ITALIA – Venecia

Comenzaré esta entrada de blog con este resumen: por muchas veces que la hayas visto por televisión, en fotografías, por mucho que te hayan contado, la belleza de Venecia supera todo lo imaginable. Pero, sobre todo, es romántica hasta unos niveles insospechados. Si puedes recorrerla con tu pareja, como hicimos nosotros, te aseguro que la disfrutarás el doble.

Veníamos desde Roma y teníamos la posibilidad de hacerlo en bus (muchas horas), tren (muy caro) y avión (lo más rápido y económico, poco más de 40 euros el trayecto), asi que optamos por esta última opción. Hora y cuarto de trayecto con Alitalia y aterrizábamos en el aeropuerto de Marco Polo, donde mi consejo es que antes de irte a la ciudad, pases por los mostradores de transporte público y te hagas con la Travel Card. A priori puede parecer cara (cogimos la de 3 días, 48 euros) pero a nosotros nos compensó, ya que nos cubría el trayecto desde y hacia el aeropuerto, autobuses y, sobre todo, vaporettos (los barco-buses), que fue lo que más usamos. Si tienes en cuenta que cada billete individual sale por 7 euros, echa cuentas. Y por favor, no hagais la insensatez de colaros, que es algo muy habitual entre los turistas: nosotros vimos un montón de revisores en los vaporettos y la multa que te cae no es pequeña.

Alojarse en Venecia es incluso más caro que Roma: un hotel muy normalito, tirando a viejo y con muchas carencias, no te va a bajar de 150 euros. Mi recomendación es que hagais como nosotros y busqueis alojamiento en Mestre. Está a sólo diez minutos de la isla de Venecia en autobús (no se tarda nada) y es una zona muy agradable para quedarse, sin avalanchas de turistas. En nuestro hotel no se oía por la noche ni una mosca y teníamos a dos minutos el autobús que nos llevaba a Venecia (línea 12) y al aeropuerto (línea 15). Es muy buena opción aunque te salga el vuelo temprano ya que los buses para el aeropuerto a partir de las 06,30 ya están funcionando (si volveis un domingo, como nosotros, pasa a las 07,15, tardas un cuarto de hora al aeropuerto).

El hotel donde estuvimos fue el Delle Rose (Via Millosevich 46). Nos salió la habitación doble por 85 euros cada noche con desayuno buffet incluído. El personal del hotel, amabilísimo, nos dieron un montón de indicaciones. Todo muy limpio, ubicación estupenda y además tienes muy cerquita un supermercado enorme. Nosotros aprovechamos por ejemplo para comprar allí paquetes de pasta italiana para traernos a España,a precios normales, no como en las tiendas de Venecia, donde la bolsa de medio kilo suele costar seis euros. Ese es otro tema que aviso: en general Venecia es una ciudad muy cara pero como veis, ya voy dando consejos para que os vayais ahorrando dinerito.

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La mayoría de los autobuses van a dejarte en Piazzale Roma, el último lugar al que se puede llegar a Venecia por carretera. A partir de ahí, mi consejo es que lo primero, lleves un mapa porque Venecia es un laberinto de callejones y recovecos (muchas calles no tienen más de metro y medio de ancho). Lo segundo, que aunque lleves una ruta más o menos trazada, a menudo te olvides de ella y te dediques a dejarte llevar. Callejear y perderse fue lo que hicimos durante todo el viaje: es la única manera de encontrarse con tesoros escondidos que no te esperas.

Aunque Venecia tenga un total de 120 islas, sólo hay una que se denomine plaza, la de San Marcos, que es con la que comenzaremos el relato. Todo lo demás, plazas más o menos grandes, se denominan campos o campielli precisamente porque en la antigüedad se utilizaban estos espacios abiertos como campo de cultivo. Aún así, algunos son enormes y todos tienen en común la atmósfera tan embriagadora que los impregna: son rincones absolutamente únicos.

