Australia, ese país raro raro raro…

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Australia representa para el viajero esa meta máxima que algún día aspira a alcanzar. Al menos en mi caso, junto a Nueva Zelanda, es mi viaje soñado, que alguna vez espero llevar a cabo, desde que era niña, cuando me podía tirar tardes enteras ensimismada con la novela “El continente misterioso” de Emilio Salgari, probablemente uno de los libros que más me marcó en mi infancia. Hay que tener en cuenta que este país-continente de proporciones descomunales (es prácticamente igual de grande que Europa) fue un paraíso desconocido para el resto del mundo hasta apenas hace tres siglos, pese a que los aborígenes lo habitaban hace casi 50.000 años. Por dicho motivo, y por su aislamiento geográfico, Australia mantuvo intactas su flora y fauna. Cuando llegaron los primeros europeos, no podían creer lo que tenían ante sus ojos: ¿qué diablos eran esos seres que se desplazaban dando saltos y llevaban a sus crías en una bolsa en el vientre? ¿habían llegado los canguros del espacio exterior? La visión de un animal tan extrañísimo como el ornitorrinco empujó a los ingleses a mandar por barco a la reina un ejemplar: la comunidad científica de Londres estalló en carcajadas al verlo y pensaron que, vete tú a saber cómo, sus paisanos colonos habían logrado unir varias partes de animales diferentes para crear uno nuevo. Así de ilusos eran en aquella época.

El caso es que aunque Australia es en la actualidad un país muy desarrollado (Melbourne llegó a ser a finales del siglo XIX la ciudad más rica del mundo), se da la paradoja de que puedes encontrar altísimos rascacielos en Sydney y aborígenes viviendo como en el Neolítico a sólo unas horas de tren. Eso por no hablar de aguas infestadas de cocodrilos o familias que viven tan aisladas en mitad del desierto que cuando uno de sus miembros se pone enfermo, hay que enviarles los médicos en avioneta. Un país de contrastes, totalmente atípico y único en el mundo, que continúa siendo un gran misterio sin resolver para la estricta mentalidad occidental y donde se han mantenido unas costumbres y unos factores tanto sociológicos como medioambientales que no podrás encontrar en ningún otro lugar del planeta. Así que vamos a relatarte algunos de ellos.

– Si hay algo que realmente les repatea a los australianos es que les recuerden que muchos de ellos descienden de presidiarios británicos, ya que los ingleses, que sufrían de super población no sólo en sus cárceles sino en las calles de Londres, se encontraron con un vasto territorio donde poder enviar a su excedente de reclusos. También es verdad que muchos de ellos se enfrentaban a una larga pena lejos de su hogar por el gravísimo delito de haber robado un mendrugo de pan. Pero pese a que muchos de ellos murieron en la travesía en barco, que podía alargarse varios meses, y otros tantos lo hicieron bajo el implacable sol australiano, otros muchos encontraron la recompensa a tantas penurias y cuando recuperaron la libertad, ante la imposibilidad de regresar a su país de orígen, decidieron quedarse en la que ya era su nueva casa y allí hicieron fortuna. Y un último dato: ¿sabías que los aussies (australianos) llaman en sentido despectivo pomes (Prisioners of Mother England) a los británicos?

– A finales del siglo XIX, cerca de 200 australianos llegaron a Paraguay con la utopía de fundar una ciudad que se llamara Nueva Australia. Eran esquiladores y huían de su país debido a la crisis económica que azotaba las tierras australianas. En un principio habían pensado comenzar una nueva vida en Argentina pero descubrieron que Paraguay había perdido a casi toda la población masculina en la Guerra de la Triple Alianza, por lo que el país necesitaba urgentemente hombres, tanto por la mano de obra como para que la población no se diezmara. Cosa difícil esta última cuando su líder, William Lane, un racista de tomo y lomo, se negaba a que sus hombres se mezclaran con las nativas. Al final, debido a luchas internas, la comunidad acabó dividiéndose: aún así, hoy en día cerca de 2.000 paraguayos descienden de aquellos colonizadores.

