Segundo viaje a Cuba

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Diez años después de haber ido a Cuba por primera vez, regresaba a uno de los países que más me ha impactado en mi vida viajera. Volver a Cuba era algo que siempre tenía en mente, aunque para ser sincera no sabía cuando. Y de hecho este viaje nos llegó casi de casualidad. Nos gusta siempre guardarnos unos cuantos días para el invierno, buscando huir del frío. Los dos últimos años nos habíamos escapado a las cálidas temperaturas de Canarias, la primera a Tenerife y la segunda a Lanzarote, y esta vez teníamos intención de irnos a Gran Canaria. Pero parecía que este Diciembre los precios de los hoteles se habían disparado en las islas. Y no sólo eso. Los hoteles en Canarias cada vez están más orientados hacia el turismo de jubilados extranjeros, por lo que si cogías media pensión y querías cenar el el hotel…¡el turno de cena acababa a las nueve de la noche! Asi que comenzamos a barajar otras posibilidades para los diez días que teníamos. Y cuando empezábamos a planear una escapada a las islas Maldivas, que probablemente acabaremos haciendo en el futuro, me llegaba una oferta de vuelos a Cuba para las fechas que queríamos a sólo 579 euros. Si tenemos en cuenta que en diciembre los precios suelen rondar los 800-900 euros y además en vuelo con escalas, un precio así y encima un Madrid-La Habana directo era para no pensárselo. Además, mi marido no conocía Cuba y llevaba años diciéndole que tenía que ir antes de que muriera Castro y Cuba comenzara a convertirse en un país muy diferente al que es hoy en día. Y resulta que Castro falleció sólo una semana antes. Pero de eso os hablaré más adelante en este mismo relato.

Para la solicitud del visado, os voy a hacer una recomendación. En cualquier agencia de viajes (y eso la que le de la gana de hacéroslo sin que hayáis contratado el vuelo con ellos) os van a cobrar una media de 60 euros por persona y por trámite. Por eso os recomiendo que los hagáis por medio de Online Tours: incluyendo los gastos de mensajería, nos salieron los dos visados por 56 euros y en sólo un par de días los teníamos en casa. Otra cosa que debéis tener en cuenta es que ahora el gobierno cubano exige que viajéis a la isla con seguro médico, así que tened vuestra póliza a mano (nosotros esta vez lo hicimos con Allianz en vez de con Intermundial porque existía una oferta conjunta con el billete).

También os hablaré de ello más adelante pero las aduanas cubanas permiten pasar 10 kilos de medicamentos por persona, siempre que estos vayan en una maleta aparte. Nos pusimos en contacto con la ONG Hombre Nuevo Tierra Nueva, que se encargan de distribuir dichas medicinas entre familias que viven en situación de extrema necesidad. Asi que comenzamos a preguntar entre nuestras amistades, todo el mundo se volcó en donarnos medicamentos… y cuando quisimos darnos cuenta habíamos recaudado 40 kilos de medicinas. Tuvimos que dejar tres cajas en Madrid para que los de la ONG los recogieran cuando volviéramos del viaje y las mandaran con otros viajeros. Asiíque llenamos dos maletas hasta los topes y las bolsas de viaje que nos permitían subir con nosotros fue donde metimos la ropa. En realidad, con el calor que hace allí, con que eches el bañador, unas cuantas camisetas y dos pares de pantalones tienes más que de sobra.

Pese a que el billete con Air Europa nos había salido estupendo de precio, tengo que reconocer que fue todo un caos desde el principio. Nada más que había volado un par de veces hace muchos años con esta compañía, una a Mallorca y otra a Alemania, y después de la experiencia del viaje a Cuba, dudo mucho que vuelva a volar con ellos. Un desastre de aerolínea. Nos cambiaron la fecha del vuelo a un día después del inicial (bueno, aún peor,me la cambiaron a mí y por lo tanto tuvo también que cambiarla mi marido). A la salida el vuelo se retrasó dos horas sin que apenas nos dieran explicaciones, aunque otros cubanos que viajaban con nosotros nos confirmaron que con Air Europa lo de los retrasos es lo habitual. A la vuelta también tuvimos otro retraso de otro par de horas. Y el avión… primera vez que hago un vuelo trasatlántico sin pantalla individual para ver películas, asientos estrechísimos, si ya de por sí la comida de los aviones es penosa, esta ya ni os cuento… Vamos, que lo único bueno del vuelo fue el precio.

Llegábamos a las aduanas de La Habana y qué recuerdos ¡diez años después continuaba siendo el aeropuerto más surrealista del mundo! Y es que aterrizar en el aeropuerto José Martí continúa siendo toda una experiencia: colas kilométricas no sólo para pasar el control de pasaportes sino también un simple escaner. En nuestro caso los trámites se demoraron aún más al tener que revisarnos los medicamentos que llevábamos. Aunque nos tocaron dos policías la mar de amables; una de ellas nos pidió si le podíamos dar una medicina que justo necesitaba para su hijo.

Al aeropuerto nos venía a buscar Diana, la hija del matrimonio que nos alojaría en La Habana. Al ir nueve días preferíamos quedarnos en la capital, la ciudad más interesante de territorio cubano, y hacer alguna excursión desde allí en vez de hacer un viaje express de un lugar a otro: ya sabéis nuestra filosofía ¡nunca ir con la lengua fuera! Por un lado, para mi marido era su primera vez en La Habana y queríamos ambos que la degustara a fondo. En mi caso, me había gustado tantísimo la primera vez que estuve que deseaba volver a recorrer con calma todos esos rincones que me enamoraron hace una década. La Habana es una ciudad llena de historia (y de historias) y todo tiempo es poco para empaparte de su belleza.

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En mi anterior viaje a Cuba, ya comenté que estuvimos en el Ambos Mundos, en plena Habana Vieja, uno de los hoteles míticos habaneros, con un ambiente colonial único (de hecho volvimos a visitarlo, os lo relataré más adelante). Pero esta vez queríamos quedarnos en casa de una familia cubana, primero, porque es una forma de colaborar de una manera más activa con los propios cubanos, y segundo, porque es una experiencia mucho más bonita a nivel humano. No tiene nada que ver llegar al final del día super cansado y recluirte en tu habitación que sentarte a tomar un café con tus anfitriones y charlar de mil y un temas.

