ITALIA – Roma

Tras toda una vida viajando, lo cierto es que muchas veces me había preguntado “¿qué me ha llevado a retrasar tanto tiempo el viaje a Roma cuando, sin embargo, es una de las ciudades que más he deseado conocer?” Pues un cúmulo de motivos que, en la práctica, me he dado cuenta que son bastante secundarios. El primero: todo el mundo me decía “Roma es carísima!”. Bueno, esto es una verdad a medias. Para empezar, he estado en países muchísimo más caros, caso de Noruega o Dinamarca (también es verdad que el de Oslo fue un viaje de trabajo en el que me lo pagaron todo pero claro,veía los precios de las cosas). En realidad, Roma es cara si no te buscas la vida y si te emperras en comer/cenar en los puntos más turísticos (también nos pasó algún día, ya lo leereis en el relato) pero os recomendaré un montón de trucos para ahorraros dinero. El segundo: está tan llena de turistas que en ocasiones no puedes ni andar. Esto sí que es cierto (que nos lo digan a nosotros que encima llegamos un domingo) pero para este tema también hay varias soluciones. El tercero: mis únicas escapadas a Italia (tres para más inri) habían sido a Milán. He ido precisamente tres veces por temas de conciertos, a ver giras de Mötley Crüe, porque los billetes aereos salían bien de precio pero honestamente, la ciudad, por mucho que la publiciten como capital de la moda, es fea, sucia y con un nivel de delincuencia considerable. Y muestra de “la excepción confirma la regla”, al contrario que el resto de Italia, apenas tiene un patrimonio artístico que justifique la visita. El cuarto: en verano en Roma hace un calor de morirse. Lo hace, sí, y eso que fuimos a finales de Septiembre. Pero también he estado en lugares más calurosos y eso no me ha echado para atrás. Asi que cada vez que llegaban unos días de vacaciones, Roma y Venecia siempre estaban en mi mente pero al final, pobrecitas ellas, acababan siendo sustituidas por otros lugares.  Y como decidí que tendría que ir antes de cumplir los cuarenta, ya no íbamos a retrasarlo mucho más. Bendita la hora en que nos decidimos. Ambas ciudades, pero sobre todo Roma, me han enamorado completamente. Sin dudarlo, uno de los mejores viajes que hemos hecho jamás.

A Roma se puede llegar por medio de dos aeropuertos, el de Ciampino y el de Fiumicino. Nosotros utilizamos ambos, asi que os daré instrucciones para moveros en uno y en otro. El de Ciampino es utilizado principalmente por compañías de bajo coste, por lo que es muy probable que sea donde aterrices. Nosotros llegábamos desde Polonia (vuelo con Ryanair Cracovia-Roma unos 70 euros aproximadamente). Para ir de Ciampino a la ciudad, escogimos el bus de Terravision: nada más salir, verás los mostradores que te ofrecen el trayecto (precio 4 euros, tiempo de viaje 45 minutos).  Sale aproximadamente cada media hora. En cuanto a Fiumicino, puedes llegar hasta aquí en tren desde la estación de Trastevere, el precio es de 8 euros y los trenes salen cada media hora.

El bus te deja en la principal estación de autobuses de la ciudad, Termini. Viene muy bien para enlazar con un montón de líneas de buses y metro y esta zona también es donde se amontonan los hoteles y pensiones más baratos. Bueno, lo de barato es un decir. En Roma es temporada alta todo el año y, como París, tiene el inconveniente de tener muchísima oferta hotelera pero a precios que se corresponden poco con la calidad. En Termini, en esas fechas, encontrar una habitación con baño compartido en hostales (que no hoteles) y medianamente limpio no bajaba de 80 euros la noche. Había que añadirle que por la noche es de las zonas más inseguras de la ciudad (por eso es la más barata). Asi que de nuevo íbamos a recurrir a Airbnb. Nos habíamos separado de nuestros amigos en Polonia, pues ellos ya volvían a Madrid, y continuábamos el viaje mi chico y yo solos, por lo que buscaríamos un estudio: para los dos tampoco necesitábamos algo mucho más grande, nos bastaba con que estuviera limpio y bien situado. Insisto en lo de la ubicación porque nuestra intención en todo momento era quedarnos en el que, para mí, es sin  duda el corazón de Roma y su barrio más bonito y encantador: el Trastevere. ¡Cuantas veces nos felicitamos por la elección!

