TAILANDIA 2009 – Bangkok

Mi segundo viaje a Bangkok, tres años después de haberlo pisado por primera vez, llegó casi de casualidad. Tenía planificado un viaje a Egipto con un amigo y finalmente a este, a última hora, no le dieron las vacaciones cuando las había solicitado, que eran las fechas en las que habíamos planeado ir. Así que de buenas a primeras me encontré con el dinero ahorrado para el viaje y sin idea de qué hacer o donde ir porque me encontraba en pleno invierno y todos mis amigos estaban trabajando. Comencé a plantearme la opción de irme yo sola a algún rincón del mundo (sin viaje no me iba a quedar) cuando unas amigas me comentaron que se iban a Tailandia y que si me quería acoplar con ellas. A fin de cuentas, les vendría bien ya que yo ya conocía el país y podría ayudarlas con las rutas y a mí se me abría la opción de volver al sudeste asiático. Pero como tenía en mente visitar algún lugar nuevo, las planteé que lo combináramos con Vietnam y así matábamos dos pájaros de un tiro. Ellas podían realizar su viaje tailandés y yo por fin conocer tierras vietnamitas, algo que llevaba persiguiendo mucho tiempo.

Mi idea en un principio era, a principios de Enero, irme primero yo sola a Bangkok, estar allí unos días a mi bola y esperar a que aterrizaran para volar después a Vietnam. Luego volaríamos a Phuket, estaríamos unos días de playeo y cuando ellas se fueran a las islas Phi Phi y Chiang Mai, dos destinos que yo ya conocía, yo volvería a Bangkok para estar una semana ya que iba a tatuarme el brazo con unos tatuadores que había conocido en mi primer viaje, los chicos del Pumpkin Studio en Khao San Road. Como el tatuaje me llevaría dos tardes y quería curarlo bien antes de meterme 12 horas de vuelo de vuelta a España, aprovecharía el resto de la semana para hacer turismo por la capital de Tailandia, una ciudad que me había fascinado en mi primer viaje.

La cuestión fue que compramos los billetes con Thai Airways (qué lujo de compañía, por cierto) ya que aunque nos salían algo más caros, eran directos Madrid- Bangkok. Yo volaría cuatro días antes que ellas pero coincidió que sólo un mes antes del viaje estallaron las revueltas del golpe de estado, los tailandeses secuestraron el aeropuerto durante varios días  y finalmente Thai Airways me ofreció cambiar el billete para unos días después, justamente en el vuelo que iban mis amigas. Así que volamos a Bangkok y desde allí a Hanoi. Al regreso a Tailandia, aún teníamos el corazón en un puño porque no sabíamos como estaría el tema en las calles: en Phuket no se notaba nada de inseguridad pero Bangkok podía ser harina de otro costal ya que allí es donde se encuentra la sede de gobierno y para más inri yo viajaba sola. Pero lo cierto es que cuando llegué el tema ya estaba en calma.

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Aunque cuando trabajaba en revistas realicé muchos viajes sola por temas de trabajo, esta era la primera vez que iba a viajar sola por placer y más a un destino tan lejano. Sin embargo, me atraía la experiencia de poder estar una semana en Bangkok sin tener que ponerme de acuerdo con nadie y planificándome mis propios itinerarios. Además, Tailandia es un país perfecto para mujeres que viajan solas, son muchas las chicas que recorren por su cuenta el país y al menos yo no tuve ningún tipo de inconveniente. Al contrario, al ir sola, conocí muchísima más gente. Cuando por la noche bajaba a cenar a los chiringuitos o me sentaba en una terraza a tomar una cerveza, siempre se me acercaban otros viajeros/as a darme conversación, por lo que al menos a nivel personal la experiencia me resultó súper positiva.

