SUECIA – Estocolmo 2016

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Aunque en este mismo blog tenemos otra entrada bastante extensa con los viajes que hemos hecho por Suecia, que han sido unos cuantos, al volver a incluir a Estocolmo en este último viaje que hemos hecho por Escandinavia, he querido hacer una guía de la capital sueca que complemente a dicha entrada de blog (no obstante, te recomiendo que consultes ambas). Tal vez tenga fama de ciudad cara (que lo es) pero comparándola con otras capitales nórdicas, es bastante más asequible que Oslo, Helsinki y Copenhague y en mi opinión, la más bonita de las cuatro.

Nosotros esta vez volábamos desde Tallin con la compañía de bajo coste Air Baltic. Era la primera vez que la utilizábamos y lo cierto es que el vuelo nos salió tirado, no llegó a los 50 euros. El único inconveniente fue que un mes antes nos avisaron que tendríamos que hacer una escala en Riga al haber un cambio de última hora y entre avión y avión apenas había 25 minutos. Pero nos aseguraron que no habría problema y aunque tuvimos que ir corriendo con la lengua fuera por los pasillos mientras por megafonía nos avisaban que estaban esperando a Mr. García y Miss Ruiz, no tuvimos mayor contratiempo.

Si aterrizas en el aeropuerto de Arlanda, lo más cómodo y económico es moverte a la ciudad en autobús (el tren sale muchísimo más caro). Por unos 12 euros el trayecto, puedes coger uno de los autobuses de Flygbussarna, que salen cada diez minutos, te dan wifi gratis y en 55 minutos te plantan en City Terminalen, la estación central de Estocolmo. El precio del trayecto es de unos 12 euros. Recuerda que en Suecia utilizan la corona; esta última vez que estuvimos el cambio aproximadamente 1 euro=10 coronas suecas. En la mayoría de los sitios se puede pagar con tarjeta de crédito.

Como cuando llegamos a Estocolmo era muy pronto, apenas las 9 de la mañana, y el check-in de nuestro hotel no se realizaba hasta las 15,00, decidimos dejar las maletas en las taquillas de las consignas que tienes en la propia terminal e irnos a patear por el centro. Aviso que el alojamiento en Estocolmo es muy caro. En otras ocasiones me había hospedado en los hostales que se ubican en los barcos que hay atracados en varias de las islas pero esta vez los ojeamos y al ver que se habían subido bastante de precio, decidimos mirar otras opciones. Después de mucho buscar, encontramos un hostal (aunque, como veis abajo en la foto de la habitación, más bien parecía un hotel) bastante céntrico, a apenas cuatro paradas de metro del casco antiguo, Gamla Stan.  Es el hotel Skanstull y la habitación doble con baño nos salía a 90 euros la noche; aunque no incluían el desayuno, sí te ofrecían gratis el café y el té, asi que como teníamos un supermercado enfrente, comprábamos allí los bollos para el desayuno y nos apañábamos. La recepción cierra a partir de las 20:00, después de esa hora has de acceder con la tarjeta de tu habitación por una puerta lateral. Pese a que la mayor parte de los huéspedes eran mochileros, nos pareció un sitio bastante tranquilo y además tenían un saloncito bastante majo para tomarte las cervezas por la noche; estas también las comprábamos en el super de enfrente aunque recordad que en los supermercados sólo venden alcohol de menos de 5º, por lo que teníamos que conformarnos con marcas suecas bastante mediocres pero bueno, menos da una piedra!

Esta vez estuvimos en Estocolmo tres días completos con sus correspondientes noches y es tiempo más que suficiente para recorrer los puntos más importantes de la ciudad. Una recomendación que voy a hacer antes de que comiences a moverte por la ciudad es que ya que el metro es bastante caro (a una media de 3,50 euros el trayecto) te hagas con tarjetas de 10 viajes, ya que se reduce el precio por billete cerca de un euro. Si tienes alguna duda, consulta en las taquillas, que los trabajadores son súper amables y te resolverán cualquier duda.

El metro de Estocolmo, el Tunnelbana, funciona muy bien, tiene cerca de cien estaciones, está muy limpio y los trenes pasan con mucha asiduidad; además, los fines de semana el horario se alarga hasta las 03:00, por lo que te puedes permitir estirar las noches en el centro. Y ahora viene lo más alucinante: el propio metro es una galería de arte subterránea, al estilo del de Moscú. 90 de las 100 estaciones existentes cuentan con obras de arte de más de 150 artistas, hasta el punto de que desde T-Centralen en los meses de verano se ofrecen visitas guiadas en inglés. Aunque como hicimos nosotros, bien puedes hacer esta “excursión” tú solo, ya que lo único que has de hacer es irte bajando en las diferentes paradas e ir admirando el espectáculo. Fijaos qué bonitas son algunas de ellas, como esta de Fridhemsplan, que emula el interior de una cueva y donde hasta podrás ver expuestos barcos y anclas.