Encontramos al final un estudio pequeñito y súper agradable en el Trastevere pero no en pleno meollo sino a diez minutos andando de las calles de restaurantes, lo que encima nos permitía dormir sin ruido por la noche y estábamos a cinco minutos de la estación de tren de Trastevere. La dueña, Monica, una mujer amabilísima, había adaptado de un modo muy hippie un pisito situado en el entresuelo, haciéndolo súper cómodo, con su aire acondicionado, cocina, baño privado y wifi, y dejándonoslo a un precio imbatible: 65 euros la noche. Hasta tuvo el detalle de dejarnos un montón de cosas para el desayuno y ofrecernos usar su lavadora, ya que vivía en el piso de arriba. Mejor no podíamos estar, mucha mejor opción esta que la de habernos quedado en un hotel.

las noches, cuando bajan las temperaturas y se llenan sus terrazas, está bastante bien comunicado con el centro histórico. Nosotros solíamos usar sobre todo el tranvía 8, que pasa muy frecuentemente (cada diez minutos) y en menos de quince minutos te deja en Piazza Venezia. Dependiendo de lo que vayas a usar los buses y tranvías, compensa hacerte o no con la Roma Card. Nosotros no la cogimos porque usamos poco el transporte público, Roma es una ciudad que hay que conocer andando, andando y andando. Cuando cogíamos el tranvía, comprábamos los billetes en unos kioskos cercanos (1,30 euros el viaje). Recuerda que al subir, has de convalidar el billete en unas máquinas amarillas que hay dentro del tranvía en vez de enseñárselo al conductor.

El relato de un viaje a Roma puede hacerse infinito asi que me va a llevar bastante tiempo preparar esta entrada de blog. Aún así, por mucho que hayas visto, todos los que la visitamos regresamos con la sensación de “lo que nos ha quedado por ver!”. Su patrimonio es interminable. Es un auténtico museo al aire libre. Si antes de visitarla tenía la idea de que Praga y París eran las ciudades más bonitas que había visto en Europa, rectifico totalmente: después de este viaje, no me queda duda de que hay pocos lugares como Roma en el mundo. De esos lugares que cuando te vas, sabes que acabarás volviendo para seguir descubriéndola. Porque, como os digo, Roma no se acaba nunca.

El recorrido por la ciudad voy a intentar hacerlo geográficamente, centrándome por zonas para que a la hora de planear el viaje sepais más o menos como distribuiros los días. Las jornadas pueden dar de sí mucho o poco dependiendo de cómo te las distribuyas pero lo ideal es que cuando visiteis una zona u otra, sepais exactamente la lista de todo lo que querais visitar para no veros obligados a volver luego (aunque por Roma, también es cierto, habrá sitios por los que pasarás indudablemente varias veces, aunque sólo sea por el placer de volver a admirarlos). Hazte con un buen mapa y a repartir: repito lo de hacer listas,que no es ninguna tontería. Hay tantos sitios interesantes para ver que lo mejor es llevarlo todo apuntado.

Comenzaremos, cómo no, por el único monumento que a día de hoy puede rivalizar con las Pirámides de Egipto, uno de los más visitados y fotografiados del mundo, donde más turistas por metro cuadrado pueden concentrarse en un solo día y que tal vez aumentan aún más la sensación, cuando te ves por primera vez delante de él, de que te encuentras ante un lugar mítico: El Coliseo Romano. Nosotros fue el primer sitio que fuimos a ver tras dejar las maletas (aunque no lo visitamos por dentro con tranquilidad hasta días más tarde) y nos quedamos, como todos los que estaban allí, con la boca abierta. Esta sí que es una de las Siete Maravillas.

Como en el Coliseo se forman unas colas de órdago, de las que tardas dos horas en coger los tickets, yo os recomiendo que os vayais a la taquilla del Foro Romano, que está a cinco minutos andando, y compreis la entrada combinada Coliseo-Foro Romano-Palatino (precio 16 euros). Allí apenas hay colas. Entras, ves el Foro Romano y el Palatino (a los que iremos después) y luego te vas al Coliseo y entras directamente con tu entrada, sin esperas. Roma no es un lugar para permitirse perder horas sin motivo.

El Coliseo de Roma, pese a no ser el mejor conservado del mundo (mis padres, por ejemplo, estuvieron en el de El Djem en Túnez y no veais qué fotos,ese sí que está completísimo!) sí es el más carismático por otras razones, la principal por donde está, lo que representó en época romana y la importancia que ha tenido siempre a nivel histórico, por muchos dos milenios que hayan pasado desde su máximo esplendor. No sé si los romanos se imaginarían entonces que dos mil años después estaría invadido por seres del futuro con unos curiosos objetos denominados cámaras fotográficas pero cuando estás dentro del Coliseo, a tí sí que no te cuesta imaginarte cómo serían aquellas tardes al sol, con hombres con toga disfrutando del espectáculo de las luchas entre gladiadores, cristianos y panteras.

