Un castillo templario en Peñíscola

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Hace unos años, en uno de mis viajes a Valencia, aprovechamos para acercarnos con el coche a uno de los pueblos más bonitos de Castellón, Peñíscola. Dejando aparte lo precioso que es el pueblo, al que el turismo, sobre todo en verano, no ha logrado arrebatar el encanto de sus callecitas empedradas, que aún guardan ese aire morisco de sus tiempos medievales, nuestro principal objetivo no eran tampoco las playas, de las que también disfrutamos, con algunas calas escondidas de aguas turquesas. Lo que nos empujó más a conocer Peñíscola fue el precioso Castillo del Papa Luna, uno de los mejor conservados de España.

Para llegar hasta el castillo has de subir hasta el alto del peñón, que es donde se encuentra. Lo bueno es que mientras irás recorriendo esas callecitas que comentaba antes, de casitas blancas y tiendas minúsculas que han sabido respetar la arquitectura original de este acogedor pueblo mediterráneo. La entrada al castillo cuesta sólo 3,50 euros.

El Castillo del Papa Luna es muy controvertido debido precisamente a que el Papa Luna estaba considerado como el antipapa. La Iglesia considera que un antipapa es alguien que intenta ocupar ilegalmente el puesto de Papa, aunque no necesariamente tiene que estar en contra de las doctrinas católicas. El zaragozano Papa Luna tuvo un corto papado bajo el nombre de Benedicto XIII hasta que Francia le retiró su apoyo.

A principios de 1400 el Papa Luna se instaló en Peñíscola y aquí ocupó el castillo, que también servía como biblioteca pontificia y que estaba considerada una de las más completas de su época. El castillo lo habían construído los templarios en 1307 sobre los restos de una antigua alcazaba árabe, a semejanza de los que ya habían construído anteriormente en Tierra Santa. Tiene más de 20 metros de altura, protegido por las robustas murallas tan características de los castillo-fortaleza. Brinda unas vistas preciosas tanto del pueblo como del mar pero lo más impactante es recorrerlo por dentro, qué bien han sabido los restauradores recrear la vida de hace 700 años. Armaduras, escudos, mobiliario de la época, blasones, armas… Podrás visitar la iglesia e incluso las antiguas mazmorras, donde se exponen los tétricos instrumentos de tortura que se usaban con los prisioneros. O pasear por sus bonitos jardines interiores, que en época de buen tiempo suelen acoger obras de teatro, exposiciones y diferentes eventos sociales.

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