MARRUECOS – Marrakech

Marrakech probablemente sea una de las ciudades del mundo que más sentimientos contradictorios me despierta cada vez que me acuerdo de ella.Por un lado,tiene rincones tan fascinantes,se respira tan bien el exotismo de Marruecos y sobre todo el aroma desértico bereber,que enamora.Por el otro,toda esa atracción por una ciudad con zonas realmente encantadoras puede desaparecer por el agobio tan exagerado a que se puede someter al turista,Leí en una guía que el 95% (el 95%!) de los turistas que van a Marruecos por primera vez y lo hacen a través de Marrakech,se llevan una impresión tan nefasta del trato al visitante que no vuelven jamás.No les quito razón.Yo afortunadamente había estado antes en Marruecos y me lo había imaginado pero no pensé que se llegara a esos extremos,sobre todo cuando en ninguna otra ciudad marroquí me he visto forzada a esa coacción,al contrario,me he sentido inmejorablemente tratada.El gobierno,por medio de la creación de la policía turística,ha intentado paliar un poco el tema pero aun así,asume que te van a venir tres mil buscavidas,la mayoría con muy malos modales (es una pena que den esa imagen de la ciudad cuando a cambio también conocimos personas amabilísimas).Lo mejor que puedes hacer es pasar de ellos y no hacerles ni caso,por muy insistentes que se pongan.Y sobre todo,paciencia y buen humor.En Marrakech muchas veces no queda otra.

Pese a todo,considero que sí,Marrakech es probablemente la ciudad más interesante y embriagadora de todo Marruecos.La pena es que ese aire bohemio y rebelde se mitigue tan frecuentemente por lo que comentaba antes,el no dejar al viajero ni respirar.Pero quizás por ello hay que ser un poco más benévolo a la hora de juzgar a Marrakech.Ahora,también os digo que,como Milán,es de las pocas ciudades del mundo que me he prometido no volver a pisar,excepto para aprovechar alguna conexión de transporte (y Marrakech es,vía aeropuerto,una entrada ideal para el sur de Marruecos).Siento ser así de rígida pero habiendo otros sitios tan fascinantes en nuestro país vecino y habiendo visitado ya Marrakech,ni me lo planteo.No obstante,es un viaje del que guardo muy buen recuerdo,hubo muchísimas cosas de la ciudad que me enamoraron y el grupo de amigos que fuimos nos lo pasamos en general bastante bien,con un montón de anécdotas en la mochila de vuelta.

Easyjet ha quitado la ruta Madrid-Marrakech que antes sí operaba y que es la que nosotros utilizamos pero he visto que Ryanair sí vuela allí.Asi que con antelación y un poco de suerte,te plantas en dos horas a las puertas del desierto por 60 euros ida y vuelta..El taxi desde el aeropuerto de Menara al centro,calcula unos cien dirhams (diez euros).Ten en cuenta que aunque vayais seis,que era nuestro caso,entrar en un coche,entrais,con maletas y todo.Los marroquíes tienen sus “propias” leyes de tráfico.Eso sí,dejad el precio apalabrado antes de montaros.

Una de las cosas que sí que me encanta de Marrakech y que le da una identidad propia frente a sus europeizadas ciudades vecinas,las norteñas,es que Marruecos es la ciudad africana por excelencia.El desierto está a un paso,muy poca gente habla español (pero sí francés),al contrario de lo que ocurre en el norte.Pese a ser la ciudad más turística del país y con una población de más de millón y medio de personas,a día de hoy continúa siendo una ciudad mucho más conservadora y aferrada a las tradiciones que Rabat o Casablanca.Marrakech es la capital del territorio bereber y es precisamente una leyenda de los bereberes la que explica que sea la “ciudad roja” por el color de sus casas:cuando se edificó la preciosísima mezquita de la Koutoubia en el corazón de la ciudad,ésta manó tanta sangre que todas las fachadas de Marrakech quedaron teñidas de carmesí.