La Plaza de San Marcos es uno de los lugares que he estado a nivel mundial donde más turistas llegan a concentrarse por metro cuadrado. Si Roma es turística, Venecia lo es aún más: suma a los turistas que van unos días a la ciudad los que llegan a la isla en uno de esos cruceros por el Mediterráneo que tienen aquí su punto de salida y llegada y dejan a sus pasajeros unas horas en la ciudad. Por cierto, que el ayuntamiento local en los últimos meses ha estado debatiendo con ahínco la búsqueda de soluciones para este problema, el de la cantidad de barcos gigantescos, ciudades flotantes, que llegan a estas aguas. Los venecianos están hartos del tema (había un montón de pancartas reivindicativas colgando de las ventanas) y parece ser que la alternativa será ampliar uno de los canales para que los barcos se agrupen en dicha área.

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La Plaza de San Marcos se comprende que sea el punto más visitado de Venecia: es bellísima. En ella además se encuentran tres de los edificios más importantes de la ciudad (la Basílica, el Campanile de San Marcos y el Palacio Ducal), por lo que la foto junto a ellos es lo que todo el mundo quiere llevarse de recuerdo. Eso sí, no cometas el error de tomarte un café en algunas de sus terrazas, que es en lo que muchos caen: diez euros un café, la consumición mínima. Aquí, al igual que os comenté en Roma,se aprovechan del visitante todo lo que pueden y más, ahí luego está en cada uno si les sigue el juego o no, que hay muchas formas de evitar este tipo de abusos (el ejemplo, una noticia de la que nos hicimos eco hace no mucho, unos americanos a los que les habían cobrado 48 euros por 3 helados en Roma).

El Campanile, el campanario de San Marcos, con sus 100 metros de altura es un punto de referencia dentro de Venecia (es el más alto de la ciudad). Lo que hoy vemos es una reconstrucción, exacta a la original, ya que la torre se desplomó en el año 1902. En su interior persisten cinco campanas que, según la que se tocara, anunciaba un suceso u otro, desde condenas a muerte, las nueve en punto, inicio y fin de jornada laboral, reuniones del Senado o llamada a los miembros del Consejo.

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El Palazzo Ducale (Palacio Ducal) fue residencia de los dux, los máximos responsables a nivel gobierno de Génova y Venecia. Su cargo desapareció cuando Napoleón Bonaparte y sus tropas invadieron ambas ciudades. El palacio, una de las más bonitas representaciones de la arquitectura gótica en el mundo, está hecho de mármol rosa y blanco y su fachada va cambiando de color según la vaya dando el sol a lo largo del día.

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La Basílica de San Marcos, el templo más importante de Venecia, con más de cuatro kilómetros cuadrados de mosaicos, retablos con piedras preciosas y el tesoro que se trajeron de tierras turcas tras la invasión de Constantinopla (la verdad que a mí me recordó un montón a la principal mezquita de Estambul, Santa Sofía). En la antigüedad, se obligaba a los mercaderes ricos a realizar donaciones para dotarla de más lujo si cabe. Dentro se encuentra, entre obras de arte incontables, la tumba de San Marcos, uno de los cuatro evangelistas.

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Una de las imágenes más conocidas de Venecia: las columnas con el león alado y el gondolero. El león simboliza la figura de San Marcos y es el emblema más característico de Venecia. Está representado en un montón de rincones venecianos, desde el Campo Manin hasta la fachada del propio Palacio Ducal.

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Te recuerdo que en los aledaños de la Plaza de San Marcos también puedes encontrar el Museo Carrer, el más importante de la ciudad, el Arqueológico y la Biblioteca Nacional Marciana. La entrada conjunta a los tres edificios cuesta 16 euros. Y otro apunte: varias veces al año se produce el fenómeno del acqua alta, que es cuando las aguas del mar Adriático suben cerca de un metro. La Plaza de San Marcos es el primer lugar en verse inundado, por lo que se colocan pasarelas para que la gente pueda atravesarla: no está de más que traigas las botas de agua.