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El Coliseo fue a partir del siglo I, cuando se construyó bajo el nombre de Anfiteatro Flavio, uno de los edificios más importantes del Imperio Romano. Se pasó a conocer como Coliseo porque cerca estaba el desaparecido actualmente Coloso de Nerón y el nombre le viene como anillo al dedo: sus ochenta gradas tenían capacidad para 50.000 espectadores, todo un logro para esa época. De hecho, fue el anfiteatro más grande del imperio. Los romanos lo utilizaron durante 500 años pero no creais que después cayó en desuso: las siguientes civilizaciones que pasaron por Roma celebraban aqui sus espectáculos; luego, sin embargo, comenzó el expolio, llevándose piedra a piedra el Coliseo para la construcción de otros edificios, hasta que, para salvarlo, el Papa lo convirtió en santuario cristiano y ha podido sobrevivir hasta nuestros días. Una de las pocas cosas buenas que ha hecho la Iglesia.

El Coliseo era muy popular entre la sociedad romana. Yo siempre digo que los juegos de entonces (aunque en estos se perdían vidas humanas) eran la versión previa de nuestro fútbol actual:miles de personas en un estadio vitoreando a sus héroes. Los romanos, en ese aspecto, podían alargar las celebraciones durante días (se ignora cuantos miles de muertos cayeron en esa arena) y llegaban a unos puntos de originalidad tales que organizaban batallas navales ficticias llenando el foso del Coliseo de agua.

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Como siempre he sido muy seguidora de la cultura romana (recuerdo que cuando tenía 9 o 10 años mi padre me regaló “Yo,Claudio” y ahí comenzó mi enamoramiento), he leído muchos libros, reales y ficticios, acerca del Imperio más importante de la Historia. En uno de ellos, hablando de la crueldad de muchos de sus emperadores, se contaba la anécdota de que Calígula, en un ataque de locura, en mitad de unos juegos en el Coliseo ordenó que se fuera todo el público: el que no hubiera podido salir antes de diez minutos, sería ejecutado. Se extendió un pánico general que provocó avalanchas y aplastamientos en las puertas, gente que se caía por gradas y escaleras, ancianos pisoteados. Y sí, los que se quedaron dentro murieron ejecutados. Cuando te ves dentro del Coliseo y recuerdas esas historias, mientras admiras en sus museos interiores esculturas y mosaicos que son una oda a la belleza, te preguntas como una misma civilización pudo ser tan culta y avanzada y  al mismo tiempo tan sádica y retrógrada.

Dentro del Coliseo se exponen un buen puñado de piezas, extraídas de excavaciones realizadas en el siglo XIX…

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Justo al lado del Coliseo se encuentra el Arco de Constantino, una de las reliquias romanas que mejor ha sobrevivido a las guerras y la contaminación. Que en Roma hay y mucha. La mayoría de los desplazamientos se realizan por la superficie: hay metro (nosotros lo cogimos algún día) pero aparte de estar viejísimo, se encuentra muy limtado ya que muchos lugares no se pueden excavar porque Roma es un yacimiento inabarcable de ruinas. Os comento esto porque una de las cosas con la que sí debéis tener mucho cuidado en Roma es con los pasos de cebra. Que estén pintados en el suelo no os garantizan prioridad en absoluto. El conductor romano está harto de turistas y no sólo tendrás que estar atento para que no te atropellen sino que más de uno hasta te acabará insultando. Estas cosas se arreglarían con un guarda de tráfico, sobre todo en los puntos más concurridos, especialmente en la Piazza Venecia, donde cruzar a la otra acera era una aventura digna de los más temerarios.

Pero volviendo al Arco de Constantino, esta mole de 21 metros de altura se levantó para conmemorar la victoria de Constantino I El Grande en la batalla de Puente Milvio. Se encontraba en medio de la Via Triumphalis, por la que desfilaban orgullosos los emperadores cuando volvían victoriosos de las campañas militares, mientras miles de romanos les vitoreaban y gritaban su nombre.

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Como todos sabéis, Roma se encuentra ubicada entre siete colinas pero la más importante y también la más visitada es el Monte Palatino. Comento esto porque ya os dije antes que la entrada combinada incluye Coliseo- Palatino- Foro Romano. Asi que nuestra siguiente visita será el Palatino, a muy poca distancia del Coliseo.Atención especial en esta visita a la gente con problemas de movilidad y sillas de ruedas: aunque hay rampas, deambular por aquí puede estar un poco complicado ya que hay muchas subidas y bajadas, zonas de arena y, por supuesto, calles empedradas. Ha sido mucho lo que nos ha quedado de época romana pero eso incluye también caminar entre ruinas.

