Islas Azores: un oasis en medio del océano

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Al igual que en el lejano Océano Pacífico cuentan con la Polinesia, nosotros a sólo tres horas de España tenemos Macaronesia, una región marítima que muy apropiadamente significa en griego “islas afortunadas” y que engloba algunos de los archipiélagos más exuberantes del Océano Atlántico: las islas Canarias, Madeira, las islas Salvajes, Cabo Verde y el maravilloso vergel del que nos ocuparemos en el artículo de hoy, las islas Azores.

Las Azores, que fueron descubiertas y colonizadas por nuestros vecinos portugueses sólo pocas décadas antes de que Colón llegara a América, a nivel turístico han vivido eclipsadas por su otra hermana lusa, Madeira. Quizás por dicho motivo estas nueve islas supongan un destino muchísimo más atractivo y menos saturado de visitantes. Teniendo en cuenta que la mayoría de la gente cuando viaja a destinos de playa lo hace buscando sol y calor, las Azores, debido a que llueve más que en otras islas del Atlántico, han logrado mantenerse como un territorio semivírgen que aún mantiene la esencia autóctona que otros lugares perdieron por el camino. Y añadiendo que pese a contar con nueve islas habitables, su población total apenas llega a las 250.000 personas, menos de una tercera parte de, por poner un ejemplo, los habitantes de Tenerife. Eso (y su aislamiento geográfico en mitad de la nada, unido a que la mayor parte del turismo es precisamente portugués) hace de ellas un rincón de lo más sugerente para los que vayáis buscando otro tipo de experiencias a la hora de viajar y un acercamiento a la naturaleza más salvaje.

Intentar descubrir y saborear las Azores en apenas una semana es tarea harto imposible: se te irá la mitad del viaje en los trayectos entre una y otras islas. Por dicho motivo, antes de comenzar a planear el viaje, sé generoso con el mismo y date al menos tres semanas si quieres recorrerlas en profundidad y con más calma. Para llegar hasta aquí, de momento la compañía azorana SATA ofrece vuelos directos desde Madrid a Terceira  y desde Barcelona y Las Palmas a Ponta Delgada. Pero también puedes volar haciendo una escala previa en Lisboa,que con Easyjet los billetes salen muy económicos, pasas un par de días en la capital portuguesa, que siempre es un atractivo extra, y luego coges un vuelo con compañías de bajo coste como la propia SATA o Ryanair: el precio final del billete (sumando el de ida y vuelta desde Madrid) puede salirte por menos de 150 euros si viajas en temporada baja. Aunque, obviamente, la temporada alta vaya desde Junio a Septiembre, hay que recordar que la privilegiada situación geográfica del archipiélago le permite disfrutar de un clima templado durante todo el año. En invierno es muy raro que el termómetro baje de los 15º y aunque la temporada lluviosa va de Octubre a Abril, muchas veces sólo tendrás breves chubascos y a los pocos minutos podrás volver a disfrutar del sol.

Como es probable que aterrices en el aeropuerto Juan Pablo II en São Miguel, la mayor de las nueve islas y donde reside la mitad de la población, vamos a comenzar por ella nuestro itinerario. São Miguel no sólo es la isla más grande: también está considerada la más bonita y hace honor al nombre por el que la conocen los lugareños, la Isla Verde. Plantaciones de tabaco, té, naranjales y viñedos cubren esta isla volcánica, ofreciendo una imagen idílica desde las alturas y anticipando el edén que te espera unos miles de metros más abajo.

Nuestra primera recomendación nada más llegar a São Miguel es que alquiles un coche: puedes encontrar vehículo por apenas 20 euros diarios. Aunque evidentemente en la isla existe el transporte público, la frecuencia de las líneas es escasa: tener coche te dará mayor independencia y te permitirá llegar a cualquier rincón sea la hora que sea. En cuanto al alojamiento, la mayor oferta la encontrarás en la capital, Ponta Delgada: en temporada baja puedes encontrar amplios apartamentos por apenas 40 euros la noche. Ten en cuenta que esto sigue siendo Portugal y los precios son más bajos que en nuestro país. La mayor parte de la población vive en el sur de la isla, por lo que te recomendamos buscar en esta zona. Booking suele ser nuestra página de referencia, debido a que en muchas ocasiones ofrecen la cancelación gratuita y no obligan a pago por adelantado.

