“En Noruega” (León Lasa)

Ahora que andamos amodorrados todos por esa ola de calor que nos obliga a buscar el aparato de aire acondicionado más próximo, qué mejor lectura que “En Noruega” para evadirnos de los sopores veraniegos. Parece acaso que evocar esas cumbres nevadas y esos cafés calentitos frente a la chimenea mientras la nieve cae tras las ventanas nos aliviara un poco de nuestros tórridos estíos. Ayer, mientras atacaba las últimas páginas de este libro, pensaba en esa curiosa paradoja que se da cuando el noruego, en chancletas y camisa hawaiiana, se presenta en nuestras costas levantinas buscando ese sol y esas playas que su país le niega mientras el español de turno daría un par de sueldos por poder abrigarse con un plumífero en cualquier aldea cercana al Círculo Polar Ártico. Nunca llueve a gusto de todos.

En casa siempre suelo contar con una buena pila de libros de viaje, especialmente para el verano, que es cuando más tiempo encontramos todos para la lectura. Entre todos ellos, estos últimos días me enfrasqué con este no sólo motivada por el calor del que hablaba antes sino porque este otoño haremos una escapada a Oslo (la única vez que pisé Noruega hace años por cuestiones laborales apenas me quedó tiempo para hacer turismo). Además, tenía ya ganas de meterle mano a alguna novela de León Lasa, este escritor sevillano, viajero incansable, que ya había publicado crónicas de sus distintas aventuras como “Viaje a la Antártida” o “Por el oeste de Irlanda”. “En Noruega” en concreto ha salido bajo el amparo de la colección Sotavento, especializada en literatura viajera y con otros títulos tan interesantes como “Viaje a Tartessos”, “Por el río abajo”, “Japón, un viaje entre la sonrisa y el vacío” o “La ruta prohibida: de Kabul a Samarkanda”. Probablemente acabe hablando de algunos de ellos en futuras entradas de blog.

El que viaja a Noruega ha de partir con una idea muy clara: es el país más caro del mundo. Lo que antiguamente era un país devorado por el frío, cuya población se componía principalmente de pescadores, es en la actualidad la nación más próspera del planeta gracias a los yacimientos de petróleo encontrados en el Mar del Norte hace sólo unas pocas décadas. Sí, no es el único país con petróleo pero sí de los pocos lo suficientemente inteligentes para que las ganancias del oro negro no se las repartan los cuatro listos de turno. Y es que toda la riqueza generada por el petróleo se ha visto traducida en uno de los mejores servicios sociales del mundo, con un gobierno que ha sabido proporcionar a sus ciudadanos amparo en todos los términos (ya ni hablamos del incremento de la calidad de vida), convirtiéndose en el ejemplo perfecto de lo que se denomina “el estado de bienestar”. La mayor parte del dinero obtenido se ha reinvertido en hospitales, escuelas, infraestructuras y comunicaciones, afectando para bien a sus cinco millones de ciudadanos, que viven encantados con esta época de prosperidad.

León Lasa escoge como forma de transporte el que es publicitado como “el crucero más bello del mundo”, el Hurtigruten (en noruego “línea rápida”). Esta línea fluvial, en activo desde hace más de ciento veinte años, parte desde la ciudad de Bergen (antigua capital y la ciudad más turística del país por ser la puerta de entrada a los fiordos) y durante un periodo de aproximadamente doce días va bordeando la costa noruega hasta alcanzar Kirkenes en el norte del país. Un viaje de casi 3.000 kilómetros que ofrece algunos de los paisajes más impresionantes del mundo. 34 puertos donde podrás hacer escalas para ir conociendo la parte más rural y aislada de Noruega. Un crucero que tan poco tiene que ver con los que promocionan en el Caribe, no sólo por las temperaturas sino por la actitud viajera: aquí no sólo hay turistas sino muchos trabajadores noruegos que lo utilizan como medio de transporte entre ciudades a las que llegar en coche es harto complicado. Y eso que el gobierno noruego, con sus arcas bien llenas, subvenciona y mantiene en activo muchas líneas de autobús que raramente cuentan con más de una decena de viajeros al día, especialmente en invierno.