A mí el Palatino y el Foro Romano fue de lo que más me gusto del viaje. Y eso que el recorrido entre ambos no te lleva menos de tres horas y nos hizo un calor de pleno verano (unos 32º). Aunque a diario lo visiten miles de personas, lo cierto es que el área es tan grande que quitando en un túnel donde nos topamos con una clase de un colegio, tampoco te sentías agobiado.Insisto en que antes de ir sabía que quedaba muchísimo del Imperio ¡pero es aún más de lo que pensaba!

El Palatino es el auténtico corazón de Roma: ya estaba poblado mil años antes de Cristo. La leyenda cuenta que aquí se fundó Roma, pues fue donde la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo, los personajes imaginarios que fundaron la ciudad. Por este motivo, era habitual que aquí se celebraran las Fiestas Lupercales cada 15 de Febrero, donde desfilaban sacerdotes adolescentes obligados a pasar la prueba de vivir como lobos, cazando en los bosques con sus propias manos.

El Monte Palatino es en realidad una colina a tres niveles donde con el paso de los años se fueron acumulando edificios y monumentos, sobre todo cuando comenzó a considerarse la zona lujosa de Roma y aquí se instalaron a vivir emperadores, senadores y familias de clase alta. De hecho, la palabra “palacio” proviene de Palatino. Aunque con el paso de los años, al irse expandiendo la ciudad, comenzó a perder su prestigio, eran muchos los romanos que lo continuaban considerando un monte sagrado y siempre tuvo un puesto relevante en el desarrollo urbanístico y social de Roma.

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Uno de los lugares más curiosos del Palatino es la Domus Aurea. Nerón, uno de los emperadores más extravagantes y desequilibrados del Imperio, ese mismo que quemó su propia ciudad y después le echó la culpa a los cristianos, era también un adicto al lujo extremo y se autoconvenció de que mandaría construir el palacio más grandioso jamás visto por el ojo del hombre. Y lo consiguió: sólo el palacio de uso privado contaba con más de 300 habitaciones y el recinto al completo ocupaba más de 50 hectáreas. Bosques, praderas, jardines, cascadas, piscinas, un enorme lago artificial que después se desecó y fue donde se construyó el Coliseo… la Domus Aurea hacía honor a su nombre pues el oro recubría todo lo que la vista abarcaba. Un palacio digno del hombre más poderoso del planeta y en el centro de Roma, para estar a la vista de todos sus súbditos. Pero también este lujo excesivo supuso su posterior condena: durante años, las familias en el trono, las dinastías Flavia y Antonina, abusaron sin descanso de los romanos. Los emperadores posteriores decidieron entonces enterrar la Domus Aurea, para que el pueblo olvidara lo mucho que tenían los poderosos y lo poco que tenían ellos.

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Son muchos los restos de residencias, oficiales y privadas, estadios, templos, hipódromos y basílicas de dicha época. La Domus Augustana,  las cabañas de Rómulo y Remo (aquí se cuenta que nacieron), el palacio Domus Flavia, la Casa de Livia (donde se conservan frescos y mosaicos), el Templo de Cibeles… La jornada, ya os digo, da para entre dos y tres horas si quieres verlo tranquilo.

Luego tenemos, a las faldas del Monte Palatino, el impresionante Foro Romano.El foro en la antigüedad era el centro absoluto de negocios y discusiones políticas, por lo que aquí se amontonaban los edificios judiciales y administrativos y los senadores pronunciaban sus larguísimos discursos (ya sabeis que en el arte de la oratoria nadie gana a los romanos). Se ha conservado el Arco de Tito, la Casa de las Vestales (únicas sacerdotisas de la ciudad), la Curia romana (donde se reunían los senadores), dos basílicas, la Tribuna de Oradores, el Templo de Julio César… hay muchísimas ruinas. Aquí van varias fotos tanto del Foro como del Palatino.

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Arco de Septimio Severo

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Antiguas villas señoriales

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El Mercado de Trajano fue el primer centro comercial de la Historia. Aquí se agrupaban, en tres niveles diferentes, más de 150 tiendas de productos de todo tipo.

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Foro de Trajano, con la Columna de Trajano, destacando con sus 30 metros de altura
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La avenida que separa el Foro Romano de los Foros Imperiales y que lleva del Coliseo a la Piazza Venezia es la Via dei Fori Imperiali. Nosotros la pillamos la primera vez en domingo, que es el día que la hacen peatonal y prohíben el acceso a los coches, y así estaba de gente… Es una delicia pasear por ella, con las ruinas de los templos a izquierda y derecha y las estatuas de los emperadores flanqueando la calle.