En la anterior entrada de Bangkok en el viaje a Tailandia del 2006 os desgrané a groso modo la ciudad y en esta entrada intentaré hacerlo con mayor información. Mi base de operaciones volvió a ser el hostal New Siam Guesthouse II. Había quedado encantada la primera vez que estuve: era barato (18 euros la habitación doble con aire acondicionado, televisión y baño privado), tenía piscina y, sobre todo, me cogía al lado de Khao San Road que era donde iba a tatuarme. Además, me encanta la zona de Khao San: está llena de bares, restaurantes económicos, agencias de viajes locales y un montón de viajeros de todas las partes del mundo. Para moverme también era perfecto ya que el embarc¡cadero donde para el barco que recorre el río Chao Phraya me pillaba a diez minutos y si tenía que coger taxis, desde otros puntos de la ciudad la carrera apenas me costaba tres o cuatro euros. Al lado del hostal tenía una librería con libros de segunda mano que van vendiendo los viajeros para aligerar peso en la mochila, así que compré unos cuantos para leer por las noches y a planificar los días.

Os comenté en mi anterior viaje que el taxi desde el aeropuerto es bastante barato, unos 8 euros. Sin embargo, como iba sola, cogí uno de los buses de línea que lleva directamente a Khao San y cuyo billete costaba al cambio menos de cuatro euros. El trayecto dura sobre una hora pero como había madrugado bastante para coger el vuelo desde Phuket me vendría bien para echar una cabezadita.

Mi primera visita sería al lugar más atestado de turistas de toda Tailandia: el Palacio Real y el Templo del Buda Esmeralda. Como ya lo había visitado antes y sabía la cantidad de gente que se congrega allí, madrugué bastante para estar a primera hora y entrar practicamente cuando abrieran; así me evitaba las horas más calurosas del día y podía dedicar el resto de la jornada a acercarme a otros rincones cercanos. En la zona de Ratanakosin hauy un montón de lugares interesantes para ver, aunque muchos ya los conociera de mi primera visita, pero iba a ser un gustazo repetir.

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La entrada cuesta 500 bath (poco más de 10 euros) y aunque es cara para los precios con los que nos movemos en Tailandia, las cosas como son, ticket muy bien pagado porque te puedes tirar allí media mañana y el recinto es fascinante. Os recuerdo que hay unas estrictas normas respecto a la vestimenta ya que al encontrarse en el mismo área el Templo del Buda Esmeralda, considerado el más sagrado del país, no se puede entrar en camisetas de tirantes, has entrar con pantalones largos y si llevas chanclas, ha de ser con calcetines. La parada más cercana es la del embarcadero de Chang Pier, no tendréis ni que preguntar, veréis que en el barco prácticamente todo el mundo se baja en el mismo sitio.

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El Gran Palace tiene más de 250 años de vida y a día de hoy es el gran orgullo de Tailandia. Amurallado en un perímetro de casi dos kilómetros, sus cúpulas doradas te enamoran según te vas acercando. Actualmente ya no vive allí la familia real, que a principios del siglo pasado decidió construirse otras residencias y sirve más bien de museo y de atracción turística, aunque de vez en cuando se realizan en él ceremonias oficiales. También sirve como sede de varios edificios gubernamentales, como la Oficina del Secretario del Monarca o los salones del trono. Sorprende la primera vez que lo visitas la majestuosidad de los edificios, con esos tejados dorados reluciendo al sol. Y la segunda vez que vas… te admiras de igual manera, la verdad sea dicha. Ya no sólo por los edificios en sí sino por las curiosas, y en muchos casos gigantescas, figuras mitológicas que se pueden encontrar en el interior: Thotkhirithon (ese gigante verde que ejerce de guardián de los templos), demonios, mujeres aladas, leones chinos… Es impresionante.

Pero el lugar más visitado (y no me extraña) es el majestuoso Templo del Buda Esmeralda. Y eso que la estatua del propio Buda es bastante más pequeña que lo que yo esperaba. Te aviso que no puede ser fotografiado, está prohibido. Tres veces al año, coincidiendo con los cambios de estación, el rey le cambia de vestimenta en solemnes ceremonias.

