Ese minúsculo oasis llamado La Gomera

Hace bastante tiempo que tenía pendiente escribir un artículo acerca de La Gomera, la segunda más pequeña de las islas Canarias por delante de El Hierro, ya que cuando la visité hace años me pareció un rincón francamente espectacular ¡parecía que estabas en Costa Rica! Y me vino la idea de nuevo a la mente estos últimos días ya que justo se estrenaba la película “La niebla y la doncella”, cuya trama se desarrolla en la isla, y yo me encontraba precisamente enfrascada con la novela de Lorenzo Silva en la que se ha basado el film. Como muchas otras veces he comentado, el cine parece ser el mejor vehículo para promocionar muchos lugares a nivel turístico y no sería raro que a partir de los próximos meses La Gomera viera incrementado a un ritmo frenético el volumen de turistas que se acercan a sus costas. Así que qué mejor ocasión que esta para acercarte a una isla excepcional que injustamente se ve ensombrecida por las más visitadas de las islas Afortunadas, que no son otras que Tenerife, Lanzarote, Gran Canaria y Fuerteventura. Quizás justamente por ello La Gomera ha podido conservar casi intacto ese espíritu salvaje que ha hecho de ella uno de los lugares más especiales no sólo de nuestro país sino posiblemente de todo el mundo.

La Gomera, cuyo nombre parece originarse en las tribus bereberes de Gomara en Marruecos que debieron de llegar a la isla hace siglos (ya hablamos en la reseña del libro “Búscame donde nacen los dragos” de las tribus que viajaron desde las costas africanas a las islas Canarias y de las que descendían los guanches), debido a sus pequeñas dimensiones y su escasa población, que apenas rebasa los 20.000 habitantes, es a día de hoy uno de los tesoros semidesconocidos que sobreviven en un archipiélago que, curiosamente, es uno de los más turísticos del mundo. Cuesta creer que a sólo unas cuantas millas náuticas (en su punto más cercano apenas hay 28 kilómetros entre las dos islas) se encuentre Tenerife, cuyas costas están plagadas de urbanizaciones y hoteles mientras La Gomera en comparación se encuentra casi desierta. Por dicho motivo, os animo a que si alguna vez viajáis a las Canarias y no venís cortos de tiempo, reservéis algún día para acercaros a La Gomera y os dejéis envolver por sus cautivadores entornos naturales. La experiencia es inolvidable y os permitirá disfrutar de una parte de las Canarias que no por estar menos promocionada es sin embargo menos hermosa.

Aunque la compañía aérea Binter realiza dos vuelos diarios desde Tenerife (el trayecto apenas dura treinta minutos), te saldrá bastante más caro que ir a La Gomera en barco. Para ello, deberás trasladarte hasta el sur de Tenerife, más concretamente hasta el puerto de Los Cristianos, donde dos compañías de ferries, Naviera de Armas y Fred Olsen, enlazan las dos islas: te recomendamos la segunda opción ya que sus precios suelen ser más económicos. El precio del viaje suele rondar los 60 euros ida y vuelta. Si tienes en cuenta que este suele ser el mismo precio que cobran en Tenerife por hacer una excursión que incluye el ferry, la comida y el transporte interior por la isla en bus, tampoco desechéis contratar un tour ya que es cierto que lo más importante de La Gomera se puede ver en un día y os ahorraréis alquilar coche o el alojamiento. Quizás esta sea de las pocas veces en el blog que os aconseje contratar una excursión organizada porque, siendo prácticos, sale más a cuenta. Pero insisto en que ambas opciones, la de hacerlo por libre o con excursión cerrada, son perfectamente recomendables. Ahí ya va a gusto del consumidor.