Hay varias páginas en internet que tramitan alquileres particulares en Cuba. Pero como nosotros queríamos evitarnos intermediarios, tanto por los dueños como por nosotros mismos, buscamos la casa directamente por medio de Tripadvisor; además, de ese modo también podíamos contrastar opiniones de otros huéspedes. Aviso que si vais en Diciembre es temporada altísima, probablemente la más concurrida del año, por lo que es recomendable que arregléis lo del alojamiento unos cuantos meses antes. De hecho, nosotros buscamos la casa en Septiembre (tres meses antes) y nos tuvimos que quedar las dos últimas noches en otra casa porque en la primera no tenían todos los días libres. Así que ya sabes, cuanta mayor antelación, mejor. De todos modos, haré la reseña de ambas casas para que os sirvan de referencia ya que con las dos quedamos encantados.

La primera de ellas es Casa Antigua (calle 28 #258 entre 21 y 23 teléfono 537 51 75). Sus dueños, Horacio y Marta, son un matrimonio francamente encantador que nos hicieron sentir como en casa desde el primer momento. Hasta tuvieron el detalle de que, coincidiendo mi cumpleaños allí uno de los días, me regalaron un par de cuadros de La Habana para que me los llevara de recuerdo. Agradables a más no poder, cualquier ocasión era buena para sentarse a conversar con ellos.

Juan con Horacio, nuestro anfitrión. ¡Pocas veces nos hemos sentido tan queridos!

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En cuanto a la casa, maravillosa: una mansión de 400 metros dividida en dos plantas. Además, las dos habitaciones para huéspedes se encuentran aisladas en la zona de la azotea, por lo que la intimidad es absoluta. La nuestra tenía baño privado (os aconsejo que os llevéis como nosotros siempre hacemos vuestro propio gel,champú y pasta de dientes ya que ya sabéis que el tema de droguería está muy limitado en Cuba y sólo pueden ofrecerte una pastilla de jabón), televisión, frigorífico, caja fuerte y aire acondicionado. El precio, estupendo: 45 CUC con desayuno incluído (y además casero, con zumos de frutas naturales).

Casa Antigua

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Ya que he citado los CUC, que son los pesos convertibles cubanos, estos (que equivalen al valor del euro) son los que más usan los turistas, aunque recomiendo que también cambiéis una pequeña cantidad, un 10% de lo que llevéis, en peso cubano, que es el que usan los locales, ya que os vendrá bien para pagar las carreras en los taxis colectivos, de los que os hablaré más adelante. Los mejores lugares para cambiar son las casas de cambio, las CADECA, aunque nosotros esta vez aprovechamos para cambiar en el Hotel Nacional cuando lo visitamos el primer día.

La segunda casa en la que estuvimos las dos últimas noches estaba casi al lado de la de Horacio y Marta y era de una amiga de ellos. Es Casa Diana (calle 21 N. 1408 esq. 28 teléfono 537 8301104). También tenéis fotos y críticas en Tripadvisor. Casa también grandísima y con las mismas condiciones que Casa Antigua: ambos alojamientos son oficiales, algo a tener muy en cuenta a la hora de buscar casa en Cuba. En cuanto a la ubicación, se encuentran ambas en el Vedado; no sé por qué, en mi primer viaje se me quedó la impresión de que era un barrio demasiado tranquilo pero ahora que nos hemos alojado allí, he de reconocer que me encantó la experiencia y supe valorar de mejor modo su carácter de vecindario residencial. Además, debéis de tener en cuenta que las mejores casas particulares, las que se encuentran en más óptimas condiciones, se encuentran aquí, ya que muchas casas de La Habana Vieja son antiquísimas y tienen muchas carencias.

El Vedado es un barrio residencial que vivió su época de mayor  esplendor a principios del siglo pasado, cuando muchas familias ricas y hombres de negocios construyeron aquí sus bellísimas mansiones. Avenidas anchas con árboles, casas con porches con columnas y jardines… es el recuerdo de la época en que la mafia estadounidense campaba a sus anchas en La Habana y los gangsters controlaban el juego, los casinos y todos los bajos fondos de la isla. Un monopolio económico que comenzó con el tráfico de alcohol existente entre Cuba y Florida (recordad que en los años 30 USA estaba bajo el yugo de la Ley Seca) y que continuó con el control de hoteles, casinos, cabarets y hasta un hipódromo, unido todo ello a tráfico de drogas, apuestas clandestinas y timbas ilegales. La Habana se había convertido en el burdel de América bajo el consentimiento del dictador Batista, periodo funesto para la población cubana (que poca recompensa obtenía de esta situación) y que cortó de raíz Fidel Castro cuando llegó al poder a finales de los años 50. Hoy en día, El Vedado continúa manteniendo ese aroma a opulencia y lujo, pese a que muchas aceras se encuentren con boquetes gigantes y no funcionen la mitad de las farolas. Se dice que el que tuvo, retuvo, y en el caso de El Vedado es una gran verdad.

En el relato de mi anterior viaje a Cuba obvié hablar del tema político, acaso por la gran controversia que genera la situación atípica de la isla. Hoy, sin embargo, y debido a los profundos cambios que se están viviendo en suelo cubano, creo que es de recibo hacer una reflexión personal de cómo Cuba ha asimilado a nivel social los últimos setenta años. Llegar a Cuba sólo siete días después de la muerte de Castro suponía un momento histórico: era hora de saber cómo afrontaban los cubanos estos cambios. La isla aún se encontraba en estado de conmoción cuando aterrizamos: el periodo de luto, que se extendió una semana, exigía obligaciones tan absurdas como no poder tomar alcohol en el país con el mejor ron del mundo o no poder escuchar música siendo La Habana la ciudad más melómana del planeta. Por fortuna, cuando nosotros llegamos justo se acababan estas restricciones pero son una prueba más del nivel de excentricidad y sobre todo de abuso al que llega el gobierno cubano día sí, día también.