Vamos ahora a otro de los puntos más visitados de Venecia:el Puente Rialto. Es el más antiguo de los que cruzan el Gran Canal (los otros son el Puente de la Academia, el Puente de los Descalzos y el Puente de la Constitución) . Justo a sus pies se encuentra el animado Mercado Rialto, con sus puestos de frutas y verduras, donde podrás acercarte un poco más a la vida diaria de los venecianos y de paso tomarte un ombre con cichetti (vino con tapa). Y si quieres llevarte un recuerdo curioso, te aconsejo que te acerques a la plaza de San Giacomo, donde se encuentra la estatua de El jorobado de Rialto. Los ajusticiados de antaño eran obligados a realizar una carrera contrarreloj desde San Marcos hasta aquí, durante la cual los ciudadanos venecianos podían pegarles todos los latigazos que se les antojara. Por eso cuando llegaban hasta ella, se abrazaban a la estatua, exhaustos tras varios minutos de tortura.

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Durante el resto del relato, voy a ir saltando de unos puntos a otros de la geografía veneciana, unos más conocidos y otros no tanto. Quiero, sin embargo, comenzar por un lugar un sitio muy especial, muy siniestro y que muestra muy bien esa cara tan misteriosa de Venecia. Porque nosotros como más disfrutamos fue identificándonos con esa Venecia oculta, de intrigas políticas, sociales y amorosas, de crímenes en esquinas oscuras, de cadáveres tirados a los canales, de fantasmas, de casas encantadas y hasta de vampiros (en una fosa común se encontró el cadáver de una mujer enterrado con un ladrillo en la boca hace cinco siglos, cuando la creencia popular la calificó de vampiresa). De hecho, hasta existe una calle del Diablo (la calle del Diavolo) donde se dice que eLucifer se aparece cada Nochebuena en forma de gato negro. Pues bien, hablamos del palacio maldito por excelencia, el Palazzo Dario, cruzando el Gran Canal hasta el distrito de Dorsoduro.

El edificio se construyó a finales del siglo XV sobre las tumbas de un antiguo cementerio templario, lo que le ha hecho arrastrar su fama de casa maldita. Pero claro, es que los sucesos posteriores dan mucho que pensar. Sus primeros dueños, un matrimonio, murieron uno suicidándose y la otra en la pobreza más absoluta. La siguiente familia que adquirió el palacio vió como uno de sus miembros era asesinado. Después llegaría el Marqués Abdoll, que tran instalarse aquí perdió toda su fortuna y murió en la indigencia. Unos años después, los nuevos dueños se suicidaban tras descubrir la mojigata sociedad de la época su oculta relación homosexual. Charles Briggs, un americano que se convirtió en el siguiente inquilino, huyó de la casa al conocer su macabro pasado, lo que no le salvó de la maldición: su novio también acabó suicidándose. El tenor Mario de Monaco intentó entonces comprarla pero al tener un accidente de coche, desistió. Los siguientes serían otros dos homosexuales: uno mató a otro y después se quitó la vida. Vendría después Christoher Lambert, manager de The Who, quien tras hacerse con el palacio, murió en otra residencia al caerse por las escaleras. Fabricio Ferrari, el siguiente dueño, falleció en un accidente de coche y su hermana fue encontrada muerta desnuda en un descampado. Su actual dueño, un estadounidense, lo compró hace seis años… y de momento sigue vivito y coleando, lo que no ha evitado que los venecianos continúen conociendo al Palazzo Dario como el “Palacio Asesino”.

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Ya que estás por esta zona, te recomiendo que te acerques a ver la Basílica de Santa María della Salute. Es preciosa tanto por dentro como por fuera. Se levantó para celebrar el fin de la plaga de peste que azotó Venecia y en su interior tiene pinturas de Tiziano y Tintoretto.

