabado agotada después de seguir por estas páginas todos sus recorridos, así que no me imagino lo que ha de ser hacerlo con dos peques a cuestas. En cualquier caso, como comentaba antes, una fantástica novela que os animo a que hagáis un hueco en vuestra estantería: amena como pocas, muy didáctica y con momentos verdaderamente curiosos. La lectura ideal para tu próximo viaje en avión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s