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Nos vamos ahora a la Piazza Venezia, en mi opinión una de las más bonitas de la ciudad. No veais lo que impresiona verse a los pies del Monumento a Víctor Manuel II y sus 135 metros de ancho. Hecho de mármol blanco de arriba a abajo, acoge también la tumba al soldado desconocido, custodiada por la guardia italiana. Pasábamos por aquí casi todos los días ya que era donde nos dejaba el tranvía y siempre me quedaba admirada de su grandeza y elegancia.

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Cerca de Piazza Venezia se encuentra otra de las plazas más bonitas de Roma, la del Campidoglio. Diseñada al completo por Miguel Angel y con una preciosa escalinata de acceso, La Cordonata, está plagada de estatuas de dimensiones colosales, entre las que destaca la réplica del monumento a Marco Aurelio. Aquí se encuentra también el Palazzo Senatorio, la sede del Ayuntamiento.

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Ya que estás por esta zona, acércate a ver las ruinas de la Casa Romana de Ara Coeli. Data del siglo II y originariamente era un edificio de cinco plantas . Con el paso del tiempo, se instalaron aquí diversas iglesias (las de San Biagio del Mercato o Santa Rita de Cascia).

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Otro de los monumentos que más nos gustó: el Teatro Marcello. Injustamente eclipsado por el Coliseo, pese a que se construyó casi un siglo antes, fue levantado bajo las órdenes de Julio César para rivalizar con el que había construido Pompeyo. Sus dimensiones son menores que las del Coliseo (este puede alojar a unos 20.000 espectadores), aunque sirvió precisamente como modelo precisamente para el diseño del Coliseo, aunque este último acabó siendo circular. Con un poco de suerte, te puede coincidir que se celebre en las entrañas del Marcello algún concierto de cámara.

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También muy cerquita del Teatro Marcello se encuentran las ruinas del Pórtico de Octavia, uno de los monumentos más antiguos de Roma y levantado por el emperador Augusto en honor de su hermana, una de las mujeres más influyentes del Imperio. Daba acceso a dos templos y a dos bibliotecas griegas y latinas. Lo más curioso es que con el paso de los años se acabó instalando aquí el mercado del pescado.

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En esta zona hay también un barrio que pasa desapercibido para muchos turistas: el Barrio Judío. A mediados del siglo XVI, los judíos fueron “encerrados” en este ghetto, que contaba con sólo tres puertas de acceso. De este modo, instigados por el Papa, los cristianos aislaban a una comunidad potencialmente peligrosa para sus intereses. A los judíos no se les permitía tener propiedades y debían vestir de amarillo para ser fácilmente identificados: el ghetto no desapareció hasta el año 1870. Hoy en día, este pasado es recordado por la Sinagoga que veis en la fotografía y el Museo Hebraico, aparte de placas conmemorativas y algunos restaurantes que ofrecen comida kosher.

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La Fuente de las Tortugas, uno de los rincones más encantadores del Rione de Sant Angelo. Se encuentra en la Plaza Mattei.

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Desde aquí estamos a un salto del Trastevere pero lo vamos a dejar para más adelante y vamos a regresar al centro histórico, al Panteón de Agripa. Uno de los monumentos más visitados de Roma (entrada gratuita) y uno de los mejor conservados. Cuando fuimos nos encontramos en la puerta con una manifestación de ucranianos que pedían el cese de las hostilidades en su país (y lo pedían en italiano para que todo el mundo se enterara).

El Panteón fue totalmente innovador en su época ya que hasta entonces la planta circular se utilizaba para las termas, no para los templos. El diámetro de la cúpula, de casi 45 metros, la convierten en la mayor cúpula de hormigón de la Historia. Tanto el Duomo de Florencia como la Basílica de San Pedro están inspirados en su arquitectura. Sin duda, uno de los edificios más grandiosos de Roma, y no, no nos referimos al tamaño…

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Desde el Panteón puedes irte andando hasta la bonita Piazza Colonna. En ella destaca la Columna de Marco Aurelio. Está rodeada de palacios, el más importante el Palazzo Chigi, la sede del gobierno italiano y residencia oficial del Primer Ministro.

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A sólo 250 metros de la Piazza Colonna se encuentra la Piazza de Montecitorio, con su obelisco egipcio de granito rojo.En Roma hay nada más y nada menos que 13 obeliscos, ocho egipcios y cinco de la Antigua Roma. Incluso hasta hubo uno etíope, el de Aksum, destrozado por un rayo hace unos años.

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Vamos a irnos dando un paseo hasta otro de los lugares más atestados de visitantes (y no es de extrañar): la Fontana di Trevi. Con sus más de 40 metros de anchura, es una de las obras más impresionantes del Barroco italiano. La popularizó en los 60 la película “La dolce vita” (esa escena inolvidable de Anita Ekberg) y todo el que viaja a Roma se acerca a echar una moneda, ya que la leyenda cuenta que todo el que realice esa ofrenda volverá algún día a la ciudad. Puedes aprovechar para visitar también el cercano Palazzo del Quirinale, la residencia del presidente de la república.

