Tenerife: el hogar de los guanches

De Canarias siempre digo que es ese paraíso en la tierra que acaso los españoles no valoramos como deberíamos, quizás por ser de nuestra “propiedad” y encontrarse a poco más de dos horas de nuestras costas. Pero lo cierto es que sí, lo es, un conjunto de islas únicas en este planeta nuestro que vienen a visitar personas de todo el mundo. No son pocos los extranjeros que las eligieron como lugar de residencia, un paraje privilegiado con una temperatura ideal en cualquier época del año y que hacen honor a su sobrenombre: las Islas Afortunadas. Las pisé por primera vez hace 20 años y siempre es una delicia regresar, sobre todo porque pese a estar tan cerquita unas de otras, cada isla es un mundo. En esta entrada de blog comenzaré a desgranar mis escapadas a la que es mi favorita, Tenerife, acaso la más turística pero en mi opinión también la más completa a nivel de paisajes.

Una de las cosas positivas de Tenerife es que con compañías como Iberia o Ryanair puedes coger un vuelo de ida y vuelta por unos 100 euros, lo cual es un chollazo si tienes en cuenta que están en mitad del Atlántico. En la isla tienes dos aeropuertos, el del norte, Los Rodeos, y el del sur, el Reina Sofía, elige el que te coja más cerca de tu destino. Yo me he alojado tanto en el norte como en el sur y sigo recomendando el sur. En el norte suele haber unos 8º grados menos de temperatura, debido a que el Teide ejerce como frontera natural de las nubes, y muchos días amanece nublado o lloviznando. Sin embargo, en el sur sueles asegurarte solecito aunque recuerdo también que las visitas más bonitas e interesantes se encuentran en el norte de la isla. Lo dejo a tu elección.

En cuanto al tema coche, recomiendo la compañía Autoreisen: a nosotros esta última vez nos salió el alquiler de coche durante 8 días por sólo 103 euros (tienen oficina en el propio aeropuerto). Si tienes en cuenta que la gasolina es mucho más barata que en la península por el tema de que no pagan IVA (aproximadamente unos 95 céntimos el litro) y que en Tenerife se necesita coche sí o sí (en pueblos pequeños el transporte público deja bastante que desear y hay lugares unicamente accesibles en automóvil), aparte de lo baratísimo que resulta gozar de vehículo propio, no tienes excusa para quedarte encerrado en el hotel (que, aunque parezca mentira, mucha gente lo hace).

Cuestión alojamiento: las veces que he ido me he alojado en apartamentos (hay muchísima oferta) pero como esta última vez cogimos un hotel, es el que voy a recomendar. Se trata del Hovima Jardín La Caleta, situado en Costa Adeje. La zona es ideal si vienes buscandodesconectar ya que la mayoría de los resorts son de cuatro y cinco estrellas y lo que estás pagando es precisamente la tranquilidad. A mí Adeje me gusta muchísimo más que Los Cristianos o la Playa de las Américas, que se encuentran bastante cerca pero llenas de discotecas, garitos y adolescentes ingleses montándola hasta las tantas. Una especie de Benidorm a la canaria y no, ese no es nuestro tipo de viaje. Aún así, merece alguna noche acercarse a dar una vuelta por Los Cristianos si buscas algún sitio chulo para cenar y tomar una copa, hay locales bastante majetes, sobre todo el Harley’s American Bar, con Cadillac en la puerta, mucho rock n’ roll y pintas de cerveza a sólo 2 euros. A nivel lúdico ofrece un montón de alternativas: nosotros aprovechamos que se celebraba el Festival de Gospel de Canarias para asistir a un concierto en el Auditorio Infanta Leonor (checkea su programación porque ofrecen cosas muy interesantes).

Volviendo al hotel, lo mejor es que no son habitaciones sino apartamentos con todas las comodidades: aunque pagues un poquitín más, merece la pena coger los que los balcones dan a la playa ya que se encuentra en primera línea y es una delicia dormirse escuchando las olas del mar. La playa más cercana, la de La Enramada, es rocosa y poco apta para el baño pero muy bonita para pasear si el tiempo acompaña (un poquito más lejos, a unos 15 minutos andando, tienes la Playa del Duque, esta mucho más cómoda y de arena). El hotel tiene tres piscinas, dos de ellas climatizadas, jacuzzi y un restaurante buffet enorme (nosotros cogimos la opción de desayuno y cena para poder tener todo el día libre para recorrer la isla; de todas formas, algún día que no salimos de excursión, no pusieron pegas en cambiarnos la cena por la comida).