Ponta Delgada, la capital, es una ciudad pequeñita cuyo mayor atractivo es precisamente su casco histórico y su paseo marítimo, donde destaca el Fuerte de São Bras, que en el pasado constituyó la mejor defensa contra los corsarios. Las puertas de la ciudad abren paso a un coqueto centro histórico, donde se ubica el Ayuntamiento, el mercado y el Teatro Micaelense, así como multitud de iglesias. En Ponta Delgada también es recomendable el Jardín Botánico (donde aprenderás un montón de cosas acerca de la curiosa vegetación de la Macaronesia) y, ya que hablamos de naturaleza, acercarte en sus inmediaciones al impactante mirador del Lagoa Rasa, el Lagoa do Canario, Lagoa das Sete Cidades o el Lagoa do Santiago. Desde Ponta Delgada varias agencias ofrecen excursiones para avistar ballenas y delfines en las aguas del Atlántico. Otra excursión muy sugerente es al islote de Vila Franca do Campo, un antiguo cráter situado muy cerca de la costa: de Junio a Septiembre un ferry te lleva hasta allí partiendo desde el muelle de Tagarete.

Seguimos en São Miguel: las opciones relacionadas con el turismo de naturaleza son infinitas. En Mosteiros y Ribera Grande tienes piscinas naturales; cerca está Laguna da Fogo (donde podrás darte un baño o hacer senderismo). En la freguesía de Furnas la espectacularidad de sus aguas termales te permitirá disfrutar de uno de los platos más típicos de las islas, el cocido à portuguesa, que se prepara en un hoyo cavado en el suelo (no te vayas de aquí sin probar también la açorda, una contundente sopa de pescado, y el queso de São Jorge). Y aunque São Miguel no destaque por contar con playas paradisiacas de arena blanca, las hay muy bonitas, sobre todo en el sur: Caloura, Praia dos Moinhos, Praia do Santana o la de Santa Barbara. Si el agua te parece demasiado fría, siempre puedes ir a darte un chapuzón a la cascada de Caldeira Velha en la Sierra de Água de Pau (y hablando de cascadas, una de las más bonitas es el Salto da Farinha, de cuarenta metros de altura). En Gorreana tendrás ocasión de admirar la más antigua y en la actualidad única plantación de té en toda Europa, una visita indispensable para los que como yo améis estas benditas hierbas. Como todos estos recorridos los harás en coche, recomendamos que de vez en cuando bajes a dar un paseo por las verdes praderas de la isla: ofrecen un paisaje único.

Aunque salga algo más caro (es raro encontrar billetes por menos de 80 euros), lo ideal para moverse entre islas son los vuelos internos, generalmente operados por SATA y Tap Air Portugal. El ferry puede compensar entre islas que no estén demasiado alejadas pero el avión siempre es lo más cómodo y rápido (los trayectos en barco pueden durar seis horas).

Terceira, la segunda isla en importancia (aún así, aquí viven poco más de 50.000 personas), tiene también incontables atractivos. Comenzando por su capital, Angra do Heroismo (Patrimonio de la Humanidad por su bellísima arquitectura, con kilómetros de murallas, casas coloniales, multitud de parroquias y el acogedor Porto da Pipa) y siguiendo por sus praderas interminables, donde las vacas campan a sus anchas (se dice que hay tres vascas por cada habitante). El Algar do Cãrvao, una exuberante caverna volcánica formada hace miles de años, el Museo del Vino, el bonito mirador de Serra do Cume, visitar los imperios (altares dedicados al Espíritu Santo, hay más de 50, los portugueses ya sabéis lo religiosos que son), las piscinas naturales de Biscoitos y Ponta da Forcada o recorrer los fuertes que hay desperdigados por Terceira fácilmente te llevará de tres a cuatro días.