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En mi opinión te recomiendo que te alojes en la zona vieja de la medina,que es mucho más auténtica.Y así,llegamos al tema de los hoteles y dos tengo para recomendarte.El primero es el hotel Aganoue (1 Rue De La Recette Riad Mokha).Está sólo dos minutos andando del punto con más ebullición de todo Marrakech,la Plaza de Djemaa el-Fna (de la que os hablaré más adelante) y sale bastante bien de precio, 50 euros la doble con desayuno.Por cierto,que se desayuna en un salón morico precioso situado en una de las plantas superiores.El personal,amabilísimo:una de las mañanas teníamos que coger un bus bastante temprano y nos sirvieron el desayuno una hora antes de la habitual.Esos detalles se agradecen.

La otra opción de alojamiento que os doy probablemente sea el mejor riad en el que haya estado nunca en Marruecos.Y no por sus lujos,que sé que los hay mucho más exuberantes,sino por otros encantos que a veces el dinero no puede comprar.Está escondidísimo en las calles de la medina vieja (tanto que el primer día le dimos a un chavalín una propina para que fuera capaz de guiarnos entre ese laberinto de callejones interminables que es la medina de Marrakech) pero quizás eso sea lo mejor,te encuentras inmerso día y noche en la vida cotidiana de los marroquíes,aquí no se ve ni un turista,a no ser que estén alojados en este o algún otro riad escondido.El Dar Lila sólo tiene cinco habitaciones (pese a que es bastante amplio) y cuando estuvimos nosotros prácticamente las monopolizamos,aparte nuestra sólo había una chica de Zaragoza con su hija.Nos contó que se alojaba en el Dar Lila varias veces al año porque estaba absolutamente enamorada de Marrakech y no había en su opinión mejor lugar para quedarse a dormir que éste.

Lo llevaba (y espero que aún lo lleve,es un hombre bastante viejito) un señor educadísimo,con esa amabilidad tan elegante de la que hacen gala los caballeros marroquíes de 70 años para arriba.Nos preparaba en el patio unos desayunos caseros espléndidos,nos permitía usar la cocina para traernos comida a casa cuando quisiéramos (ese era otro gustazo,poder cenar en ese patio!!) y hasta nos llevó a una tienda de un amigo donde poder sacar comida preparada a precios marroquíes para gente marroquí.Para que os hagais una idea,una de las noches nos trajimos dos pollos asados, patatas, dos ensaladas y las bebidas para seis por algo así como siete euros.Por cierto,este señor sólo habla árabe y francés,ni una palabra de español.Nosotros tuvimos la suerte de que dos de las chicas que venían hablaran francés pero para que lo tengais en cuenta.De todas formas,el hombre se intenta hacer entender de todas las maneras posibles,es muy majo.Ah,el precio.Tiradísimo.40 euros la doble con desayuno.Y el gustazo de estar a cinco minutos andando de las murallas de Marrakech,que son francamente espectaculares!

En Marrakech hace un calor que te mueres.Quizás en invierno sea más asequible pero como yo he ido en verano y he tenido unas olas de calor desértico de espanto,aviso que vayais preparados de crema solar,gafas y gorra.Y eviteis las principales horas del día donde más aprieta Lorenzo,de doce de la mañana a siete de la tarde.Parece un poco surrealista,lo sé,porque son justo las horas que la gente cuando viaja intenta aprovechar. Pero Marruecos es un mundo aparte y más en verano,que las temperaturas,os lo digo yo,pueden convertir tus visitas en un infierno.Ellos hacen lo lógico,adaptarse al clima,y si un sueco o un lituano no conciben cerrar una tienda todo el día y abrirla a las nueve de la noche y cerrarla a las dos de la madrugada es porque no se han puesto aquí a plena solana a buscar un taxi a las tres de la tarde sin una sombra cerca.Y mirad que yo el calor,pese a que me guste mil veces más el frío,lo llevo bien en general y en sitios húmedos,como el Sudeste Asiático,me pego buenas caminatas.Pero es que el de Marrakech es sequísimo,casi palpas con la lengua el sabor de la arena del desierto.Asi que a mi me encanta que se viva allí,sobre todo, de noche.