Hablar de la situación de Cuba, siendo como soy una persona de izquierdas con una familia con ideales izquierdistas hasta la médula, es una tarea ardua. Principalmente porque a nivel político, lo que se vive en Cuba poco tiene que ver con los ideales que defendemos las personas de izquierdas: el comunismo llegó al poder mediante una revolución, prometiendo igualdad y libertades para un pueblo que se moría de hambre y que quería escapar de una de las dictaduras más sanguinarias que jamás se hayan visto en América. Y acabo convirtiéndose en un sistema corrupto que convirtió a un revolucionario, Fidel Castro, en un dictador de aura divina al que nadie podía osar llevar la contraria. Todo bajo la excusa del “comunismo”, cuando la realidad es “todo por el pueblo pero sin el pueblo”. Obviamente, esta no es ni por asomo la izquierda que millones de personas defendemos.

Mercado para cubanos

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La mayoría de los cubanos viven con el miedo de poder expresar sus opiniones en contra del gobierno y el régimen en voz alta. Pero cuando hablan contigo en confianza, confiesan estar hartos de un sistema represivo al máximo que se ampara en leyes absurdas: ¿de qué sirve tener derecho a un techo si ello te obliga a compartir casa con otras cuatro familias?¿de qué sirve poder estudiar en la universidad una carrera de medicina si al final acabas trabajando de taxista?¿de qué sirve tener derecho a sanidad gratuita si a cambio la libertad de expresión, y ya no digamos la de prensa, es inexistente? Los que aún piensan que en esta vida todo es blanco o negro, capitalismo o comunismo (que, a fin de cuentas, son dos sistemas que explotan y desangran a la clase humilde), están muy equivocados. Ahí tenemos los ejemplos de los países escandinavos, donde ha triunfado la socialdemocracia y donde hay cabida para la iniciativa privada pero también para la protección de los derechos sociales. Con inteligencia y justicia se pueden conseguir sistemas políticos que amparen a los más débiles, otra cosa es que a la mayoría de los jerifaltes no les interesen los sistemas en los que no se enriquezcan cuatro listos a expensas de unos cuantos millones de personas.

He de reconocer, sin embargo, que diez años después me encontré a la sociedad cubana muy cambiada, entiéndase dicho cambio dentro de los parámetros en los que ellos se mueven. Continúa existiendo el tema de las cartillas de racionamiento, lo que implica que hay carencia de muchos productos alimenticios básicos y que el Estado ejerce un control absoluto sobre, por ejemplo, el comercio de la carne: si entras a cualquier mercado cubano (que más que un mercado es un economato) observarás que falta absolutamente de todo. Sin embargo, esta vez no daba crédito cuando me encontraba a un montón de cubanos que en el bolsillo llevaban un Iphone 7 último modelo. Son muchos los que tienen familiares en Miami y vuelan a menudo entre esta ciudad y La Habana y también son muchos los cubanos que llegan de Estados Unidos cargados de televisores y todo tipo de electrodomésticos. El gobierno, por fin, comienza a ser consciente de que hay que dejar de asfixiar a la población de esa manera y poco a poco (muy poco a poco) se van notando las mejoras en la calidad de vida. Y no sólo en la de los cubanos sino en La Habana en general. La primera vez que viaje aquí, una de las cosas que más me sorprendió fue encontrarme a la ciudad completamente a oscuras. Ahora, cuando llegas desde el aeropuerto, la carretera está iluminada (y además, con farolas con placas solares) y en La Habana Vieja se nota un montón los esfuerzos que se han hecho para restaurar muchos edificios (aún así, continúa siendo una ciudad en ruinas, queda mucho trabajo por hacer). Dicen los cubanos que buena culpa del “maquillaje” al que se sometió a la capital la tuvo la visita de Obama, ya que los dirigentes cubanos querían demostrarle que las carencias de la isla son “habladurías”. Pero si ello ha servido para ir a mejor, bienvenido sea.

El caso es que echando la vista diez años atrás, hubo otros aspectos en los que me encontré a La Habana muy cambiada. El gobierno está permitiendo en los últimos tiempos abrir muchos más negocios particulares, desde casas de huéspedes a paladares (los paladares son restaurantes particulares que antiguamente se ubicaban en los salones de las propias casas y hoy en día muchos de ellos ya tienen sus propios locales hechos y derechos).  A estos cubanos que ahora trabajan por cuenta propia se les conoce en la isla como “cuentapropistas”. Cuando llegué a la calle Obispo, que apenas tenía comercios una década antes, me la encontré llena de tiendas de souvenirs, comercios de telefonía y galerías de arte. Tuve que frotarme los ojos para darme cuenta que esa era la misma calle de antaño.

Pese a que habíamos visitado la isla en Diciembre, durante lo que se supone que es su “invierno”, nos azotó una ola de calor que pasaba de largo los 30 grados: vengas en la época que vengas, echa siempre el protector solar. Diciembre es el mes más turístico y era exagerado la cantidad de viajeros con los que podías cruzarte en La Habana Vieja, quizás por ello agradecimos alojarnos en El Vedado, porque por la noche no oías ni una mosca. De todas maneras, me sigue llamando la atención la cantidad de gente que viaja a Cuba pero apenas interactúa con los cubanos ni se sumerge o solidariza con los problemas del país. Y es una lástima.

Como antes de comenzar el recorrido por La Habana queríamos dejar arreglado el tema de las medicinas, quedamos en que Isaac, el mexicano que lleva en la ciudad el proyecto Hombre Nuevo Tierra Nueva, nos viniera a recoger en coche para poder llevar todas las cajas ya que eran 20 kilos de medicamentos y que así conociéramos de primera mano dicho proyecto.Su sede se encuentra en uno de los barrios más desfavorecidos de La Habana y allí pudimos conocer a la simpatiquísima Tania, que nos explicó con detenimiento el modo de distribuir alimentos y medicinas entre las familias que más lo necesitan, y a algunos de los profesores que dan gratuitamente clases de idiomas, informática y preparan accesos para la universidad. De hecho, como nos coincidía que se estaba impartiendo una de las clases, pudimos hablar con los alumnos, quienes nos estuvieron preguntando acerca de muchos factores de cómo era la vida en España y nos explicaron cómo ven ellos mismos el desarrollo político y económico de la isla en los últimos años. Muy elogiable la labor de esta organización que se encarga de echar una mano a los que viven en situación de extrema precariedad.