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Esta de aquí abajo es la iglesia de San Nicola de Tolentino, imitando a los antiguos templos griegos, lo que ya le otorga una apariencia de lo más peculiar. Sus pórticos corintios son una excepción única en Venecia. No muy lejos, a unos quince minutos andando, te recomiendo que te pases por el Ponte dei Pugni (Puente de los Puños) que aunque en cuanto a arquitectura no es nada espectacular, esconde detrás una historia muy peculiar. Si te fijas bien, en las cuatro esquinas del puente hay cuatro huellas: esto señalaba donde debían colocarse los rivales, pertenecientes a los Nicolotti y los Castellani, que durante años arreglaron aquí sus problemas a puñetazo limpio, la mayoría de las veces con uno de los púgiles cayendo al canal. A principios del siglo XVIII decidió prohibirse tan bárbara costumbre.

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Hablando de puentes, menuda cagada la de Calatrava. Aquí el arquitecto de moda, que cobra millonadas por obras que se caen luego a cachos, ha hecho una aberración de proyecto que en absoluto tiene que ver con la delicada arquitectura veneciana. Feo y encima se le ha denunciado desde el ayuntamiento por encarecer el presupuesto final y hacer mal el diseño, lo que ha provocado decenas de accidentes: el suelo es resbaladizo y a la que caen cuatro gotas, súper peligroso. La que aquí escribe una de las veces a poco se tuerce un tobillo al cruzarlo y una chica se pegó delante nuestra un guantazo de campeonato.

La iglesia de San Barnaba fue popularizada por “Indiana Jones y la última cruzada” (¿cuántos miles de películas se habrán rodado en Venecia?)

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Esta de aquí abajo es la Scuola Grande di San Rocco, creada por una asociación de venecianos con intención de ayudar a los más pobres, especialmente en la época de la peste. Todo el interior está decorado por Tintoretto.

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Y justo al lado, la Iglesia de San Rocco

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Los preciosos canales venecianos

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Vamos a hacer una pequeña paradita para reponer fuerzas. Puedes hacerlo comiendo pizza al peso y para ello te recomiendo un local pequeñito que hay en Crosera San Pantalon, justo al lado del puente. Siento no recordar el nombre pero estaban especializados en pizzas sicilianas (de las mejores que he tomado nunca) y con una ración ibas servido, eran el equivalente en tamaño a tres de las que te ponen en España. También te puedes alejar de los puntos más turísticos y buscar en los callejones restaurantes más asequibles de precio, que era lo que hacíamos nosotros (aún así, calcula unos 18 euros por persona por un plato de pasta, bebida y alguna ensalada a compartir). Uno de ellos fue el restaurante Rio Freri, donde comimos unos estupendos tallarines negros con sepia y aprovechamos para catar el spritz, la bebida típica de Venecia. Es un cocktail a base de vino blanco o seco (lo mejor es utilizar prosecco, que es precisamente italiano), soda y campari o aperol: yo preferí el de aperol que es algo más dulce. Está riquísimo.

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La Basílica de Santa María Gloriosa die Frari tiene el campanario más alto de Venecia, por detrás del Campanile de San Marco. Aunque su exterior pueda parecer algo austero, en el interior se encuentran multitud de pinturas y las tumbas de muchos personajes importantes de la sociedad veneciana.