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Desde el Palazzo Quirinale, vamos a subir la Via due Macelli para llegar a otra de las plazas más populares de Roma: la Piazza di Spagna. Se llama así porque aquí se encuentra la embajada española en la Santa Sede y destaca la escalinata que sube hasta la iglesia Trinitá dei Monti, aunque como veis en la fotografía nosotros nos encontramos el templo en plena restauración. A sus pies se encuentra la célebre Fontana della Barcaccia, una de las obras más famosas de Bernini. La Plaza de España es uno de los puntos más concurridos de la ciudad, tanto de día como de noche.

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Si andáis por esta zona a la hora de comer, aprovecho para recomendaros el Ristorante Sugo (Piazza Nicosia 18). En este área los restaurantes son bastante caros y es una buenísima opción, ya que tienen buffet libre de diversas pastas, carnes y pescados. Una buena forma de atreverte con la gastronomía italiana sin gastar más de 15 euros por persona.

Yendo ya hacia Piazza Barberini, nos topamos con otra de las fuentes que más me gustó en Roma: la Fuente del Tritón. También obra de Bernini, comparte con la de Trevi la leyenda de la moneda, aunque en esta afortunadamente no se concentren tantas multitudes.

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Nos habíamos venido hasta Barberini porque muy cerquita se encuentra uno de los grandes tesoros de Roma y que mucha gente deja de visitar simplemente por desconocimiento. Hablamos de la iglesia de Santa María della Concezione, uno de los lugares más tenebrosos de la capital italiana. La entrada a la Cripta de los Capuchinos cuesta seis euros (muy bien pagados, por cierto) y da acceso a la exposición de los Capuchinos en la planta superior, donde se repasa la vida de esta congregación a lo largo de los siglos. Pero a nosotros lo que verdaderamente nos interesaba eran los sótanos, donde se apilan los restos de cientos de monjes. Qué lugar más macabro.

Las fotos que os adjunto las he tenido que sacar de internet porque está terminantemente prohibido fotografiar el interior de las criptas. Hay una incripción que te da la bienvenida a este mausoleo siniestro: “como vosotros sois, nosotros éramos; como nosotros somos, vosotros sereis”. Y es que mientras la visitábamos, se lo comentaba a mi novio: “y pensar que todos más tarde o más temprano vamos a acabar así!” Supongo que este era el mensaje que pretendían transmitirnos los monjes, que polvo somos y en polvo nos convertiremos y que el paso por esta vida es tan efímero como un soplo de viento.

Son seis criptas donde no sólo se exponen momias, perfectamente ataviadas, sino donde hasta se han fabricado funestas lámparas con costillas y quijadas y adornado los techos con huesos de todo tipo. Los fémures y tibias se amontonan al alcance de la mano (pero no los toques): se calcula que aquí se apilan los restos de cuatro mil cadáveres, incluyendo algunos de niños pequeños. Nos recordó un montón a la Capela dos Ossos que visitamos hace un par de años en Portugal.

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Hablando de lugares siniestros, voy a aprovechar también para recomendaros a los fanáticos de las películas de terror la tienda-museo Profondo Rosso. Nosotros fuimos el día que nos acercamos a ver el Vaticano ya que nos cogía cerquita y nos pareció un lugar la mar de curioso. Se encuentra en Via dei Gracchi (metro Lepanto). Mi marido es muy fan del director italiano Darío Argento y no quería perder la oportunidad de conocer el museo (muy pequeñito) dedicado a su obra.  Lo más curioso es que el dependiente-encargado del museo era Luigi Cozzi, un director y guionista que trabajó muchos años con Argento y fue él mismo quien nos atendió. Arriba tienes la tienda, con un montón de parafernalia dedicada al cine de terror (libros, camisetas, muñecos, posters…) y abajo el museo, cuya entrada cuesta 5 euros. Los fans del cine ochentero vais a disfrutar un montón porque la exposición, ambientada fantásticamente con luces muy tenues y una audioguía, muestra varios de los monstruos y zombies que Argento utilizó en  películas como “Inferno” o “Phenomena”.

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Antes de irnos para el Vaticano, volvamos a otra de las plazas más importantes de Roma: la Piazza del Popolo o Plaza del Pueblo. Un rincón con un montón de lugares interesantes, entre ellos el Obelisco Flaminio, dedicado a Ramsés II y de 36 metros de altura. Aquí también se encuentran las iglesias gemelas de Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesanto, ambas preciosas tanto por fuera como por dentro. Otro edificio notable es la iglesia de Santa Maria del Popolo, que se levantó aquí para acallar la leyenda de que el fantasma de Nerón rondaba por este área. El interior de la capilla es uno de los más impresionantes de Roma.

