JAPON 2014 – Luna de miel en nuestro tercer viaje japonés

No habían pasado ni diez meses desde nuestra última aventura japonesa y ya estábamos de nuevo con las maletas preparadas para volver a nuestro país favorito. Esta vez con todo el cansancio acumulado de la boda, pues sólo tuvimos el domingo por medio para recuperarnos de todo el trajín. Pero como siempre comento, sarna con gusto no pica y preparamos las maletas con más ilusión que nunca. Tanto mi marido como yo somos unos enamorados de la cultura japonesa y no podíamos soñar mejor destino para nuestra luna de miel.

Esta vez volábamos con Japan Airlines, la compañía aérea nipona que a punto había estado de desaparecer sólo unos meses antes por problemas económicos, y que sinceramente, nos sorprendió para bien, una de las mejores aerolíneas con las que hemos volado jamás. Asientos anchos (lo que se agradece mucho en viajes tan largos), unas azafatas francamente eficientes y el detalle de ofrecer menús japoneses. La escala la hacíamos esta vez en Helsinki. Desde allí, diez horas de vuelo y ya estábamos de nuevo en el aeropuerto tokiota de Narita. Nos recibieron unos siniestros carteles avisando de que se realizarían exámenes sanitarios a todos los pasajeros procedentes de países con riesgo de ébola (no era nuestro caso). A pasar los trámites de inmigración (esta vez, pese a las colas, no tardamos más de quince minutos) y a acercarnos a las oficinas del Japan Rail del aeropuerto, ya que allí teníamos que validar nuestro bono de tren para los 15 días (332 euros por el pase de 2 semanas). Sigo insistiendo en que si quieres recorrer Japón, esta es la forma más económica de hacerlo y además la más rápida. Aconsejo también que en los trenes hagáis reserva de asientos el día previo de cada viaje ya que en nuestro caso nos encontramos muchos trenes realmente llenos. Tardas un momento en hacerlo y te evitas complicaciones.

Como Tokio lo dejaríamos para el final del viaje, cogimos los billetes para irnos directamente desde el aeropuerto a Kyoto, haciendo trasbordo en la estación central de Tokio. Mi chico era la primera vez que iba a recorrer Japón en tren, ya que en el viaje del año pasado estuvimos sólo en Tokio, y no hacía más que repetirme lo eficientes y modernísimos que son los trenes japoneses, por no hablar de la amabilidad de los revisores, que realizan una reverencia a los pasajeros cada vez que entran y salen del vagón. Tened siempre a mano el Japan Rail y vuestro billete correspondiente ya que el 99% de las veces os lo pedirán para confirmar que no sois “polizones” (lo de colarse en cualquier transporte público es algo que no entra en la cabeza de ningún japonés, qué diferencia con nuestro país, es envidiable…)

Para ir de Tokio a Kyoto lo hicimos en el famoso Shinkansen, el tren bala, en un trayecto de aproximadamente tres horas. Lo cierto es que en este tercer viaje a Japón iba a visitar bastantes sitios que ya conocía de mi primer viaje a Japón en 2010 pero estaba encantada con repetir. Mi marido no conocía aún Kyoto y era uno de los lugares que más ganas tenía de enseñarle, pues me había quedado con la sensación de que era la ciudad más bonita de Japón con muchísima diferencia. Volver a recorrer los rincones que tanto me fascvinaron en aquella primera ocasión pero esta vez con mi pareja fue una experiencia inolvidable que no cambiaría por nada del mundo.

En mi primera vez en Kyoto, lo cierto era que había quedado tan contenta con el alojamiento (y sobre todo con su dueña, Kaori ¡qué encanto de mujer!) que decidimos repetir en el mismo sitio, el ryokan Chita Guest Inn. Juan quería probar la experiencia de dormir en una típica habitación japonesa, en futones sobre tatamis, y qué mejor ocasión que esta. Kaori se alegró muchísimo de volver a verme cuatro años después (pero esta vez casada) e incluso hasta nos vino a buscar a mitad de camino, y eso que el ryokan está a sólo diez minutos andando de la estación central de Kyoto. El Chita seguía siendo tan encantador como antaño: habitaciones bastante amplias para ser Japón y aunque baños y duchas son compartidos, no tuvimos que esperar nunca para poder usarlos. Además, tienes un salón y cocina a tu disposición, por lo que comprábamos algún bollo y así desayunábamos en el ryokan e incluso alguna noche que llegamos reventados y no nos apetecía salir a cenar nos trajimos un par de bandejas de sushi. Muy contentos de habernos vuelto a alojar allí. No tenemos nada más que buenas palabras para ellos.

Empecemos el recorrido por la ciudad. Como en el blog del viaje a Japón en 2010 ya desgrané la ciudad a fondo, esta vez no me extenderé tanto, a excepción de los lugares que la primera vez me quedaron pendientes y que en esta ocasión sí que visitamos (caso de Arashiyama). Ya comenté en el otro blog que en Kyoto lo que interesa es moverse en autobús,ya que dichas rutas son las que están más cercanas a los templos. Recuerda que se entra en ellos por la puerta trasera y pagas al salir por la delantera. Si vas a coger más de dos buses en el mismo día, interesa hacerse con un Bus Pass de un día por sólo 500 yenes. Pueden comprarse en la oficina que hay en el exterior de la estación central de tren y allí mismo te darán un mapa con las rutas de autobuses por la ciudad.

