ESTADOS UNIDOS – VIAJE A CALIFORNIA – 3 – Calico, Los Angeles y Big Sur

Y entrábamos en la última etapa del viaje… Por un lado,nos apetecía descongestionarnos ya un poco de la locura de Las Vegas pero por otro,cada vez que pensábamos en la inmensidad de Los Angeles… Lo bueno era que entremedias teníamos casi una jornada completa de conducción por el desierto asi que nos surtimos de agua y comida y a correr…

Una de las cosas más fascinantes de California es la cantidad de pueblos abandonados que puedes encontrarte. Unos en mejor estado que otros, todo hay que decirlo. Y cuando digo “pueblos”,hazte a la idea de que son idénticos a los que de pequeñitos veíamos los sábados en la sobremesa de la 1, con su oficina del sheriff, la casa del herrero, el cabaret (con sus puertas de hoja)… te sentías como en una película.Creo que de las dos personas que más me acordé en este viaje fué de mis dos abuelos,ambos unos lectores empedernidos de las novelas de Marcial Lafuente,que hubieran sido tremendamente felices comprobando que en la realidad esos pueblos son mucho más bonitos que en las películas de John Wayne y James Stewart.

Entre todos ellos,decidimos escoger antes del viaje Calico Ghost Town ya que,por un lado,nos pillaba de camino, a sólo dos horas de Los Angeles, en el condado de San Bernardino, y por otro, era de los que se hallaba en mejores condiciones,ya que ha recibido subvenciones para su mantenimiento, por lo que se encuentra en bastante buen estado. Se encuentra a menos de 5 kilómetros de Barstow, en las colinas áridas del desierto, y es francamente espectacular,ya no sólo por sí mismo sino por su increible ubicación ¡menudos paisajes! Se paga entrada pero no recuerdo el importe, mil perdones!

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Calico se fundó en 1881 al amparo de las más de 500 minas de platas que se encuentran en sus alrededores. No es de extrañar que naciera con una población de más de 1.200 personas que llegaron allí atraídas por la fiebre de la plata, en vez de la del oro. Pero 30 años más tarde,las minas dejaron de ser rentables y el pueblo quedó totalmente abandonado,por lo que su existencia se limitó a tres décadas (hoy en día su población se limita a 40 personas, imagino que los dueños de las tiendas de souvenirs y los que lo limpian). Unos años más tarde,se decidió restaurar el pueblo para su recuperación como patrimonio histórico… y aquí tenéis el resultado.

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Como veis,aún se mantienen intactas las vías por las que circulaban las vagonetas que iban a las minas

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Antes de adentrarnos en las autopistas futuristas angelinas hicimos un alto en el camino para picar algo. ¿En donde? Pues en una de las ochocientos millones de cadenas de fast food que inundan el pais. Que aquí nos suenan Burger King, MacDonalds y poco más pero allí las hay a miles. Y a cuál más asquerosa. De esta siento no recordar el nombre, sólo que lo que pedimos no lográbamos descifrar si sabía a carne, verdura o pescado. Es el problema de California: si quieres comer bien,te dejas un oro de la cara. Nosotros optamos por tirar bastante de la comida que pillábamos en el supermercado y si comíamos fuera,yo lo primero que buscaba en la carta eran las ensaladas. Eso sí, Coca-Cola de esa de agua+polvos,te puedes rellenar el vaso las veces que quieras, que es gratis,como el café (también aguachirri).

Habrá quien vea en L.A. uno de los mayores atractivos de un viaje por California. En nuestro caso,más bien suponía un mero trámite en el que pasar sólo un par de noches,nos negamos a concederle ni una más en beneficio de otras partes más bonitas del estado. Y vaya si nos alegramos. La ciudad,si a esa barbaridad se le puede llamar ciudad, es incómoda, fea, sin apenas lugares agradables para visitar y encima la más peligrosa del país (ojito con perderos en el coche,no vayais a aparecer en South Central,que allí no entra ni la policía).

Optamos por quedarnos en una de las pocas zonas tranquilas una vez oscurece y quizás la más bonita de L.A.:la playa de Santa Mónica. Para llegar,has de atravesar Los Angeles casi por completo,lo que supone casi dos horas de atascos. Eso sí,las autopistas de quitar el hipo. De seis carriles nada menos. Y con unos cochazos todoterreno propios de los viajes de Gulliver, con nuestro modestito Mustang nos sentíamos unos liliputienses a su lado. Nos quedamos a dormir en el Sea Shore Motel (www.seashoremotel.com), entonces nos costó al cambio unos 70 dólares la doble, con aparcamiento dentro del propio motel y unas habitaciones grandísimas. Además,ubicado a sólo cinco minutos andando de la playa (sí,esa playa de las pelis con su famosa noria,la de Los Vigilantes de la Playa).

