AUSTRIA – El Tirol e Innsbruck

(*Nota: Este viaje es la segunda parte del que hicimos conjunto a la Romantic Strasse en Alemania)

Anochecía ya y se notaba las bajadas de las temperaturas, asi que vuelta al coche para atravesar los Alpes (hora y pico de camino) y dormir ya en Austria. Atravesar estas moles montañosas al anochecer es algo único, en serio. Parajes kilométricos casi desiertos, con sólo nieve y cumbres, y alguna aldeita perdida. Nuestro destino final era Innsbruck, la capital del Tirol. Llegamos tan cansados y muertos de frío que buscamos un hotel Ibis en el centro (50 euros la doble,sólo alojamiento), cenamos un buen codillo alemán con ensalada de col, las cervezas de rigor y a dormir, que al día siguiente nos esperaba el hogar de Heidi. El Tirol.

Qué suerte despertarse en los Alpes con un sol primaveral. Ni nos lo creíamos. Además, era curiosísimo encontrarse en una ciudad tan elegante y refinada como Innsbruck en medio de la naturaleza más salvaje. Fijaos el contraste de los edificios con las montañas.

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El casco histórico de Innsbruck es uno de los mejor conservados de toda Austria. La mayoría de las fachadas, góticas, datan de mediados del siglo XVI. Allí se encuentra el símbolo más famoso de la ciudad, el Tejadillo de Oro, un mirador precioso construido por el Emperador Maximiliano con motivo de su enlace matrimonial. Otro de los lugares más importantes de la localidad es el Palacio Imperial, cuyo estilo rococó tardío fue “obra” de la emperatriz Maria Teresa. La Basílica de Wilten, la catedral de Santiago, el castillo de Ambras o la iglesia de la Corte son otros de sus edificios más célebres. Pero además de su interés cultural, y debido a su caracter alpino, Innsbruck ofrece además un montón de atractivos para los amantes de los deportes del senderismo y los deportes de invierno (aquí se encuentra el famoso trampolín de salto de Bergisel).

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Tras pasar la mañana paseando por Innsbruk,nos tocaban casi 400 kilómetros de vuelta hasta el aeropuerto. Pero como nuestro avión no salía hasta las 06:00 del día siguiente, nos lo tomamos con tranquilidad y gastamos el día en los Alpes austriacos, parando a ver las vistas donde más nos apetecía, con un sol de escándalo y encontrándonos iglesias en miniatura como esta…

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Los paisajes, ya lo veis… de auténtica fábula tirolesa…

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El día era tan bueno respecto a clima que decidimos comer al aire libre. Asi que paramos en el preciosísimo pueblo de Dormitz, en pleno Tirol, escondido en un valle tan blanco que parecía relucir en la lejanía. Y allí compramos algo en un supermercado y comimos junto a un puente de madera. De película!

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Nos tocaba ya regresar a Frankfurt Hahn, donde haríamos noche durmiendo sobre las mochilas (era una tontería coger hotel para sólo dos o tres horas). Asi que devolvimos el coche, dormitamos lo que pudimos y regreso a casa con la sensación de haber recorrido uno de los parajes más bonitos y especiales del mundo. Sería una aberración que no te acercaras alguna vez en la vida, teniéndolo a sólo tres horas de avión…

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rita Fonseca dice:

    acá estuve yo.Algun día volvere

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