ESTADOS UNIDOS – Road Trip por la Ruta 61 – 5 – Memphis

MEMPHIS: EL HOGAR DE ELVIS PRESLEY

La siguiente etapa de nuestro viaje nos llevaría a Memphis, también en el estado de Tennessee y a unas cuatro horas en coche de Nashville. Como sólo íbamos a pasar una noche allí, decidimos levantarnos bastante pronto ya que queríamos poder visitar Graceland, la casa de Elvis Presley, antes de comer, asi que desayunamos temprano aprovechando que en el motel de Nashville sí nos incluían el desayuno, cogimos el coche y a tirar millas. A mitad de camino paramos en un área de servicio donde pudimos coger unos folletos turísticos bastante jugosos de Memphis y sus alrededores. La verdad que en ese aspecto los americanos ayudan al viajero que da gusto. Quien se pierda lugares para visitar será por falta de tiempo o interés pero no de información.

Cuando llegamos a Memphis, nos fuimos directamente a Graceland, el hogar de Elvis Presley, la segunda casa más visitada de Estados Unidos tras la Casa Blanca (recibe cerca de 600.000 visitantes al año) y considerada Monumento Nacional. Está situada a poco más de 14 kilómetros de Memphis. Nada más llegar y aparcar el coche en el parking inmenso de las inmediaciones, nos comenzamos a percatar del rendimiento económico que se le saca a la figura de Elvis: cuatro restaurantes (Rockabilly’s Burger Shop, Shake, Split & Dip, Chrome Grille y el Rock N’ Roll Cafe), un hotel (el Heartbreak Hotel), un montón de tiendas de souvenirs… Sin embargo, tuvimos la suerte de que al ser un miércoles no nos encontramos las avalanchas de turistas que debe haber los fines de semana y eso que aún así, había bastante gente. En la puerta de entrada un hombre de unos 60 años, como yo con su correspondiente camiseta de Elvis, me pidió hacerle una foto de recuerdo y me preguntó de donde veníamos. Al contestarle que de España, me dijo “un largo viaje eh? yo aún vengo desde más lejos, soy australiano”. Coincidimos ambos, al lado de la placa de entrada de Graceland, que estar por fin allí era un sueño hecho realidad. En pocos lugares del mundo he sentido tanta emoción al verme ahí tras tantos años de espera.

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En cuanto a los tickets, si vas a visitar la casa un sábado o un domingo, yo sí aconsejaría sacarlos previamente por su página web Graceland.com , primero para ahorrarte colas y segundo, para asegurarte que no te quedas sin ellos. Nosotros los compramos directamente allí, cogimos uno de los más caros, el Platinum Tour, pero también de los más completos. Nos incluía la visita a la mansión, el museo de los coches, la entrada a los dos aviones, la exposición de trofeos y memorabilia, la entrada a los estudios, las tumbas y la exhibición del documental. El precio, ya con tasas, fue de 49 dólares. A priori nos pareció un poco caro pero cuando acabamos el tour casi cuatro horas después, nos dimos cuenta que no lo era tanto si lo comparábamos con el precio de otros museos y el tiempo que nos había llevado la visita. Además, como decía mi marido, ya que estás aquí, no sabes si volverás alguna vez en la vida, asi que ya que vienes, que la visita merezca la pena y no se te quede nada en el tintero.

Antes de comenzar a desgranar Graceland, comento que bastante gente combina esta visita con Tupelo, en el estado de Mississippi, el pueblo donde nació Elvis Presley (aún se conserva su casa natal), a una hora y media en coche de Memphis. A nosotros eso nos supondría sacrificar la visita a la propia ciudad de Memphis asi que decidimos quedarnos con Graceland. En cualquier caso, creo que cualquier fan de Elvis se puede sentir más que satisfecho visitando Graceland ya que repasa concienzudamente la mayor parte de su vida.

Aunque como comentaba antes Elvis nació en Tupelo, la mayor parte de su existencia estuvo ligada a Memphis ya que se mudó aquí con su familia cuando tenía 13 años. Además, en Memphis comenzó su imparable carrera discográfica cuando apenas cumplida la veintena, fue descubierto por Sam Philips, el dueño de Sun Records. Aquí vivió sus primeros sueños y la explosión del blues, su estrellato, su matrimonio con Priscilla, el nacimiento de su única hija Lisa Marie, hasta que con sólo 42 años falleció por un ataque al corazón en su cuarto de baño en Graceland. Si hay una ciudad que debe todo a Elvis (y a la que Elvis debe todo) esta es Memphis, una urbe de mayoría negra cuyo mejor embajador fue, curiosamente, un blanco.