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Venecia es famosa por su Carnaval, el más importante del mundo. Tal vez asista más gente al de Río de Janeiro en lo que son unas celebraciones mucho más populares pero el de Venecia es más elitista, de hecho en la antigüedad venían a disfrutarlos aristócratas de toda Europa, atraídos por las promesas de diversión, placer y desenfreno (ya sabéis que Venecia es la ciudad del amor y aquí nació el seductor más famoso de todos los tiempos, Giacomo Casanova). En realidad, el orígen del Carnaval es altamente erótico: esta festividad nació para que la nobleza pudiera mezclarse con el resto de los ciudadanos… y tanto que se mezclaron, era la excusa para tener aventuras amorosas con quien te apeteciera y sin importarte su status social. Pero no creais que los venecianos se disfrazaban sólo en Carnaval, lo hacían en cualquier época del año y era habitual que la gente saliera vestida así a la calle (aunque había que pedir previamente un permiso a las autoridades). Los disfraces más típicos son el de arlequín (un personaje que se burlaba de los codiciosos), el pantalone (un mercader que acaba en la pobreza), la polichinela (el personaje más positivo de todos y mi favorito, siempre saliendo de mil entuertos con una sonrisa), el pierrot, las colombinas con sus lujosos vestidos del siglo XVIII… Sobra decir que el mejor souvenir que puedes traerte a casa es una máscara. Las hay de diferentes precios y con unos diseños súper originales, nosotros compramos una de una calavera y otra de un gato. Hoy en día, venir a Venecia en época de carnavales supone hacer la reserva hotelera con meses de antelación y enfrentándose a precios astronómicos.

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Vistas de la iglesia de San Giorgio Maggiore

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El barrio judío de Venecia, conocido como Il Ghetto y cuyo nombre se aplicó a otras juderías del mundo, es un lugar mucho menos visitado que otras zonas de Venecia y, sin embargo, a mí fue de lo que más me gustó. Se encuentra en el barrio de Cannaregio. Aun quedan judíos viviendo aquí (pocos aunque nos cruzamos algunos con sus barbas y sus característicos tirabuzones). Te recomiendo que antes de visitarlo, si no lo has hecho ya, veas la película “El Mercader de Venecia” de Al Pacino porque entenderás mejor cómo era el modo de vida en esta judería veneciana hace siglos. Podrás encontrar pastelerías que venden dulces hebreos y hasta cinco sinagogas de las nueve que existían inicialmente.

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En este barrio también se encuentra la Iglesia de San Geremia, a sólo diez minutos andando de la estación de tren de Santa Lucia. Aunque su interior es bastante sobrio, como Lourdes o Fátima es un punto de peregrinación para los devotos, que viajan hasta aquí para venerar a la santa.

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Venecia y sus rincones de cuento

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La Iglesia de la Madonna dell’Orto estaba dedicada en un principio a San Cristóbal, el patrón de todos nosotros los viajeros, pero posteriormente su culto se cambió a la Vírgen María. La mandó construir la órden religiosa de los Humiliati, quienes años después fueron expulsados de la Iglesia Católica y condenados a desaparecer por sus “costumbres depravadas”.

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Las góndolas, el medio de transporte que ha hecho famosa a Venecia en todo el mundo. Estas preciosas embarcaciones de más diez metros hoy sólo tienen un papel simbólico y orientado al turismo (ojo que un viaje de media hora suele costar 80 euros) pero antiguamente servían como transporte habitual de mercancías y pasajeros. Hoy sólo quedan menos de 700 en funcionamiento.

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Dos de las visitas que os recomiendo no os perdais (mucha gente no las hace por falta de tiempo, en mi opinión a Venecia no deben dársele menos de tres días) es a las islas de Burano y de Murano, situadas a unos 45 minutos en vaporetto desde Venecia. A nosotros fue de lo que más nos gustó del viaje.

Burano nos gustó especialmente. Muy pequeñita, con sólo una iglesia (que como vereis en las fotografías de abajo está totalmente torcida debido a que sus cimientos se hunden en el agua), caracterizada por sus preciosísimas casitas de colores y una tradición ancestral, la del ganchillo (la leyenda cuenta que fue una sirena la que enseñó este arte a las mujeres de la isla). Hoy en día no viven en ella más de 4.000 personas y es un lugar súper especial, de los que se quedan en el corazón de por vida.

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Murano es la segunda isla más grande de la Laguna Veneciana, después de la propia Venecia. Aparte de por sus bonitos canales, es famosa por su vidrio (el cristal de Murano es de los más caros del mundo). Las pintorescas calles están llenas de tiendas donde se exponen y venden todo tipo de objetos de cristal, auténticas obras de arte.

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