La isla de Santa María fue la primera en ser descubierta y en ella se encuentra la ciudad más antigua de las Azores, Vila do Porto. Se encuentra a apenas 80 kilómetros de São Miguel y se la conoce como la Isla del Sol ya que su clima es algo más benigno que en el resto de islas. El Pico de Alto (con sus apenas 600 metros de altitud) es la montaña más elevada y ofrece unas vistas fabulosas. Los barreiros, unas curiosas formaciones geológicas con aspecto desértico, son los paisajes más característicos de Santa María: entre ellos destaca el de Faneca. Pese a que la isla es pequeña, tiene bonitas bahías salpicadas con casitas blancas: entre las mejores se encuentran las de Cré y Raposo, así como la de San Lorenzo, con sus viñedos escalonados. En cuanto a playas, Praia Formosa es una de las pocas de arena blanca.

Isla Graciosa, la más norteña de las Azores, es también la más llana de todas. Su principal reclamo son los bonitos molinos de viento que tanto recuerdan a los holandeses, con sus pintorescos tejados rojizos. Está considerada Reserva Mundial de la Biosfera y cuenta en su haber con la Caldera de la Graciosa, donde se hallan la Cueva del Azufre y la Cueva de Maria Encantada. Las piscinas naturales de Carapacho, los islotes cercanos a las costas, como los de Baixo y Gaviotas, y el ambiente marinero de la isla, con acogedores pueblos de pescadores como Praia, son razones más que suficientes para realizar una escapada de un par de días. Puede venirse en barco desde la rocosa isla de São Jorge, conocida por sus sabrosas almejas (al nivel de sus quesos), sus escarpados acantilados y las curiosas fajãs, planicies que se formaron a raíz de las erupciones volcánicas: la más famosa es la Fajã da Caldeira do Santo Cristo. Hacer trekking en alguno de sus picos puede constituir una entretenida caminata. Y el mejor souvenir de recuerdo, una colcha totalmente artesanal.

La isla de Pico, la segunda más grande de las Azores, tiene el honor de acoger el monte más alto de Portugal, el Pico, de más de 2.300 metros de altura. Son muchos turistas los que viajan hasta aquí para escalarlo, eso sí, siempre ayudados por un guía profesional. Los viñedos isleños (también Patrimonio de la Humanidad) recuerdan a los de Lanzarote, al encontrarse igualmente encajonados entre antiguos campos de lava. La capital, Madalena, ofrece la oportunidad de viajar en barco para ver cetáceos o visitar el Museu do Vinho (en Pico se produce el 80% del vino de las Azores). En la pequeña población de São Mateus podrás hacerte con artesanía típica y vivir en Agosto sus bien reputadas festividades religiosas.

Y acabamos con las islas que nos quedan. Faial tiene conexión aérea directa con Lisboa; Horta, la capital cuenta con un animado puerto donde antiguamente recalaban los balleneros y hoy en día es punto de atraque para muchos trasatlánticos. Volcanes, los preciosos Bosques de Laurisilva o los diferentes museos de Faial consituyen el resto de reclamos turísticos. En cuanto a Flores, está considerada una de las islas más bonitas de las Azores, con lagunas de aguas claras y la bonita capital de casitas blancas, Santa Cruz das Flores. Desde aquí puedes iniciar itinerarios por los distintos miradores de la isla. Para el final dejaremos la isla de Corvo, la más pequeña de todas y probablemente la más tranquila: su único pueblo, Vila Nova do Corvo apenas cuenta con 500 habitantes. Los molinos de viento y el Caldeirao, el cráter extinto que con sus 2.400 metros de perímetro ocupa la mayor parte de Corvo, pueden suponer la mejor de las estampas para despedirnos de unas islas únicas en el mundo: las bellísimas Azores.

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