Mi marido, Juan, con algunos de los responsables de Hombre Nuevo Tierra Nueva

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Y sí, vámonos ya a recorrer La Habana. Sé que en mi anterior viaje os realicé un relato concienzudo de mi paso por la ciudad pero con gusto volveré a hacerlo. Pocas, poquísimas ciudades en el mundo te brindan semejante satisfacción cuando regresas una segunda vez. La Habana es una ciudad que siempre recibe con los brazos abiertos y de la que cuesta muchísimo despedirte cuando te vas. Además, he de reconocer que el hecho de que para mi marido todo fuera nuevo, me hizo a veces sentir como si yo misma  la pisara por primera vez.

Será cuestión de los gustos personales de cada uno pero al menos yo, después de una vida entera viajando, sigo considerando a La Habana la ciudad más fascinante del mundo. Básicamente porque es única y en ella conviven a diario contrastes increíbles que no podrás encontrar en ningún otro lugar del planeta. Su legado histórico es espectacular: más de 900 edificios de importancia histórica relevante sólo en La Habana Vieja. Que es donde vamos a comenzar nuestro recorrido. Porque pasear por este ilustre vecindario es una borrachera absoluta para los sentidos.

Antes de nada, comentaros que para moveros por La Habana (ir por ejemplo de El Vedado a La Habana Vieja puede suponerte una hora de caminata bajo un sol de justicia) lo mejor es hacerlo en los taxis colectivos que se mueven por la ciudad, son coches de cincuenta o sesenta años, unos en mejor estado que otros, que te cobran 10 centavos de peso cubano por trayecto (unos cinco céntimos de euro, vamos, una ridiculez). Llevan una pequeña plaquita amarilla con el título de taxi que los distingue de otros coches .Para eso es para lo que os comentaba lo de cambiar algo de dinero en pesos cubanos. Luego hay otros coches de época que te cobran 30 CUC por darte una vuelta de una hora por la ciudad, turísticos a tope y en nuestra opinión con un rollo muy artificial. Así que nosotros lo que hicimos fue coger un coche (taxi) descapotable igual de bonito para nosotros solos para ir a El Vedado (qué pasada ir en un coche de los años 50 por todo El Malecón) y después de regatear con el taxista, porque lo del regateo es un imprescindible, nos salió la carrera por sólo 8 CUC.

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La Habana Vieja, insisto, es fascinante. Y eso que continúa estando plagada de agujeros en las aceras, casas con andamios y paredes desconchadas y comidas por la humedad. Pero quizás en ello radica su irresistible encanto. Parece mentira que una ciudad que literalmente se está cayendo a cachos pueda ser tan exageradamente bella. Ver circular a esos coches de época entre esos soportales de arcos es una experiencia embriagadora que te transporta medio siglo atrás. Y es que La Habana es una ciudad congelada en el tiempo en todos los sentidos.

Aunque se supone que se encuentra en el distrito de Centro Habana, lo más seguro es que comiences tu recorrido por La Habana Vieja en el edificio más importante de la ciudad y uno de los más relevantes del mundo: el Capitolio. Su cúpula, que se eleva hasta los 91 metros, uno más que el de Washington, al que se asemeja una barbaridad, puede verse desde muchos puntos de la ciudad. Es el kilómetro cero de las carreteras que parten hasta otras partes del país y quizás la opulencia de la que hace gala, con columnas dóricas y salas grandiosas, contrasta aún más con la decrepitud de muchas calles cercanas, la Dragones sin ir más lejos. Hacía sólo unos días se había inaugurado como sede parlamentaria, aunque sigue siendo también sede de la Academia de las Ciencias y la Biblioteca Nacional. Lamentablemente, esta vez nos lo encontramos cerrado al público ya que desde hace la friolera de seis años se encuentra en proceso de restauración: cuando me acerqué a preguntarle al vigilante si se sabía la fecha de terminación, me dijo riendo “¡quién sabe!”. Como curiosidad, comentaros que en el interior, aparte de la gigantesca Estatua de la República (la tercera más grande del mundo bajo techo), se encuentra otra del Angel Caído, para los que se creen que la única estatua en honor de Lucifer la tenemos en el Retiro madrileño.

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Muy cerca tienes el precioso Parque Central, siempre tan concurrido por los fanáticos de “la pelota” (el baseball) en lo que se conoce como la esquina caliente. Es divertidísimo observar el espectáculo porque aquí se concentran los fanáticos de unos equipos y otros para discutir del deporte estrella cubano ¡y lo hacen con uñas y dientes! El baseball es en Cuba lo que el fútbol en España: levanta pasiones. En La Habana se encuentra el estadio más grande del país, el Latinoamericano, con capacidad para 50.000 espectadores y hogar del equipo Industriales. Ahora había bastante polémica en el país porque se pretende cambiar el horario de los partidos, pasándolos de la noche a la tarde, y mucha gente se queja porque a esa hora aún muchos se encuentran trabajando.

En el Parque Central se encuentra también la estatua levantada en honor del máximo héroe nacional: José Martí.

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Justo detrás podéis ver la fachada del Hotel Inglaterra, el más antiguo de Cuba y fundado en 1875. En el pasado era el favorito de los habaneros para sus tertulias y su ambiente neoclásico ha hecho de él uno de los preferidos de los viajeros. Está considerado Monumento Nacional.

El preciosísimo Museo de las Bellas Artes es otro de los edificios más importantes de este área. Es uno de los museos más importantes de América, con casi 50.000 piezas en su haber, entre ellas cuadros de españoles como Ribera, Zurbarán o Murillo, así como de Rubens e incluso piezas de los imperios griego y romano. Todo ello distribuido en 24 salas con exposiciones permanentes y transitorias. La entrada cuesta 5 CUC (niños gratis). Y muy cerquita tenemos el grandioso Gran Teatro de La Habana, sede de la Ópera Nacional y del que está considerado el mejor grupo de ballet del mundo, el que dirige Alicia Alonso.