Antes de comenzar detenidamente con todo lo que La Gomera nos ofrece, es buen momento para recordar a grandes rasgos el pasado histórico de la isla. Y es que tras sucesivas rebeliones de los gomeritas ante las invasiones que llegaban desde la península (os vuelvo a remitir a nuestros artículos de los guanches para que entendáis con la dureza que los colonos españoles reprimieron a las tribus isleñas, imponiéndoles por la fuerza unas costumbres, una religión y una forma de vida que los nativos, obviamente, se negaban a aceptar), el momento que marcó la historia de la isla fue la llegada de Cristóbal Colón. El marino más famoso de la historia de la humanidad llegaba a estas costas tras haber partido del puerto de Palos en Huelva junto a sus tres carabelas, La Pinta, La Niña y La Santa María. La bahía de La Gomera estaba considerada como la más segura de las islas Canarias a la hora de atracar los barcos, por lo que Colón la escogió para reponer víveres y llenar las despensas de las naves que lo conducirían al descubrimiento de América. Quedó tan enamorado de la isla y sus gentes que posteriormente regresaría en varias ocasiones. Aunque las malas lenguas dicen que no era sólo la belleza gomera lo que le empujaba a volver sino los amoríos clandestinos que mantuvo con Beatriz de Bovadilla, que por aquel entonces era Señora de la Gomera y El Hierro.

Gomeraa

Es buena excusa escoger la figura de Cristóbal Colón para comenzar nuestro tour isleño por San Sebastián de la Gomera, la pequeña capital de apenas 9.000 habitantes que conserva tantos rincones asociados a Colón. Probablemente el más importante sea la Torre del Conde, la fortaleza militar más antigua de las Canarias y que no solamente sirvió para repeler las invasiones de los piratas sino también las propias revueltas de los aborígenes. En dicha torre es donde cuenta la leyenda que Colón se reunía con su amada Beatriz; hoy en día expone una interesante colección de cartografía antiquísima. Aunque San Sebastián de la Gomera es minúscula, apenas cuatro calles en las que abundan las casonas coloniales, la huella colombina se respira por doquier, desde el puerto de donde partieron los barcos a la Casa de la Aguada, de cuyo pozo se abasteció de agua potable Colón y que hoy en día es la Oficina de Turismo. Un poco más al interior de la ciudad, podemos visitar la Casa de Colón, donde se sospecha que se alojó el almirante en sus estancias en La Gomera y que nos permitirá observar no sólo como eran las mansiones canarias de la época sino también culturizarnos con una exposición de arte precolombino. Muy cerca tenemos la Ermita de San Sebastián, donde Colón iba a rezar y a pedir buena suerte para la dura travesía que tenía por delante.

Dejando a un lado Colón, en San Sebastián podemos también visitar la Ermita de Puntallana de la Virgen de Guadalupe, patrona de la isla y en homenaje a la cual cada cinco años se celebra una curiosa procesión en la que su figura es paseada en barca, el Museo Arqueológico, el Parador Nacional (considerado el mejor de las Canarias)  o las coquetas playas de La Cueva o Punta de la Hila, sin olvidar, ya a las afueras de la capital, el Monumento Natural de Los Roques o la Reserva de Benchijigua, con uno de los barrancos más espectaculares de la isla. La erosión del agua ha provocado durante miles de años la formación de estos abruptos barrancos y acantilados que han pasado a convertirse en la imagen más conocida de La Gomera.

Dejando atrás la capital, pasamos a adentrarnos en uno de los lugares más fascinantes que he visitado en toda mi vida viajera: el Parque Nacional de Garajonay. Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y con una extensión de casi 4.000 hectáreas, Garajonay es un reducto del pasado en el sentido más estricto de la palabra ya que según los geólogos este es el aspecto que tenía el sur de Europa y el norte de África hace millones de años. Aunque ya hace muchos años que escuché la leyenda de Garajonay cuando pisé por primera vez la isla, debo reconocer que la siento tan vívida y clara como si fuera ayer, siendo además una de las historias más bonitas del folclore canario: Gara, una antigua princesa gomera, era pretendida por Jonay, el príncipe de Hipalan. Pero ella, pese a estar enamorada, lo rechaza, por lo que Jonay la golpea enfurecido y se le condena a muerte. La princesa, apenada, lo libera y logra huir con él hasta la cima de una montaña: cuando ambos ven llegar a sus perseguidores, colocan una estaca entre sus pechos y se suicidan dándose un abrazo mortal. Preciosa historia para ilustrar un parque maravilloso que ocupa prácticamente toda la región interior de la isla. La omnipresente niebla, que envuelve con su bruma las montañas y bosques de laurisilva, envuelven de misterio su nombre. Y no lo hace menos esa bellísima tradición del silbo gomero, considerado también Patrimonio Cultural de la Humanidad, del que vimos una demostración y sí, te deja con la boca abierta. En la antigüedad, los habitantes de La Gomera vivían desperdigados por la isla y su único modo de comunicarse, teniendo en cuenta los barrancos que los separaban, era a través de estos silbidos articulados que se podían escuchar a varios kilómetros de distancia. Aunque parezca increíble, podían llegar a formar con ellos más de 4.000 palabras. Hoy en día, tras la aparición de los teléfonos y posteriormente internet, el uso del silbo es casi simbólico pero para los gomeros continúa siendo uno de los mayores orgullos de su tradición. Es digno de ver cómo lo llevan a la práctica… o más bien de escucharlo.