Vistas de la Plaza de Djemaa el-Fna cuando empiezan a caer los rayos de sol

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Por ese motivo,por el de vivir de noche,la Plaza de Djemaa el-Fna está desierta a las cuatro de la tarde,quitando cuatro turistas despistados,y sin embargo en plena ebullición a las once de la noche,llena de falsos encantadores de serpientes (no fomenteis su sustento,las arrancan los colmillos y las tienen semidrogadas),aguadores,unos pintorescos personajes que ofrecen agua fresca ataviados de un modo muy peculiar, chiringuitos con bancos y mesas para cenar, puestos de zumo, guias oficiales y no oficiales, marroquíes, turistas, más marroquíes,más turistas.Un hervidero de gente deseando tomar esta inmensa explanada después de horas aletargados en restaurantes, cafeterías, hoteles y piscinas.La plaza de Djemaa el-Fna es fascinante,tanto para bien como para mal por las razones que ahora os comento y que me hacen vivir con ella una relación de amor odio,pese a considerársela el corazón de Marrakech:no entender Djemaa el-Fna es no entender a Marrakech y quizás por ello,muchos turistas no vuelven aquí,como decía la guía turística,y lo que es peor aún,a Marruecos.Con lo que se pierden por una sensación que en mi opinión no se repite en otras preciosas ciudades marroquíes y donde la gente,obviamente,también tiene necesidad de buscarse la vida pero sin perder por ello la compostura ni ser maleducado.Aunque los prejuicios de mucha gente impidan verlo,en general a mí la marroquí me parece una de las poblaciones más educada,solícita y hospitalaria con el viajero que haya visto en mis viajes.De hecho,hace poco salió una noticia de que junto a tailandeses, canadienses, irlandeses y portugueses, eran considerados los “anfitriones” más agradables,y esto votado por los propios turistas.Por eso me da pena que mucha gente se pueda quedar con la idea equivocada de que en Marrakech hay mucha gente borde y esto se extienda al resto de Marruecos porque no,no es así.Al contrario.Simplemente,Marrakech es la ciudad más turística del país y aquí parecen concentrarse todos los buscavidas de Marruecos.

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Siguiendo con Djemaa el-Fna,como comento,en mi opinión es mucho mejor disfrutarla por las noches.Es cuando se pone hasta arriba de gente y los camareros se lanzan a una lucha encarnizada por conseguir que los turistas cenen en sus puestos.Yo,insisto,soy una persona que suele tener más paciencia que el santo Job cuando voy a Marruecos.Soy de la filosofía de que cuando viajas a otro país,eres tú el que debe adaptarse a las costumbres locales y no al contrario,como parecen creer muchos viajeros que van de sobrados por la vida.Pero repito,creo que en la plaza ese agobio es excesivo y cito como anécdota que cuando nos quisimos dar cuenta,varios de nosotros nos vimos zarandeados por varios camareros,llegando a tirarnos cada uno de un brazo.Hasta que explotamos y dijimos “bueno,ya está bien!cenaremos donde nos dé la real gana!” En cualquier otro lugar,una de dos,o se enfadan con tu reacción o te piden disculpas.En Marrakech, que es un mundo aparte,lo que conseguimos es que nos encerraran en un círculo la mitad de los camareros de la plaza y empezaran a jalearnos y darnos palmas,por lo que no nos quedó otra que acabar riéndonos con ellos de lo surrealista de la situación.Por cierto,hago extensiva esa presión infinita a las tatuadotas de henna.Las expliqué tres mil veces que yo los únicos tatuajes que me hago son los de verdad,los que llevo,y que lo de la henna siempre me ha parecido la típica turistada para que la extranjera de turno se sienta exótica por unos días.Pues nada,ellas como el que oye llover.Cuando te dabas cuenta,ya tenías pintada media mano y encima se molestaban cuando se la retirabas ya de malos modos y las decías que,obviamente,no las ibas a pagar un dirham.Insisto de nuevo para que nadie pueda hacerse una idea equivocada que este trato tan huraño lo noté básicamente en la plaza y poco más.En cuanto te sales a calles menos turísticas parece que los locales se relajan.