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Seguirás tu recorrido por el Museo de la Revolución, ubicado en el antiguo Palacio Presidencial: lo más curioso del edificio es que albergando ahora el museo revolucionario, en el pasado fue decorado por la prestigiosa Tiffany de Nueva York.  Aquí, previo pago de 4 CUC (verás a la entrada un tanque que se utilizó en la invasión de la Bahía de Cochinos), podrás hacer un intenso repaso por la historia del proceso revolucionario cubano: el asalto al cuartel Moncada, la invasión de Playa Girón, la fundación del Partido Comunista o un concienzudo análisis de lo que fue la vida del Ché Guevara. Sin embargo, y contrariamente a lo que la gente cree, en el Museo de la Revolución también hay cabida en varias salas para la historia de Cuba desde el descubrimiento de América, pasando por la época en que la isla fue una cantera de esclavos o las guerras de independencia. Os recomiendo que después de esta visita bajéis a echar un vistazo al impactante Palacio Velasco, sede de la embajada española y única delegación diplomática situada en La Habana Vieja.

Dirigimos nuestros pasos a la calle Obispo, una de las arterias más animadas de la ciudad, esa misma que os comentaba hace unos párrafos que tantísimo ha cambiado en los últimos tiempos. Se ha instalado un cuco mercadillo de artesanía en uno de sus laterales donde podrás comprar souvenirs bien bonitos y no demasiado caros. La Obispo, una de las calles habaneras más antiguas (data del siglo XVI, se construyó sólo cuatro años después de la fundación de la capital), sigue siendo un trasiego de gente tanto de día como de noche. Pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando llegamos a las puertas del hotel Ambos Mundos (donde me alojé la primera vez) y vimos congregada una multitud en la puerta, toda la gente móvil en mano. ¿Qué ocurría? Pues algo tan sencillo (y a la vez tan extraordinario en tierras cubanas) como que el hotel ofrece wifi. Y aquí llegamos a la introducción del fantástico mundo de internet en Cuba, algo que los locales pensaban que nunca podría ocurrir.

Nosotros sólo nos conectamos una vez en todo el viaje pues precisamente veíamos las dificultades para acceder a la red como una ventaja para desconectar unos días del mundo cibernético, que a veces sienta muy bien. Y en realidad lo hicimos el día de mi cumpleaños para recibir los whatssap de felicitación de amigos y familiares y poco más. Para conectarte, has de comprar una tarjeta que permite la conexión durante una hora y cuyo precio oscila entre los dos y los cinco euros, metes la clave y a navegar. No sólo hay wifi en los hoteles, también en la mayoría de los parques públicos y recientemente se ha empezado a instalar en el Malecón. Nos sorprendió que los cubanos nos contaran que estaban enganchados a las mismas series que nosotros aquí vemos en la televisión por cable o en nuestro caso en Netflix. Y es que hecha la ley, hecha la trampa: en Cuba existe lo que ellos conocen como “paquete semanal”,es decir, una vez a la semana (y bajo cuerda,claro) te ofrecen acercarse a casa con un disco duro con las últimas novedades de series y películas para que te las descargues en el ordenador. Entendible si tienes en cuenta que la oferta televisiva cubana es bastante aburrida, se limita a política, deporte, películas bastante antiguas y música (a mí siempre me ha hecho mucha gracia que el principal canal se llame Telerebelde). Nosotros teníamos televisión en la habitación y practicamente ni la encendimos.

Habíamos ido hasta el Ambos Mundos porque tenía muchas ganas de que mi marido lo conociera. Yo tenía tan buenos recuerdos del hotel que me apetecía mucho subir a la azotea, siempre llena, a tomarme un mojito disfrutando de esas soberbias vistas de La Habana Vieja. El Ambos Mundos, con su aire elegante pero decadente, con sus botones uniformados y amabilísimos recibiéndote en el ascensor, continúa siendo uno de los hoteles más especiales del mundo. Su huésped más ilustre fue Ernest Hemingway, quien vivió aquí durante varios años; su habitación, la 511, hoy en día permanece abierta como museo recordatorio de los cuentos que escribió aquí. Aunque no tan conocida la historia, otro de sus famosos huéspedes fue Federico García Lorca, quien a principios de los años 30 pasó tres meses en Cuba y se quedó enamorado de la isla.

Las vistas desde la azotea del Ambos Mundos

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La calle Obispo no es sólo interesantísima a nivel social sino también cultural: en esta estrechísima avenida empedrada podrás visitar el Museo Numismático, con monedas de todo el mundo (la entrada sólo cuesta 1 CUC), el Museo 28 de Septiembre, dedicado a los Comités de Defensa de la Revolución (entrada 2 CUC), el Museo de Pintura Mural (gratuito), el Museo Farmacia Taquechel, con una interesante exposición de piezas antiguas de farmacia y laboratorio, o el Museo de la Orfebrería, ubicado en una antiquísima casa colonial. Además, se dice de la Obispo que es la calle con más libros por metro cuadrado de Cuba y aquí podrás entrar a algunas de las librerías mejor reputadas del país como la Ateneo Cervantes, Victoria o Venecia.

Preciosa imagen en la calle Obispo de la escultura a Sancho Panza

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Y estando en esta zona, es parada obligatoria El Floridita, el mítico bar habanero que lleva en pie desde 1817 y al que se conoce como la cuna del daiquiri ya que fue aquí donde se inventó el conocido cocktail. Hemingway era un cliente asiduo (se dice que llegaba a tomarse una docena de daikiris, uno detrás de otro), tanto que fué él quien lo dió a conocer mundialmente y habló de él en sus libros; durante estos dos siglos de vida, por El Floridita han pasado algunos de los más ilustres personajes que han pisado Cuba. Muchos lo acusan de haberse convertido en un bar demasiado turístico pero qué queréis que os diga, para mí conserva aún mucho de su encanto de antaño.