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Hay que reconocer que Santa Monica es un lugar ideal para pasear y relajarse,y eso que en Diciembre nos pilló nuboso y los únicos que se atrevían a meterse en el agua eran unos cuantos surfistas. Pero de ahí a que la presenten como una de las mejores playas del mundo,teniendo lo que tenemos nosotros aquí…me parece una campaña de marketing turístico y punto. Aun así,insisto en que me parece de lo mejorcito de Los Angeles y representación ideal del espíritu playero de los angelinos.

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Para llegar de Santa Monica a Hollywood Boulevard y Sunset Boulevard,las dos calles más famosas del mundo y en realidad lo único que nos interesaba, tienes 40 kilómetros de calle. Sí, sí,allí las calles se miden en kilómetros y los números de las casas llegan hasta el 5.000, el 6.000… en L.A. sin coche estás perdido. Todo está hecho a lo grande. De camino, aprovechamos para ir a Beverly Hills,una decepción absoluta ya que las vallas de las mansiones son tan altas que en muy pocas lograrás ver las casas de su interior. Por allí pululaban buses turísticos con un guía que, micrófono en mano, berreaba “aquí la de Michael Jackson, más adelante vive Brad Pitt…” Decidimos poner pies en polvorosa visto el panorama.

Y llegas a Hollywood… y es aún peor.Sólo os digo una cosa. Fue dejar el coche en un parking, girar la esquina, toparnos con Hollywood Boulevard y que mi novio soltara (los que vivais en Madrid entendereis el chiste): “pero Mari!si esto es Bravo Murillo!” Así de cutre es la cosa. ¿Qué es Hollywood Boulevard? una calle llena de tiendas de souvenirs regentadas por chinos y pakistaníes, cuatro estrellas en el suelo, un montón de espabilados disfrazados de Batman y Darth Vader para hacerse fotos con los turistas y para de contar. Si vas buscando algún tipo de atmósfera cinéfila, del glamour de los 50, del cine en blanco y negro, olvídate. Creo que ha sido uno de los días más desaprovechados de todos los que he gozado de vacaciones en esta vida.

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El Kodak Theatre, donde se entregan cada año los Oscars (o al menos se entregaban) es tan artificial que parece de cartón piedra.Y más gente que en la guerra. Un sitio horrendo,se nos quitaron hasta las ganas de seguir la visita yendo al Observatorio,asi que comimos y nos fuimos de tiendas de discos. Otra decepción más:el Amoeba de L.A. es mucho peor que el de San Francisco.

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Museo de Cera

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¿Puede haber mayor aberración que esta,la grandísima Marilyn junto a Antonio Banderas? Culpa, como no, del McDonalds de Hollywood Boulevard.

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¡Los más grandes!

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El cartel de Hollywood, entre la contaminación

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Por la noche,nos acercamos al motivo principal de mi presencia en Los Angeles: el musical, es decir, Sunset Strip y lo que supuso este tramo de calle para el rock desde los 60. Cuna de gente como Guns N’ Roses o Motley Crue.Y lo que queda hoy en dia son los clubs que en su momento hicieron historia  y que visitamos (Rainbow, Roxy, Whisky A Go-Go, Viper Room, entre otros) pero que hoy en dia son más una sombra de lo que fueron,con muy poco ambiente y más extranjeros que clientes habituales. Que eso no quita para que me embargara la emoción al tomarme una cerveza en el Rainbow (un placer el charlote que nos pegamos con el camarero mexicano, un cincuentón que curra allí desde los primeros 80 y ha visto con 17 años a Axl Rose y Slash,una enciclopedia andante).

Aunque os parezca increible,esta es la “sala de conciertos” del Rainbow, situada en la planta superior,donde dudo quepan más de 40 personas… y aquí empezaron muchos,qué cosas…

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Por esa preciosa carretera flanqueada de palmeras (las típicas de las pelis,ya sabeis,chica de provincias llega a Hollywood en su descapotable) enfilamos al día siguiente hacia el Big Sur por la mítica Highway 101, que no es otra que esa que va bordeando la costa dejando el Pacífico a tu izquierda. Seguramente,de las zonas más impresionantes a nivel paisajes de todo Estados Unidos, nosotros estuvimos parando el coche cada dos por tres sólo para disfrutar de las vistas de los lugares que íbamos atravesando. Bosques de secuoyas, leones marinos vegetando en las rocas junto a las olas, hoteles de carretera de cuento… viaje de naturaleza apabullante, la mejor forma de volver a San Francisco disfrutando de sitios encantadores como Carmel o Monterrey. Si te dicen que terminas cada viaje que hagas con unas imágenes como con las que me despido ahí abajo, que me den papel y lápiz que lo firmo ya!

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