Por cierto,que lo que os he contado no os merme las ganas de cenar aquí:la comida está riquísima y es muy económica,aparte de que cenas viendo el espectáculo de cientos de personas ocupadas en mil menesteres diferentes.Y otro apunte:no dejes de subir a tomar un té a alguna de las cafeterías que bordean la plaza y que suelen tener las mesas en las azoteas,hay unas vistas increíbles.Nosotros hems subido varias noches a algunas de ellas a disfrutar las puestas de sol (increíbles…siempre lo digo,no hay anocheceres en este mundo que puedan compararse a los rojizos de Marruecos) y es una experiencia bien bonita.En una de esas cafeterías donde pernoctábamos,la Argana,pocos años después estalló una bomba en un atentado que dejó quince muertos.Se me partía el corazón cuando veía las imágenes en los periódicos.

Nos vamos ahora a los zocos,también en la medina vieja.Miles de callejones atiborrados de tiendas de todo tipo,una profusión de colores descomunal.Aunque los precios ya se han equiparado mucho,aún sigue ahorrándote mucha pasta el comprar artículos de piel y artesanía de todo tipo.Yo siempre me acabo trayendo alguna lámpara de piel de cabra,que aparte de originales (no hay ningún diseño exactamente igual) salen por la mitad de precio que aquí;la pena es que con el tiempo la piel siempre se acaba resquebrajando.Lo que te da la excusa para volver a por más jeje.Con los puffs pasa lo mismo.Son indispensables en el salón de nuestra casa y como nos los destrozan los gatos,allí puedes reponerlos,tienes miles de diseños preciosos para escoger.Por cierto,que contrariamente a lo que esperaba visto el agobio de la plaza,los vendedores son bien amables.Así sí se trata al viajero.Fieles a su hospitalidad de sacarse un té y un taburete en cuanto cambias dos frases con ellos.Intentad,eso sí,dejar las compras para el último día,siempre lo recomiendo.

Como siempre recomiendo también en cualquier viaje a Marruecos:visita una curtiduría.Da igual que ya hayas estado antes.Siempre es una experiencia ver como trabajan los marroquíes artesanalmente los tintes sin sustancia química ninguna.Y ver después los productos terminados,las alfombras secándose sobre los muros.Qué buen gusto tiene esta gente.Insisto!

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Otra visita imprescindible en Marrakech, de hecho es su imagen más conocida, es la de la Koutoubia,la mezquita más importante de la ciudad y una de las más bonitas de todo Marruecos,aparte de la más alta con sus 70 metros..Muy cerca de la Place de Foucauld se alza esta torre imponente,construída por los almohades en el siglo XII, y hermanada con otros dos minaretes espectaculares (la Giralda de Sevilla y la Torre Hassan de Rabat).Su nombre proviene de la palabra árable “koutoub” (libros) ya que antiguamente existía aquí un mercadillo de libros.La otra gran mezquita de la ciudad es la de Ali ben Youssef,dentro de la medina,aunque no permite la entrada a los no musulmanes.

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Antes de seguir con el relato del viaje,os recomiendo si vais en pleno verano,aunque lo vereis por vosotros mismos,moveros de un punto a otro de la ciudad en taxi.El transporte público es escaso y caótico y los taxis están tirados (entre uno y dos euros por trayecto).Recordad que los petit taxis son los que realizan los trayectos urbanos y los grand taxis los que os llevarán a las excursiones de los alrededores.