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Llegamos a otro de mis rincones favoritos en La Habana, la Plaza de Armas, la más antigua de la ciudad y que en sus inicios se llamaba la Plaza de la Iglesia (cambió el nombre cuando los soldados comenzaron a realizar aquí sus ejercicios militares). Flanqueada por el suntuoso Palacio de los Capitanes Generales, uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca cubana y que acoge al Museo de la Ciudad, si hay una plaza en el mundo que haga honor al calificativo de “colonial” es esta: es bellísima. En su centro se encuentra el monumento a Manuel Céspedes y en torno a él, desde horas bien tempranas, comienzan a congregarse los comerciantes de libros de segunda mano, que ofrecen auténticas reliquias, practicamente imposibles de conseguir en algún otro lugar del mundo: si tu interés se dirige a la historia de Cuba y quieres volver a casa documentado con algunas novelas y ensayos, no lo dudes, este es tu lugar. A nivel cultural es otro rincón indispensable ya que aquí se halla el Museo del Automóvil, el Palacio del Segundo Cabo, el Templete (esa pequeña capilla donde se guarda un busto de Cristóbal Colón y que conmemora la fundación de la ciudad) o el Museo de la Navegación. La Plaza de Armas es, además, uno de los lugares más pintorescos de Cuba, con sus ancianas enfundadas en trajes de vovos colores fumando puros gigantes imposibles de sostener.

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En los puestos no sólo se pueden encontrar libros descatalogados sino también carteles de películas, sellos o monedas antiguas

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El sistema de fortificaciones de La Habana Vieja, junto a todo el centro histórico, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y con más motivos que nadie. Entre dichas fortalezas se encuentra el magnídico Castillo de la Real Fuerza, que responde totalmente a la idea que tenemos de fuerte de piedra desde el que los soldados defendían a las ciudades caribeñas de los ataques de los bucaneros a golpe de cañonazo. Es la fortaleza más antigua de toda América (se tardó en construir 20 años, tras la destrucción en 1555 del antiguo fuerte a manos del pirata francés Jacques de Sores). Como curiosidad, comentar que en lo alto de sus torres conserva una de las estatuas más queridas por los habaneros, La Giraldilla, que representa el amor incondicional que profesaba Inés de Bobadilla a su esposo Hernando de Soto, quien subía cada día a otear en el horizonte ese barco que trajera de vuelta a su marido y que finalmente nunca apareció. Rodeado por un profundo foso, el castillo, que en el pasado servía residencia de los gobernadores, como almacén para los numerosos tesoros que se enviaban en naves a España y después como Biblioteca Nacional, actualmente acoge al Museo de la Navegación. Cuesta 2 CUC pero como fuimos a última hora, los guardas de la entrada fueron tan amebles de dejarnos acceder gratis. Dentro se exhibe una interesantísima exposición de construcciones navales y maquetas del propio castillo o el barco Santísima Trinidad, aparte de ofrecer algunas de las mejores vistas de la bahía de La Habana.

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Justo enfrente, como veis en la fotografía de aquí abajo, tenemos el Castillo de los Tres Santos Reyes del Morro, situado sobre un saliente rocoso con vistas al Atlántico, y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, ambos con importantes tareas defensivas. Y es que hay que recordar que pese a que La Haba está salvaguardada por una bahía, era blanco fácil para los cientos de corsarios que a lo largo de los siglos asaltaban la zona y eso que cada noche se extendía una cadena de 250 metros que impedía la entrada de barcos en la bahía. En la actualidad dentro del castillo se encuentra el Museo Marítimo y en la fortaleza de la colina, en la antigua oficina de comandancia, se encuentra un pequeño museo dedicado al Ché. Y no olvides que todos los días a las nueve de la noche se celebra la tradicional ceremonia del cañonazo, que conmemora el cierre de la bahía del que os hablaba antes. Unas horas antes, los vendedores callejeros instalan sus puestos en los alrededores ofreciendo sus pinturas y productos de artesanía.

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Nos vamos ahora a otro de los puntos más concurridos de la capital: la Plaza de la Catedral. Posiblemente uno de los lugares del mundo donde brilla con mayor intensidad el arte barroco, cuya obra cumbre es precisamente la Catedral, con sus dos torres desiguales y donde los restos de Cristóbal Colón yacieron hasta 1898. Con una fachada espléndida diseñada por el italiano Borromini, la iglesia domina una gran plaza rodeada de mansiones señoriales como el Palacio de los Marqueses de Aguas Claras,con sus bonitos balcones azulados y su patio interior tan similar a los andaluces, la Casa del Conde de Lombillo, el Palacio del Marqués de Arcos y la Casa de los Condes de Bayona, donde se encuentra el Museo de Arte Colonial.

En la Plaza, que sin lugar a dudas es uno de los reductos culturales más importantes de La Habana, contamos también con la Galería Víctor Manuel, donde se exhiben pinturas y fotografías, y en una de las esquinas el Callejón del Chorro, la antigua Zanja Real que sirvió como canal hidráulico para abastecer a la ciudad, así como a la Casa de Baños Públicos, de las aguas del río Almendares.

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Estatua del bailarín Antonio Gades, obra de Villa Soberón, quien también creó la estatua de John Lennon en La Habana. Gades, cuyas cenizas reposan en Sierra Maestra, amó con tal pasión a Cuba que aquí se casó con la cantante Marisol y en Cuba quiso que reposaran sus restos por el resto de la eternidad. Los honores militares que se le rindieron en Cuba (Gades siempre se declaró un defensor incansable del proceso revolucionario y era amigo íntimo de Raúl Castro), por su condición de extranjero sólo son equiparables a las que se ofrecieron al Ché Guevara.

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Hay un lugar imprescindible de visitar, La Bodeguita del Medio, aunque aquí sí coincido con muchos cubanos en que pese a ser uno de los restaurantes más clásicos de La Habana, ha acabado convertido en un reclamo para turistas que poco tiene ya que ver con ese lugar bohemio que frecuentaban Hemingway o Salvador Allende. No obstante, es de recibo visitarlo, aunque sólo sea durante unos minutos antes de salir huyendo de los empujones de los que pujan por entrar o salir.