Comencemos con el tour. Nada más llegar, has de esperar al bus que te acercará a la mansión y donde te harán entrega de una audioguía (un Ipad, aquí no reparan en gastos). Está en varios idiomas, asi que seleccionad el castellano y según vayáis recorriendo las diferentes estancias, os vais enterando de todo con detenimiento. Graceland me sorprendió para bien porque pese a ser una mansión bastante amplia, no es el típico capricho de multimillonario endiosado, al contrario. Elvis podía ser muy excéntrico en otras facetas de su vida pero no en su vivienda. Sí, es grande, 1.600 metros cuadrados, pero en absoluto me pareció pomposa o recargada. Advierto, eso sí, que abierto al público sólo está el primer piso y el sótano, la planta superior es de uso privado de Priscilla y Lisa Marie Presley.

Como os digo, la casa no es extravagante en absoluto (al menos a mí no me lo pareció) y está decorada con mucho gusto. Un salón con un sofá blanco de casi cinco metros, una cocina donde Elvis solía colocar una lista con los productos que nunca podían faltar en ella (desde mantequilla de cacahuete a pudding de plátano) y una habitación de matrimonio para los padres del cantante, aunque cuando Gladys, su madre, falleció en 1958, su padre Vermon la continuó usando con Dee Stanley, su segunda esposa (hasta que Elvis se cansó y les echó a la calle, las relaciones entre Elvis y su madrastra nunca fueron buenas). Aunque a mí lo que más me gustó de este piso, sin dudarlo, fue la Jungle Room. Elvis se enamoró de Hawaii desde lo que visitó por primera vez en 1957, allí filmó  tres películas ( “Blue Hawaii”, “Girls,girls,girls” y “Paradise, Hawaiian Style”) y grabó una de sus actuaciones más memorables “Aloha from Hawaii”, que siguieron por televisión 1.500 millones de personas. Por dicho motivo, recreó en su propia casa, aprovechando un patio que había detrás de la cocina para construir una habitación, una sala decorada con temática tiki que le hicieran sentir más cerca sus añoradas islas. En un principio, con la intención de que fuera un área de descanso, aunque con el tiempo se acabó convirtiendo en un estudio de grabación. Decorada con plantas exóticas y motivos hawaiianos, cuenta con la curiosidad de conservar el “teléfono portable” del artista: Elvis fue una de las primeras personas en contar con uno de los precursores de nuestros teléfonos móviles.

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La Jungle Room
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En el sótano podemos encontrar dos salas (se baja por una escalera muy estrecha), la de televisión, donde Elvis contaba con tres televisores (todo un lujo en aquella época) y la sala de billar.

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Jardín trasero de Graceland
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La piscina

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Adyacente a la mansión, se encuentra otra casa más pequeña que Elvis usaba como oficina y para sus prácticas de tiro.

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Elvis Presley, después de los Beatles, es el artista que más discos ha vendido en toda la historia de la música: 600 millones de copias. 72 premios a lo largo de su carrera y una fortuna personal de 300 millones de dólares que se incrementa cada año en otros 50 millones gracias a las ganancias de Graceland y la venta de merchandise.

Algunas fotos de la exposición que puedes admirar en Graceland

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Tumba de Elvis, que cada año recibe miles de flores y coronas. Tiene la particularidad de, inexplicablemente, tener impreso mal el segundo nombre del cantante (era Aron, no Aaron). Se encuentra en el Meditation Garden. El funeral de Elvis fue uno de los más multitudinarios que se recuerdan. A finales de Agosto de 1977, su cuerpo recorrió las calles de Memphis por última vez en un coche fúnebre, acompañado de 49 limousinas blancas. Más de 100.000 personas salieron a la calle a decirle adiós.

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Maqueta a escala de la casa natal de Elvis en Tupelo

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En Graceland también se expone la colección de coches de Elvis. Presley era un fan absoluto de los automóviles y era habitual verle paseando por Memphis en alguno de sus impresionantes Cadillac. El primero que compró fue uno rosa en 1955.

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Con el Platinum Tour nos entraba también el acceso a los dos aviones privados de Elvis, el Hound Dog II y el Lisa Marie. Aunque a principios de este año se rumoreó que después de más de 30 años expuestos, se pensaba retirarlos de Graceland, la hija de Elvis, Lisa Marie, lo ha desmentido. Con ellos Elvis volaba de concierto a concierto y son casa con alas, sobre todo el Lisa Marie, que contaba con sala de reuniones, camerino, cuarto de baño completo, salón, habitaciones para que Elvis y sus acompañantes descansaran… Parece mentira lo que puede caber dentro de un avión si te deshaces de los asientos.