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Hablando de los restaurantes, la verdad es que Tenerife (y Canarias en general) es una pasada para los amantes de la buena gastronomía. Entre los que encontramos por nuestra cuenta y los que nos descubrió Ana (una amiga nuestra que lleva viviendo 14 años en la isla), la mayoría de ellos restaurantes autóctonos a los que sólo van canarios, nuestra valoración general sólo puede ser positiva. Aquí os paso algunos de ellos:

– Mesón de Antonio (C/ Cuevas de Cho Portada 46, San Isidro): Si lo tuyo es la carne a la brasa, de los mejores lugares de Tenerife para probarla. Eso sí, los platos dan auténtico pavor en lo que a tamaño se refiere. ¡Sólo apto para valientes!

– Bombay Babu (Hotel La Nina, Local 62, Avenida España, Costa Adeje): Tiene fama de ser el mejor hindú de Tenerife y nosotros lo confirmamos. Tienen otro local más en Callao Salvaje. Servivio amabilísimo, de los que te ves obligado a dejarles propina considerable, y platos francamente exquisitos.

– Dornajo: Está escondidísimo en la aldea de Ifonche, cerquita del pueblo de Vilaflor (complicadillo encontrarlo pero todo un descubrimiento…gracias,Anita,por llevarnos!) pero la gastronomía canaria que brindan es espectacular, desde el conejo encebollado al escaldón de carne (si pasas por las Canarias, imprescindible probar el gofio, un cereal que los locales toman como guarnición de practicamente cualquier plato).

– Manolo II (Avenida Cabildo Insular 18, Tajao): Uno de los mejores locales para atreverse con el delicioso pescado de la isla (nosotros os recomendamos el cherne). Los dueños son pescadores y ofrecen en el menú lo que pescan ese día: más fresco es imposible.

– Casa Carmen (C/ Hércules 2, Icod de los Vinos): Comida típica canaria, deliciosa y a buen precio, desde las papas arrugadas con mojo picón (no te vayas de Tenerife sin llevarte un par de botes de mojo artesanal), rancho canario, ese pescado tiernísimo que es el breca… de lo mejorcito del norte de la isla.

Empecemos ya con las visitas y hagámoslo por el auténtico rey y señor de Tenerife, el Teide, que con sus 3718 metros es el tercer volcán más grande del mundo. La primera vez que lo visité estaba permitido subir hasta la cima (qué pasada ver la cercana isla de La Gomera por encima de las nubes!) pero como la afluencia de visitantes llegó a ser tan masiva, haciendo peligrar el ecosistema de la zona, ahora has de pedir un permiso que se solicita a través de internet ya que el número de personas a los que se permite el acceso es muy limtado. Aunque no llegues en cualquier caso hasta arriba del todo, tienes la opción del teleférico, que deja a unos 300 metros de la cumbre, aunque en mi opinión es bastante caro, cerca de 25 euros. Esta última vez tuvimos la suerte de presenciar un fenómeno que se da muy pocas veces: encontrarnos con el Teide nevado.

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El Parque Nacional del Teide es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y considerado uno de los 12 Tesoros de España. Pese a que lo he recorrido varias veces en coche, no dejo de admirarme ante la belleza de sus paisajes, te parecerá estar en la misma luna. Este era ya un lugar sagrado para los guanches, los primeros pobladores de la isla), quien consideraban al Teide (o Echeyde, como ellos mismos lo conocían) la puerta de entrada al infierno. Y no es para menos, estas son tierras volcánicas plagadas de especies autóctonas, tanto a nivel flora como fauna, que lo convierten en un lugar único en el mundo: sus condiciones ambientales son tan similares a las de Marte que aquí se han realizado multitud de estudios científicos y ha servido en infinidad de ocasiones de escenario de películas. En el 2010 fué el Parque Natural más visitado de toda Europa.

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Uno de los lugares más impactantes de Las Cañadas del Teide son precisamente Los Roques, unas curiosas formaciones rocosas. Entre ellos destaca el Roque Cinchado, conocido como el Dedo de Dios y cuya imagen aparecía en ñps antiguos billetes de mil pesetas.

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Siempre que voy a Tenerife, si puedo recorrer el parque varios días en vez de sólo en uno, mejor. Está llenito de miradores con vistas de las que se te quedan en la memoria de por vida: sólo por conocerlo y perderse entre sus áridas tierras ya merece la pena coger un avión.

El Valle de la Orotava, también en el norte del archipiélago, es en mi opinión otro de los imprescindibles en un viaje a Tenerife. Aquí se encontraba antiguamente el menceyato guanche más importante de la isla, Taoro. Deambular por esas carreteras de costa, entre riscos invadidos por la vegetación, cuyo verde esmeralda reluce al sol mientras caen al mar, es una experiencia inolvidable. Además, en el propio pueblo de La Orotava se conservan aún muchas casas de época, por lo que es un lugar ideal para realizar una escapada de un día si quieres combinar naturaleza con tradición.