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El templo, que en realidad se llama Wat Phra Kaeo, es maravilloso. Siempre hay un montón de fieles viniendo a rendir respeto a Buda (hay que entrar descalzo) por lo que ármate de paciencia. Se cree que es la estatua de Buda más antigua del mundo, de ahí su importancia y su desmesurada veneración.

Cuando visites el Grand Palace, no olvides ver la estupenda maqueta de Angkor Wat, las vistosas galerías que relatan la epopeya del Ramayana, el Mausoleo Real, la Biblioteca y deambular entre las fabulosas estupas, casi un centenar, que hay dentro del recinto. Como digo, la visita te puede llevar casi una mañana entera.

Del Gran Palace me fui andando, previa compra de un par de botellas de agua porque el sol daba de lo lindo pese a ser Enero, al Wat Pho, otro de los grandes atractivos turísticos de Bangkok. Aquí se halla el Buda Reclinado más grande Tailandia: 46 metros de largo. Es tan enorme que él solo ocupa casi en su totalidad el interior del recinto. En las plantas de los pies están representadas más de cien imágenes del propio Buda. Además, aquí se encuentra la Escuela de Masajes Tradicionales Tailandeses más importante del país, por si quieres recibir unas clases o que el masaje te lo den ellos mismos. Yo recomiendo que no limitéis la visita al Buda ya que el complejo que lo rodea, con unos jardines grandísimos, es francamente admirable. Chedis impecablemente decorados en honor de los primeros reyes de Tailandia, galerías con estatuas de Buda (que me recordaron mucho a las que ví anteriormente en Ayutthaya), diferentes pabellones… Merece la pena gastar el tiempo que haga falta. Además, pese a la cantidad de visitantes, es un lugar que emana mucha paz, sobre todo cuando te cruzas con los monjes ensimismados en sus meditaciones.

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Una vez que hayas acabado en el Wat Pho, puedes coger el barquito que atraviesa el río para ir al Wat Arun, el Templo del Amanecer. Yo fui en un par de ocasiones, una por la mañana y otra cuando estaba anocheciendo. La torre principal, de casi 70 metros de altura, está decorada con conchas y porcelana y te va a ofrecer unas fabulosas vistas de la ciudad, aprovecha para hacer aquí fotografías. Aproveché para acercarme, ya que no lo había hecho en mi primer viaje, a visitar el Museo de Barcos Reales, con más de 50 embarcaciones expuestas. En este área aproveché para hacer un tour en barco por los khlongs, me costó al cambio unos 10 euros.

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Desde allí me fui a ver el Wat Mahatat, con sus exóticas palmeras (se agradecía la sombra) y sus decenas de vendedores intentando encasquetarte figuritas y amuletos. Y de allí al Wat Prayoon, otro de los templos que parece pasar desapercibido para los turistas, quizás por eso están tan tranquilas las decenas de tortugas de agua que viven dentro. Te recomiendo ya que estás en esta zona que pases a ver la iglesia de Santa Cruz ya que es un lugar bastante singular en Bangkok, una capilla que construyeron los descendientes de portugueses que vivían en Siam en el siglo XVIII.

Dato importante: en Bangkok hay más de 400 templos (wats), en definitiva, que tienes bastante donde elegir. Yo dejaré aquí las recomendaciones de los que me parecieron más espectaculares porque en siete días, os haréis idea de lo que me dió de sí el tiempo. Además, como no iba con nadie, ni me paraba a comer: cogía en algún puesto callejero un tupper de pad thai y lo iba comiendo por el camino.

Templo del Buda de Oro (Wat Traimit) – Acoge la estatua de oro más importante del mundo (más de cinco toneladas de peso).  Se encuentra muy cerca de la estación de trenes más importante de Bangkok, Hualamphong, así que puedes ir a verlo, por ejemplo, el día que vayas a Ayutthaya si haces la excursión por tu cuenta.

Wat Ratchanatdaram Woravihara – Conocido también como Loha Prasat (el Castillo de Hierro), para mí uno de los más elegantes de Bangkok. Además, la entrada es gratuita.