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Antes de dejar atrás el metro (también existen buses, tranvías y ferries pero a nosotros esta nos parece la forma más cómoda y rápida de moverse de un lugar a otro), recordarte que en la estación central, T-Centralen, hay una oficina de información turística grandísima donde podrán asesorarte y coger folletos y mapas. Y un apunte más: la Stockholm Pass, que en anteriores viajes utilicé para descuentos en el transporte, ha desaparecido, debido a que el transporte público de Estocolmo arrastra una fuerte deuda y ya no compensaba; a cambio ahora existe la Stockholm Card, que ofrece descuentos en cerca de 60 museos pero es muy cara, unos 50 euros por cada 24 horas (vamos, el doble de lo que nos costó la misma tarjeta en Oslo, siendo Noruega un país mucho más caro que Suecia), lo que te obliga al ver tres museos diarios si quieres que te merezca la pena. Nosotros decidimos no adquirirla porque aunque íbamos a visitar museos, también íbamos a andar mucho: Estocolmo es una ciudad que ofrece infinidad de atracciones al aire libre y nos parecía un desperdicio de dinero. Pero ahí ya entra cómo cada uno quiera distribuirse las vacaciones.

Comencemos nuestro recorrido por Gamla Stan, el casco antiguo de Estocolmo y en mi opinión uno de los más bonitos de toda Europa. Es cierto que lo he visitado un montón de veces pero cada vez que vuelvo a recorrer esos callejones empedrados, sigo quedándome con la boca abierta. El Old Town (o como lo conocen los suecos, staden mellan broarna, el pueblo entre puentes) se ubica en una de las más de 24.000 islas que tiene el archipiélago de Estocolmo, el más grande de toda Suecia. Y es por ello que Estocolmo está considerada “la ciudad de los puentes”, ya que estos son los que unen unas islas con otras.

Antes de adentrarnos en la Ciudad Vieja, un pequeño recuerdo para una de mis esculturas favoritas en Estocolmo, Hemlös Räv. En la esquina de la calle Strömgatan se encuentra esta entrañable zorra-mendiga que nos pide no olvidarnos de los más necesitados.

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Gamla Stan se encuentra ubicado sobre tres islas: Stadsholmen, Riddarholmen y Helgeandsholmen. En esta última, ocupando la mitad de su extensión, se halla uno de los edificios más importantes de la capital sueca, el Rikstag o Parlamento Sueco: de los 349 diputados, casi la mitad (un 45%) son mujeres.

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En Gamla Stan actualmente residen poco más de 3.000 personas pero es el punto más visitado de la ciudad con diferencia. Sus callejones medievales comenzaron a construirse en el siglo XIII por los mercaderes alemanes, quienes poblaban el vecindario en aquella época y cuya mejor herencia ha sido la Catedral de San Gertrudis, una de las más bonitas de Estocolmo.

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Aunque no tan impresionante pero sí la más antigua de la ciudad (data de 1279) aquí también podemos visitar la Catedral de San Nicolás de Estocolmo, con su figura de San Jorge matando al dragón, que también puede encontrarse en otras iglesias europeas. Y este de aquí abajo es el Museo Nobel, que desde hace 115 años entrega los premios mejor reputados del mundo en artes como las ciencias o la literatura: los únicos españoles galardonados en el último siglo con este prestigioso reconocimiento fueron Juan Ramón Jiménez, Severo Ochoa, Vicente Aleixandre, Jacinto Benavente, José Echegaray y Santiago Ramón y Cajal.

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Stortorget (la Plaza Mayor) no sólo es la más bonita y colorida de Estocolmo, también es la más antigua (Gamla Stan estaba plagado de tabernas y aquí también se encontraba la primera taberna que se abrió en la ciudad que, curiosamente, se llamaba “La Uva Española” aunque actualmente, aparte de restaurantes, varias viejas viviendas son utilizadas por diversas asociaciones para obras de caridad). Aún se encuentra en activo la Apoteken Korpen, la Farmacia del Cuervo, que está en activo desde hace 300 años (aunque la original se ubicaba unos bloques más para allá) y Den Gyldenen Frenen (El Palacio de Oro), uno de los restaurantes más antiguos del mundo.