Curiosamente, pese a que Bergen constituya el punto de partida y como comentaba antes, cuente con auténticas perlas arquitectónicas (caso del barrio portuario de Bryggen, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), León Lasa apenas le dedica unas páginas: él está mucho más interesado en poblaciones pequeñas y aisladas del mundo. El sevillano irá recalando en lugares como Alesund, Trondheim (donde disfrutará de la Catedral de Nidaros y las espectaculares casitas de madera) o Hammerfest, la que está considerada la ciudad más septentrional del mundo. Aunque si hay un rincón nevado que conquista el corazón de Lasa este es el bellísimo archipiélago de las islas Lofoten, considerado por muchos como el lugar más bonito de toda Escandinavia. Las islas Lofoten, gracias a la corriente del Golfo, gozan de un clima semibenigno si tenemos en cuenta estas latitudes, lo que permite que en determinadas épocas del año desaparezca la nieve y se presenten lustrosas sus verdes montañas y sus lagos cristalinos. No hay mucho que hacer aparte de practicar senderismo o pescar pero a eso ha venido el viajero a estos parajes: a quedarse con la boca abierta ante el espectáculo que la naturaleza nos brinda. Å y Reine, considerado este último uno de los pueblos más encantadores de la geografía noruega, serán algunas de las paradas de León Lasa.

La novela deja un inmejorable sabor de boca ya que no se limita a narrar un viaje y punto sino que paralelamente va recorriendo la historia de Noruega, haciendo especial hincapié en su pasado vikingo (los noruegos se sienten profundamente orgullosos de sus antepasados) y el papel neutral que el país tomó en la Segunda Guerra Mundial, pese a que los nazis finalmente acabaron utilizando Noruega como escudo, gracias a sus importantísimos puertos cercanos al Ártico. De aquella funesta época quedó la herencia de los “niños Lebensborn”, hijos de madres noruegas y nazis fanáticos que buscaban perpetuar la raza aria. Frida Lyngstad del grupo ABBA fue una de esos diez mil niños.

Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa, no es el punto final del viaje aunque sí uno de los que Lasa más ansiaba visitar, aunque a su llegada quede algo decepcionado por la cantidad de turistas que arriban al mismo tiempo, ilusionados por sentirse más cerca del Polo Norte. Y es que Noruega, debido a su cercanía, siempre ha tenido una relación especial con el Polo, enviando expediciones de exploradores durante décadas. Hay que recordar que oficialmente el Polo Norte se terminó de “conquistar” casi al mismo tiempo que el hombre llegaba a la Luna, lo que da fe de que en nuestro planeta aún existen muchos puntos que nos resultan prácticamente desconocidos.
El final del viaje no llegará en tierras noruegas sino en Finlandia. Noruega y Finlandia no comparten sólo frontera sino también “habitantes”: hablamos de Laponia, esa región helada que se extiende por cuatro países diferentes (Noruega, Rusia, Finlandia y Suecia) y en la que viven los samis, a los que por cierto no les gusta nada que les llamen lapones. Los sami son un pueblo indígena que vive en Escandinavia desde hace más de 10.000 años y de los que se dice comparten origen genético con los indios americanos. Karasjok (en territorio noruego, en la región de Finnmarks) es su capital: aquí se encuentra el Parlamento Sami y se exponen algunas de sus curiosas tradiciones, como el pastoreo de renos. Hay que recordar que de los 100.000 samis que aún sobreviven, más de la mitad viven en Noruega. Lo cierto es que esta última parte del viaje, donde Lasa llega hasta Rovaniemi ya en Finlandia (la ciudad donde la leyenda cuenta que habita Santa Claus) me trajo un montón de entrañables recuerdos de mi viaje a la Laponia finlandesa hace trece o catorce años, a sólo 200 kilómetros del Círculo Polar Ártico. Y entendía perfectamente esa sensación que describe Lasa de soledad y silencio, de que mires donde mires, todo es blanco, tanto cielo como tierra, donde no hay ni un árbol en el horizonte ni se escucha el más mínimo susurro. Lo más cercana que me he sentido nunca a la paz absoluta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s