El primer lugar al que fuimos fue el que más me gustó en mi anterior visita: el amplio recinto del templo de Kiyomizu-dera. Está en lo alto de una colina y posiblemente, junto al Templo de Oro, sea el más visitado de la ciudad. Para llegar hasta aquí, coge el bus en la JR Kyoto Station y bájate en la parada de Gojozaka. La entrada cuesta 300 yenes y está abierto hasta las 18:00.

En la puerta de entrada al templo con unas japonesas simpatiquísimas vestidas con los trajes tradicionales

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Estos peques también quisieron posar para nosotros

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El cementerio que se encuentra a las faldas del templo

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El Yasaka Shrine, otro de nuestros templos favoritos. Aquí incluso nos encontramos dentro con una ceremonia religiosa

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El Shorenin Temple y sus jardines espectaculares

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El Ryozen Kannon es un memorial que se contruyó en homenaje a los japoneses caídos en la Segunda Guerra Mundial. Lo preside esta estatua de Buda de 24 metros de altura.

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Las bonitas casas de época del distrito de Gion, donde tradicionalmente se forman las pocas geishas que ya quedan.

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El Kinkakuji, el Templo de Oro, probablemente la imagen más conocida de Kyoto. Te las verás y las desearás para poder hacerte una foto sin un montón de gente alrededor. Nosotros lo conseguimos.

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Unas cuantas fotos más de Kyoto

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Una excursión que me quedé con las ganas de hacer la primera vez fue al área de Arashiyama, a las afueras de Kyoto. Quisimos aprovechar además el buen tiempo del que estábamos gozando (como veis, estábamos en manga corta en pleno mes de Octubre) para irnos a pasar el día a una visita que destaca por su exuberante naturaleza. Para llegar hasta aquí debes coger la JR Sagano Line, que te deja aquí en unos quince minutos.

Arashiyama se encuentra en las montañas del oeste de Kyoto, a las orillas del río Oi. Visitarla en otoño es ideal ya que los colores son indescriptibles. Especialmente espectacular es pasear por los frondosos bosques de bambú. La visita te va a llevar fácilmente toda la mañana ya que hay mucho que ver. Hay multitud de templos (los más importantes el Tenryu-ji, con unos jardines de quitar el habla, Daikakuji, Jokakkoji, Gioji, el templo Nisonin…) Además, puedes subir a las colinas a ver a los monos o perderte entre los cientos de senderos que recorren la zona. Aunque sea muy turística, te aseguro que merece mucho la pena.

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Los bosques de bambú

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Ya que con el Japan Rail te plantas en Osaka en poco menos de media hora (hay un montón de trenes al cabo del día), otro de los días lo gastamos allí. En mi primer viaje a Osaka había quedado también pendiente la visita al castillo, uno de los más famosos del país. Aunque por dentro no se ha mantenido el mobiliario original, creo que merece la pena la visita, ya que dentro se encuentran varias exposiciones que te adentran en cómo era la vida de los samuráis. Y además, tendrás unas vistas fabulosas del skyline de Osaka.

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Como Osaka a nivel cultural tampoco es que tenga mucho más para ver, gastamos el resto del día en Namba, que está llena de tiendas alucinantes y luces de neón, por no hablar de la cantidad de gente que hay en sus calles, ya que esta es la zona comercial más animada de toda la ciudad. Aquí una foto con Kani Doraku, el famoso cangrejo que ya es un símbolo para la ciudad.

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La calle Dotonbori, muy cercana al canal, está plagada de restaurantes típicos japoneses. Este es uno de los grandes atractivos de los que disfrutamos, ya que queríamos ir a Osaka ya que precisamente aquí es donde mejor se cocina el takoyaki, las bolas de pulpo. Están deliciosas.

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Las calles de Osaka. Todo un deleite para la vista.

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En este tercer viaje a Japón, ya que estábamos teniendo “sobredosis” de ciudades grandes, decidimos incluir unos cuantos días en Takayama. Se sitúa en la zona de Gifu, en lo que se conoce como los Alpes japoneses. Desde Kyoto, usando el JR Pass, debíamos ir hasta Nagoya y allí hacer un rapidísimo trasbordo: en total, entre cuatro y cinco horas de viaje. Pero qué queréis que os diga, el viaje en tren me pareció espectacular, surcando montañas y ríos. Como me alegré de haber incluído Takayama en la ruta. Preciosísimos los paisajes.

En cuanto al alojamiento, nos salió bastante bien: habíamos reservado en el hotel Super Hida (precio 60 euros por habitación doble, desayuno japonés incluído). Las habitaciones son bastante pequeñas, algo habitual en los hoteles japoneses, pero está muy cerquita de la estación de tren y de los puntos turísticos más importantes. Personal muy amable y además te regalan un montón de productos de belleza de esos que difícilmente encuentras fuera de Japón.