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Y hablando de restaurantes, hagamos un pequeño parón entre tanta visita cultural para dedicarnos un poco a la gastronomía cubana. Ya os hablé de ella en mi otro viaje pero nunca está de más recordarla, sobre todo porque esta vez probamos algunas cosas nuevas. Aunque no tan variada como en otros lugares del mundo (a lo que hay que unir la escasez de alimentos en ciertas épocas) la cocina criolla es bien sabrosa y llena muchísimo. Lo más habitual son los moros y cristianos (arroz con frijoles) y no, no es lo mismo que el congrí, ya que en muchas provincias cubanas se diferencian ambos platos dependiendo si los frijoles son negros o colorados. Mucha fruta tropical (que los calores así lo demandan) como el plátano, papaya, guanábana o la riquísima guayaba, lechón asado, picadillo, ajiaco, ropa vieja (todo un clásico)… Se da también mucha importancia a las viandas, que es como conocen los cubanos a la guarnición de tubérculos que acompañan muchas comidas, caso de la yuca, el boniato, las papas o ( esta no la conocíamos y está riquísima) la malanga. Curiosamente, pese a que es habitual encontrar marisco en muchos restaurantes, sobre todo langosta y camarones, el pescado resulta cada vez más escaso. Una de las grandes ironías de Cuba que, siendo una isla, ve como sus pescadores han de adentrarse en el mar en cascarones donde se juegan la vida y sin hielo donde poder conservar el pescado. ¿Y por qué? Porque al gobierno no le interesa tener grandes embarcaciones que puedan caer en la tentación de huir de aguas cubanas.

La diferencia principal que encontré respecto a hace diez años es que ahora existen muchísimos más restaurantes y, sobre todo, paladares. Ya os comenté en el relato de aquel primer viaje que uno de mis restaurantes favoritos era Los Nardos, justo enfrente del Capitolio. Pues bien, justo en el mismo edificio, donde también se encuentra El Asturianito, descubrimos un restaurante muchísimo mejor: D’Lirios. Lo curioso es que pese a ser un local bastante lujoso para lo que se estila en Cuba (¡y grandísimo, de dos plantas!), el menú no era en general caro: salías a unos 20 euros por persona pero te ponían platos súper elaborados que no lograbas acabarte de lo abundantes que eran, con cervezas, postres, licores y café incluídos. Maravilloso lugar.

Mi estupenda brocheta de pez espada en D’Lirios (como comentaba, encontrar buen pescado en Cuba y bien preparado no es tan habitual como parece)

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En cuanto a restaurantes, nuestra recomendación también se dirige al encantador La Casa de la Parra, con una terraza interior de lo más agradable (y fresca, algo importante), donde nos atrevimos con la especialidad de la casa, el arroz a la parra, francamente espectacular. También bajamos a cenar varias noches, ya que nos cogía al lado, a La Pachanga: casualmente habíamos leído previamente buenas críticas en internet antes de ir a Cuba y resulta que lo teníamos al lado de casa (unos tacos mexicanos sabrosísimos, pizzas caseras y lo mejor, los cocktails de ron a sólo 3 euros). En cualquier caso, insisto en que es increíble la cantidad de paladares y restaurantes que se han abierto en La Habana en los últimos años, no te van a faltar opciones para comer.

Ya os hablé largo y tendido de Chinatown en mi anterior viaje y vuelvo a hacerlo ahora porque me parece un lugar único y de lo más curioso. Y es que debe ser el único Chinatown del mundo donde ya no quedan chinos. A cambio tienes a cubanos vestidos de chinos (esta imagen me sigue pareciendo de lo más surrealista) y que ejercen de camareros en los restaurantes de la calle Cuchillo y alrededores. Entre dichos restaurantes, hay pocos que en la práctica ofrezcan comida asiática pese a que sus fachadas digan lo contrario: generalmente lo que se sirve de menú es pizza o pasta. Como bien nos contaba Horacio, claro que aún quedan cubanos descendientes de aquellos chinos que se fueron pero lo cierto es que nosotros no nos topamos con ninguno. En cualquier caso, ellos son los que están intentando revivir esta comunidad: se edita un periódico de tirada semanal, el Kwong Wha Po, y se ha abierto un centro cultural donde se dan clases de chino y de artes marciales. Un barrio de lo más atípico que os recomiendo no os perdáis si venís a La Habana.

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Cubanos vestidos de chinos: en este país el ingenio no conoce límites

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El Hotel Nacional de Cuba es otro lugar imprescindible dentro de la ciudad. No importa que no te alojes allí: puedes pasear tranquilamente por su interior y por sus jardines, que ofrecen unas panorámicas marítimas irresistibles y que además exhiben los cañones de Santa Clara, Patrimonio de la Humanidad. Ofrecen también poder usar su piscina aunque no seas huesped: nos lo pensamos el día que fuimos porque hacía un calor de muerte pero desistimos cuando vimos el precio (20 CUC por persona), para eso ya iríamos a la playa un par de días después.

El Nacional, ubicado en una situación privilegiada en la colina de Taganana, ha sido considerado desde hace décadas el hotel más importante de todo el Caribe. Es una reliquia de casi un siglo donde aún se conserva el teléfono más antiguo de la isla y que, aunque cueste creerlo, aún funciona. Allí se han alojado personajes tan importantes como Errol Flynn, Walt Disney, Nat King Cole o Buster Keaton pero al mismo tiempo, era la sede no oficial de la mafia yankee encabezada por Lucky Luciano. Como digo, un rincón único que es parte viva de la historia del país.

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Tenemos aún pendiente la visita a mi rincón favorito en La Habana, la que es la imagen más conocida de la capital cubana: la Plaza de la Revolución. Si la primera vez que la visité hace diez años casi me desmayo por una insolación, esta vez el tiempo nos fue más propicio y hasta nos chispeó un poquito. Y es que en esta inmensa explanada, una de las plazas más grandes del mundo, no hay ni un árbol que te de sombra. En ella destacan el Monumento a José Martí y el mural de Camilo Cienfuegos con su célebre frase “Vas bien, Fidel”. Pero la imagen más famosa es esta, la del mítico Ché Guevara en el muro del Ministerio del Interior. Sólo una semana antes de nuestra llegada miles de cubanos se concentraban en la Plaza de la Revolución para dar el último adios a Fidel Castro.