Quizás la visita que más me gustó de todo Marrakech fue la del Palais el-Badi.Y eso que el pobrecito es ya sólo una sombra distorsionada de lo que fue y se encuentra completamente en ruinas.Pero cuando se construyó,en la época de Ahmed al-Mansour a finales del siglo XVI,estaba considerado uno de los más bellos del mundo y se le conocía como El Incomparable.Para su construcción,se trajo mármol italiano y minerales y telas de lugares tan remotos como la India.La realeza marroquí no escatimó en gastos.Y es que qué bien han vivido siempre los jerifaltes de este país,en triste contraposición con sus tocayos plebeyos.

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Como os digo,el Palacio el-Badi actualmente está semiabandonado.Al iluminado de Moulay Ismail se le ocurrió en 1696 despojarle de todos sus lujosos materiales para irse al norte a construir una nueva capital para el reino,Meknes.Asi que en la actualidad lo único que permanece,semicomido por la arena,son los antiguos edificios.Pero aun así,el recinto es enorme y da una fiel idea de la importancia en sus tiempos de lustre:la Koubba al-Khamsiniyya, un hall enormísimo que acogía las recepciones oficiales,se cubría bajo 50 columnas de mármol.Imaginaos el resto.

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La entrada al recinto cuesta sólo un euro y merece un montón la pena.Lo mejor es que intenteis venir a primera hora (abren a las 08:30) y así os evitais las horas más duras de calor.Lo mejor es que puedes recorrer a tu bola todo y hay un montón de pasadizos subterráneos que parecen sacados de una película de aventuras.Encima de estos callejones en el subsuelo,se alzaban más de 300 habitaciones decoradas con oro y turquesas.Qué pena que ya no quede nada de aquello.Por cierto,cuando acabes la visita,que estarás asfixiado de calor,puedes tomarte una cerveza en algunos locales más pijines que tienen azotea con aspersores y demás.Es un tópico eso de que en Marruecos es imposible beber alcohol.En estos sitios contados y en muchos hoteles de estilo occidental, se puede.Otra cosa es que te lo claven a precio de oro (entre seis y siete euros la cerveza).

Ahora al otro gran palacio de Marrakech, el Palais de la Bahia.Este también es bastante baratito,un euro como el-Badi,y aunque sea menos espectacular que otros palacios orientales,a mí me gustó un montón.Salvando las distancias,hubo más de un patio que me traía a la cabeza La Alhambra y la verdad,para el caos de todo que es Marrakech,allí dentro te sentías en un paraíso de frescor y silencio.Como en una burbuja arabesca.

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El Palais de la Bahia era en el siglo XIX la residencia oficial de Bou Ahmed,el Gran Visir del sultán Moulay al-Hassan I.Aunque no se puede visitar al completo,ya que la familia real utiliza parte de sus edificios para uso personal cuando vienen aquí,la parte visitable da para bastante y es bien interesante.Lo curioso del palacio es que todas las habitaciones se encuentran vacías.Ni un solo mueble.A la muerte del visir,se desalojó todo el recinto.Lo sorprendente es que este arrasamiento fuera perpretado por el sultán y sus esposas.

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Los Jardines de la Menara,otro lugar que te recomiendo no pases por alto.Está algo alejado del centro,a unos cuatro kilómetros,pero en taxi llegas en un momento y es otro remanso de paz,qué tranquilidad da pasear por allí.Con sus altísimas palmeras y sus estanques grandísimos,casi lagos,de aguas serenas.Otros jardines muy bonitos dentro de Marrakech son los Jardines Majorelle,ideados por el pintor francés que les da nombre pero que actualmente pertenecen a Yves Saint Laurent.El precio sí es algo más caro (cinco euros).Los Jardines de la Menara,sin embargo,son totalmente gratuitos.