Ya que estás por esta zona, voy a recomendarte dos pueblos cercanos que son preciosísimos: Garachico e Icod de los Vinos.

Garachico, pese a ser hoy en día un pueblo pequeñito, fue en la antigüedad el puerto más importante de Tenerife. De aquí salían barcos cargados de azúcar y vino hacia América, lo que trajo la prosperidad y riqueza a esta región. Curiosamente, y ya que mencionamos América, de aquí era la familia de Simón Bolívar, un personaje muy querido en estas tierras. Los vestigios coloniales aún son palpables en el Castillo de San Miguel, una fortaleza defensiva que construyó Felipe II para repeler los ataques de los piratas y que podeis ver a la derecha de la fotografía. Se encuentra en El Caletón, un paseo marítimo con unas vistas fabulosas y muy cerquita de las piscinas naturales (a veces se cierran si el mar se pone muy bravo).

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En la Plaza de Juan González se encuentra la Puerta de la Tierra, recuerdo del glorioso puerto del siglo XVI y rodeada de plantas exóticas en un frondoso jardín botánico.

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A Icod de los Vinos hay que ir, aunque sólo sea para rendir pleitesía al mítico Drago Milenario, el árbol más viejo del mundo en su especie (se calcula entre 800 y 1.000 años y sus dimensiones son colosales: 20 metros de altura y 300 ramas). Merece la pena también dar un paseo por su acogedor centro histórico, donde destacan la Plaza de Lorenzo Cáceres y la Plaza de la Pila. Para los amantes de las maravillas naturales, en Icod también se encuentra la Cueva del Viento, la tercera cavidad volcánica más grande del mundo.

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También en la parte norte se encuentra otro de los puntos turísticos más importantes de la isla, el Puerto de la Cruz. Imperdible la visita al bonito y original Lago Martiánez, obra del arquitecto más famoso de Canarias, César Manrique (era de Lanzarote), un complejo de lagos artificiales digno de ver y disfrutar. Puedes aprovechar para acercarte también a conocer el Castillo de San Felipe y deambular por el Paseo de San Telmo.

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La capital de la isla, Santa Cruz de Tenerife, puede servir para gastar una mañana de compras por la zona de Plaza de España y de paso acercarse a la curiosa Playa de Las Teresitas. Y digo lo de curiosa porque es una playa artificial, de arena blanca que se trajo expresamente del desierto del Sahara a mediados de los 70 y una de las favoritas de los tinerfeños. Aprovecha para recorrer también Taganana, un pequeño pueblecito de pescadores y otro de mis rincones favoritos.

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San Cristóbal de la Laguna, otro de mis pueblos favoritos en Tenerife.Patrimonio de la Humanidad por su condición excepcional de ciudad colonial no amurallada, se encuentra en el hueco de una antigua luna desecada y fue refugio de aristócratas y familias acaudaladas. Su trazado urbanístico data del siglo XV y éste se mantiene practicamente intacto (los que hayais estado en La Habana, seguro que os trae a la cabeza más de una similitud mientras paseais por sus calles). No es mala idea que si estás por esta zona aproveches alguna mañana para ir a hacer senderismo por el Parque Rural de Anaga, las rutas son bien bonitas.

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Otra de las zonas más impactantes de Tenerife es el Valle de Masca, repleto de barrancos, acantilados y riscos imposibles (se dice que aquí se suicidaban los guanches cuando llegaron los colonizadores europeos). Carreteras complicadas y llenas de curvas pero os aseguro que el viaje en coche merece mucho la pena. Antiguo refugio de piratas, sus paisajes tan pintorescos lo convierten en una visita imprescindible. Nosotros lo combinamos con otra ruta en coche por la zona de El Tanque (qué vistas más fabulosas de la costa… y qué vértigo!) y fue una jornada irrepetible!

Impactantes vistas de los acantilados de Los Gigantes

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No quiero acabar esta entrada de blog sin recomendaros, si estais por la zona sur, la bonita Playa del Médano, de arena rubia (lo que no es habitual en las playas tinerfeñas, la mayoría de ellas volcánicas), paraíso de surferos y donde se halla la Reserva Natural de la Montaña Roja, una auténtica maravilla natural. Y un consejo: vete a contemplar el atardecer, ya que estás allí, a la Playa de la Tejita mientras te tomas algo en el Chiringuito Pirata, un lugar escondido y con mucho encanto. Puede ser la mejor forma de rematar las vacaciones.

 

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