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Añadido a esto, pudimos ver la exposición con material rarísimo propiedad de Elvis, desde zapatos, ropa y artículos personales de todo tipo a discos descatalogados, material que han donado los fans como entradas a conciertos suyos y después vimos en una sala de cine un documental. Para el final dejamos lo de ojear las tiendas de souvenirs, que Lo dicho, que sí, 49 dólares, pero qué bien amortizados. Superó mis expectativas como fan al cien por cien. Para mí un sueño cumplido!

Dejamos Graceland atrás y nos fuimos a conocer Memphis. Y el primer sitio que nos acercamos a ver el restaurante Arcade, el más antiguo de Memphis (data de 1919, dirección 540 South Main Street) y donde Elvis iba a menudo a desayunar antes de convertirse en una estrella mediática. Es bonito-bonito!!! Su decoración practicamente no ha cambiado nada desde hace décadas y es uno de los lugares más auténticos de la ciudad.

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Hay que reconocer que Memphis no es una ciudad bonita (pasamos por bastantes barrios muy deprimidos, donde se palpa en el aire la pobreza y la dejadez) y lidia con un problema gravísimo: el de la inseguridad. Considerada la tercera ciudad más peligrosa del país, por detrás de Detroit (Michigan) y Oakland (California), mi consejo es que si sales por la noche, sea en los aledaños de Beale Street porque hay barrios ciertamente complicados. Incluso nuestro motel, el Motel 6 Downtown, resultó ser el peor del viaje con diferencia. La habitación bastante cutre, un pestazo a porro que tiraba para atrás, wifi de pago y ni un café para desayunar, aparte de encontrarse en una zona bastante sórdida.

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Indudablemente, Beale Street es el alma de Memphis. Considerada como “la calle más emblemática de todo Estados Unidos” (y lo apoyamos totalmente porque es cierto) en sus casi tres kilómetros de longitud se agolpan los clubs y restaurantes más representativos de la ciudad. Si hay un lugar en USA donde el blues lo sea todo, es éste. Y eso que a mediados de los años 70 estuvo a punto de desaparecer por la inseguridad que azotaba el área y los grados de decrepitud que arrasaban el vecindario. Sin embargo, con el esfuerzo local se consiguió reciclarla y hoy es el principal atractivo turístico de Memphis. A mí fue uno de los lugares que más me gustó de todo el viaje.

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Cuando llegamos a Beale Street, comenzaba una tormenta tan brutal que nos llegaron avisos al teléfono del servicio meteorológico alertando de posibles tornados e inundaciones. Aprovechamos que era mediodía para resguardarnos de la lluvia y así comer en el club más mítico de la ciudad, el del guitarrista, recientemente fallecido, B.B. King , cuyo desfile fúnebre recorrió precisamente esta calle. El local es alucinante, las cosas como son, y encima con música en directo… aunque caro (pagas donde estás): unos 35 dólares por cabeza teniendo en cuenta que por persona sólo cae un plato y una cerveza. Uno de los que pedimos fueron los típicos tomates verdes fritos, una de las estrellas de la gastronomía sureña, que, por cierto, estaban deliciosos.

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El Hard Rock Cafe es otro de los bares míticos de Memphis
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Después de comer, quedamos con una pareja de Valencia amiga nuestra, Nikk y Violeta, que precisamente se acababan de mudar a Memphis sólo un mes antes. Aprovechando que había dejado de llover, nos llevaron a tomar una cerveza al Bar Coyote, que tanto popularizó la película…

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El Daisy no sólo es el teatro más importante de Memphis. Construído en 1902, también es de los más bonitos. Cerca también se encuentra el New Daisy, otro clásico.

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Según va cayendo la noche, Beale Street comienza a animarse ya en serio: llegan un montón de moteros con sus Harley Davidson, los músicos callejeros inundan de blues y rock el ambiente, la gente entra y sale de los bares y  en practicamente todos los locales hay un grupo tocando en directo. Nuestra noche en el Blues City Cafe, uno de los imprescindibles de Memphis, fue francamente fabulosa.

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En Memphis también se encuentra la fábrica de guitarras de Gibson

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En la acera también puedes encontrar un Walk of Fame con músicos conocidísimos…

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