– A principios del siglo XX, Australia se convirtió, tras su vecina Nueva Zelanda, en el primer país del mundo en permitir votar a las mujeres. Parece mentira que el sufragio universal femenino apenas tenga un siglo de vida (las mujeres aún continuamos luchando con muchas desigualdades) pero en ese sentido nuestros amigos australianos dieron una lección de avances democráticos al resto del mundo. En 1921 entró la primera mujer en el Parlamento, Edith Cowan.

– En Australia, pese a que se bebe menos que en algunos países europeos, el alcohol ha pasado de ser un divertimento a convertirse en una lacra. En un país donde el primer ministro Bob Hawke se jactaba de haber batido un record mundial al beberse dos pintas y media de cerveza en sólo 11 segundos, el gran problema del alcoholismo lo sufren sobre todo los aborígenes, a quienes curiosamente se les prohibía consumir bebidas alcohólicas hasta 1960. Australia es el cuarto exportador mundial de vino, con 750 millones de litros al año. Los vinos australianos no tienen tanta categoría como los españoles o los franceses pero aún así gozan de una inmejorable reputación. Y a los australianos no sólo les gusta beber: también son los que más dinero gastan al año por cabeza en apuestas: aquí viven un 20% de los jugadores mundiales de poker.

– Más del 80% de la fauna australiana es autóctona y no puede verse en ningún otro lugar del mundo (a no ser que sea en zoológicos de otros países y nosotros ya sabéis que los zoos no los queremos ni en pintura). El simpático koala, que duerme 18 horas al día, el canguro y el ornitorrinco son los animales australianos más conocidos; la mayoría de estos animales han logrado sobrevivir durante milenios gracias a que apenas hay animales carnívoros de gran tamaño, a excepción de los dingos (perros salvajes). Los dingos se hicieron famosos en todo el mundo a raíz de aquella fabulosa película protagonizada por Meryl Streep, “Un grito en la oscuridad”, en la que se relataba el caso real de la familia Chamberlain, cuyo bebé fue raptado de una tienda de campaña por un dingo que posteriormente lo devoró. La madre de la niña cumplió injustamente tres años de condena por un crímen que no cometió y la justicia ha tardado 32 años en darle la razón a la familia.

– Hablando de animales: en Australia hay más de 1.500 tipos diferentes de arañas y se encuentran 21 de las 25 serpientes más venenosas del mundo. Es común que las serpientes se introduzcan dentro de tiendas y casas, especialmente en los cuartos de baño. Pero las serpientes no son la única amenaza para el hombre: cocodrilos, pulpos de anillos azules, medusas, caracoles cono de mármol, peces-piedra… es mejor que no te cruces con ninguno de ellos, asi que intenta nadar en zonas permitidas y estate siempre atento a las señalizaciones de “Danger!”. En Australia las encontrarás por todas partes.

– Australia tiene tantos kilómetros de costa que si visitaras una playa al día…¡tardarías 27 años en volver al punto de partida! Aunque algunas por su peligrosidad no son aptas para el baño, otras,como las de Whitehaven, están consideradas de las más bonitas del mundo. A los australianos les encanta el mar: un 80% de la población vive a menos de 100 kilómetros de la costa. Curiosamente, hasta el año 1902 era ilegal bañarse en las playas a la luz del día. Sin embargo, desde entonces Australia ha tenido nadadores famosísimos como Ian Thorpe. E incluso un primer ministro, Harold Holt, fue un día a darse un chapuzón… y nunca más se supo.

– Aunque siempre asociemos la imagen de Australia a un surfista, el país tiene cordilleras (los Alpes Australianos) donde al año cae mucha más nieve que la que reciben los Alpes suizos. Al mismo tiempo, es el único continente del mundo que no cuenta con ningún volcán en actividad. Sin embargo, hace un año los científicos descubrieron en la costa este la línea más larga del planeta de volcanes inactivos: 2.000 kilómetros.