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Detalle de una esfinge en la Piazza del Popolo

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Tiempo ya para el Vaticano, un país dentro de otro país. Aquí sí que es una auténtica locura la cantidad de visitantes que hay en cualquier época del año, unos motivados por razones culturales y otros por las religiosas. Las colas para entrar en los Museos Vaticanos, kilométricas, nos hicieron desistir de entrar: preferíamos gastar ese tiempo en visitar otros rincones de Roma que nos parecían igual de interesantes, eso ya va a gusto del consumidor. Hay un montón de iglesias que ofrecen en su interior frescos en los techos también muy relevantes y preferimos ver el Vaticano por fuera, paseando por la inmensa Plaza de San Pedro, donde se encuentran cientos de sillas de modo perenne para los católicos que vienen a rendir pleitesía al Papa. Por cierto, aquí los “piadosos cristianos” sacan dinero hasta debajo de las piedras: los kioskos estaban llenos de calendarios del Papa y hasta rosarios. El negocio de la religión, no hay más que ver el lujo del Vaticano, sigue ofreciendo jugosos dividendos.

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Desde allí nos fuimos paseando hasta el Castel Sant’ Angelo, también conocido como Mausoleo de Adriano, en la ribera del río Tíber. Pese a ser un edificio romano, que al principio sirvió como tumba pero luego como fortaleza militar, su nombre proviene del Papa Gregorio VI, quien según su versión, vió en su cúspide al Arcángel San Miguel anunciando el fin de la epidemia de peste que asoló Roma en el siglo VI (la estatua del arcángel aún permanece). Conectado con el Vaticano por un corredor de casi un kilómetro, el Passetto,  el Castel es uno de los lugares más visitados de Roma. Las decenas de puestos de souvenirs que hay a su alrededor así lo atestiguan.

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Cerca del castillo está el precioso Ponte Cavour, uno de los más bonitos de la ciudad

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Otra de las visitas interesantes que tienes por esta zona (y para muchos desconocida) es la del Museo del Purgatorio en la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio. Es de las pocas iglesias romanas de estilo neogótico pero lo más curioso es el museo, fundado por Victor Jouet, un sacerdote francés que declaró que se le había aparecido un ánima detrás del altar. Esto le llevó a crear un pequeño museo del purgatorio, en una habitación anexa a la capilla, donde se exponen entre otros objetos un libro con la señal de la mano de un difunto o el hábito de una monja con las huellas dactilares de un fallecido.

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Ya en una de las calles más comerciales de Roma, en la Via del Corso, quiero recomendaros otra iglesia muy poco visitada en comparación con otros monumentos y que sin embargo a nosotros nos encantó. Me refiero a Sant’Andrea della Valle. Por fuera no parece demasiado espectacular. Pero cuando entras, te quedas sin palabras: las techumbres son francamente extraordinarias. Los frescos del ábside, obra de Domenichino, nos dejaron con la boca abierta.

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La Piazza Navona, otro de los lugares más concurridos de Roma. En la antigüedad se ubicaba aquí el Estadio Romano de Domiciano. Era un estadio inmenso de casi 300 metros de largo con capacidad para 30.000 espectadores. Hoy en día su lugar lo ocupa esta preciosa plaza, con tres fuentes bellísimas: la Fuente de los Cuatro Ríos (donde se representan los cuatro ríos más importantes del mundo que se conocía entonces, Nilo, Ganges, Danubio y Río de la Plata), la Fontana di Nettuno y la Fontana del Moro. También se halla aquí otro de los obeliscos romanos, el de Domiciano.

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Volviendo un poco a nuestras rutas, generalmente para la comida tirábamos de pizza al peso (lo que los italianos conocen como pizza al taglio), hay un montón de establecimientos repartidos por toda la ciudad y salen muy bien de precio (un par de porciones y la bebida, unos 8 euros por cabeza). La pizza en Italia es sabrosísima (para eso es un invento suyo) y le pueden añadir cualquier ingrediente que se les ocurra, desde calabacín a lechuga. Sin embargo, el día que fuimos a visitar el Campo dei Fiori, estábamos tan cansados que decidimos hacer una excepción y comer en uno de los restaurantes de la plaza: menudo timo. 14 euros por un plato de pasta que en realidad eran diez torttellini (no es broma, los contamos). Y la botella de agua 3 euros. El restaurante se llamaba Jamma Ja, para que no lo piséis. Precios que poco tienen que ver con el Trastevere, desde luego. Y es que el turista en Roma es visto como un monedero con patas del que se intenta sacar todo lo que se pueda. Asi que ojea mucho donde te sientas a comer:en la mayoría de los sitios te meten el palo con las bebidas y en muchos te cobran hasta el cubierto al módico precio de 2 euros.