Mucha gente aprovecha la visita a esta zona para acercarse a ver el pueblo tradicional de Shirakawago. Sin embargo, vimos que la excursión de una mañana salía bastante cara (unos 30 euros por persona) y que además te llevaban a matacaballo. Por ello decidimos ir mejor a ver Hida No Sato, a la que se puede ir caminando desde el centro de Takayama (caminata de media hora larga pero el paisaje rural es bien bonito) y no creo que tenga nada que envidiar a Shirakawago si lo que quieres es meterte de lleno en el modo de vida del Japón feudal. La entrada es bastante barata, 700 yenes.

Hida No Sato es una aldea tradicional convertida en un museo al aire libre, con más de 30 casas del periodo Edo (1603-1867). En realidad estas casas estaban en otro lugar pero se reubicaron aquí todas juntas para que nos hiciéramos una idea de cómo se vivía en aquella época. Normalmente en invierno se encuentra completamente nevada (por ese motivo los tejados de las casas llegan hasta el suelo, para que la nieve no los hunda). La mayoría eran granjas y se pueden visitar por dentro (descalzándote,claro). Hay hasta un lago precioso del que se nutrían las plantaciones de arroz.

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El centro histórico de Takayama es uno de los mejor conservados de todo el país. Está plagado de tiendecitas de souvenirs donde aprovechamos para hacer bastantes compras. Especialmente en la calle Sannomachi encontrarás un montón de casas de época, algunas reconvertidas en tiendas y restaurantes. Además, es uno de los lugares de Japón donde mejor se elabora el sake (a mi marido no le gusta mucho pero yo me considero fan incondicional). Podrás visitar además galerías de arte, antiguos mercados y museos que exponen la historia de la ciudad.

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Ya que he mencionado los restaurantes, aparte de la de kobe, en Japón hay otra carne deliciosa que quizás no es tan conocida fuera de sus fronteras pero que sin embargo a los japoneses les vuelve locos: la ternera de Hida, muy típica de esta región. Nosotros aprovechamos para catarla en uno de los restaurantes locales y quedamos encantados. Además, el precio de la comida no salió caro, si tienes en cuenta que aquí está considerada una comida de lujo: unos 18 euros por persona. La forma de comerla es muy curiosa: se sazona con diferentes especias y luego se riega la carne con una sopa.

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Vistas de las montañas desde el puente Nakabashi. No es mala idea que des una vuelta por los alredores del puente para disfrutar de los mercados que se celebran a primera hora de la mañana.

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El templo Kokubunji, uno de los más antiguos de la ciudad, es uno de los más impactantes de Takayama. Tiene la particularidad de las muñecas sarubobo, que en la antigüedad elaboraban las abuelas para sus nietos.

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Algunas fotos más de Takayama

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Volvíamos a Tokio (de nuevo al hotel Sakura Ikebukuro) pero lo cierto es que como ya nos conocíamos la ciudad bastante bien debido a los anteriores viajes (te remito a otras entradas en mi blog de los viajes a Japón) estos días los dedicamos básicamente a hacer compras (de nuevo volvimos a arrasar en las tiendas de discos de segunda mano y en las tiendas de ropa de la Takeshita Dori). Asi que la verdad que visitas culturales hicimos bastante pocas esta vez. Eso sí, no perdí la oportunidad de volver a fotografiarme por tercera vez con mi querido Hachiko.

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De nuevo en las calles de Akihabara, aunque esta vez tocó lluvia

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Como tampoco queríamos quedarnos con la impresión de haber dedicado estos últimos días nada más que a compras (la verdad es que Japón en ese sentido es un derroche, hay tantas cosas y a tan buen precio que nos tocó comprar una bolsa extra para traernos las compras), uno de los días lo dedicamos a visitar Kamakura, una pequeña ciudad costera en la prefectura de Kanagawa y que constituye una de las visitas más bonitas de todo Japón. El trayecto desde Tokio lleva aproximadamente una hora de viaje.

El Gran Buda de Kamakura, el Kamakura Daibutsu, es acaso la imagen más conocida de la ciudad. Esta descomunal escultura de bronce, la más grande de Japón después de la de Nara, justifica por sí sola la visita a la ciudad. Para llegar hasta aquí recuerda que tienes que bajarte en la Hase Station.

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Kamakura está plagada de templos asi que reserva un día entero si quieres visitar los más relevantes. Los más importantes son el de Hase Dera, lleno de jizos (ya os hablé de los jizos en otro blog, son estatuas que velan por las almas de los niños fallecidos), el santuario sintoísta de Tsurugaoka Hachimangu, el templo Zeniarai dentro de una cueva (nos encantó!), Engakuji Temple, el Kenchoji, Tokeiji (donde antiguamente se acogía a mujeres maltratadas que si pasaban aquí tres años, podían divorciarse), el templo Myohonji… hay un montón, ahí abajo os dejo las fotos. Además, después de las visitas puedes pasar un rato comprando en la calle Komachi-dori, una larguísima avenida plagada de tiendas de todo tipo.

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