En el pasado, Gamla Stan vivió episodios tristísimos, como el de las 90 personas que murieron ejecutadas en el siglo XVI cuando el ejército de Dinamarca invadió la ciudad, y a principios del siglo XX era considerado un barrio mísero de mala muerte que, por fortuna, fue rescatado de las garras de la pobreza, por lo que cualquier sueco tiene un respeto inamovible hacia este encantador barrio que hoy es el corazón de Estocolmo.

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El Palacio Real de Estocolmo, la residencia oficial de los monarcas suecos, con sus 600 habitaciones es uno de los más grandes del mundo. Te recomiendo que no te pierdas la ceremonia del cambio de guardia que se realiza todos los días a las 12,00. Yo ya la había presenciado varias veces pero os confieso que esta vez tuvo algo de surrealista porque parte del recinto palaciego se encontraba en obras de restauración y mientras salían los soldados, muy estirados y muy elegantes ellos, también salieron de las garitas como Pedro por su casa (a fin de cuentas, estaban currando) un par de albañiles con sus termos de café y sus bocatas.

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Si venís a Gamla Stan (y aunque ya os lo recomendé anteriormente en mi otra entrada de blog sobre Suecia), insisto: no os vayáis sin comer o cenar alguna noche en uno de mis restaurantes favoritos, el restaurante vikingo Medeltidskrogen Sjatte Tunan. El local, cuyo restaurante se encuentra en el sótano, es precioso, totalmente medieval, y las recetas de la comida también provienen de dicha época: ¡sabrosísima! Nosotros aprovechamos que era el cumpleaños de mi marido para ir una noche allí a celebrarlo, yo no veía la hora de volver. Recomendable que reservéis (si no queréis llamar podéis hacerlo mediante la página de El Tenedor) porque suele ser un lugar muy solicitado precisamente por su ambiente tan especial. Para ser Estocolmo y lo estupendo que es el sitio, una cena para dos, con cervezas artesanales incluidas, nos salió por 70 euros, tampoco nos pareció excesivamente caro.

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La calle Drottninggatan (la Calle de la Reina) es la calle peatonal más comercial de todo Estocolmo. En los últimos tiempos, acaso debido a lo fuerte que ha estado el euro respecto a la corona sueca, me ha sorprendido ver cómo habían bajado bastante los precios de ciertas cosas en Suecia respecto a otros viajes anteriores: por poner un ejemplo, en las tiendas de souvenirs podías comprarte una camiseta por apenas cuatro euros. Y a la hora de comer, tres cuartas de lo mismo, cerca de esta misma calle, en pleno centro, uno de los días comimos en un buffet asiático grandísimo por apenas 11 euros por persona. Los restaurantes internacionales eran nuestra mejor opción: comer en un tailandés no nos salió por más de 12 euros y cenar en un restaurante griego por poco más de 10. En Estocolmo hay mucha y muy variada oferta gastronómica y, además, a precios de lo más competitivos, en ese aspecto Estocolmo es una ciudad bastante asequible.

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Hablando de restaurantes, ahora os recomiendo otro de mis imprescindibles cada vez que vengo a Estocolmo: el Anchor. Probablemente mi restaurante favoritísimo en toda Escandinavia. Y no porque la carta sea espectacular (que, aún así, tienen unas hamburguesas de carne de ciervo riquísimas) sino porque, a nivel musical, aquí tocan habitualmente las bandas más importantes de rock de toda Suecia. Asi que es una visita ineludible cada vez que vengo.

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Y otro apunte para los rockeros como nosotros: a nivel de bares musicales, pocas ciudades en Europa ofrecen lo que Estocolmo nos da a los melómanos. Hay un montón repartidos por la ciudad y muchos de ellos además te permiten comer mientras las bandas tocan en directo. Pero nuestro favorito hoy en día es, con diferencia, el Harry B. James. Grandísimo, buenos precios, mejor música e increíble ambiente, especialmente los viernes, que es cuando celebran las sesiones de Dirty Nights, con mucho hard rock de los 80; tuvimos que ir pronto para poder coger mesa : ¡qué delicia de lugar!

Si tenéis tiempo, es buena idea que os deis un paseo por la plaza de Gustav Adolfs Torg, donde se encuentra la Ópera, y gastéis unas cuantas horas cruzando por los puentes de unas islas a otras; gozando de buen tiempo, como tuvimos nosotros, Estocolmo es una ciudad de lo más agradable para hacérsela caminando.