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Más sitios que no puedes ir sin recorrer:la Mellah o Barrio Judío.Este barrio es uno de los más antiguos de Marrakech.Se fundó en el siglo XVI y para evitar conflictos entre musulmanes y judíos se instaló a estos últimos en un espacio cercano al Palacio Real, rodeados por una muralla y con sólo dos puertas de acceso a la medina.Aquí llegaron a vivir más de 16.000 judíos pero en la actualidad quedan poco más de 300,los más ancianos,y ni siquiera viven ya aquí sino en la Ciudad Nueva.Conocida como el Gueliz, la Ciudad Nueva o Ville Nouvelle,a mí tampoco me dijo gran cosa:es la parte moderna de la ciudad,muy europea,llena de cines y restaurantes con terrazas,bordeando la inmensa Avenida de Mohamed V,de tres kilómetros de longitud.Quitando los citados Jardines Majorelle,el Hotel Mamounia y el Teatro Real,no le encontré yo muchos más atractivos.

Volviendo al Barrio Judío,pues pese a que no queden ya judíos ni les veas con sus tirabuzones colgando como en las calles de Nueva Cork,el barrio continua siendo una auténtica preciosidad,la verdad sea dicha.Tiene un mercado cubierto chulísimo (aquí pude comprar telas para casa tiradas de precio,a un tercio que en España),como un mini Gran Bazar de Estambul.Cuenta con rincones encantadores,caso de la Place de Flerbantiers,donde se agolpan las tiendas de objetos de metal elegantemente labrados.O el zoco de las especias,donde se encuentran algunas de las mejores farmacias naturales de Marrakech.Herbolisterías gigantescas con miles de pócimas y remedios naturales a base de mil sustancias distintas.Te vendrás cargado,ya verás.Yo me traje desde carmín natural hasta infusiones para diferentes dolencias, mascarillas para la piel, esmaltes…Y oye,os digo que funcionan,no es palabrería.Yo normalmente huyo de la medicina tradicional y paso los catarros a base de leche y miel pero qué bien nos vendrían estas farmacias artesanas y con esos precios populares.Se las conoce allí como las “boticas bereberes” y no solamente venden remedios,también tienes especias de todo tipo (traete hanouté,es una mezcla de 35 especias diferentes para aliño de carnes),aceite de argán, jabones, productos de maquillaje…En fin.Que son estupendas.

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Hasta aquí los aspectos que considero más importantes para una visita a la Ciudad Roja.Espero te hayan servido de utilidad.Porque ya os digo que yo probablemente,no volvería por los motivos que enumeré antes.Pero también os digo que me ha encantado haberla conocido.Porque son sus pros y con sus contras,es una ciudad única.Sólo hay que echarle un ojo a su skyline:las casas son de hace tres siglos.Pero todas con su antena parabólica.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Es seguro viajar a Marrakech?

    Me gusta

  2. Mariluz (Siente Marruecos) dice:

    Un post muy completo! Totalmente de acuerdo con lo que comentas de la ciudad al inicio: yo suelo recomendar “entrenar” previamente yendo a ciudades del norte del país y dejar Marrakech para una segunda o tercera ocasión, ya una vez hayamos tenido suficientes experiencias.

    De hecho, hasta que no he llegado a localizarme en la medina y aprendido a andar sin prisas pero sin pausa, y sin detenerme en exceso en ningún lugar, no he sido capaz de que no se me peguen los buscavidas.

    Y coincido con todas las recomendaciones: por ampliar, dentro del barrio judío yo entraría en la Sinagoga Alazmah. Y dentro de la actividad museística, recomendaría también el Museo Boucharouite.

    De todas formas, si no te es molestia, te adjunto un enlace con mi guía de Marrakech, que creo puede resultar útil a los lectores.

    Un saludo!

    https://www.sientemarruecos.viajes/Marrakech/

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