– El selfie, ese ridículo invento del que nosotros siempre renegamos, fue creado aquí: oficialmente se ha reconocido que fue un borracho en el año 2002 el primero en autofotografiarse y ponerle nombre a la historieta. Menuda herencia nos dejó al resto de la Humanidad. Sin embargo, otros australianos trajeron inventos tan prácticos como la aspirina, las alarmas contra incendios, las lentillas y el más importante de todos, la penicilina.

– Naomi Watts, Russell Crowe, Toni Collette, Hugh Jackman, Cate Blanchet, Mel Gibson, Paul Hogan, Nicole Kidman, Olivia Newton-John y el mejor de todos: Errol Flynn. Australia ha sido una tierra prolífica en lo que a actores se refiere. ¿Y cuál es la película que mejor ha promocionado el país? Has acertado: “Cocodrilo Dundee”.

– Pese a su “pasado presidiario”, Australia tiene un nivel bajo de homicidios: uno por cada cien mil habitantes. Compárese con los siete por cada cien mil de Estados Unidos.

– Australia es un país de inmigrantes. Por poner un ejemplo, después de Atenas, la mayor comunidad de griegos del mundo vive en Melbourne. Desde 1945, más de siete millones de extranjeros llegaron a Australia… y allí se quedaron. Más de un millón y medio de ingleses llegaron de tierras británicas y otro medio millón de Nueva Zelanda. Una cuarta parte de la población de Australia ha nacido en otro país.

– Australia es el sexto país más grande del mundo pero en su territorio apenas viven 20 millones de personas, tres por cada kilómetros cuadrado. Y como comentábamos antes, casi todos en la costa sudeste (Melbourne y Sydney tienen más de cuatro millones de habitantes cada una). Hay vastas extensiones de desierto donde puedes ir con el coche cientos de kilómetros sin cruzarte con otro vehículo. Un ejemplo: el Gran Desierto de Victoria es mayor que el Reino Unido.

– Mientras en Europa se conocen 17.000 especies de plantas, en Australia podemos encontrar más de 25.000. Y la cifra continúa creciendo porque prácticamente cada día se descubre una nueva especie.

– Australia es un país extremo en lo que a temperaturas se refiere: se registró la más alta a la sombra (50.7 grados) en 1960 y la más baja, 23 grados bajo cero, en Nueva Gales del Sur.

– La isla de Tasmania puede declarar orgullosa que su aire es el más puro del mundo. El demonio de Tasmania, un animal en peligro de extinción, es su principal reclamo turístico.

– Por cada australiano hay dos ovejas y dieciseis conejos. Los conejos son una de las peores plagas de Australia: al no ser un animal autóctono, no debían defenderse de depredadores por lo que se reprodujeron a unos niveles preocupantes y destrozaron infinidad de cosechas. El gobierno se vió obligado a crear un virus que los exterminara para que no acabaran en pocos años con la vegetación australiana. Los camellos son otro de los grandes problemas del país: es la nación del mundo con más camellos, más de un millón, superando de largo a muchas naciones africanas.

– El lago Hillier, en el archipiélago Recherche, es completamente rosa: los científicos creen que es debido a una bacteria que habita en sus aguas.
– Hay cuatro tipos de boomerangs diferentes pero sólo uno retorna a las manos: The Hunter.

– En Australia, país multicultural como pocos, se hablan más de 200 idiomas, 45 de ellos pertenecientes a los indígenas.

– La generación robada (sobre la que se hizo una maravillosa película de mismo nombre) es uno de los hechos más vergonzosos de la historia de Australia: miles de niños aborígenes fueron arrancados de sus familias por el gobierno y la iglesia y entregados a familias blancas para que les dieran una “buena educación”. Sobran las palabras.