Como os comento, al haber viajado varias veces a Estocolmo, esta última vez no repetí en algunos museos que ya conocía (como el Junibacken, dedicado a Pippi Langstrump, en España conocida como Pippi Calzaslargas, pero que os recomiendo a todos los que esta simpática pelirroja fuera una de las heroínas de vuestra infancia, como me ocurría a mí). Sin embargo, sí quise volver a recorrer dos de los museos que más me gustan de la ciudad, pese a que la entrada a cada uno de ellos cueste casi 20 euros. Pero es que merecen ambos muchísimo la pena.

Para ir a verlos, has de dirigirte a la Isla de los Museos, que se encuentra a unos quince minutos andando del centro. En esta isla se encuentran los museos más importantes de Estocolmo, por lo que a nivel cultural bien puedes gastar un día entero “saltando” de uno a otro, desde el de ABBA al Museo Nórdico (que es este de la foto de abajo y que también os recomiendo, yo lo he visto en un par de ocasiones y es interesantísimo su repaso por la historia de Suecia).

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El primer museo al que me refiero es el Museo Vasa, en el que se puede admirar el único navío de guerra del siglo XVII del mundo que ha llegado intacto a nuestros días en un 90% de su totalidad. Es el museo más visitado de toda Escandinavia y aunque parezca que al ser “sólo un barco” la visita no da mucho de sí, te aseguro que sus seis plantas, en las que se repasa concienzudamente no sólo la historia del barco sino también de todo lo que encontró en su interior, da fácilmente para una visita de entre dos y tres horas.

Aunque evidentemente el Vasa no se puede visitar por dentro ya que constantemente está siendo restaurado y en la sala se mantienen unos niveles de humedad y temperatura constantes para impedir su deterioro, es una maravilla poder admirarlo desde fuera. De hecho, son muchos los que cuando lo ven por primera vez piensan que La Perla Negra, el precioso galeón que comandaba Jack Sparrow en las películas de Piratas del Caribe, debió inspirarse en el Vasa cuando fue diseñado. Pero el Vasa es un barco real, tan real que al verlo en vivo y en directo has de frotarte los ojos para creer lo que tienes delante.

Y es que es un auténtico milagro que haya sobrevivido hasta nuestros días, gracias a las especiales condiciones del fondo marino donde naufragó, con un suelo arcilloso que lo protegió durante más de tres siglos de la erosión de las aguas. Concebido como el mayor barco de guerra construido jamás, la ambición del rey Gustavo II fue al mismo tiempo la responsable de su naufragio: al darle un puente extra, el barco no logró estabilizarse y se hundió nada más salir del puerto, recorriendo apenas 300 metros y hundiéndose frente a las costas de Estocolmo. Ni en sus peores pesadillas imaginaba el monarca una travesía tan efímera.

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En el Vasa no sólo se encontraron un montón de objetos de la época, desde cubiertos a ropa, armas, libros y diferentes utensilios sino también 30 cadáveres, los de las personas que se encontraban en las plantas inferiores y a los que no les dio tiempo a salir cuando el barco comenzó a hundirse. Gracias a las nuevas tecnologías, se ha logrado reconstruir con gran realismo cómo sería el físico de dichas personas, como podéis ver en la fotografía de abajo.

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Además, en otra de las plantas se ha recreado cómo sería por dentro el salón del comandante y se muestran diferentes maquetas del Vasa por dentro. Exposiciones interactivas, mobiliario y vestuario de la época, explicaciones completísimas del trabajo de los marineros… la visita al Vasa Museum merece muchísimo la pena.

El otro museo que os aconsejo también que no os perdáis en Skansen. Ya sabéis (como habréis leído en otras entradas de mis entradas del blog de Oslo o Tallin) que a los nórdicos les encanta “fabricar” pueblos al aire libre con casas de época traídas de diferentes partes del país. Fundado en 1891, Skansen se convirtió en el primer museo al aire libre del mundo: son más de 300.000 metros cuadrados donde se pueden visitar (también por dentro) más de 150 casas de los últimos cinco siglos de la historia de Suecia. Predominan sobre todo las granjas pero también se han reconstruido auténticos barrios de pueblo con sus correspondientes panaderías, carpinterías, tiendas de especias y talleres de diferentes tipos. Incluso podrás encontrar iglesias, molinos, majadas y hasta casas de los samis (Suecia también tiene su propia Laponia).

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