La Gomera es una isla para deleitarse la vista y si es desde las alturas, mejor que mejor. Por dicho motivo, es recomendable ojear la fantástica red de miradores que abarca la isla y que llegan a la treintena: los mejores son los de Valle Gran Rey y los de Abrante y Roque Blanco, estos dos últimos en Agulo. Agulo, al norte de la isla, conserva uno de los cascos históricos mejor conservados del archipiélago canario, con sus bonitas calles empedradas, y permite ver en la lejanía el volcán Teide de Tenerife, convirtiéndose así en una de las visitas imprescindibles en La Gomera. Si tienes la suerte de estar aquí la víspera del 24 de Abril, serás testigo de las curiosas hogueras de San Marcos, durante las cuales los habitantes de Agulo saltan sobre montículos de madera. Para San Juan, se celebran los piques, una especie de chirigotas a la canaria en los que las sátiras y las burlas son las protagonistas.

En Vallehermoso podremos encontrar uno de los fenómenos naturales más vistosos de La Gomera, Los Órganos, un acantilado que como su propio nombre indica tiene forma de tubos de órgano y con sus 700 metros de altura es la mejor formación basáltica de la isla (para verlo más de cerca lo mejor es contratar una excursión en barco), así como el impresionante palmeral de Tamargada, el Roque Cano, el Castillo del Mar (un antiguo embarcadero de plátanos que brinda fabulosas panorámicas de la cercana Tenerife) y multitud de senderos por parajes casi inexplorados que se convertirán en el sueño cumplido de los que gusten de caminar durante horas por zonas rurales. Además, es un buen lugar para conocer de cerca la alfarería del Cercado, ya que aunque cueste creerlo, aquí se sigue elaborando la artesanía como lo hacían los aborígenes.

De Hemigua dicen los expertos que es un paraíso natural donde se da el mejor clima del mundo y no seremos nosotros quienes lo discutamos. Las plataneras caen hasta el mismo océano Atlántico, dando forma a uno de los paisajes más fascinantes de la isla. Podemos pasear por el pintoresco barrio de San Pedro, con su convento dominico, o visitar el Museo del Gofio (ese cereal al que también me hice adicta hace muchos años y que afortunadamente se puede encontrar fuera de Canarias) o el Museo Etnográfico. Bajando ya al sur de La Gomera, tenemos el municipio de Alajeró, dedicado al pastoreo y en el que destacan sus cabañas de piedras escondidas entre barrancos.

Quien visite La Gomera y sea amante de descubrir la gastronomía local (en nuestro caso cuando viajamos es uno de nuestros mayores placeres, deleitarnos con las comidas típicas) no ha de dejar de pasar la oportunidad de atreverse con el potaje de berros, que se suele servir en platos de madera, el queso artesanal de cabra (que los expertos consideran de los mejores del mundo), la vieja (un pescado local que se suele servir con papas canarias), la riquísima miel de palma, ese néctar que se extrae de las más de cien mil palmeras que pueblan la isla, y ¡como no! mi manjar favorito, el almogrote gomero, esa pasta de queso muy curado aderezado con pimentón y aceite que se convierte en adictivo desde la primera vez que lo saboreas: cada vez que mi amiga Ana, que vive en las Canarias, viene a Madrid, es lo primero que le encargo.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Eleaonor Gonzalez dice:

    Fantástica entrada; la próxima vez que estés en La Gomera no dejes de probar las “galletas gomeras”, muy demandadas en todo el archipiélago ni el “sancocho” hecho con cierne, papas, batata, mojo y gofio ¡un manjar!

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    1. Oh qué bien suena eso! Nos lo apuntamos, Eleaonor!

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