“Mango con pimienta:un viaje a Kerala” (Angel Martínez Bermejo)

Kerala es un mundo dentro de otro mundo, la India. Este pequeño estado, cuya extensión es relativamente minúscula en comparación con otros del país (un equivalente a un tercio de Castilla-León), es sin embargo un ejemplo a seguir en una nación donde la pobreza y el analfabetismo es el pan nuestro de cada día. En Kerala un 90% de la población sabe leer y escribir, es costumbre que las mujeres gocen de los mismos derechos que los hombres, entre ellos heredar las tierras de sus maridos (lo que en India no suele ser lo habitual, recordemos que sigue siendo común ese macabro rito llamado aborto selectivo por medio del cual se desechan los fetos femeninos) y aún más atípico es el hecho de que las mujeres superen en población a los varones. Contrariamente a lo que ocurre en otras regiones indias, donde la natalidad se dispara debido a la ignorancia, los prejuicios religiosos y la falta de medios anticonceptivos, en Kerala lo normal es que las mujeres no tengan más de uno o dos hijos a lo largo de su vida. Niños que están escolarizados y que, en consecuencia, gozan cuando llegan a la adolescencia de un alto nivel de vida si se compara con los niños de otras provincias. Kerala es el ejemplo vivo de que gracias a una planificación política concienciada se pueden realizar grandes avances en una sociedad que aún arrastra muchos lastres del pasado.

No es fácil encontrar libros, y aún menos de autores españoles, centrados en Kerala, considerado el estado más exótico de la India. La mayoría de la literatura de viajes suele inspirarse en Rajastán, el estado más turístico, ese que acoge al Taj Mahal y que trae a nuestra mente imágenes evocadoras de maharajas  y lujosos palacios perdidos en tierras desérticas. Sin embargo, hay otros lugares de la India, algo más desconocidos para el viajero occidental, igual de sugerentes y es ahora cuando aprovecho también para recomendaros un libro que me encantó en su día, ambientado en Cachemira, “En el país de las vacas sin ojos” de Eugenia Rico. Pero hoy el que nos ocupa es “Mango con pimienta; un viaje a Kerala” que muy amablemente me hacían llegar hace unas semanas de la editorial Onada.

Angel Martínez Bermejo es un curtido periodista de viajes que lleva más de 30 años relatando sus peripecias en revistas como Geo o Lonely Planet, que ha escrito artículos para El País Semanal y que en esta ocasión se presenta con su primer libro de viajes. El destino escogido es Kerala, que en el lenguaje local, el malayalam, uno de los más complicados del mundo, significa “tierra de cocos”. Y es que esa imagen, la de los cocoteros, es la que más se asocia a estas fértiles y verdosas tierras, surcadas por más de 2.000 kilómetros de canales que corren paralelos a la costa Malabar en el sur de la India y alimentados por casi cuarenta ríos (esta es una de las regiones más húmedas del planeta). Dichos canales, los backwaters, son los que han definido de un modo muy particular la fisionomía de Kerala: carreteras acuáticas que durante siglos han servido como vía de comunicación y transporte. Hoy en día, cuentan con una función más, la turística, ya que son cada vez más los viajeros que llegan a Kerala buscando la experiencia de vivir durante unos días en un kettuvallam, la casa-barco tan típica de esta zona. Estas embarcaciones, que antaño se utilizaban para transportar arroz, vieron como los camiones las relevaban, por lo que ha sido precisamente el turismo el que ha garantizado su supervivencia; construidas enteramente con madera, bambú y fibra de cocotero, actualmente son hoteles flotantes que con lentitud y calma van recorriendo los canales mientras los pasajeros disfrutan de una naturaleza en estado puro. Hay más de 400 barcos disponibles (más de cien en el distrito de Alappuzha), con precios que parten desde los 50 euros por noche.

El autor llega a Kerala atraído por el aroma inconfundible y embriagador de las especias, ese “oro a granel” que en la antigüedad provocó batallas sangrientas entre unos países y otros, que ansiaban controlar las rutas de las especias. Clavo, canela, cardamomo, pimienta… cuando Vasco de Gama llegó a estas tierras, en Kerala ya llevaban más de 4.000 años comerciando con especias. Los portugueses acaso fueron los colonizadores que una mayor herencia cultural dejaron como legado, aún muy palpable en ciudades como Kochi, aunque posteriormente vendrían franceses, holandeses y británicos. Kerala, para las potencias europeas, supuso uno de los territorios más codiciados de toda la India.

A lo largo de su viaje, Angel Martínez Bermejo nos sumerge en un edén de frescor y exotismo en el que igual visita plantaciones de especias, escondidas entre colinas y lagos, que nos acerca a los templos hinduístas, pese a que la mayor parte de las veces (y al contrario que en el resto de la India) le vetan la entrada por su condición de occidental. Pero esto no echa para atrás al autor, quien constantemente interactúa con los locales, visitando redacciones de periódicos, recintos donde se practica el kalarippayattu (un arte marcial antiquísima) o admirando, en una surrealista sesión nocturna sin apenas espectadores, una obra de kathakali, una forma de teatro tradicional que fusiona danza y música y cuyos diferentes actos se pueden alargar durante horas. Aldeas de pescadores, playas infinitas, selva, plantaciones de mangos… el escritor salta de un paisaje a otro mientras nos relata como Kerala es, curiosamente, un estado en el que el comunismo tiene casi el mismo peso que la religión (los comunistas llevan gobernando allí desde finales de los 50, consiguiendo eliminar las injusticias que conllevaba el sistema de castas y muchos privilegios sociales que aún perduran en otros rincones de la India). 32 millones de habitantes para los que la política es motivo de debate casi a diario. Tema al que dan una importancia similar al ayurveda, ese sistema de medicina tradicional con practicantes en todo el mundo y que ha convertido a Kerala en centro de peregrinación para los que buscan una alternativa opcional a la medicina del mundo occidental.

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