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La Necrópolis de Cristóbal Colón, uno de los cementerios más grandes del mundo y considerado Monumento Nacional, fue otra de nuestras paradas. Si no tienes allí a algún familiar o amigo enterrado (vamos, si como nosotros,eres extranjero) te cobran 5 CUC por entrar y te dan un mapa para que te ubiques entre tantas tumbas importantes pero en mi opinión merece la pena pagar. Y es que más que un camposanto este es un museo al aire libre, un santuario prodigioso plagado de monumentos centenarios que poco tienen que envidiar a los que encontramos en las viejas capitales europeas. Preciosas esculturas como la de los bomberos, en homenaje a los que murieron en el incendio de la ferretería Isasi en 1890, la capilla piramidal de la familia Falla Bonet, palacios renacentistas, el Monumento a los Estudiantes de Medicina, el Panteón de los Prelados, la Colonia Francesa de Cuba, el homenaje a los Mártires del Granma, la réplica de La Piedad de Miguel Ángel… Aquí te puedes tirar una mañana entera recorriendo sus 560.000 metros cuadrados. Eso sí, no te vayas sin haber visitado la tumba de La Milagrosa, es muy venerada por los locales. Nos relató la leyenda una cubana que precisamente la estaba poniendo flores: Amelia Goyri, con sólo 23 años, falleció al dar a luz y su bebé tampoco sobrevivió al parto. Por entonces era costumbre enterrar al niño entre las piernas de la madre; el viudo iba a visitar la tumba de su mujer e hijo y tenía la costumbre de dar tres toques con el puño cada vez que llegaba para comunicarse con su esposa pues para él sólo estaba dormida. La sorpresa llegó años después cuando al exhumar los cuerpos, el bebé no se encontraba entre las piernas de su madre sino tiernamente abrazado a su regazo. Y desde ese día, miles de cubanos acuden cada año a la tumba para pedir por la salud de sus hijos y parejas infértiles rezan a los pies de la tumba deseando que algún día se les conceda ese bebé que tanto anhelan.

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En mi anterior viaje nos acercamos un día a Varadero, con una playa preciosa pero para mi gusto demasiado turístico. Y también estuvimos en las Playas del Este, a apenas veinte minutos de coche de La Habana y verdaderamente espectaculares también: si lo que vienes buscando son las típicas playas caribeñas de aguas turquesas, arena blanca y cocoteros, esta es una magnífica opción. En esta ocasión, en vez de ir a la de Tropicoco, nos acercamos a la Playa de Santa María, mucho menos concurrida: no creo que estuviéramos tumbadas al sol más de 30 personas ¡qué maravilla! Y es que para los cubanos Diciembre es un mes frío y de invierno, pese a que estuviéramos a más  de 30 grados, y los turistas apenas vienen a estas playas porque el 90% coge el viaje organizado de La Habana-Varadero. Vamos, que estábamos practicamente solos y nosotros, obviamente, encantados. Además, encontramos un restaurante playero de lo más auténtico, con su techo de paja, y comimos fajitas de langosta por apenas 9 CUC cada uno. Un apunte: para venir hasta aquí, coge los buses que salen frente al Hotel Inglaterra. El último regresa a La Habana a las seis de la tarde pero es que a esa hora ya se está poniendo el sol.

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En mi primer viaje a Cuba una de las excursiones que hice fuera de la ciudad fue al Valle de Viñales, a unas tres horas de La Habana en coche. Me había gustado tanto que le comenté a mi marido si le apetecería que fuéramos. Como en los hoteles las excursiones nos parecían bastante caras por sólo un día (70 CUC por persona), una de las mañanas, mientras desayunábamos, les comentamos a Gloria y a Tim, una pareja de Nueva Zelanda que se alojaba en nuestra misma casa, si les apetecía venirse con nosotros. Hablamos con Horacio para que nos pusiera en contacto con algún conductor y al día siguiente nos vino a recoger un señor amigo suyo de setenta y pico años con un coche que era casi tan anciano como él. Imaginaos el viaje que pasamos lleno de anécdotas, nuestro chófer era un crack que había tenido cinco mujeres y que tenía historias para escribir tres biografías. Además, nos cobró por tenernos todo el día de viaje menos de la mitad que hubiéramos pagado en los hoteles: 30 CUC por cabeza.

El Valle de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, a nivel paisajístico posiblemente sea el lugar más bonito de todo Cuba. Es la Cuba más rural y acaso el camino por carretera sea lo mejor, pese a que esta se encuentre llena de baches y socavones y apenas circulen coches. Cabañas desperdigadas en mitad del campo, caballos pastando en las lindes de la carretera y niños jugando bajo el sol.

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El Valle de Viñales tiene una particularidad única en el mundo, la de los mogotes, montañas de roca caliza cubiertas de vegetación que ofrecen un paisaje único. Desde el Mirador de los Jazmines se ofrecen las mejores vistas. Este valle, repleto de cuevas prehistóricas y ríos subterráneos, está plagado de palmeras y responde completamente a la idea que tenemos de una isla tropical. Es una buena forma además de conocer esa otra Cuba que no verás en La Habana y contactar con la naturaleza más salvaje. Además, nuestro chófer nos llevó a un paladar de unos amigos, El Sabor de Kirenia, donde nos pusieron la comida más casera y auténticamente cubana de todo el viaje mientras unos músicos amenizaban la comida. Fue el colofón perfecto para un viaje inolvidable. ¡Que viva Cuba!!!

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cuba en uno de mis sueños, así que me ha encantado tu post!! Ojalá pueda disfrutar pronto de tus consejos! Un saludo!

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    1. Muchas gracias! Espero que tu sueño se cumpla lo antes posible, Cuba es un país maravilloso y en cuanto lo pises estarás deseando regresar! Un abrazo!

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