Ya que estábamos en el Campo dei Fiori, donde por cierto se organiza uno de los mercados más animados de la capital, nos pasamos a visitar la Iglesia de Santa Maria della Orazione e Morte ya que nos interesaba ver la capilla decorada con calaveras y huesos pero resultó que la estaban restaurando y sólo la pudimos admirar desde fuera. De todos modos, podéis comprobar que su fachada ya era suficientemente siniestra…

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Otro de los lugares imprescindibles en Roma: Largo di Torre Argentina. Aquí reposan los restos de cuatro templos y del Teatro de Pompeyo aunque es sobre todo conocido porque fue donde se apuñaló a Julio César hasta la muerte. Fue de nuestros lugares favoritos ya que además es un santuario de gatos: los hay a cientos y se ocupan de ellos voluntarios que aceptan donativos para garantizar su alimentación y cuidados.

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Nos vamos a ir a la parte sur del centro histórico para realizar una visita a lo que antiguamente era el Circo Máximo. Aunque a día de hoy apenas queda nada que recuerde su esplendor, a excepción de la explanada, en su momento fue el más grande de todo el Imperio, con más de 600 metros de largo. Se cree que en sus gradas podían juntarse más de 250.000 espectadores, todo un hito para dicha época. Por cierto, cerca del Circo tienes las Termas de Caracalla por si te apetece visitarlas.

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Santa María de Cosmedin fue una de las iglesias que más me gustó de Roma, tanto por fuera como por dentro. En su interior se halla la calavera del patrón del amor, San Valentín, y se cuenta que las parejas que lo visitan verán premiada su relación con la buena suerte. Sin embargo, la particularidad que atrae a visitantes de todo el mundo es la Bocca della Verittá (La Boca de la Verdad), una escultura de mármol que habréis visto en fotografías en mil ocasiones. La leyenda cuenta que la Boca mordía a quien metiera la mano en ella y mintiera.

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El Templo de Hércules Víctor es circular y esto hizo confundir a los historiadores, que creyeron que era un templo dedicado a la diosa Vesta. Es el edificio de mármol más antiguo de toda Roma.

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Justo al lado, el Templo de Portuno, de estilo jónico. Se ha mantenido en tan buen estado debido a que en el siglo IX se convirtió en una iglesia dedicada a Santa María Egipciaca, patrona de las prostitutas arrepentidas.

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Aunque el sol pegaba de lo lindo (la mejor excusa para hincharse a helados italianos, los mejores del mundo!) pasamos de coger transporte público y nos fuimos andando hasta la Pirámide de Cestia, que paseando es como más cosas se descubren. Esta pirámide de estilo egipcio se construyó también como templo funerario para Cayo Cestio Epulón. Su exterior es de mármol blanco; en cuanto al interior, fue saqueado en la antigüedad y sólo permanecieron los frescos. De todos modos, hoy sólo pueden acceder al interior los historiadores pero también es una pasada admirarla desde fuera, con sus casi 40 metros de altura.

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Junto a la Pirámide, el Museo della Via Ostiense

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Y vamos a ir acabando el viaje en el precioso Barrio de Trastevere, donde nos alojábamos… crucemos por el Ponte Fabricio…

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… donde se encuentra la Isla Tiberina (en la fotografía, la Iglesia de San Bartolomeo). La Isla Tiberina, una pequeña isleta en el río Tíber, siempre ha estado rodeada de leyendas pero hoy es un lugar muy agradable donde hacer un descansito entre ruta y ruta.

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El Trastevere se llama así porque se encuentra precisamente al otro lado del río Tíber. Es el barrio bohemio por excelencia y a nosotros nos encantaba gastar las tardes en sus encantadoras terracitas tomando una cerveza (os recomendamos el restaurante Baccanale en la Via della Lungaretta, cervezas artesanales a muy buen precio). Otro lugar muy recomendable para cenar es el restaurante Carlo Menta: eso sí, está siempre hasta los topes asi que procura ir pronto. Tienen menú turístico y con vino y postre incluído puedes cenar muy,muy bien por unos 18 euros por persona. No olvides darte una vuelta, preferiblemente de noche, por la Piazza de Santa María del Trastevere, siempre llena de paseantes y donde podrás tomar los mejores helados de la ciudad y bastante más baratos que en el centro. Y un último apunte: el Birrifugio en Via Federico Rosazza 4. ¡Una carta de cervezas artesanales francamente espectacular!

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