Wat Saket – Se encuentra en la cima de la Golden Mountain. Has de subir casi tres centenares de escalones pero obtendrás a cambio unas vistas estupendas de Bangkok. Está muy cerquita de Khao San Road, asi que también le fuí a disfrutar un par de veces. Cuando más me gustó fue al caer el sol.

Wat Bowonniwet – También cerquita de Khao San y apenas visitado por los turistas, por lo tanto, más que recomendable. Su estupa de más de 50 metros de altura es colosal.

Wat Indrawiharn – Otro de los templos que, afortunadamente, no suele aparecer en las rutas turísticas y que, en mi opinión, es ineludible. Impacta la gigantesca estatua de Buda pero aún más los complicados murales interiores.

Wat Benchamabophit – Se le conoce como el templo del Mármol. Le rodean más de 50 estatuas de Buda.

Sri Mariammam – Para variar un poco en tu ruta de wats thais, deja espacio, si estás por la zona de Silom, para este fabuloso templo hindú.

Wat Suthat – Enfrente tienes el Giant Swing, asi que no tiene pérdida.

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Bangkok es grandísimo (diez millones de personas), así que mi recomendación es que dividas la ciudad por áreas. Si vas a Silom te recomiendo dar una vuelta por el Parque Lumpini, ya que es un oasis en medio de tanto tráfico (por eso recomiendo moveros en barco antes que en taxi). A mi aquí cerca la zona de Patpong no me gusta nada porque es donde está el barrio rojo con las prostitutas y es un espectáculo bastante miserable (no por ellas, pobres, sino por los babosos de los clientes) pero merece la pena acercarse alguna noche al mercado nocturno, compré allí ropa chulísima. Y por favor, no acudas al Mercado de las Cobras, donde tienen medio drogadas a esas pobres serpientes.

Siam es la zona de los centros comerciales. Puedes combinar la visita cultural a la Casa de Jim Thomson, de la que ya os hablé en la entrada del viaje del 2006, con una jornada de compras y la visita al Erawan Shrine y el Pathum Waranam Temple. Como curiosidad, has de ver el Phallic Shrine, cerca del Sweissotel, con sus cientos de penes de madera pidiendo fertilidad para las mujeres a las que les cuesta tener hijos.

En el área de Pratunam también cuentas con unos cuantos mercadillos callejeros bastante interesantes. Así podrás admirar de paso el rascacielos más importante de Bangkok, el Baiyoke, que además tiene un mirador (la entrada cuesta 300 baths). El Suan Pakkad Palace, con bonitas casas tailandesas, está en esta zona y es otra visita bien recomendable. Además, los jardines colindantes son soberbios.

Recomiendo, de nuevo, Chinatown como un barrio imprescindible. En mi anterior viaje incluso me alojé aquí a la vuelta de Phuket en un hotel chino-chino con una decoración fabulosa (la bañera era una tinaja inmensa donde cabía de pie una persona). Darse una vuelta por los callejones cercanos a Salang Lane, estrechísimos y atiborrados de tiendas, es toda una experiencia. Puedes fotografiarte en la majestuosa China Gateo visitar el Wat Mangkon Kalamawat, el Templo del Dragón de Loto. Completaría la visita dando una vuelta por el Marcado de los Ladrones: no, los vendedores no lo son pero ofrecen cualquier cosa de segunda mano que se te pase por la imaginación. Y si estás cansado de curry verde, aprovecha para comer en Chinatown, que hay unos restaurantes chinos buenísimos y baratos.

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Aprovechando que me coincidía fin de semana, madrugué para acercarme a Chatuchak, el mercado más grande de Tailandia, con cerca de 15.000 puestos. Venden absolutamente de todo y además dividido por gremios, lo que hace más fácil la búsqueda de gangas. Es una locura, volverás al hotel sin un céntimo. Además, es fácil venir, sólo has de coger el skytrain hasta Mo Chit. Hablando de compras, eso ya va por gustos, yo nunca he ido al mercado flotante de Damnoen porque varias personas me comentaron que se había convertido en una turistada. Eso ya va en las preferencias de cada uno.

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